Guerra entre Estados Unidos e Irán cumple tres meses sin victoria política para Trump
La guerra iniciada por Estados Unidos contra Irán ha alcanzado los tres meses de duración, el doble del plazo máximo de seis semanas que el presidente Donald Trump prometió a su gabinete el 26 de marzo, según reporta El País. A pesar de la abrumadora superioridad militar estadounidense, Washington no ha logrado convertir sus éxitos en el campo de batalla en un triunfo político definitivo ni alcanzar sus objetivos declarados de derrocar al régimen de los ayatolás y desnuclearizar el país persa.
La ofensiva militar estadounidense contra Irán, que Donald Trump aseguró el 26 de marzo que se resolvería en un plazo de cuatro a seis semanas, ha superado las doce semanas sin que Estados Unidos haya conseguido traducir su hegemonía militar en una victoria política clara, según El País.
Estados Unidos ha demostrado su superioridad militar con la destrucción de la marina iraní, el dominio aéreo, bombardeos sistemáticos y el rescate de sus pilotos derribados, según la fuente. Sin embargo, esta abrumadora ventaja en el campo de batalla no se ha convertido en un triunfo político indubitable, lo que representa un fiasco para la superpotencia mundial, según el análisis.
El objetivo principal de la guerra era el derrocamiento del régimen de los ayatolás, según El País. Aunque el régimen fue descabezado durante unos días, continúa en el poder. El segundo objetivo, desnuclearizar Irán, podría admitir algún arreglo que disfrace el fracaso, pero no parece probable que sea muy superior al acuerdo obtenido por Barack Obama en 2015 con la participación de europeos, chinos y rusos, según la fuente.
La intencionalidad geopolítica subyacente a la agresión era cortocircuitar a China, secándole el suministro de petróleo iraní tras haber hecho lo mismo con Venezuela, según El País. Sin embargo, China ha buscado transportes de conveniencia, reforzado la fuente rusa y encontrado otras escapatorias energéticas. El gigante asiático ha salido sin apenas rasguños económicos y reforzado como superpotencia alternativa, tanto que Trump peregrinó a China implorando mediación, según la fuente.
Ante la resistencia de la dictadura teocrática iraní, que no se desmoronaba pese a la agresión militar, Trump inició el 13 de abril un bloqueo naval militar de los accesos a los puertos iraníes, porque es más efectivo que los bombardeos, dijo a su gabinete el 29 de abril, según El País. Un mes después del inicio del bloqueo, el enemigo tampoco se ha desplomado.
La estrategia diplomática de Trump, basada en el transaccionismo bilateral donde la superpotencia debía salir siempre beneficiada por su mayor poder ante cada interlocutor, ha sufrido un declive, según la fuente. Este enfoque ignora o viola las reglas comunes multilaterales y las reemplaza por el concurso de voluntades, en un regateo donde la sorpresa sustituye a la previsibilidad, la amenaza al consenso y la fuerza a la ley. Su abuso hiperbólico ha acabado en autocaricatura, según El País. La amenaza de destruir la antigua civilización persa o la de llevar a Irán de vuelta a la edad de piedra son los hitos verbales más patéticos de esta estrategia, según la fuente.
Trump se ha enajenado a los aliados europeos en esta guerra, según El País. Hasta el primer ministro británico Keir Starmer y la primera ministra italiana Giorgia Meloni se negaron a participar en la guerra. El canciller alemán Friedrich Merz denunció el 27 de abril que Estados Unidos estaba siendo humillado por Irán, según la fuente.
Los petroestados de los jeques árabes, socios de negocios de Trump, han sido los más dañados por la guerra después de iraníes, gazatíes y libaneses, lo que ha evidenciado la inanidad del paraguas protector estadounidense, según El País. A Trump le queda como aliado el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, calificado como genocida por la fuente, aunque ya no se sabe quién es títere de quién, según el análisis.
La guerra ha expuesto las limitaciones del poder estadounidense para convertir la superioridad militar en resultados políticos concretos, especialmente cuando opera sin el respaldo de sus aliados tradicionales y enfrenta la resistencia de un régimen dispuesto a soportar el castigo militar sin capitular.




