El economista venezolano Ricardo Hausmann criticó la estrategia de Donald Trump para Venezuela, afirmando que si EE.UU. no facilita una transición democrática, el movimiento opositor tendrá que enfrentarse a Washington. Desde su posición en Harvard, Hausmann señala que sin Estado de derecho, ni las petroleras invertirán ni los millones de exiliados regresarán al país.
La caída de Nicolás Maduro, que inicialmente generó euforia entre los venezolanos, ha dado paso a una creciente preocupación sobre el rumbo que está tomando la transición política en Venezuela bajo la influencia de Estados Unidos, según advierte Ricardo Hausmann, destacado economista venezolano y director del Centro para el Desarrollo de la Universidad de Harvard.
"Estos días empezaron con una enorme felicidad y se han ido convirtiendo en unos de gran preocupación. Todo ello me ha hecho pensar en cuáles serán las próximas acciones de la diáspora y el movimiento democrático para enfrentar este panorama, porque sería un error creer que podemos quedarnos tranquilos ante los planes de Trump", declaró Hausmann en una entrevista con EL PAÍS.
El exministro de Planificación de Venezuela (1992-1993) no considera completamente errada la estrategia de Washington, pero la califica de imprevisible. "Donald Trump le dijo a The New York Times que el único límite de sus acciones en el extranjero lo marcará su propia moral, no ninguna ley internacional. El problema que eso tiene es que si él hace lo que le da la gana, su comportamiento no es predecible", aseguró.
Hausmann señala que la situación actual en Venezuela presenta una "gobernabilidad rarísima", donde el flujo de caja proveniente del petróleo es administrado por Trump, mientras figuras clave del régimen como Diosdado Cabello (ministro del Interior) y Vladimir Padrino López (ministro de Defensa) permanecen en sus cargos. "Hay cientos de militares presos por orden de Cabello, quien controla el brazo armado que tiene el chavismo. Delcy [Rodríguez] tampoco ha podido sacarlo, pero el día que le dé la gana, Diosdado sí puede sacarla a ella", explicó.
Una de las principales críticas del economista es que la Casa Blanca está actuando fuera del marco constitucional venezolano. "Trump cree que tiene unos plazos que no están en la Constitución. Esta establece claramente que cuando hay una falta absoluta del presidente, se tiene que llamar a elecciones en 30 días. Y cuando la falta no es absoluta, se le puede esperar por 90 días a ver si reaparece y hasta por 90 días más. Pero en 180 días tiene que haber elecciones sí o sí. Esos no son los plazos de Trump", afirmó.
Esta situación, según Hausmann, está afectando directamente las posibilidades de recuperación económica del país. "Las empresas serias no van a querer invertir en petróleo hasta que no haya legalidad", advirtió. "Las petroleras quieren entrar a un país con Estado de derecho. La ley actual de hidrocarburos hace que Venezuela no sea invertible. Delcy ya anunció que la van a modificar, pero quién lo hará, ¿una Asamblea Nacional ilegítima que nadie reconoce?", cuestionó.
En una declaración difundida por la Harvard Kennedy School, Hausmann fue aún más contundente: "Si queremos ver la producción de petróleo en Venezuela recuperarse, si queremos ver la economía recuperarse, tenemos que volver tan rápido como posible a un sentido de libertad y democracia. Una situación en la que la voluntad venezolana de la gente puede ser expresada en sus estructuras de gobierno. Esto no puede ser solo una asociación entre intereses de los Estados Unidos y la dictadura que ha destruido el país durante los últimos 25 años".
El economista también destacó que la recuperación de Venezuela pasa necesariamente por el regreso de su diáspora, estimada en unos 8 millones de personas. "Si seguimos siendo un país en el que, por ejemplo, los periodistas no pueden publicar que María Corina Machado ganó el Premio Nobel de la Paz, todo indica que no se puede volver. El retorno de la diáspora está condicionado por la reinstauración de los derechos, sin estos no habrá una recuperación fuerte", señaló.
Hausmann recordó que Venezuela era cuatro veces más rica cuando Maduro llegó al poder en 2013 que en la actualidad. "El PIB cayó 75%, lo que quiere decir que, para llegar a donde estuvimos, hay que cuadruplicar el tamaño de la economía. Eso va a tomar más de una década por la emigración masiva", explicó.
Al ser consultado sobre el futuro del país, el economista enfatizó que Venezuela no puede depender exclusivamente del sector petrolero para su recuperación. "Cuando yo nací [1956], Venezuela producía tres millones de barriles de petróleo. Ahora produce menos de uno y en aquel momento teníamos siete millones de habitantes. Actualmente, sumando a la diáspora, somos alrededor de 35 millones", explicó. Hausmann destacó otros recursos del país como sus 12 millones de hectáreas de buena tierra (de las cuales solo se explotan 300.000), su potencial hidroeléctrico y turístico, además de una diáspora "superconectada y capaz de insertar al país en el mundo del software, la inteligencia artificial y los nuevos negocios".
Respecto a la relación entre María Corina Machado y Donald Trump, Hausmann señaló que la líder opositora "ha tenido que manejar con mucha inteligencia el narcisismo patológico de Trump", y advirtió que si no le dan "una silla en la mesa en este proceso de transición", inevitablemente "tendrá que tomar distancia para defender los intereses políticos de su movimiento".
Finalmente, Hausmann hizo un llamado a la creación de una coalición internacional prodemocracia en Venezuela. "Si Trump no facilita la transición a la democracia, los venezolanos no vamos a tener otra opción que oponernos a esta estrategia más temprano que tarde. Solamente con esa presión vamos a lograr que las cosas se encaminen hacia donde queremos", concluyó.
El giro político en Venezuela se enmarca en un contexto regional donde Estados Unidos ha abandonado cualquier pretensión de neutralidad ideológica, optando por apoyar abiertamente a gobiernos que le aseguren acceso económico, orden, cooperación en seguridad y alineamiento geopolítico. La captura de Maduro y el anuncio de que Washington administrará de facto la transición política y el sector petrolero venezolano representan un punto de inflexión histórico en la política exterior estadounidense hacia América Latina.