Islandia celebrará referéndum sobre adhesión a la Unión Europea el 29 de agosto
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Islandia celebrará referéndum sobre adhesión a la Unión Europea el 29 de agosto

Islandia celebrará el próximo 29 de agosto su primer referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea, una consulta que llega en un momento de incertidumbre geopolítica marcado por las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia y una inflación desbocada que ha llevado los tipos de interés al 8%. Las encuestas muestran un resultado ajustado entre el sí y el no, con los indecisos como factor decisivo en un país de menos de 400.000 habitantes que debate entre ceder parte de su soberanía a cambio de protección o mantener el control total sobre su economía y recursos pesqueros.

INTERNACIONAL29 JUN 2026

El país nórdico se enfrenta a uno de sus debates más existenciales desde su independencia de Dinamarca a mediados del siglo pasado. La consulta, la primera de este tipo en la historia de Islandia, se celebrará el próximo 29 de agosto, en pleno regreso a la rutina tras el parón vacacional, según El País.

El debate público lleva semanas en ebullición en un país poco poblado —menos de 400.000 habitantes, pese a su superficie similar a la de Cuba—, alejado de todo y de todos, y acostumbrado a la tranquilidad. La calma ha saltado por los aires por las amenazas de Donald Trump sobre la vecina Groenlandia, abocando a los islandeses a dos grandes interrogantes: si pesa más el miedo a la belicosidad del presidente estadounidense o su propia soberanía, y si el euro puede controlar la inflación desbocada o es más importante no perder el control de su moneda, la corona islandesa.

**El contexto geopolítico impulsa el debate**

"El momento es ahora", afirma Magnús Skjöld, exdiputado, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Bifröst y cara visible de la campaña del sí, según El País. "La escena internacional ha cambiado drásticamente, en especial con las amenazas [estadounidenses] a Groenlandia. Y seguir con la corona nos está dañando económicamente, con precios altísimos y los tipos de interés en casi el 8%", explica.

Islandia ya sopesó la adhesión justo después de la crisis financiera que sacudió al país y acabó con varios de sus banqueros encarcelados, pero aquel impulso europeísta no cristalizó: sus autoridades terminaron por dejar caer su solicitud de adhesión en 2015, según la fuente. Una década larga después, con un Gobierno a favor y muchos temores juntos, tiene ante sí este referéndum clave.

**Argumentos económicos del sí**

Ingibjörg Steinunn, bibliotecaria jubilada de 72 años, votará sí. "Quiero que a Islandia dentro y que nuestra moneda sea el euro, no la corona", dice, según El País. "Ya somos parte de la comunidad europea, ¿por qué no dar el último paso?". Su sensación es que tendrían que haberlo hecho "mucho antes", hace más de una década.

"Todo está carísimo aquí y, si entramos en el euro, podríamos rebajar el coste de vida: cuando vas a otros países europeos todo es mucho más barato", afirma Máni Ingólson, mecánico de 38 años, según la fuente.

De ganar el sí, el país nórdico no entraría automáticamente en la UE ni en el euro. Pasaría a una segunda fase, mucho más técnica y avanzada en sus negociaciones con Bruselas, que ve todo con muy buenos ojos, según El País. Pero el paso sería de gigante, situando a esta isla en el quicio de entrada a un club que no ha perdido su lustre como refugio. Justo lo que busca estos días Islandia, un país sin ejército, pacifista pero miembro fundador de una OTAN de la que depende su seguridad.

**Efecto dominó en el norte de Europa**

La adhesión de Islandia tiene visos de animar a otros países en el norte, sobre todo a Noruega, también miembro del Espacio Económico Europeo y del marco Schengen, con una población 14 veces mayor que la islandesa y más preocupado por Rusia que por las veleidades de Trump, según la fuente.

El primer ministro noruego, el laborista Jonas Gahr Store, reconoció el pasado 11 de junio que "mantiene un ojo puesto" en lo que su vecino islandés decida en las urnas, según El País. "Nuestras propias circunstancias son las más importantes, pero también creo que deberíamos seguir lo que hacen nuestros buenos amigos islandeses", deslizó en Bruselas.

"Un sí de Islandia en el referéndum movería el péndulo y catapultaría a Noruega hacia la UE. Y el resto de países del grupo nórdico [del que también forman parte Suecia, Finlandia y Dinamarca] estarían extremadamente contentos de que ambos entraran", sostiene Pia Hansson, directora del Instituto de Asuntos Internacionales islandés, según la fuente. Ve, sin embargo, un claro hilo conductor entre las negativas de ambas hasta ahora, además de la de las Islas Feroe: "La geografía importa más de lo que muchas veces pensamos. Y los recursos naturales, como la pesca, tienen un peso enorme".

**La UE como refugio para países ricos**

Los aires renovados de europeísmo en el norte reflejan el cambio de tiempos que vive la UE, según El País. Tras décadas siendo un imán para los países de mucha menor renta, sobre todo en el sur y en el este, el bloque comunitario ha pasado a atraer a naciones ricas que buscan refugio en un mundo hostil, marcado por una Rusia beligerante y por unos Estados Unidos en manos de Trump.

"Es un ejemplo más de lo atractiva que sigue resultando la UE, también para países del norte de Europa, en especial en las actuales circunstancias geopolíticas", defiende Villy Sovnal, excanciller danés y hoy eurodiputado de Los Verdes, según la fuente.

"Su adhesión supondría no solo un refuerzo [del grupo] hacia el norte, sino también incorporar a una democracia madura y a un país rico, por lo que su entrada tampoco crea ninguna tensión desde el punto de vista de las finanzas comunitarias. Sería una operación buena para ambas partes", afirma Nacho Sánchez Amor, coordinador del grupo socialdemócrata en la Comisión de Exteriores de la Eurocámara, según El País.

A diferencia de los otros nueve países en lista de espera (Montenegro, Serbia, Albania, Macedonia del Norte, Bosnia y Herzegovina, Turquía, Ucrania, Moldavia y Georgia), tanto Islandia como Noruega entrarían como claros contribuyentes netos, según la fuente. No es el maná de los fondos comunitarios lo que les acerca a Bruselas, sino la búsqueda de un lugar seguro en el que capear un temporal mundial que no amaina.

**Resultado ajustado y votantes indecisos**

A favor o en contra, el resultado de la consulta será ajustado. Las últimas encuestas dejan el sí pocos puntos porcentuales por delante, pero otras sitúan al no en cabeza, según El País. La llave la tendrán los indecisos, que todavía son legión.

"Votaré, pero aún no sé qué", reconoce Rimar Sigurdsson, de 82 años, según la fuente. "No creo que nos hayan informado lo suficiente: ¿cómo sería todo, tanto si entramos como si no?". Hasta ahora le veía más contras que pros a entrar, pero hoy parece más cerca del sí. "Escuchar a Trump hablando de Groenlandia da miedo... ¿Podemos ser los siguientes? Quién sabe", dice.

**Los argumentos del no: soberanía y pesca**

El no ha ido de menos a más, sumando adeptos en varios grandes caladeros de voto: los dos extremos del espectro ideológico, los mayores, quienes viven del mar y del campo, y quienes temen ser un pez chico engullido por uno mucho más grande, según El País.

"Somos un país pequeño, con muy poca densidad de población, alejado de los grandes mercados globales y con una economía muy distinta de la del resto de Europa, muy basada en los recursos naturales", avisa Haraldur Ólafsson, profesor de la Universidad de Islandia y una de las caras más visibles de la campaña anti-UE, según la fuente. "Incluso nuestro idioma [el islandés, cada vez más opacado por el inglés en las calles de Reikiavik] estaría en peligro. No queremos que nadie nos imponga nada".

Esa idea de soberanía nacional en todos los frentes es la mayor bandera de quienes defienden que Islandia está mejor por su cuenta. "Es nuestro mayor recurso y lo que nos ha permitido llegar a ser lo que somos ahora: una de las naciones más exitosas del mundo en los índices de bienestar y felicidad", defiende la economista Erna Bjarnadóttir, otra de las voces destacadas en contra de la adhesión, según El País. "No hay absolutamente ninguna necesidad de formar parte de la UE".

La segunda bandera del no es la pesca, una actividad económica tan arraigada a su identidad nacional como los volcanes y el hielo, según la fuente. El bacalao, el arenque, la gallineta nórdica y el fletán negro suman algo más del 8% del PIB islandés, no tan lejos del turismo —que ha vivido un auge en los últimos años—, y sostienen miles de empleos.

**Los bastiones costeros contra la adhesión**

Los grandes bastiones antiadhesión están en las costas, lejos de la urbanita Reikiavik, según El País. En uno de ellos, Ólafsvik, un pueblo costero a las faldas del glaciar y volcán Snæfellsjökull, vive Petur Steinar Johannsson, intermediario de pesca de 25 años y ferviente defensor de las artes del mar. "Nos va mejor por separado", sentencia, según la fuente.

El discurso de Johannsson es pragmático: "Lo que me preocupa es la pesca: seguir controlándola por nuestra cuenta. Entrar en la UE nos permitiría aumentar aún más nuestras exportaciones, pero ceder el control de las cuotas [pesqueras] sería un riesgo enorme", afirma según El País.

**Implicaciones futuras**

El referéndum del 29 de agosto marcará un punto de inflexión para Islandia y potencialmente para toda la región nórdica. Si el sí se impone, el país iniciará negociaciones formales de adhesión con Bruselas, un proceso que podría llevar años pero que situaría a la isla en una posición radicalmente diferente en el tablero geopolítico europeo.

La decisión islandesa también será observada de cerca por Noruega y otros países que han mantenido históricamente una relación ambivalente con la UE. En un contexto de creciente inestabilidad internacional, con un Estados Unidos impredecible y una Rusia agresiva, la consulta islandesa podría redefinir el mapa de la integración europea en el norte del continente.

La grieta geológica de Silfra, que parte físicamente la isla entre América y Europa, se ha convertido en una metáfora perfecta de la división que enfrenta la sociedad islandesa. La gran duda es hacia qué lado romperá cuando los ciudadanos acudan a las urnas en agosto.

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