El déficit comercial de junio representa un cambio dramático respecto a hace un año, cuando Japón registraba un superávit de 122.000 millones de yenes. Esta reversión refleja presiones económicas complejas que afectan a la segunda economía asiática.
Las exportaciones japonesas mantienen un crecimiento robusto, impulsadas por embarques de semiconductores hacia múltiples destinos, incluidos Estados Unidos y China. Sin embargo, este crecimiento de 19% anual no es suficiente para compensar el aumento aún mayor de las importaciones, que crecieron 25% en el mismo período.
La debilidad del yen juega un papel dual en estas cifras. El dólar estadounidense se cotiza actualmente en torno a 163 yenes, comparado con 140 yenes hace un año. Esta depreciación de la moneda japonesa hace que las exportaciones sean más competitivas en precio en los mercados internacionales, pero también encarece las importaciones cuando se convierten a moneda local, ya que sus valores suelen fijarse en dólares.
El factor más crítico detrás del déficit es el costo del petróleo. Japón importa prácticamente la totalidad de su petróleo, y los precios han experimentado volatilidad extrema. El crudo Brent, que se cotizaba alrededor de 60 dólares por barril a principios de 2026, se disparó hasta 114 dólares por barril antes de descender gradualmente a niveles cercanos a 90 dólares recientemente.
La interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz agrava significativamente esta situación. Antes de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, gran parte del petróleo importado por Japón pasaba por esta ruta estratégica. La severa disrupción del tráfico de embarcaciones ha obligado a Japón a buscar fuentes alternativas, principalmente de Estados Unidos. Según datos provisionales del Ministerio de Finanzas, las importaciones de petróleo desde Estados Unidos se dispararon casi cinco veces en comparación con hace un año.
En el período acumulado de enero a junio, las exportaciones de Japón sumaron casi 14% hasta 60,6 billones de yenes, mientras que las importaciones avanzaron casi 11% hasta 61,9 billones de yenes, generando un déficit acumulado de aproximadamente un billón de yenes.
El gobierno japonés, bajo la dirección de la primera ministra Sanae Takaichi —la primera mujer en ocupar este cargo en Japón—, ha implementado programas agresivos para reactivar la economía. Estas iniciativas incluyen inversión significativa en inteligencia artificial, defensa y robótica. Sin embargo, encuestas recientes muestran que la popularidad de Takaichi entre los votantes, que había sido elevada, está disminuyendo, lo que sugiere creciente preocupación pública sobre los desafíos económicos que enfrenta el país.