Investigadores crean sensor mecánico que permite a robots blandos reaccionar sin electrónica ni energía externa
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Investigadores crean sensor mecánico que permite a robots blandos reaccionar sin electrónica ni energía externa

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Singapur ha desarrollado un sensor de fuerza mecánico llamado ME-SOFS que permite a robots blandos detectar el tacto y responder de forma inmediata sin necesidad de componentes electrónicos, computadoras ni fuente de energía externa. El dispositivo, impreso en 3D con materiales flexibles, transforma la fuerza aplicada directamente en flujo de fluido que activa actuadores robóticos, creando un proceso completamente mecánico de detección a acción que podría revolucionar el funcionamiento de robots en entornos extremos como el fondo marino o el interior del cuerpo humano.

TECNOLOGÍA13 JUL 2026

El sensor ME-SOFS (Mechanical Soft Force Sensor) representa un avance significativo en la robótica blanda al eliminar la dependencia de sistemas electrónicos convencionales. Según la investigación publicada en la revista Science Advances, el dispositivo está fabricado completamente con materiales flexibles y porosos, reduciendo drásticamente la complejidad del sistema y los puntos potenciales de fallo.

La estructura del sensor, desarrollada por el equipo de la Facultad de Diseño e Ingeniería de la Universidad Nacional de Singapur (NUS CDE), consiste en una estructura porosa impresa en 3D con un pilar central rodeado de cinco cámaras llenas de fluido: cuatro dispuestas horizontalmente y una verticalmente. Cuando se aplica fuerza, el pilar se inclina hacia el punto de contacto, comprimiendo la cámara correspondiente e impulsando fluido a través de tubos blandos hacia los actuadores. Este mecanismo crea una respuesta inmediata de detección a acción, mientras que cada cámara funciona de forma independiente para distinguir fuerzas en direcciones horizontal, lateral y vertical.

La sensibilidad del sensor puede adaptarse para diferentes aplicaciones modificando la geometría de la estructura impresa en 3D. Ajustes en parámetros como el diámetro del orificio, el grosor de la pendiente y el ángulo de la espuma central permiten que el dispositivo detecte diferentes niveles de fuerza sin cambiar su principio operativo fundamental.

Además de su respuesta mecánica, el sistema genera una salida eléctrica medible utilizando un circuito pasivo. Cuando el fluido se desplaza, mueve pequeños imanes pasados arcos de metal impresos en 3D, generando pulsos de voltaje mediante inducción electromagnética, similar al principio utilizado en un dinamo de bicicleta. Según el equipo investigador, el número de pulsos corresponde directamente a la fuerza aplicada, proporcionando una medición clara sin necesidad de electrónica alimentada.

Cecilia Laschi, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la NUS CDE, explicó que "este trabajo representa un ejemplo sorprendente de cómo el cuerpo físico en sí mismo puede producir comportamiento sensoriomotor sin necesidad de un sistema de control, lo que podemos ver como una analogía del sistema nervioso en biología".

El equipo demostró la versatilidad del ME-SOFS integrándolo en múltiples sistemas robóticos blandos. Un guante blando que contiene cinco sensores miniaturizados, cada uno del tamaño aproximado de un guisante, fue impreso en 3D como una sola pieza sin necesidad de ensamblaje manual. Cuando se usa en la mano, el guante mide las fuerzas de agarre en cada punta de dedo y estima con precisión el peso de los objetos, destacando aplicaciones potenciales en prótesis e interfaces avanzadas entre humanos y máquinas.

El equipo también emparejó el sensor con una almohadilla háptica blanda usada en las yemas de los dedos de un usuario para crear un sistema de retroalimentación basado en el tacto. La presión del fluido de una pinza robótica se transmitía directamente a la almohadilla, permitiendo al operador juzgar la fuerza de agarre solo por el tacto mientras manipulaba objetos que iban desde huevos frágiles hasta bloques de madera y botellas parcialmente llenas de agua. Los patrones de fuerza registrados se reprodujeron posteriormente para enseñar al robot a repetir movimientos de agarre exitosos de forma autónoma.

El sensor también controló gotas de líquido en un dispositivo fluidico en miniatura y dirigió estructuras flexibles similares a pelos sin necesidad de software. El dispositivo se mantuvo confiable en temperaturas de agua de hasta 90 grados Celsius y bajo presiones equivalentes a aproximadamente 11 metros de profundidad submarina, mientras resistía interferencias electromagnéticas porque no contiene componentes electrónicos.

Las implicaciones de este desarrollo son significativas para aplicaciones en entornos extremos donde los sistemas electrónicos son vulnerables. Los robots blandos equipados con este sensor podrían operar de forma más confiable bajo el agua, dentro del cuerpo humano durante procedimientos médicos, o en otras condiciones donde la electrónica convencional fallaría. La ausencia de componentes electrónicos también simplifica el diseño general del robot y reduce los costos de fabricación y mantenimiento.

El equipo de investigación indicó que la investigación futura se enfocará en miniaturizar aún más el sistema y escalar su fuerza de actuación para aplicaciones robóticas más amplias. Los investigadores también tienen como objetivo integrar el bucle de detección-actuación directamente en robots blandos, permitiendo respuestas instintivas, mientras utilizan sus señales de fuerza ricas para mejorar la percepción e interacción en entornos complejos.

Este avance representa un cambio paradigmático en cómo se diseñan y controlan los robots blandos, demostrando que la sofisticación no siempre requiere electrónica compleja. Al basarse en principios mecánicos puros, el ME-SOFS abre nuevas posibilidades para sistemas robóticos más robustos, simples y adaptables a condiciones que de otro modo serían inaccesibles para la tecnología robótica convencional.

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Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Singapur ha desarrollado un sensor de fuerza mecánico llamado ME-SOFS que permite a robots blandos detectar el tacto y responder de forma inmediata sin necesidad de componentes electrónicos, computadoras ni fuente de energía externa. El dispositivo, impreso en 3D con materiales flexibles, transforma la fuerza aplicada directamente en flujo de fluido que activa actuadores robóticos, creando un proceso completamente mecánico de detección a acción que podría revolucionar el funcionamiento de robots en entornos extremos como el fondo marino o el interior del cuerpo humano.

13 jul 2026
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El sensor ME-SOFS (Mechanical Soft Force Sensor) representa un avance significativo en la robótica blanda al eliminar la dependencia de sistemas electrónicos convencionales. Según la investigación publicada en la revista Science Advances, el dispositivo está fabricado completamente con materiales flexibles y porosos, reduciendo drásticamente la complejidad del sistema y los puntos potenciales de fallo.

La estructura del sensor, desarrollada por el equipo de la Facultad de Diseño e Ingeniería de la Universidad Nacional de Singapur (NUS CDE), consiste en una estructura porosa impresa en 3D con un pilar central rodeado de cinco cámaras llenas de fluido: cuatro dispuestas horizontalmente y una verticalmente. Cuando se aplica fuerza, el pilar se inclina hacia el punto de contacto, comprimiendo la cámara correspondiente e impulsando fluido a través de tubos blandos hacia los actuadores. Este mecanismo crea una respuesta inmediata de detección a acción, mientras que cada cámara funciona de forma independiente para distinguir fuerzas en direcciones horizontal, lateral y vertical.

La sensibilidad del sensor puede adaptarse para diferentes aplicaciones modificando la geometría de la estructura impresa en 3D. Ajustes en parámetros como el diámetro del orificio, el grosor de la pendiente y el ángulo de la espuma central permiten que el dispositivo detecte diferentes niveles de fuerza sin cambiar su principio operativo fundamental.

Además de su respuesta mecánica, el sistema genera una salida eléctrica medible utilizando un circuito pasivo. Cuando el fluido se desplaza, mueve pequeños imanes pasados arcos de metal impresos en 3D, generando pulsos de voltaje mediante inducción electromagnética, similar al principio utilizado en un dinamo de bicicleta. Según el equipo investigador, el número de pulsos corresponde directamente a la fuerza aplicada, proporcionando una medición clara sin necesidad de electrónica alimentada.

Cecilia Laschi, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la NUS CDE, explicó que "este trabajo representa un ejemplo sorprendente de cómo el cuerpo físico en sí mismo puede producir comportamiento sensoriomotor sin necesidad de un sistema de control, lo que podemos ver como una analogía del sistema nervioso en biología".

El equipo demostró la versatilidad del ME-SOFS integrándolo en múltiples sistemas robóticos blandos. Un guante blando que contiene cinco sensores miniaturizados, cada uno del tamaño aproximado de un guisante, fue impreso en 3D como una sola pieza sin necesidad de ensamblaje manual. Cuando se usa en la mano, el guante mide las fuerzas de agarre en cada punta de dedo y estima con precisión el peso de los objetos, destacando aplicaciones potenciales en prótesis e interfaces avanzadas entre humanos y máquinas.

El equipo también emparejó el sensor con una almohadilla háptica blanda usada en las yemas de los dedos de un usuario para crear un sistema de retroalimentación basado en el tacto. La presión del fluido de una pinza robótica se transmitía directamente a la almohadilla, permitiendo al operador juzgar la fuerza de agarre solo por el tacto mientras manipulaba objetos que iban desde huevos frágiles hasta bloques de madera y botellas parcialmente llenas de agua. Los patrones de fuerza registrados se reprodujeron posteriormente para enseñar al robot a repetir movimientos de agarre exitosos de forma autónoma.

El sensor también controló gotas de líquido en un dispositivo fluidico en miniatura y dirigió estructuras flexibles similares a pelos sin necesidad de software. El dispositivo se mantuvo confiable en temperaturas de agua de hasta 90 grados Celsius y bajo presiones equivalentes a aproximadamente 11 metros de profundidad submarina, mientras resistía interferencias electromagnéticas porque no contiene componentes electrónicos.

Las implicaciones de este desarrollo son significativas para aplicaciones en entornos extremos donde los sistemas electrónicos son vulnerables. Los robots blandos equipados con este sensor podrían operar de forma más confiable bajo el agua, dentro del cuerpo humano durante procedimientos médicos, o en otras condiciones donde la electrónica convencional fallaría. La ausencia de componentes electrónicos también simplifica el diseño general del robot y reduce los costos de fabricación y mantenimiento.

El equipo de investigación indicó que la investigación futura se enfocará en miniaturizar aún más el sistema y escalar su fuerza de actuación para aplicaciones robóticas más amplias. Los investigadores también tienen como objetivo integrar el bucle de detección-actuación directamente en robots blandos, permitiendo respuestas instintivas, mientras utilizan sus señales de fuerza ricas para mejorar la percepción e interacción en entornos complejos.

Este avance representa un cambio paradigmático en cómo se diseñan y controlan los robots blandos, demostrando que la sofisticación no siempre requiere electrónica compleja. Al basarse en principios mecánicos puros, el ME-SOFS abre nuevas posibilidades para sistemas robóticos más robustos, simples y adaptables a condiciones que de otro modo serían inaccesibles para la tecnología robótica convencional.

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