Francia y España lideran presión europea para endurecer controles comerciales contra prácticas desleales
Francia y España han presentado a la Comisión Europea un documento de trabajo, firmado también por Italia, Países Bajos y Lituania, que reclama estrechar la vigilancia sobre prácticas comerciales desleales y reforzar los instrumentos de defensa comercial de la Unión Europea, con el objetivo de combatir el exceso de capacidad industrial sistémico de algunos países, principalmente China, según fuentes europeas.
Cinco países europeos han unido fuerzas para exigir a Bruselas una revisión profunda de sus mecanismos de defensa comercial ante lo que consideran una amenaza creciente al mercado único europeo. El documento de trabajo, conocido en jerga europea como non paper, busca abrir la discusión sobre nuevas estrategias para enfrentar lo que describen como el desbaratamiento del orden global establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
Aunque el documento no cita explícitamente qué países son considerados los principales disruptores de las reglas globales del mercado, China está en el centro de las preocupaciones europeas, según las fuentes. Bruselas tiene a Pekín en la mira precisamente por su exceso de capacidad en sectores industriales como el del acero, lo que hace bajar los precios y provoca una competencia desleal para los fabricantes europeos, según el análisis presentado.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene previsto lanzar este viernes un debate de orientación sobre las relaciones entre la Unión Europea y China, una discusión estratégica a puerta cerrada del Colegio de Comisarios para discutir iniciativas que se quieren convertir en propuestas legislativas concretas. En ese marco, podría proponer algún tipo de instrumento contra el exceso de capacidad que permita a la Unión Europea restringir el acceso de China a determinados sectores del mercado europeo, según las fuentes. China ya ha advertido de represalias si Bruselas concreta esos planes.
El documento de trabajo prevé medidas inmediatas y otras más estructurales que tardarán tiempo en implementarse, si se llega a un acuerdo. El objetivo es afinar más las investigaciones y conseguir que Bruselas actúe con más rapidez, vistos sus a menudo largos tiempos para actuar, así como con mayor eficacia, ampliando el espectro del análisis a lo largo de la cadena de valor, en vez de concentrarse en productos aislados.
A corto plazo, las capitales piden más recursos para las unidades y equipos dedicados a implementar las herramientas de defensa comercial para poder acelerar el trabajo y priorizar casos y sectores, según el documento. También quieren que la Comisión abra más a menudo investigaciones de salvaguardia, que examinan las tendencias de las importaciones y si causan o amenazan con causar un perjuicio grave a los productores de la Unión Europea, caso en el que Bruselas puede iniciar una investigación a petición de uno o más Estados miembros.
Los países critican la práctica de la Comisión de realizar investigaciones antisubsidios y antidumping producto por producto, algo que consideran particularmente ineficaz para disrupciones que afectan a varios segmentos de la cadena de valor, y abogan por que pasen a ser investigaciones sectoriales. El dumping es la práctica de vender productos en mercados extranjeros a precios inferiores a su valor normal, lo que distorsiona la competencia.
Finalmente, la Unión Europea debería mostrarse más proactiva y plantearse impugnar de forma más sistemática ante el Órgano de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio cualquier medida que sea claramente incompatible con los acuerdos o normas pertinentes, recoge el documento.
A medio plazo, la Unión Europea debería estudiar algunos ajustes quirúrgicos a su marco legal de defensa comercial, señalan los firmantes, con vistas a restablecer la competencia leal y la igualdad de condiciones en el mercado de la Unión Europea. En este sentido, además de añadir la seguridad económica de la Unión Europea como criterio para lanzar las medidas defensivas ahora centradas en cuestiones como el dumping, consideran como prioritario realizar una revisión, reinterpretación y refuerzo de la herramienta antielusión.
Esta herramienta debería venir acompañada por una revisión a la baja de los umbrales que activan los mecanismos de defensa comercial europeos, como reducir el actual umbral del 60% de componentes originarios del país sujeto a la medida de defensa comercial al 50%, según proponen. Así, señalan, sería imposible que más de la mitad de un componente del producto final procediera del país sujeto a la medida de defensa comercial.
Estos cambios deberían ser completados con varias reformas profundas clave a más largo plazo. La Unión Europea debería estudiar cómo abordar mejor la actividad transnacional de las empresas procedentes de países afectados por distorsiones significativas, que están sujetas a medidas de defensa comercial en su país de origen, según el documento.
De igual modo, proponen que se estudie la compatibilidad con las normas de la Organización Mundial del Comercio de una mejora del instrumento antisubvenciones que permita a la Comisión aplicar derechos compensatorios a nivel de empresa, en lugar de a nivel combinado de país y producto, lo que actualmente facilita su elusión.
El objetivo de las medidas propuestas en el documento de trabajo, señalan las cinco capitales europeas signatarias, es reforzar la capacidad de la Unión para hacer frente a las prácticas comerciales desleales, preservando al mismo tiempo las ventajas de una economía abierta y competitiva. Para ello, subrayan, la Unión Europea debería trabajar con los países que compartan sus principios, especialmente con aquellos con los que está firmando acuerdos comerciales.
Esta cooperación podría mejorar la eficacia y legitimidad de nuestras respuestas al comercio injusto, a la par que apoyarían los mercados abiertos y cadenas de suministro resilientes, sostienen. La propuesta llega apenas dos días después de que la Unión Europea y México firmaran un Acuerdo Global Modernizado.
La iniciativa de Francia, España, Italia, Países Bajos y Lituania refleja una creciente preocupación en Europa sobre el equilibrio de poder económico global y la necesidad de proteger la industria europea sin abandonar los principios del libre comercio. La tensión con China se suma a los embates del Gobierno de Donald Trump contra la Organización Mundial del Comercio, configurando un panorama comercial global cada vez más fragmentado y confrontacional.




