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Guerra en Irán cumple tres meses con bloqueo de Ormuz que dispara petróleo 50% y amenaza recesión global

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán alcanza los tres meses de duración, superando ampliamente las tres semanas que Washington calculaba para derrocar al régimen de los ayatolás. El bloqueo del estrecho de Ormuz mantiene el precio del petróleo un 50% más caro que antes de la guerra y ha convertido lo que se planeó como un ataque relámpago en un shock energético planetario que amenaza con llevar a la economía mundial a la recesión si no se alcanza un acuerdo en junio, según advierten analistas y organismos económicos internacionales.

INTERNACIONAL30 MAY 2026

La guerra en Irán, que comenzó hace tres meses como una operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel destinada a derrocar el régimen iraní y rediseñar el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo, se ha convertido en un conflicto prolongado que amenaza con sumir a la economía global en recesión. De los tres meses transcurridos, más de siete semanas han sido de tregua, según reportan las fuentes, aunque la resolución del conflicto continúa siendo muy incierta pese a una aproximación de posturas entre las partes.

El bloqueo del estrecho de Ormuz, la estrategia central de resistencia de Teherán, mantiene el precio del petróleo un 50% más caro que antes del inicio de las hostilidades y agrava cada día el impacto negativo sobre la inflación y el crecimiento económico mundial. Esta capacidad de resistencia iraní ha resultado ser, según las fuentes, casi tan persuasiva como su programa nuclear.

Junio se ha convertido en el mes crítico para evitar que el escenario adverso se materialice. Instituciones económicas y analistas confían en que durante este mes los barcos puedan salir del estrecho de Ormuz y se evite así que el impacto puntual y asumible del conflicto se transforme en un daño a mayor escala que conduzca a la recesión, con un precio del petróleo aún más elevado.

"El sistema no puede sostener indefinidamente la disrupción en un nodo crítico sin forzar algún tipo de ajuste. Es decir, no descontamos un acuerdo de paz, sino recuperar una funcionalidad suficiente. En ese sentido, junio aparece como la primera ventana razonable para que esa normalización se produzca, más por necesidad sistémica que por señales diplomáticas especialmente claras", explicó Eduardo García Castro, economista experto de Mapfre Economics.

Las reservas estratégicas de petróleo han alcanzado niveles críticos, según advierten los expertos de forma unánime. Hasta ahora, la liberación de esas reservas por parte de los países consumidores ha permitido compensar parte de la caída del suministro procedente del golfo Pérsico. Sin embargo, si el suministro no se restablece en las próximas semanas, el crudo será más caro este verano y el resto del año, rebasando incluso el pico cercano a los 120 dólares el barril brent registrado en marzo y abril.

Nabil Milali, gestor en Edmond de Rothschild AM, indicó el jueves que "el punto de inflexión ya se ha alcanzado para el mercado petrolero. A partir de ahora, incluso si el estrecho se reabriera hoy mismo, no sería suficiente para evitar que las reservas globales de crudo sigan disminuyendo en los próximos meses, acercándose a niveles críticos muy próximos al mínimo necesario para que el sistema continúe operando con normalidad".

Si las reservas estratégicas cayeran a niveles inquietantes, los gobiernos se apresurarían a reabastecerse provocando una carrera por comprar el crudo disponible a precios aún más elevados. Con un petróleo y un combustible para vehículos y aviones por las nubes, la alternativa será viajar menos, consumir menos y menores beneficios empresariales, lo que se traduciría en un evidente menor crecimiento económico o directamente en recesión.

"Si la disrupción se prolonga hasta julio, aumentan las probabilidades de que se produzcan ajustes en cantidades, destrucción de demanda, especialmente en sectores intensivos en energía o en logística, lo que eleva el riesgo de que la desaceleración derive en un entorno más contractivo en la segunda mitad del año", apuntó García Castro.

Pese a la gravedad de la situación energética, los mercados bursátiles han permanecido ajenos a la amenaza, confiados en una solución al conflicto en las próximas semanas y deslumbrados por el potencial de la inteligencia artificial y los beneficios de las empresas tecnológicas. "Los inversores seguirán pasando por alto el conflicto mientras exista la expectativa de un acuerdo. Sin embargo, si la guerra se reanudara o si el cierre del estrecho se prolongara hasta que los inventarios globales alcanzaran su mínimo operativo, el impacto negativo sobre los mercados de renta variable podría ser considerablemente mayor", señaló Milali.

Las alarmas sí han saltado en el mercado de renta fija, que anticipa el grave deterioro que puede traer la prolongación de la guerra. Más inflación que fuerce alzas de tipos de interés y más déficit público en Estados Unidos para afrontar el gasto militar están elevando las rentabilidades de los bonos. El bono estadounidense a 30 años ha marcado máximos de 2007, según las fuentes, factores que pueden acabar siendo detonante para una corrección bursátil.

Goldman Sachs maneja un escenario en que las exportaciones a través de Ormuz se normalizan a finales de junio, permitiendo un aumento gradual del suministro energético, y acaba de elevar su previsión para el índice bursátil estadounidense S&P 500 a los 8.000 puntos a fin de año ante la solidez de la campaña de resultados. Aun así, el gigante financiero advierte que "los riesgos a la baja para las perspectivas económicas también amenazan con crear las condiciones de endurecimiento de la política monetaria y de decepciones en el crecimiento que han caracterizado el final de mercados sobrevalorados en el pasado".

A ambas partes les urge cada vez más alcanzar un acuerdo. A Teherán, para garantizar la supervivencia del régimen mientras su economía se hunde por las sanciones y las limitaciones para exportar crudo. A Washington, para frenar el impacto del conflicto en los bolsillos de sus ciudadanos, que están pagando la gasolina al precio más alto desde 2022, un 50% más cara que antes de la guerra.

"Trump ha cometido un gran error de cálculo con Irán, que ha demostrado tener en el control de Ormuz un arma poderosísima. Y Estados Unidos este año afronta las elecciones legislativas de mitad de mandato, Trump puede tensar demasiado la cuerda si el conflicto se alarga durante el verano", resumió María Romero, analista de AFI. El índice de popularidad del presidente estadounidense que refleja la última encuesta realizada por The Economist arroja el peor dato de su segundo mandato, muy por debajo del registrado en este primer período en su primer mandato o del mandato de Joe Biden, en cuya derrota tuvo mucho que ver el aumento del coste de la vida.

El próximo 4 de julio Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su Declaración de Independencia, "un momento al que Trump bien podría aspirar a llegar con algún tipo de acuerdo de paz con Irán", según apuntó Romero.

El escenario base de AFI contempla el fin del conflicto en las próximas dos o tres semanas, lo que aun así dejará una inflación en la zona euro superior al 3% este año, con dos subidas de tipos del Banco Central Europeo, y un Producto Interior Bruto que crecería tan solo el 0,4%, al límite de la recesión, según sus cálculos. En su escenario adverso, sin un acuerdo de paz en junio, el conflicto se extendería a septiembre y podría desbordar la inflación europea más allá del 4% y contraer de forma evidente la economía.

La firma británica Schroders ya anticipa que la inflación en la zona euro subirá este año al 2,9% y que el crecimiento encogerá al 0,7%, desde el 1,7% de su estimación anterior. "Las repercusiones del conflicto ya han añadido alrededor de un punto porcentual a la inflación mundial, y cuanto más persista la crisis, mayor será el riesgo de que el aumento de la inflación se consolide", señaló David Rees, director de Economía Global de Schroders, para quien el daño ya causado por el encarecimiento de las materias primas y las disrupciones en las cadenas de suministro "parece haber desplazado a la economía mundial hacia una dirección estanflacionaria que, al parecer, los mercados no han descontado por completo".

Cuanto más dure la guerra en Irán y el bloqueo de Ormuz, más apuros pasarán los bancos centrales ante el dilema de a qué dar prioridad, si a la inflación o al crecimiento. El Banco Central Europeo se reunirá el próximo 11 de junio y se espera que suba los tipos en 25 puntos básicos, en la que sería la primera alza de las dos o tres que espera el mercado.

El BCE anunciará también sus nuevas previsiones económicas y previsiblemente revisará al alza su estimación de inflación para este año, que calculaba en el 2,6% en marzo, y a la baja su previsión de crecimiento, un alza del PIB del 0,9% anunciado en marzo.

Mohit Kumar, economista jefe para Europa del banco estadounidense Jefferies, alertó de los crecientes riesgos, incluida una recesión que podría afectar al corazón de la zona euro, Alemania. "Cuando empezamos el año, nuestra previsión era que crecería alrededor de un 1% en 2026. Y el Gobierno alemán ya ha rebajado su previsión al 0,5%. Nosotros creemos que podría ser del 0,3%, en un escenario optimista. Si la guerra se prolonga durante meses y no semanas, Alemania podría muy bien acercarse a un crecimiento cercano a cero o incluso entrar en una recesión", declaró Kumar.

El economista de Jefferies criticó la posible subida de tipos del BCE en junio: "Nuestra hipótesis de base es que, si la guerra continúa podríamos tener una subida del BCE en junio, una subida preventiva. Tienen que mantener la credibilidad de que el BCE es una institución que lucha contra la inflación. Pero creo que será un error de política porque se están subiendo los tipos cuando la economía se está desacelerando. El alza de tipos no va a ayudar a la inflación, porque esta viene impulsada por el petróleo, sobre el que el BCE no tiene control".

Kumar advirtió que subir los tipos ante una crisis externa que no está bajo control del BCE "podría ser un error de política. Podría ser lo que llamamos un momento Trichet", en referencia a Jean Claude Trichet, el presidente del BCE que subió tipos en julio de 2008, en los albores de la gran crisis financiera.

El impacto de la guerra varía según las regiones. Estados Unidos es el menos afectado y Asia la más perjudicada, según Kumar. "No se trata solo del petróleo, sino en gran medida del gas, que está aproximadamente un 45% más caro que antes de la guerra. La industria en realidad tiene mucho más que ver con el gas que con el petróleo y el impacto será muy diferente", explicó.

En Europa, países como Alemania son los más afectados porque dependen mucho de la industria. Francia lo será menos porque tiene energía nuclear y depende menos del gas. Italia se verá más afectada que España porque tiene un mayor sesgo industrial y depende más del gas. "En general, creemos que el crecimiento europeo se reducirá en torno al 0,6% este año, lo que significa que algunos países estarán cerca de la recesión", señaló Kumar.

Incluso si se alcanza un acuerdo en las próximas semanas, el petróleo no volverá al nivel previo a la guerra, ante la necesidad de los gobiernos de reconstruir con relativa rapidez sus reservas estratégicas, más aún cuando la estabilidad geopolítica en la zona ha quedado en entredicho. Además, crudo y gas no volverían a circular con la misma intensidad por el golfo Pérsico hasta dentro de varios meses, el tiempo necesario para resolver el tapón logístico que tiene atrapados en la zona a cientos de buques y para poner en funcionamiento instalaciones energéticas que se han visto forzadas a parar o que han sufrido daños materiales en el conflicto.

"Ormuz no va a ser lo que era, no volveremos a la casilla de salida, va a quedar una prima de riesgo. Todo lo que transita por la zona será más costoso", advirtió María Romero. "Si en las próximas semanas se alcanza un acuerdo firme, es probable que el impacto de la crisis energética se contenga", añadieron Carlo Capuano y Eiko Sievert, analistas del sector público y soberano de Scope Ratings. Aunque la firma ya anticipa un petróleo de media en los 100 dólares el barril en 2026 y algo más barato en 2027, por encima en todo caso de los niveles previos al conflicto.

Kumar también señaló que "la era del excepcionalismo estadounidense ha concluido" desde el punto de vista de la inversión. "Cuando hablo con inversores de todo el mundo, todos están pensando en dónde invertir fuera de Estados Unidos. Ese es un tema recurrente cuando viajo a Europa, Asia o incluso Sudamérica", declaró. Sin embargo, reconoció que "el cambio estructural en la economía es la inteligencia artificial, y la tecnología es cosa de Estados Unidos. En Europa no hay ninguna empresa comparable".

Respecto a la convivencia de las bolsas en máximos con el bono estadounidense a 30 años por encima del 5%, Kumar afirmó estar convencido de que es posible debido al exceso de liquidez en el sistema. "Fácilmente podríamos tener rendimientos a 10 años en el 4,5% y la renta variable en máximos históricos", señaló, aunque advirtió que si los rendimientos a 10 años en Estados Unidos superan el 5%, "los mercados de renta variable lo interpretarán negativamente".

El panorama geopolítico mundial está cambiando y el centro de poder se está desplazando hacia Asia, según Kumar. "Esto ya había comenzado antes de la guerra con algunas políticas, como los aranceles, y el resto del mundo está pensando en reducir su dependencia de Estados Unidos. En Europa, si nos fijamos en los datos comerciales, el comercio con China ha aumentado casi un 30% desde que Trump llegó al poder", explicó.

La situación actual plantea un dilema crítico para los bancos centrales, especialmente para el Banco Central Europeo, que tiene el mandato único de la estabilidad de precios, a diferencia de la Reserva Federal estadounidense que tiene un mandato dual de control de la inflación y fomento del empleo. Si el acuerdo de paz no llega en junio, habrá más motivos para un petróleo más caro y para esperar más inflación y, por tanto, más alzas de tipos, en un momento en que el crecimiento económico ya está flaqueando peligrosamente.

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30 may 2026
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La guerra en Irán, que comenzó hace tres meses como una operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel destinada a derrocar el régimen iraní y rediseñar el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo, se ha convertido en un conflicto prolongado que amenaza con sumir a la economía global en recesión. De los tres meses transcurridos, más de siete semanas han sido de tregua, según reportan las fuentes, aunque la resolución del conflicto continúa siendo muy incierta pese a una aproximación de posturas entre las partes.

El bloqueo del estrecho de Ormuz, la estrategia central de resistencia de Teherán, mantiene el precio del petróleo un 50% más caro que antes del inicio de las hostilidades y agrava cada día el impacto negativo sobre la inflación y el crecimiento económico mundial. Esta capacidad de resistencia iraní ha resultado ser, según las fuentes, casi tan persuasiva como su programa nuclear.

Junio se ha convertido en el mes crítico para evitar que el escenario adverso se materialice. Instituciones económicas y analistas confían en que durante este mes los barcos puedan salir del estrecho de Ormuz y se evite así que el impacto puntual y asumible del conflicto se transforme en un daño a mayor escala que conduzca a la recesión, con un precio del petróleo aún más elevado.

"El sistema no puede sostener indefinidamente la disrupción en un nodo crítico sin forzar algún tipo de ajuste. Es decir, no descontamos un acuerdo de paz, sino recuperar una funcionalidad suficiente. En ese sentido, junio aparece como la primera ventana razonable para que esa normalización se produzca, más por necesidad sistémica que por señales diplomáticas especialmente claras", explicó Eduardo García Castro, economista experto de Mapfre Economics.

Las reservas estratégicas de petróleo han alcanzado niveles críticos, según advierten los expertos de forma unánime. Hasta ahora, la liberación de esas reservas por parte de los países consumidores ha permitido compensar parte de la caída del suministro procedente del golfo Pérsico. Sin embargo, si el suministro no se restablece en las próximas semanas, el crudo será más caro este verano y el resto del año, rebasando incluso el pico cercano a los 120 dólares el barril brent registrado en marzo y abril.

Nabil Milali, gestor en Edmond de Rothschild AM, indicó el jueves que "el punto de inflexión ya se ha alcanzado para el mercado petrolero. A partir de ahora, incluso si el estrecho se reabriera hoy mismo, no sería suficiente para evitar que las reservas globales de crudo sigan disminuyendo en los próximos meses, acercándose a niveles críticos muy próximos al mínimo necesario para que el sistema continúe operando con normalidad".

Si las reservas estratégicas cayeran a niveles inquietantes, los gobiernos se apresurarían a reabastecerse provocando una carrera por comprar el crudo disponible a precios aún más elevados. Con un petróleo y un combustible para vehículos y aviones por las nubes, la alternativa será viajar menos, consumir menos y menores beneficios empresariales, lo que se traduciría en un evidente menor crecimiento económico o directamente en recesión.

"Si la disrupción se prolonga hasta julio, aumentan las probabilidades de que se produzcan ajustes en cantidades, destrucción de demanda, especialmente en sectores intensivos en energía o en logística, lo que eleva el riesgo de que la desaceleración derive en un entorno más contractivo en la segunda mitad del año", apuntó García Castro.

Pese a la gravedad de la situación energética, los mercados bursátiles han permanecido ajenos a la amenaza, confiados en una solución al conflicto en las próximas semanas y deslumbrados por el potencial de la inteligencia artificial y los beneficios de las empresas tecnológicas. "Los inversores seguirán pasando por alto el conflicto mientras exista la expectativa de un acuerdo. Sin embargo, si la guerra se reanudara o si el cierre del estrecho se prolongara hasta que los inventarios globales alcanzaran su mínimo operativo, el impacto negativo sobre los mercados de renta variable podría ser considerablemente mayor", señaló Milali.

Las alarmas sí han saltado en el mercado de renta fija, que anticipa el grave deterioro que puede traer la prolongación de la guerra. Más inflación que fuerce alzas de tipos de interés y más déficit público en Estados Unidos para afrontar el gasto militar están elevando las rentabilidades de los bonos. El bono estadounidense a 30 años ha marcado máximos de 2007, según las fuentes, factores que pueden acabar siendo detonante para una corrección bursátil.

Goldman Sachs maneja un escenario en que las exportaciones a través de Ormuz se normalizan a finales de junio, permitiendo un aumento gradual del suministro energético, y acaba de elevar su previsión para el índice bursátil estadounidense S&P 500 a los 8.000 puntos a fin de año ante la solidez de la campaña de resultados. Aun así, el gigante financiero advierte que "los riesgos a la baja para las perspectivas económicas también amenazan con crear las condiciones de endurecimiento de la política monetaria y de decepciones en el crecimiento que han caracterizado el final de mercados sobrevalorados en el pasado".

A ambas partes les urge cada vez más alcanzar un acuerdo. A Teherán, para garantizar la supervivencia del régimen mientras su economía se hunde por las sanciones y las limitaciones para exportar crudo. A Washington, para frenar el impacto del conflicto en los bolsillos de sus ciudadanos, que están pagando la gasolina al precio más alto desde 2022, un 50% más cara que antes de la guerra.

"Trump ha cometido un gran error de cálculo con Irán, que ha demostrado tener en el control de Ormuz un arma poderosísima. Y Estados Unidos este año afronta las elecciones legislativas de mitad de mandato, Trump puede tensar demasiado la cuerda si el conflicto se alarga durante el verano", resumió María Romero, analista de AFI. El índice de popularidad del presidente estadounidense que refleja la última encuesta realizada por The Economist arroja el peor dato de su segundo mandato, muy por debajo del registrado en este primer período en su primer mandato o del mandato de Joe Biden, en cuya derrota tuvo mucho que ver el aumento del coste de la vida.

El próximo 4 de julio Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su Declaración de Independencia, "un momento al que Trump bien podría aspirar a llegar con algún tipo de acuerdo de paz con Irán", según apuntó Romero.

El escenario base de AFI contempla el fin del conflicto en las próximas dos o tres semanas, lo que aun así dejará una inflación en la zona euro superior al 3% este año, con dos subidas de tipos del Banco Central Europeo, y un Producto Interior Bruto que crecería tan solo el 0,4%, al límite de la recesión, según sus cálculos. En su escenario adverso, sin un acuerdo de paz en junio, el conflicto se extendería a septiembre y podría desbordar la inflación europea más allá del 4% y contraer de forma evidente la economía.

La firma británica Schroders ya anticipa que la inflación en la zona euro subirá este año al 2,9% y que el crecimiento encogerá al 0,7%, desde el 1,7% de su estimación anterior. "Las repercusiones del conflicto ya han añadido alrededor de un punto porcentual a la inflación mundial, y cuanto más persista la crisis, mayor será el riesgo de que el aumento de la inflación se consolide", señaló David Rees, director de Economía Global de Schroders, para quien el daño ya causado por el encarecimiento de las materias primas y las disrupciones en las cadenas de suministro "parece haber desplazado a la economía mundial hacia una dirección estanflacionaria que, al parecer, los mercados no han descontado por completo".

Cuanto más dure la guerra en Irán y el bloqueo de Ormuz, más apuros pasarán los bancos centrales ante el dilema de a qué dar prioridad, si a la inflación o al crecimiento. El Banco Central Europeo se reunirá el próximo 11 de junio y se espera que suba los tipos en 25 puntos básicos, en la que sería la primera alza de las dos o tres que espera el mercado.

El BCE anunciará también sus nuevas previsiones económicas y previsiblemente revisará al alza su estimación de inflación para este año, que calculaba en el 2,6% en marzo, y a la baja su previsión de crecimiento, un alza del PIB del 0,9% anunciado en marzo.

Mohit Kumar, economista jefe para Europa del banco estadounidense Jefferies, alertó de los crecientes riesgos, incluida una recesión que podría afectar al corazón de la zona euro, Alemania. "Cuando empezamos el año, nuestra previsión era que crecería alrededor de un 1% en 2026. Y el Gobierno alemán ya ha rebajado su previsión al 0,5%. Nosotros creemos que podría ser del 0,3%, en un escenario optimista. Si la guerra se prolonga durante meses y no semanas, Alemania podría muy bien acercarse a un crecimiento cercano a cero o incluso entrar en una recesión", declaró Kumar.

El economista de Jefferies criticó la posible subida de tipos del BCE en junio: "Nuestra hipótesis de base es que, si la guerra continúa podríamos tener una subida del BCE en junio, una subida preventiva. Tienen que mantener la credibilidad de que el BCE es una institución que lucha contra la inflación. Pero creo que será un error de política porque se están subiendo los tipos cuando la economía se está desacelerando. El alza de tipos no va a ayudar a la inflación, porque esta viene impulsada por el petróleo, sobre el que el BCE no tiene control".

Kumar advirtió que subir los tipos ante una crisis externa que no está bajo control del BCE "podría ser un error de política. Podría ser lo que llamamos un momento Trichet", en referencia a Jean Claude Trichet, el presidente del BCE que subió tipos en julio de 2008, en los albores de la gran crisis financiera.

El impacto de la guerra varía según las regiones. Estados Unidos es el menos afectado y Asia la más perjudicada, según Kumar. "No se trata solo del petróleo, sino en gran medida del gas, que está aproximadamente un 45% más caro que antes de la guerra. La industria en realidad tiene mucho más que ver con el gas que con el petróleo y el impacto será muy diferente", explicó.

En Europa, países como Alemania son los más afectados porque dependen mucho de la industria. Francia lo será menos porque tiene energía nuclear y depende menos del gas. Italia se verá más afectada que España porque tiene un mayor sesgo industrial y depende más del gas. "En general, creemos que el crecimiento europeo se reducirá en torno al 0,6% este año, lo que significa que algunos países estarán cerca de la recesión", señaló Kumar.

Incluso si se alcanza un acuerdo en las próximas semanas, el petróleo no volverá al nivel previo a la guerra, ante la necesidad de los gobiernos de reconstruir con relativa rapidez sus reservas estratégicas, más aún cuando la estabilidad geopolítica en la zona ha quedado en entredicho. Además, crudo y gas no volverían a circular con la misma intensidad por el golfo Pérsico hasta dentro de varios meses, el tiempo necesario para resolver el tapón logístico que tiene atrapados en la zona a cientos de buques y para poner en funcionamiento instalaciones energéticas que se han visto forzadas a parar o que han sufrido daños materiales en el conflicto.

"Ormuz no va a ser lo que era, no volveremos a la casilla de salida, va a quedar una prima de riesgo. Todo lo que transita por la zona será más costoso", advirtió María Romero. "Si en las próximas semanas se alcanza un acuerdo firme, es probable que el impacto de la crisis energética se contenga", añadieron Carlo Capuano y Eiko Sievert, analistas del sector público y soberano de Scope Ratings. Aunque la firma ya anticipa un petróleo de media en los 100 dólares el barril en 2026 y algo más barato en 2027, por encima en todo caso de los niveles previos al conflicto.

Kumar también señaló que "la era del excepcionalismo estadounidense ha concluido" desde el punto de vista de la inversión. "Cuando hablo con inversores de todo el mundo, todos están pensando en dónde invertir fuera de Estados Unidos. Ese es un tema recurrente cuando viajo a Europa, Asia o incluso Sudamérica", declaró. Sin embargo, reconoció que "el cambio estructural en la economía es la inteligencia artificial, y la tecnología es cosa de Estados Unidos. En Europa no hay ninguna empresa comparable".

Respecto a la convivencia de las bolsas en máximos con el bono estadounidense a 30 años por encima del 5%, Kumar afirmó estar convencido de que es posible debido al exceso de liquidez en el sistema. "Fácilmente podríamos tener rendimientos a 10 años en el 4,5% y la renta variable en máximos históricos", señaló, aunque advirtió que si los rendimientos a 10 años en Estados Unidos superan el 5%, "los mercados de renta variable lo interpretarán negativamente".

El panorama geopolítico mundial está cambiando y el centro de poder se está desplazando hacia Asia, según Kumar. "Esto ya había comenzado antes de la guerra con algunas políticas, como los aranceles, y el resto del mundo está pensando en reducir su dependencia de Estados Unidos. En Europa, si nos fijamos en los datos comerciales, el comercio con China ha aumentado casi un 30% desde que Trump llegó al poder", explicó.

La situación actual plantea un dilema crítico para los bancos centrales, especialmente para el Banco Central Europeo, que tiene el mandato único de la estabilidad de precios, a diferencia de la Reserva Federal estadounidense que tiene un mandato dual de control de la inflación y fomento del empleo. Si el acuerdo de paz no llega en junio, habrá más motivos para un petróleo más caro y para esperar más inflación y, por tanto, más alzas de tipos, en un momento en que el crecimiento económico ya está flaqueando peligrosamente.

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