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Familias desplazadas en República Democrática del Congo sobreviven tras décadas de guerra en la región de los Altos Mesetas

Miles de familias congoleñas permanecen desplazadas en la región de los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica, donde décadas de combates entre el ejército, fuerzas rebeldes y milicias étnicas han obligado a civiles a huir repetidamente de sus hogares, enfrentando la muerte de familiares, violencia sexual, enfermedades y la pérdida total de sus pertenencias, según testimonios recopilados en centros de salud y campamentos de desplazados.

INTERNACIONAL8 JUL 2026

Las colinas de los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica en la República Democrática del Congo han sido escenario de combates durante décadas entre el ejército congoleño, fuerzas rebeldes y milicias étnicas, según reporta The Guardian. Atrapadas en medio del conflicto se encuentran familias que intentan sobrevivir mientras son desplazadas repetidamente por la violencia.

Misa Byaombe, agricultora y madre de nueve hijos del pueblo de Rugezi, ha estado desplazada durante un año, según la fuente. Byaombe recuerda el ataque que la obligó a huir: "A las 4 de la mañana comenzó un ataque. Nos refugiamos en casa durante más de una hora, pero los disparos se acercaban mucho, así que huimos. Tres de los hijos mayores me ayudaron a cargar a los pequeños; vimos cadáveres mientras huíamos", dijo.

Jeanette Iranga fue desplazada de su hogar en Ndondo y posteriormente perdió tres hijos, según el testimonio recogido. "Sabíamos que la guerra se acercaba; mi esposo se había unido a una milicia de defensa pero fue asesinado en el frente. Pronto llegaron los combates y huimos. Mi hija murió cuando le dispararon y dos de mis hijos enfermaron y fallecieron. Fui retenida como rehén por algunas tropas pero logré escapar. Tengo 11 hijos sobrevivientes... Todos estaban muy estresados por los combates. Todo lo que queremos es regresar a casa, pero tengo demasiado miedo", relató Iranga.

Nabindu Namwija, viuda del pueblo de Tuwetuwe, se encuentra en el centro de salud de Nakiele donde su hija Mapenzi está siendo tratada por malaria, según la fuente. Namwija abandonó su aldea después de ataques de milicias. "Quemaron mi casa y todas nuestras pertenencias... Estaba sola con mis cuatro hijos porque mi esposo había sido asesinado. Era imposible quedarse más tiempo. Llegamos sin nada. Todo lo que puedo hacer es trabajar en los campos de otras personas a cambio de algo de comida. Quiero regresar al pueblo; los niños están enfermando y solo ha sido posible sobrevivir con la ayuda de otros de mi comunidad", dijo Namwija.

Mwajuma Endonjema se encuentra junto al centro de salud de Mukera, desplazada desde febrero de 2025, cuidando a sus nueve hijos y un nieto, según el reporte. "Los soldados llegaron en la noche, no dispararon pero vinieron a quemar las casas, buscando otras milicias. Era medianoche y escuchamos gritos y llantos. Nos escondimos en el bosque durante horas, esperando hasta el amanecer. Cuando hubo luz, huimos. Los niños lloraban y mi hija Rosia se rompió la pierna en las colinas. Mi esposo y algunos hombres del pueblo hicieron una camilla y la cargaron juntos hasta un lugar seguro", relató Endonjema.

Zabibu Lumetala trabaja como partera en el centro de salud de Mukera y tuvo una hija hace dos meses, según la fuente. Muchas de sus pacientes son mujeres recientemente desplazadas y víctimas de violencia sexual. "Mi función es dirigir los partos, y también brindamos atención psicosocial a las mujeres. Muchas mujeres que han sido violadas son marginadas dentro de la comunidad e incluso pueden intentar mantenerlo en secreto. Los bebés nacidos de violaciones también son un tema sensible. Estamos trabajando arduamente para evitar que las familias se dividan cuando esto ocurre, pero tenemos un largo camino por recorrer. Con la inseguridad actual, algunas mujeres tienen demasiado miedo de abandonar el centro de salud. Ha habido combates terribles en la zona, y una vez fui la única miembro del personal que se quedó", dijo Lumetala.

Zawardi Moambi, agricultora y madre de cuatro hijos, huyo a Mukera en junio de 2025 después de que la milicia Gumino llegara a su aldea, según el testimonio. "Corrimos durante dos días", dijo Moambi. "En el camino, personas de otras aldeas nos dejaron quedarnos con ellos y compartir su comida. Cuando huimos por primera vez a un lugar seguro, tuve que trabajar en los campos de otros agricultores a cambio de algo para comer. Los niños están acostumbrados a la vida en las montañas frías, así que cuando llegamos aquí, los cuatro contrajeron malaria rápidamente", relató.

La situación militar en la región continúa siendo volátil. Soldados congoleños entrenaban cerca de Mikenge en 2024, según la fuente. Este año, la ciudad estratégica ha sido escenario de feroces combates entre el ejército de la República Democrática del Congo y milicias Banyamulenge apoyadas por los rebeldes M23, con la ciudad siendo capturada alternativamente por ambos bandos en numerosas ocasiones, según el reporte.

Los testimonios revelan un patrón consistente de desplazamiento forzado, pérdida de vidas y medios de subsistencia, y trauma generalizado entre la población civil. Las familias desplazadas enfrentan condiciones precarias, dependiendo del trabajo en campos ajenos a cambio de alimentos y lidiando con enfermedades como la malaria que afectan especialmente a los niños cuando son trasladados a diferentes altitudes y climas.

La violencia sexual contra mujeres durante el conflicto representa un problema adicional que genera estigmatización social, según el testimonio de la partera Lumetala. Los centros de salud en las zonas de desplazamiento intentan proporcionar no solo atención médica sino también apoyo psicosocial, aunque los recursos y el personal son limitados, especialmente cuando los combates se intensifican y obligan a la evacuación incluso de trabajadores sanitarios.

El conflicto prolongado en los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica ilustra la crisis humanitaria más amplia en el este de la República Democrática del Congo, donde múltiples grupos armados disputan el control territorial mientras la población civil paga el precio más alto. Las familias desplazadas expresan un deseo común de regresar a sus hogares, pero el miedo a nuevos ataques y la continuación de los combates hacen que ese retorno sea imposible o extremadamente peligroso.

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Familias desplazadas en República Democrática del Congo sobreviven tras décadas de guerra en la región de los Altos Mesetas

Miles de familias congoleñas permanecen desplazadas en la región de los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica, donde décadas de combates entre el ejército, fuerzas rebeldes y milicias étnicas han obligado a civiles a huir repetidamente de sus hogares, enfrentando la muerte de familiares, violencia sexual, enfermedades y la pérdida total de sus pertenencias, según testimonios recopilados en centros de salud y campamentos de desplazados.

8 jul 2026
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Las colinas de los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica en la República Democrática del Congo han sido escenario de combates durante décadas entre el ejército congoleño, fuerzas rebeldes y milicias étnicas, según reporta The Guardian. Atrapadas en medio del conflicto se encuentran familias que intentan sobrevivir mientras son desplazadas repetidamente por la violencia.

Misa Byaombe, agricultora y madre de nueve hijos del pueblo de Rugezi, ha estado desplazada durante un año, según la fuente. Byaombe recuerda el ataque que la obligó a huir: "A las 4 de la mañana comenzó un ataque. Nos refugiamos en casa durante más de una hora, pero los disparos se acercaban mucho, así que huimos. Tres de los hijos mayores me ayudaron a cargar a los pequeños; vimos cadáveres mientras huíamos", dijo.

Jeanette Iranga fue desplazada de su hogar en Ndondo y posteriormente perdió tres hijos, según el testimonio recogido. "Sabíamos que la guerra se acercaba; mi esposo se había unido a una milicia de defensa pero fue asesinado en el frente. Pronto llegaron los combates y huimos. Mi hija murió cuando le dispararon y dos de mis hijos enfermaron y fallecieron. Fui retenida como rehén por algunas tropas pero logré escapar. Tengo 11 hijos sobrevivientes... Todos estaban muy estresados por los combates. Todo lo que queremos es regresar a casa, pero tengo demasiado miedo", relató Iranga.

Nabindu Namwija, viuda del pueblo de Tuwetuwe, se encuentra en el centro de salud de Nakiele donde su hija Mapenzi está siendo tratada por malaria, según la fuente. Namwija abandonó su aldea después de ataques de milicias. "Quemaron mi casa y todas nuestras pertenencias... Estaba sola con mis cuatro hijos porque mi esposo había sido asesinado. Era imposible quedarse más tiempo. Llegamos sin nada. Todo lo que puedo hacer es trabajar en los campos de otras personas a cambio de algo de comida. Quiero regresar al pueblo; los niños están enfermando y solo ha sido posible sobrevivir con la ayuda de otros de mi comunidad", dijo Namwija.

Mwajuma Endonjema se encuentra junto al centro de salud de Mukera, desplazada desde febrero de 2025, cuidando a sus nueve hijos y un nieto, según el reporte. "Los soldados llegaron en la noche, no dispararon pero vinieron a quemar las casas, buscando otras milicias. Era medianoche y escuchamos gritos y llantos. Nos escondimos en el bosque durante horas, esperando hasta el amanecer. Cuando hubo luz, huimos. Los niños lloraban y mi hija Rosia se rompió la pierna en las colinas. Mi esposo y algunos hombres del pueblo hicieron una camilla y la cargaron juntos hasta un lugar seguro", relató Endonjema.

Zabibu Lumetala trabaja como partera en el centro de salud de Mukera y tuvo una hija hace dos meses, según la fuente. Muchas de sus pacientes son mujeres recientemente desplazadas y víctimas de violencia sexual. "Mi función es dirigir los partos, y también brindamos atención psicosocial a las mujeres. Muchas mujeres que han sido violadas son marginadas dentro de la comunidad e incluso pueden intentar mantenerlo en secreto. Los bebés nacidos de violaciones también son un tema sensible. Estamos trabajando arduamente para evitar que las familias se dividan cuando esto ocurre, pero tenemos un largo camino por recorrer. Con la inseguridad actual, algunas mujeres tienen demasiado miedo de abandonar el centro de salud. Ha habido combates terribles en la zona, y una vez fui la única miembro del personal que se quedó", dijo Lumetala.

Zawardi Moambi, agricultora y madre de cuatro hijos, huyo a Mukera en junio de 2025 después de que la milicia Gumino llegara a su aldea, según el testimonio. "Corrimos durante dos días", dijo Moambi. "En el camino, personas de otras aldeas nos dejaron quedarnos con ellos y compartir su comida. Cuando huimos por primera vez a un lugar seguro, tuve que trabajar en los campos de otros agricultores a cambio de algo para comer. Los niños están acostumbrados a la vida en las montañas frías, así que cuando llegamos aquí, los cuatro contrajeron malaria rápidamente", relató.

La situación militar en la región continúa siendo volátil. Soldados congoleños entrenaban cerca de Mikenge en 2024, según la fuente. Este año, la ciudad estratégica ha sido escenario de feroces combates entre el ejército de la República Democrática del Congo y milicias Banyamulenge apoyadas por los rebeldes M23, con la ciudad siendo capturada alternativamente por ambos bandos en numerosas ocasiones, según el reporte.

Los testimonios revelan un patrón consistente de desplazamiento forzado, pérdida de vidas y medios de subsistencia, y trauma generalizado entre la población civil. Las familias desplazadas enfrentan condiciones precarias, dependiendo del trabajo en campos ajenos a cambio de alimentos y lidiando con enfermedades como la malaria que afectan especialmente a los niños cuando son trasladados a diferentes altitudes y climas.

La violencia sexual contra mujeres durante el conflicto representa un problema adicional que genera estigmatización social, según el testimonio de la partera Lumetala. Los centros de salud en las zonas de desplazamiento intentan proporcionar no solo atención médica sino también apoyo psicosocial, aunque los recursos y el personal son limitados, especialmente cuando los combates se intensifican y obligan a la evacuación incluso de trabajadores sanitarios.

El conflicto prolongado en los Altos Mesetas cerca del lago Tanganica ilustra la crisis humanitaria más amplia en el este de la República Democrática del Congo, donde múltiples grupos armados disputan el control territorial mientras la población civil paga el precio más alto. Las familias desplazadas expresan un deseo común de regresar a sus hogares, pero el miedo a nuevos ataques y la continuación de los combates hacen que ese retorno sea imposible o extremadamente peligroso.

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