Los Acuerdos de Hebrón de 1997, suscritos en el marco de los Acuerdos de Oslo, establecieron un sistema de control compartido sobre la ciudad palestina. Según el pacto, Israel debía retirar sus tropas del 80% de Hebrón, permitiendo que la policía de la Autoridad Palestina asumiera el control de la zona H1, donde habitan aproximadamente 210.000 palestinos según la Oficina de Estadísticas de la Autoridad Palestina. El 20% restante del territorio, denominado zona H2, quedaba bajo control del ejército israelí, aunque la Autoridad Palestina mantenía competencias sobre construcción y planificación urbanística. Esta zona H2 incluye la Mezquita de Ibrahim, sitio sagrado tanto para el islam como para el judaísmo, que reclama la presencia de la Tumba de los Patriarcas.
Sin embargo, Israel nunca respetó plenamente el acuerdo. A lo largo de las décadas, familias de colonos radicales se han instalado progresivamente en la zona H2, donde actualmente residen entre 700 y 850 colonos protegidos por miles de soldados israelíes. Estos colonos viven en casas con jardines y despliegan banderas israelíes por toda la zona, mientras que los palestinos enfrentan restricciones severas para acceder a la Mezquita de Ibrahim, que requiere cruzar puestos de control.
La cancelación de los acuerdos por parte de Smotrich, quien reside él mismo como colono en Cisjordania en violación del derecho internacional, elimina las competencias urbanísticas que la Autoridad Palestina mantenía sobre la zona H2. En su mensaje en la red social X del 16 de junio, Smotrich escribió: "Cancelé el acuerdo de Hebrón. La importancia de esta decisión radica en que muchas potestades en Hebrón y los lugares santos, incluyendo la roca de nuestra existencia, la Tumba de los Patriarcas, ya no están en manos del municipio terrorista de Hebrón, sino que vuelven a ser responsabilidad exclusiva del Estado de Israel".
Para el activista palestino Issa Amro, de 48 años, quien ha documentado la ocupación de su ciudad natal durante toda su vida, la ruptura de los acuerdos de 1997 representa una anexión de facto del territorio palestino. "Al final, esto significa que se anexionan nuestra tierra sin nosotros. Cuando Smotrich habla de cancelar los acuerdos está hablando de la zona H2, donde el acuerdo estipuló que la Autoridad Palestina mantenía competencias de construcción y planificación", explicó Amro. Advierte que las consecuencias ya son visibles: la semana anterior a la entrevista, Israel anunció la creación de un nuevo asentamiento en la ciudad vieja, y se están trayendo más colonos para ocupar edificios dormitorio destinados a los más de 200 estudiantes de la yeshivá, un centro de estudios religiosos del judaísmo.
Las restricciones sobre la población palestina en la zona H2 son severas. Los palestinos que viven allí deben pasar hasta tres controles de seguridad para llegar a sus casas. Además, Smotrich ha reducido un 40% el acceso al agua para los palestinos, según Amro. Con la cancelación de los acuerdos, el Ayuntamiento de Hebrón, ahora en manos de la Autoridad Palestina, perderá la capacidad de proporcionar servicios básicos de construcción y planificación en la zona H2, agravando la situación de los residentes palestinos.
Los ataques de colonos contra palestinos se han intensificado desde el 7 de octubre de 2023, cuando la milicia Hamás mató a 1.200 personas en territorio israelí. Amro relata que desde entonces ha reforzado su casa con verjas y muros adicionales, y vive en constante vigilancia de los colonos que residen a pocos metros de su hogar. "De alguna manera, hemos asumido que nos pueden matar en cualquier momento con total impunidad", afirma.
Las redadas del ejército israelí son cotidianas en Hebrón. El ejército israelí implementa lo que denomina "código 0/0", un procedimiento mediante el cual llama a la policía palestina para que despeje toda la ciudad, permitiendo que las fuerzas israelíes entren sin restricciones para arrestar a palestinos. Estos operativos ocurren diariamente, según testimonios de residentes.
La situación económica de los palestinos en Hebrón se ha deteriorado significativamente. Desde octubre de 2023, Israel ha revocado los permisos de trabajo para palestinos de Cisjordania, impidiéndoles acceder a empleos en territorio israelí. Residentes como Mohamed, de 35 años, que trabajaba en un bar en Tel Aviv, ahora sobrevive con un salario de 1.400 séqueles, aproximadamente 400 euros, trabajando en un bar local. La única alternativa para trabajar en Israel es cruzar ilegalmente el muro de separación, una opción que muchos palestinos rechazan por temor a ser asesinados o detenidos.
La cancelación de los Acuerdos de Hebrón es parte de un plan más amplio del Gobierno de Netanyahu para expandir la ocupación en Cisjordania. A inicios de abril, el Gobierno israelí aprobó en secreto el establecimiento de 34 nuevos asentamientos de norte a sur en el territorio palestino ocupado, según denunció la ONG Paz Ahora y recogieron varios medios israelíes. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, justificó recientemente estos planes afirmando: "Todos los gobiernos israelíes han defendido nuestro derecho fundamental a vivir en Judea y Samaria, la cuna histórica del pueblo judío".
Sin embargo, activistas palestinos como Amro sostienen que el problema trasciende gobiernos específicos. "No va de un Gobierno en concreto, va del sistema israelí. Nadie lleva en su agenda política la paz con Palestina", señala. La ciudad vieja de Hebrón, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, enfrenta ahora una aceleración en su transformación demográfica y administrativa bajo control israelí, mientras la población palestina experimenta restricciones crecientes en servicios, libertad de movimiento y seguridad personal.


