Europa debate reabrir canales de diálogo con Rusia mientras Francia investiga presunta injerencia israelí en elecciones
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Europa debate reabrir canales de diálogo con Rusia mientras Francia investiga presunta injerencia israelí en elecciones

La Unión Europea enfrenta un dilema estratégico cuatro años después de romper relaciones con Moscú: cómo gestionar una relación permanente con Rusia sin repetir errores del pasado. Mientras los ministros de Exteriores debaten en Chipre la posibilidad de nombrar un enviado especial para hablar con el Kremlin, la Fiscalía de París investiga una supuesta operación de desinformación israelí contra candidatos de extrema izquierda en las elecciones municipales de marzo de 2026.

INTERNACIONAL31 MAY 2026

Cuatro años después de que Europa rompiera gran parte de sus lazos con Rusia tras la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, la Unión Europea debate una idea impensable hasta hace poco: volver a hablar con Moscú. La discusión, que salió de los círculos informales durante la reunión de ministros de Exteriores celebrada esta semana en Limasol, Chipre, refleja un cambio estratégico impulsado por la cronificación de la guerra en Ucrania y las negociaciones paralizadas de Estados Unidos con Rusia, según varias fuentes diplomáticas.

"Nos encontramos en un modelo de disuasión similar al de la Guerra Fría, pero con mucha menos comunicación y medidas de fomento de la confianza", explicó Stefan Meister, investigador del German Council on Foreign Relations (DGAP), según El País. "Dado que Rusia es más agresiva que la Unión Soviética debido a su relativa debilidad, representa un actor más peligroso. La Unión Soviética representaba el statu quo; la Rusia actual, el revisionismo", añadió.

Los contactos de Washington con Moscú y el intento de Donald Trump de impulsar una negociación sin participación europea reavivaron en Bruselas una vieja inquietud: que el futuro de la seguridad europea pueda discutirse sin una participación europea significativa, según la fuente. Ahora, con esas negociaciones prácticamente paralizadas, Europa enfrenta un debate delicado sobre quién debería hablar con Rusia en nombre del continente.

En Bruselas ya circulan nombres de un hipotético enviado especial, según varios diplomáticos citados por El País. Entre los candidatos mencionados recurrentemente figuran el expresidente de Finlandia Sauli Niinistö, respetado por su experiencia con Rusia, y el actual jefe de Estado finlandés, Alexander Stubb, quien defiende abiertamente la necesidad de mantener algún tipo de interlocución. "Si no estás sentado a la mesa, formas parte del menú", resumió recientemente Stubb.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski respaldó la idea de que Europa abra un canal con el Kremlin. "Es importante que tenga una voz y una presencia fuertes en este proceso. Y vale la pena determinar quién representará a Europa", dijo hace unos días en redes sociales, según la fuente.

Vladímir Putin se mostró receptivo a la idea de un interlocutor europeo y llegó a mencionar al excanciller alemán Gerhard Schröder, cuya estrecha relación con Moscú y con empresas estatales rusas lo ha convertido en una figura extremadamente polémica en Europa. "Que los europeos elijan a alguien en quien confíen", afirmó el presidente ruso. La respuesta de la alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, fue inmediata: Schröder representa mucho mejor los intereses rusos que los de la Unión Europea, según El País.

Otros nombres lanzados incluyen a la excanciller alemana Angela Merkel, quien se ha autodescartado de momento, Mario Draghi, ex primer ministro italiano y ex presidente del Banco Central Europeo, e incluso António Costa, presidente del Consejo Europeo. "Lo que nadie imagina es que sea Kaja Kallas", admitió una alta fuente comunitaria. La jefa de la diplomacia europea y ex primera ministra de Estonia es una de las voces más duras sobre el Kremlin, y Rusia la puso en una lista de personas buscadas por el Ministerio del Interior en 2024.

Durante la reunión en Limasol, los ministros abordaron la posibilidad de reabrir determinados canales de comunicación con Moscú, pero la conversación chocó con una realidad difícil de ignorar: mientras se desarrollaba el debate, Rusia intensificó sus ataques contra Ucrania y mantenía la presión híbrida sobre varios países europeos mediante campañas de desinformación, sabotajes y operaciones de influencia. La conclusión fue contundente: el Kremlin sigue sin mostrar un interés genuino en una negociación, según varias fuentes diplomáticas.

El debate visibilizó las divisiones en la Unión. Los países bálticos y Polonia observan esta discusión con profunda desconfianza. "Para ellos, la historia demuestra que Moscú utiliza las negociaciones para ganar tiempo, sembrar divisiones y consolidar posiciones", explicó un diplomático al corriente de la discusión. Desde esa perspectiva, cualquier intento prematuro de normalización corre el riesgo de beneficiar al Kremlin.

No todos los defensores del diálogo hablan de normalización. "El objetivo debería ser debilitar al Kremlin, impedir que Rusia escape del coste estratégico que ella misma se ha impuesto y disuadirla de volver a amenazar la seguridad europea", opinó Veronica Anghel, profesora del European University Institute, en un foro coordinado por Carnegie Europe. "El Kremlin es un adversario al que hay que acorralar, no un socio con el que reconciliarse", añadió.

"Se trata más de realismo que de integrar a la Rusia de Putin en el orden de seguridad europeo, ya que Rusia y Europa tienen una comprensión muy diferente de ese orden", opinó Meister, director del Centro para el Orden y la Gobernanza en Europa del Este, Rusia y Asia Central en el DGAP. El experto apuntó que el debate es una reacción a Estados Unidos, que tiene intereses diferentes a los de Europa con respecto a Rusia, y a la necesidad de desempeñar un papel en el fin de la guerra.

"Esto ya no va de cómo termina la guerra", resumió un diplomático la semana pasada. "Va de cómo vivimos con Rusia durante los próximos veinte años".

Durante tres décadas tras la caída del muro de Berlín, la mayor parte de Europa vivió con la convicción de que la Guerra Fría pertenecía a los libros. En París, Berlín y Bruselas se creyó que Moscú, aunque incómoda, acabaría encontrando algún lugar dentro del orden europeo. Aquella idea de que había que hablar con Rusia y no sobre Rusia se mantuvo en muchos países pese a la anexión ilegal de Crimea y la guerra de Donbás, pero saltó por los aires en febrero de 2022 con la invasión a gran escala. Europa rompió gran parte de los lazos políticos, económicos y diplomáticos que aún mantenía con Moscú, aisló al Kremlin, sancionó a su entorno y redujo al mínimo los contactos políticos de alto nivel.

En un desarrollo paralelo, la Fiscalía de París anunció el martes que ha abierto una investigación formal para averiguar si Israel maquinó una operación de desinformación contra candidatos del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI) durante las elecciones municipales francesas celebradas en marzo de 2026. LFI ha sido muy activa con la defensa de la causa palestina y muy crítica con Israel.

El Ministerio público, que no menciona explícitamente a Israel, señaló que la investigación es de oficio, según El País. De las pesquisas se encargará la Unidad Nacional de Ciberdelitos (UNC), que tratará de esclarecer si la campaña de algunos candidatos de LFI a los comicios locales "pudo ser el objetivo de una operación [de desinformación] en beneficio de un Estado tercero".

Los diputados afectados son Sébastien Delogu, François Piquemal y David Guiraud, candidatos de LFI en Marsella, Toulouse y Roubaix, respectivamente. La presunta operación, denunciada en redes sociales por el líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon, se centraba en la creación de páginas web falsas para divulgar imágenes creadas con inteligencia artificial.

El ministro francés del Interior, Laurent Núñez, denunció la semana pasada que se había iniciado una acción judicial. La fiscalía se basa en las publicaciones de Viginum, el servicio encargado de luchar contra las campañas de desinformación y manipulación online, que evocaba "un dispositivo de difusión" de imágenes hechas con inteligencia artificial "para propagar contenidos inexactos y tramposos".

Se trata de "una campaña malintencionada, en la que participa un actor ubicado en el extranjero, que puede perjudicar a los intereses de la nación, en la medida en la que busca alterar la información que reciben los ciudadanos" en un periodo electoral, según Viginum.

Las alertas saltaron el 10 de marzo, justo antes de la primera vuelta de los comicios, aunque Viginum admitió que esas informaciones "no tuvieron un gran impacto en redes sociales" y no influyeron en el resultado final. La Fiscalía recordó que "una injerencia extranjera no busca perjudicar los intereses particulares de una persona, sino de un Estado extranjero".

La investigación también abarca las publicaciones del periódico francés Libération y el israelí Haaretz en las que mencionan a una empresa israelí llamada BlackCore, que "sería la tapadera de otra mucho más compleja", según Libération. La web de esta compañía, que no figura en el registro oficial de empresas del país, ya no está disponible.

"Celebramos que la justicia investigue esto, aunque nos sorprende que no se haya hecho antes, ya que en marzo teníamos conocimiento de la existencia de esta injerencia que la propia Red de Coordinación y Protección Electoral describió como una amenaza potencial para los intereses de la nación", afirmó uno de los abogados de La Francia Insumisa, Xavier Sauvignet, citado por Le Figaro.

Hace unos días el diputado de LFI Sébastien Delogu instó al Gobierno a actuar para evitar posibles tentativas de desestabilización por parte de países terceros de cara a las elecciones presidenciales de 2027, a las que ya no se presentará Emmanuel Macron y que son cruciales para Francia y para el futuro de Europa. El ministro del Interior admitió que "en los últimos tiempos, injerencias digitales de origen extranjero hay muchas, sobre todo en periodo de elecciones".

Ambos casos reflejan los desafíos que enfrenta Europa en un contexto de creciente confrontación geopolítica: cómo gestionar relaciones con potencias hostiles sin repetir los errores del pasado, y cómo proteger sus procesos democráticos de operaciones de injerencia extranjera cada vez más sofisticadas.

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31 may 2026
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Cuatro años después de que Europa rompiera gran parte de sus lazos con Rusia tras la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, la Unión Europea debate una idea impensable hasta hace poco: volver a hablar con Moscú. La discusión, que salió de los círculos informales durante la reunión de ministros de Exteriores celebrada esta semana en Limasol, Chipre, refleja un cambio estratégico impulsado por la cronificación de la guerra en Ucrania y las negociaciones paralizadas de Estados Unidos con Rusia, según varias fuentes diplomáticas.

"Nos encontramos en un modelo de disuasión similar al de la Guerra Fría, pero con mucha menos comunicación y medidas de fomento de la confianza", explicó Stefan Meister, investigador del German Council on Foreign Relations (DGAP), según El País. "Dado que Rusia es más agresiva que la Unión Soviética debido a su relativa debilidad, representa un actor más peligroso. La Unión Soviética representaba el statu quo; la Rusia actual, el revisionismo", añadió.

Los contactos de Washington con Moscú y el intento de Donald Trump de impulsar una negociación sin participación europea reavivaron en Bruselas una vieja inquietud: que el futuro de la seguridad europea pueda discutirse sin una participación europea significativa, según la fuente. Ahora, con esas negociaciones prácticamente paralizadas, Europa enfrenta un debate delicado sobre quién debería hablar con Rusia en nombre del continente.

En Bruselas ya circulan nombres de un hipotético enviado especial, según varios diplomáticos citados por El País. Entre los candidatos mencionados recurrentemente figuran el expresidente de Finlandia Sauli Niinistö, respetado por su experiencia con Rusia, y el actual jefe de Estado finlandés, Alexander Stubb, quien defiende abiertamente la necesidad de mantener algún tipo de interlocución. "Si no estás sentado a la mesa, formas parte del menú", resumió recientemente Stubb.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski respaldó la idea de que Europa abra un canal con el Kremlin. "Es importante que tenga una voz y una presencia fuertes en este proceso. Y vale la pena determinar quién representará a Europa", dijo hace unos días en redes sociales, según la fuente.

Vladímir Putin se mostró receptivo a la idea de un interlocutor europeo y llegó a mencionar al excanciller alemán Gerhard Schröder, cuya estrecha relación con Moscú y con empresas estatales rusas lo ha convertido en una figura extremadamente polémica en Europa. "Que los europeos elijan a alguien en quien confíen", afirmó el presidente ruso. La respuesta de la alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, fue inmediata: Schröder representa mucho mejor los intereses rusos que los de la Unión Europea, según El País.

Otros nombres lanzados incluyen a la excanciller alemana Angela Merkel, quien se ha autodescartado de momento, Mario Draghi, ex primer ministro italiano y ex presidente del Banco Central Europeo, e incluso António Costa, presidente del Consejo Europeo. "Lo que nadie imagina es que sea Kaja Kallas", admitió una alta fuente comunitaria. La jefa de la diplomacia europea y ex primera ministra de Estonia es una de las voces más duras sobre el Kremlin, y Rusia la puso en una lista de personas buscadas por el Ministerio del Interior en 2024.

Durante la reunión en Limasol, los ministros abordaron la posibilidad de reabrir determinados canales de comunicación con Moscú, pero la conversación chocó con una realidad difícil de ignorar: mientras se desarrollaba el debate, Rusia intensificó sus ataques contra Ucrania y mantenía la presión híbrida sobre varios países europeos mediante campañas de desinformación, sabotajes y operaciones de influencia. La conclusión fue contundente: el Kremlin sigue sin mostrar un interés genuino en una negociación, según varias fuentes diplomáticas.

El debate visibilizó las divisiones en la Unión. Los países bálticos y Polonia observan esta discusión con profunda desconfianza. "Para ellos, la historia demuestra que Moscú utiliza las negociaciones para ganar tiempo, sembrar divisiones y consolidar posiciones", explicó un diplomático al corriente de la discusión. Desde esa perspectiva, cualquier intento prematuro de normalización corre el riesgo de beneficiar al Kremlin.

No todos los defensores del diálogo hablan de normalización. "El objetivo debería ser debilitar al Kremlin, impedir que Rusia escape del coste estratégico que ella misma se ha impuesto y disuadirla de volver a amenazar la seguridad europea", opinó Veronica Anghel, profesora del European University Institute, en un foro coordinado por Carnegie Europe. "El Kremlin es un adversario al que hay que acorralar, no un socio con el que reconciliarse", añadió.

"Se trata más de realismo que de integrar a la Rusia de Putin en el orden de seguridad europeo, ya que Rusia y Europa tienen una comprensión muy diferente de ese orden", opinó Meister, director del Centro para el Orden y la Gobernanza en Europa del Este, Rusia y Asia Central en el DGAP. El experto apuntó que el debate es una reacción a Estados Unidos, que tiene intereses diferentes a los de Europa con respecto a Rusia, y a la necesidad de desempeñar un papel en el fin de la guerra.

"Esto ya no va de cómo termina la guerra", resumió un diplomático la semana pasada. "Va de cómo vivimos con Rusia durante los próximos veinte años".

Durante tres décadas tras la caída del muro de Berlín, la mayor parte de Europa vivió con la convicción de que la Guerra Fría pertenecía a los libros. En París, Berlín y Bruselas se creyó que Moscú, aunque incómoda, acabaría encontrando algún lugar dentro del orden europeo. Aquella idea de que había que hablar con Rusia y no sobre Rusia se mantuvo en muchos países pese a la anexión ilegal de Crimea y la guerra de Donbás, pero saltó por los aires en febrero de 2022 con la invasión a gran escala. Europa rompió gran parte de los lazos políticos, económicos y diplomáticos que aún mantenía con Moscú, aisló al Kremlin, sancionó a su entorno y redujo al mínimo los contactos políticos de alto nivel.

En un desarrollo paralelo, la Fiscalía de París anunció el martes que ha abierto una investigación formal para averiguar si Israel maquinó una operación de desinformación contra candidatos del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI) durante las elecciones municipales francesas celebradas en marzo de 2026. LFI ha sido muy activa con la defensa de la causa palestina y muy crítica con Israel.

El Ministerio público, que no menciona explícitamente a Israel, señaló que la investigación es de oficio, según El País. De las pesquisas se encargará la Unidad Nacional de Ciberdelitos (UNC), que tratará de esclarecer si la campaña de algunos candidatos de LFI a los comicios locales "pudo ser el objetivo de una operación [de desinformación] en beneficio de un Estado tercero".

Los diputados afectados son Sébastien Delogu, François Piquemal y David Guiraud, candidatos de LFI en Marsella, Toulouse y Roubaix, respectivamente. La presunta operación, denunciada en redes sociales por el líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon, se centraba en la creación de páginas web falsas para divulgar imágenes creadas con inteligencia artificial.

El ministro francés del Interior, Laurent Núñez, denunció la semana pasada que se había iniciado una acción judicial. La fiscalía se basa en las publicaciones de Viginum, el servicio encargado de luchar contra las campañas de desinformación y manipulación online, que evocaba "un dispositivo de difusión" de imágenes hechas con inteligencia artificial "para propagar contenidos inexactos y tramposos".

Se trata de "una campaña malintencionada, en la que participa un actor ubicado en el extranjero, que puede perjudicar a los intereses de la nación, en la medida en la que busca alterar la información que reciben los ciudadanos" en un periodo electoral, según Viginum.

Las alertas saltaron el 10 de marzo, justo antes de la primera vuelta de los comicios, aunque Viginum admitió que esas informaciones "no tuvieron un gran impacto en redes sociales" y no influyeron en el resultado final. La Fiscalía recordó que "una injerencia extranjera no busca perjudicar los intereses particulares de una persona, sino de un Estado extranjero".

La investigación también abarca las publicaciones del periódico francés Libération y el israelí Haaretz en las que mencionan a una empresa israelí llamada BlackCore, que "sería la tapadera de otra mucho más compleja", según Libération. La web de esta compañía, que no figura en el registro oficial de empresas del país, ya no está disponible.

"Celebramos que la justicia investigue esto, aunque nos sorprende que no se haya hecho antes, ya que en marzo teníamos conocimiento de la existencia de esta injerencia que la propia Red de Coordinación y Protección Electoral describió como una amenaza potencial para los intereses de la nación", afirmó uno de los abogados de La Francia Insumisa, Xavier Sauvignet, citado por Le Figaro.

Hace unos días el diputado de LFI Sébastien Delogu instó al Gobierno a actuar para evitar posibles tentativas de desestabilización por parte de países terceros de cara a las elecciones presidenciales de 2027, a las que ya no se presentará Emmanuel Macron y que son cruciales para Francia y para el futuro de Europa. El ministro del Interior admitió que "en los últimos tiempos, injerencias digitales de origen extranjero hay muchas, sobre todo en periodo de elecciones".

Ambos casos reflejan los desafíos que enfrenta Europa en un contexto de creciente confrontación geopolítica: cómo gestionar relaciones con potencias hostiles sin repetir los errores del pasado, y cómo proteger sus procesos democráticos de operaciones de injerencia extranjera cada vez más sofisticadas.

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