Etiopía ha dado un paso sin precedentes en la electrificación del transporte al convertirse en la primera nación del mundo en prohibir completamente la importación de automóviles que funcionan con gasolina y diésel, según anunció el ministro de Transporte Alemu Sime a principios de 2024. Más de dos años después de la implementación, el país africano cuenta con más de 100.000 vehículos eléctricos de un total de 1.2 millones de vehículos registrados, según datos del Ministerio de Transporte y Logística.
La capital etíope, Adís Abeba, una de las ciudades de más rápido crecimiento en África, introdujo 100 nuevos autobuses eléctricos a su flota en 2025, beneficiando a aproximadamente 90.000 pasajeros diarios que dependen de la nueva línea de tránsito rápido, según reportes de conductores y usuarios del sistema.
"Estos autobuses eléctricos son muy diferentes de los de gasolina. No emiten gases de escape ni hacen ese ruido molesto", dijo Shashe Asemare, conductora de uno de los autobuses eléctricos de color verde menta que navegan por las congestionadas calles de Adís Abeba, según declaraciones recogidas por medios locales.
Los pasajeros también han expresado satisfacción con el cambio. "Son muy cómodos para viajar. También son mejores porque no contaminan el aire. Es un paso adelante para nuestro país", afirmó Zeraye Tekelu, usuario habitual del servicio, según el mismo reporte.
Razones económicas y ambientales impulsan la transición
Si bien el gobierno etíope ha destacado sus ambiciones verdes, incluyendo incentivos fiscales para vehículos eléctricos, 17 plantas para ensamblar vehículos eléctricos utilizando piezas de China y un enfoque en transporte público climáticamente responsable que incluye un tren ligero completamente eléctrico, existe otra razón fundamental para la electrificación: el alto costo de los combustibles fósiles importados.
Etiopía gastó aproximadamente 4.000 millones de euros (4.600 millones de dólares) en importaciones de combustible durante 2023 y 2024, un costo significativo para una de las naciones más pobres del continente, según reportes del sector. Los precios de los combustibles convencionales se han más que triplicado desde 2022, según la misma fuente.
En marzo de 2026, el Ministerio de Transporte y Logística declaró que la inestabilidad del mercado petrolero global desencadenada por la guerra de Irán demostró que Etiopía necesitaba acelerar su transición y continuar fomentando el uso de vehículos eléctricos, junto con otros cambios de comportamiento como compartir automóvil y cambiar a caminar o andar en bicicleta.
Los automóviles eléctricos de pasajeros representan más del 5% de la flota total del país, equiparándolo con la Unión Europea, según datos oficiales. Esto ocurre en una nación donde alrededor de la mitad de la población de más de 110 millones todavía vive sin electricidad, según estadísticas demográficas.
Etiopía apunta a alcanzar 500.000 vehículos eléctricos para 2030, según objetivos gubernamentales.
Energía hidroeléctrica alimenta la revolución eléctrica
A diferencia de muchos países que dependen de gas natural, carbón o energía nuclear para generar electricidad, Etiopía genera más del 96% de su electricidad a partir de energía hidroeléctrica renovable, según datos del sector energético. Conocida como "la torre de agua de África" por sus significativas precipitaciones y numerosos ríos, incluida la fuente del Nilo, el país ha aprovechado sus recursos hídricos para la generación eléctrica.
La recién inaugurada Gran Presa del Renacimiento Etíope, con una capacidad de más de 5.000 megavatios de energía renovable, se espera que más que duplique el suministro eléctrico del país, según proyecciones oficiales.
Para muchos etíopes, donde los salarios a menudo son inferiores a 1.000 euros (1.165 dólares; 187.000 birr etíopes) al año, el precio inicial de un automóvil eléctrico nuevo —17.000 euros— es elevado, según análisis económicos. Sin embargo, conductores como Abdurahman Ali han encontrado beneficios económicos significativos.
"Para empezar, el vehículo eléctrico es simplemente más cómodo", dijo Abdurahman, al volante de su hatchback Changan de color menta, una marca china, según declaraciones recogidas. "Antes de cambiar, solía conducir un Toyota Vitz. Cada mes gastaba 40.000-50.000 birr en combustible. Desde que cambié a eléctrico y cargo en casa, mis costos mensuales han bajado a unos 5.000 birr, como máximo. Esa es una diferencia enorme", añadió.
Desafíos de infraestructura de carga
Con más vehículos eléctricos en las carreteras, Etiopía enfrenta ahora un problema diferente: la carga. El país cuenta con alrededor de 500 estaciones de carga, la mayoría ubicadas en la capital, según datos del sector.
"El gobierno debería trabajar duro en este sector", dijo Abdurahman, añadiendo que el servicio de carga solo está disponible en Adís Abeba donde "el número de estaciones de carga no es suficiente", según sus declaraciones.
Operadores privados como Ezekiyas Dufera han identificado la oportunidad en el mercado. A principios de 2026, abrió una estación de carga de 24 horas que incluye una aplicación que, según afirma, proporciona a los clientes total transparencia en los precios. A pesar de la demanda, ha enfrentado algunos obstáculos.
"Hay desafíos en términos de cortes de electricidad a veces", dijo Ezekiyas, añadiendo que la situación ha mejorado. "Pero en general ha sido una gran oportunidad", según declaró.
Ezekiyas no tendrá escasez de clientes, ya que Adís Abeba ahora planea electrificar el servicio de minibuses compartidos. La columna vertebral del transporte público de la ciudad comprende entre 8.000 y 10.000 vehículos que transportan a más de dos tercios de los pasajeros de la ciudad todos los días, según datos municipales.
Vietnam adopta gasolina E10 en transición energética paralela
Mientras Etiopía avanza con vehículos completamente eléctricos, Vietnam ha optado por una estrategia de transición gradual. Desde el 1 de junio de 2026, la gasolina biológica E10 se distribuye y comercializa oficialmente en todo el territorio nacional, reemplazando gradualmente la gasolina tradicional, según anunció el gobierno vietnamita.
La gasolina E10 es un combustible mezclado que contiene 90% de gasolina mineral y 10% de etanol combustible, según la definición oficial. Comparada con la gasolina tradicional, la E10 tiene capacidad para reducir emisiones de gases tóxicos, contribuyendo a mejorar la calidad del aire, al mismo tiempo que aprovecha recursos de materias primas biológicas nacionales para producir etanol, creando salidas adicionales para el sector agrícola y promoviendo el desarrollo de una economía circular, según evaluaciones gubernamentales.
"En el contexto de que el combustible mineral es un recurso finito, cada vez más agotado a través del proceso de explotación, y al mismo tiempo, con el objetivo de construir una economía verde, una economía circular hacia el desarrollo sostenible del país, hemos establecido muchos objetivos y orientaciones sobre la reducción de emisiones, así como el cumplimiento de compromisos internacionales para llevar las emisiones netas a cero a mediados de este siglo", explicó Đào Duy Anh, vicedirector del Departamento de Innovación, Transformación Verde e Industria de Apoyo, según declaraciones oficiales.
Đào añadió que otro objetivo es "desarrollar la economía y la sociedad, especialmente las salidas para productos agrícolas, así como reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Por lo tanto, el gobierno considera que debe continuar promoviendo el uso de biocombustibles para alcanzar los objetivos que acabo de mencionar", según sus palabras.
El funcionario también destacó la importancia de la seguridad energética: "Cuando aumentamos el uso de biocombustibles, reduciremos la dependencia de los combustibles minerales. En el contexto reciente, vemos que el combustible mineral siempre presenta el riesgo de 'ruptura' de la cadena de suministro debido a conflictos políticos o conflictos armados. Por lo tanto, cuando aumentamos la capacidad de autosuficiencia en el país a través de nuevas fuentes de combustible, reduciremos la dependencia de los combustibles minerales y contribuiremos a garantizar la seguridad energética nacional. Esto es extremadamente importante", según declaró.
Adopción global de combustibles biológicos
Đỗ Văn Tuấn, presidente de la Asociación de Biocombustibles de Vietnam, contextualizó la medida dentro de una tendencia global: "En el mundo, hay alrededor de 65 países y territorios, que representan aproximadamente el 97% de la población mundial, que aplican gasolina biológica. El número 65 puede no reflejar la totalidad de aproximadamente 200 países, pero realmente cubre casi toda la población mundial", según afirmó.
Tuấn proporcionó un ejemplo específico: "Tomo como ejemplo Estados Unidos, donde la proporción de uso de gasolina E10 alcanza el 98%, solo alrededor del 2% es gasolina mineral destinada a áreas que aún deben tener estaciones de bombeo", según sus declaraciones.
La implementación del plan de uso de gasolina biológica se evalúa como acorde con la tendencia de desarrollo mundial, cumpliendo con los requisitos de desarrollo sostenible, garantizando la seguridad energética, protegiendo el medio ambiente y cumpliendo los compromisos internacionales de Vietnam sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, según la evaluación oficial.
Junto con el desarrollo de energía renovable, la promoción de vehículos de transporte verdes y la mejora de la eficiencia en el uso de energía, la popularización de la gasolina E10 se espera que contribuya a crear impulso para el proceso de transformación verde de Vietnam, hacia el objetivo de desarrollo económico sostenible y respetuoso con el medio ambiente, según proyecciones gubernamentales.
Implicaciones de dos modelos de transición energética
Los casos de Etiopía y Vietnam representan dos enfoques distintos hacia la descarbonización del transporte. Etiopía ha optado por una transición radical hacia la electrificación completa, aprovechando su abundante energía hidroeléctrica renovable y la necesidad urgente de reducir gastos en importaciones de combustibles fósiles. Con vehículos eléctricos representando más del 5% de su flota total en poco más de dos años, el país africano ha demostrado que incluso naciones con infraestructura limitada pueden implementar cambios transformadores cuando convergen incentivos económicos y ambientales.
Vietnam, por su parte, ha elegido una ruta de transición gradual mediante combustibles de mezcla, una estrategia que permite aprovechar la infraestructura existente mientras se desarrolla gradualmente la capacidad de producción de etanol nacional y se reduce la dependencia de importaciones petroleras. Con 65 países representando el 97% de la población mundial ya utilizando gasolinas biológicas, según datos de la Asociación de Biocombustibles de Vietnam, este enfoque se alinea con prácticas establecidas globalmente.
Ambos países enfrentan desafíos significativos: Etiopía debe expandir rápidamente su infraestructura de carga más allá de las aproximadamente 500 estaciones actuales, mientras que Vietnam debe desarrollar su cadena de suministro de etanol y garantizar la aceptación del consumidor. Sin embargo, ambas naciones han identificado la transición energética no solo como una necesidad ambiental, sino como una estrategia de seguridad energética nacional en un contexto de volatilidad geopolítica que afecta los mercados petroleros globales, como evidenció la guerra de Irán mencionada por autoridades etíopes.
La experiencia de conductores como Abdurahman Ali en Etiopía, quien redujo sus costos mensuales de combustible de 40.000-50.000 birr a aproximadamente 5.000 birr, demuestra que los beneficios económicos individuales pueden ser un motor poderoso para la adopción de tecnologías más limpias, complementando los objetivos ambientales nacionales e internacionales de reducción de emisiones.


