Familia palestina cultiva un jardín como acto de resistencia en medio de bombardeos en Gaza
Una familia palestina en Gaza ha convertido el cultivo de un pequeño huerto en un acto de resistencia y supervivencia frente a los bombardeos israelíes, la escasez de alimentos y la falta de agua, según relata Taqwa Ahmed al-Wawi, escritora y poeta gazatí, en un testimonio publicado por The Guardian.
En medio de la devastación causada por los bombardeos en Gaza, Mohammed al-Wawi y su padre decidieron plantar un pequeño huerto como un acto de resistencia y esperanza. "Plantar es creer en el mañana", expresó el padre de la familia mientras colocaba cuidadosamente las semillas en la tierra, según relata Taqwa Ahmed al-Wawi, escritora y poeta gazatí.
Antes del conflicto, el jardín familiar era "un tapiz exuberante de árboles y plantas", con cinco olivos antiguos y varios árboles frutales como naranjos, limoneros, higueras y un pequeño clementino. Sin embargo, la guerra transformó radicalmente el paisaje y las condiciones de vida en Gaza.
La iniciativa comenzó cuando Mohammed y su padre compraron plántulas y semillas a un agricultor local que mantenía una de las pocas zonas verdes que quedaban en la región. Adquirieron 30 semillas de maíz por 15 shekels (aproximadamente 5 dólares), tres plántulas de pimiento a 2 dólares cada una, dos plántulas de berenjena, y varias hierbas como menta, albahaca, ain jarada (una hierba local conocida por su aroma fresco) y rúcula, todas por un solo dólar, además de cuatro semillas de patata.
El cultivo de este huerto no fue tarea fácil. Padre e hijo debían acarrear cubos de agua desde más de 200 metros de distancia, donde los vecinos hacían fila para llenar sus recipientes. "Cada gota de agua era un pequeño acto de resistencia", describe Taqwa en su relato. A pesar del calor sofocante, los mareos y el cansancio, continuaron regando y cuidando las plantas día tras día.
La familia eligió cultivos que pudieran prosperar con menos cuidados, capaces de sobrevivir en las condiciones más difíciles. El maíz se convirtió en el cultivo estrella, creciendo hasta la altura del pecho de Taqwa, quien describe sentir "un orgullo silencioso" al estar entre las plantas.
La cosecha de patatas también fue exitosa, y hervidas o fritas se convirtieron en comidas que adquirían mayor valor por su origen. La familia también disfrutó de té de menta fresca y ensaladas con rúcula y ain jarada.
No todos los intentos tuvieron éxito. Mohammed había cuidado durante 10 meses un brote de mango, pero cuando la familia se vio obligada a huir a Rafah, la planta murió durante su ausencia de cinco meses.
El testimonio de Taqwa Ahmed al-Wawi refleja cómo, en un contexto de genocidio donde la comida se ha convertido en "un lujo y el simple acto de comer en una lucha diaria", el jardín familiar persiste como "una crónica de resistencia y rebelión silenciosa" en Gaza. "En una tierra devastada por el genocidio, persiste, hoja por hoja, raíz por raíz", concluye la autora.
El relato de esta familia gazatí ilustra cómo actos cotidianos como cultivar alimentos pueden transformarse en poderosos símbolos de resistencia y esperanza en medio de condiciones extremas de guerra y privación.



