Japón y China intensifican tensiones militares tras declaraciones sobre Taiwán y sanciones comerciales
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Japón y China intensifican tensiones militares tras declaraciones sobre Taiwán y sanciones comerciales

Las relaciones entre Japón y China han entrado en una peligrosa espiral de confrontación desde que la primera ministra nipona Sanae Takaichi advirtiera en noviembre que un conflicto en el estrecho de Taiwán justificaría una intervención militar japonesa. Pekín respondió con sanciones económicas contra empresas niponas y prohibiciones de exportación de tierras raras, mientras Tokio levanta el veto a armas letales y adquiere misiles de largo alcance, según reportes de la prensa internacional.

INTERNACIONAL29 JUN 2026

La escalada comenzó cuando Takaichi declaró en el Parlamento japonés que un conflicto en el estrecho de Taiwán podría poner en peligro la supervivencia de Japón, motivo suficiente para una intervención militar nipona en la zona, según informó El País. Las palabras encolerizaron a China, que considera la isla como parte inalienable de su territorio y nunca ha renunciado al uso de la fuerza para imponer la reunificación. Pekín exigió que Takaichi pidiera perdón y se retractara, pero la líder del Partido Liberal Democrático convocó elecciones y obtuvo un respaldo histórico.

El ministro de Defensa nipón, Shinjiro Koizumi, criticó duramente a China durante el foro de defensa de Shangri-La en Singapur a principios de junio, aunque sin nombrarla directamente. "Cada país debe poder elegir su futuro por su propia voluntad. Y esta región debe permanecer abierta a todos los países que respeten nuestras normas y principios comunes", declaró Koizumi, tras rechazar las acusaciones sobre una posible revitalización del pasado militarista en su país, según la fuente.

Las amenazantes respuestas de Pekín, su retórica agresiva, las advertencias diplomáticas y las diversas sanciones impuestas solo han servido para agravar la crisis y dar razones al ala más radical de Japón para rearmarse contra el avance chino, según el análisis. En enero, las autoridades chinas prohibieron la exportación al país nipón de productos de doble uso civil y militar, como software y tecnología, además de imanes y algunos elementos de tierras raras esenciales para fabricar drones y microchips.

En febrero, China intensificó la tensión al incluir en la lista negra de control de exportaciones a 20 grandes empresas japonesas, como Mitsubishi Heavy Industries, Kawasaki Heavy Industries e IHI, según la información disponible. Otras 20 entidades se incluyeron en una lista de vigilancia.

Japón ha levantado el veto a la exportación de armas letales que mantenía desde la Segunda Guerra Mundial, ha probado por primera vez un misil en su territorio y ha comprado a Washington 400 misiles de largo alcance Tomahawk, según reportes. Sin embargo, el Pentágono acaba de anunciar que retrasará la entrega dos años, lo que impacta directamente en los planes de dotar a las fuerzas de autodefensa de una opción de ataque de largo alcance, uno de los grandes logros de Takaichi en la normalización militar que Pekín también ha criticado con firmeza.

Tokio ha ofrecido a Estados Unidos fabricar los Tomahawk bajo licencia, pero no ha recibido respuesta, según la fuente. Japón se encuentra en una encrucijada por la necesidad de diversificar su suministro de tierras raras, por la incertidumidad que le generan el presidente estadounidense Donald Trump y por los retrasos en la entrega de los misiles.

El declive de Estados Unidos, con el que Japón tiene un acuerdo de defensa que incluso incluye las islas disputadas con China —llamadas Senkaku en japonés y Diaoyu en chino—, exacerba a los sectores más nacionalistas del Partido Liberal Democrático, que Takaichi apoya, según el análisis.

Para mayor irritación de China, Japón y Filipinas —país con el que Pekín mantiene un diferendo fronterizo en el mar del Sur de China— han anunciado que iniciarán "negociaciones formales para delimitar la frontera marítima de la zona económica exclusiva y la plataforma continental" bilateral, según reportes. Según Pekín, esas negociaciones son "ilegales y nulas" porque esa zona se encuentra al este de Taiwán. En consecuencia, declaró que aumentará las patrullas marítimas en esa área.

Todavía hay defensores del pacifismo inscrito en el artículo 9 de la Constitución japonesa, pero en gran medida la juventud japonesa ya no se siente culpable por las atrocidades del militarismo imperial, según el análisis. Los jóvenes quieren un Japón fuerte porque están cansados del estancamiento económico y miran con recelo el expansionismo chino y las capacidades nucleares de Corea del Norte.

La situación plantea un peligroso círculo vicioso en el que ambas potencias asiáticas se han encerrado. Pekín debe entender los cambios fundamentales operados en el Japón que desató las guerras de 1895 y 1931 y construir una narrativa lo suficientemente pragmática como para fomentar unas relaciones de vecindad estables en el presente y de cara al futuro, según el análisis de la fuente. La apertura de canales de diálogo se presenta como necesaria para evitar una mayor desestabilización de toda la zona.

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