La Unión Europea enfrenta su segunda crisis energética importante en cuatro años, impulsada por la guerra en Irán que ha bloqueado el Estrecho de Ormuz y eliminado 12 millones de barriles diarios del suministro global. La respuesta de los gobiernos europeos marca un giro estratégico: en lugar de subsidiar combustibles fósiles, aceleran inversiones en energías renovables, almacenamiento de baterías y eficiencia energética como solución permanente a la dependencia de importaciones, según múltiples fuentes oficiales y análisis sectoriales.