Yusuf Ali, de 34 años, combatió en las calles de Mogadiscio cuando tenía 16 años durante la insurgencia islamista que estalló hace casi dos décadas en Somalia. Ahora comerciante, aún batalla con los recuerdos traumáticos de aquella guerra urbana que lo obligó a matar o morir, en un país donde los servicios de salud mental son prácticamente inexistentes y miles de exniños soldados sufren en silencio las consecuencias psicológicas del conflicto.