Keir Starmer dimite como primer ministro del Reino Unido tras menos de dos años en el cargo
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Keir Starmer dimite como primer ministro del Reino Unido tras menos de dos años en el cargo

El primer ministro británico Keir Starmer anunció este lunes su renuncia al cargo, apenas dos años después de haber logrado una victoria electoral aplastante con 174 escaños de mayoría en julio de 2024. Starmer, quien se convirtió en el primer ministro laborista con mandato más breve de la historia, cedió ante la presión de su propio partido parlamentario después de que más de 100 diputados pidieran públicamente su salida y su popularidad cayera por debajo del 19%, según la encuestadora YouGov.

INTERNACIONAL22 JUN 2026

En un emotivo discurso pronunciado frente al número 10 de Downing Street, Starmer reconoció que su partido le había preguntado "si soy la mejor persona para liderarlos hacia las próximas elecciones generales", según informó la BBC. "He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta, y acepto esa respuesta con elegancia", declaró el político de 63 años.

La caída de Starmer representa uno de los colapsos políticos más vertiginosos en la historia británica reciente. Según The Guardian, los historiadores se preguntarán cómo un líder que ganó una victoria aplastante fue expulsado del poder sin haber iniciado guerras ilegales, provocado crisis económicas graves o sido acusado de actos escandalosos de corrupción.

Los errores que precipitaron su caída

El declive comenzó apenas semanas después de asumir el cargo. Según The Guardian, Starmer y su canciller Rachel Reeves pasaron sus primeros días en Downing Street advirtiendo que la escala de los problemas económicos heredados de los conservadores era mucho peor de lo esperado y que los impuestos tendrían que subir. El propio Starmer admitió posteriormente que esto había sido un error y que deberían haber dado más esperanza a los votantes.

El momento decisivo llegó en julio de 2024, cuando el gobierno decidió eliminar los pagos de combustible de invierno para 10 millones de pensionistas. Los expertos en encuestas identificaron este como el momento en que las calificaciones personales de Starmer comenzaron a caer en picado, según la BBC. Starmer revirtió esta medida en mayo de 2025, pero para entonces ya había establecido un patrón de reversiones de políticas que no habían sido bien recibidas por el público o sus propios diputados, cada vez más amotinados.

"Obtienes una sola oportunidad de causar una primera impresión. La gente miró eso y pensó 'Ahora nos has dicho quién eres'", dijo John McTernan, estratega político y exasesor de Tony Blair, al Financial Times, según citó The Guardian. "La ira se ha convertido en desprecio".

Falta de visión y habilidades comunicativas

Uno de los principales problemas de Starmer fue su incapacidad para articular un proyecto claro de gobierno. Según The Guardian, pocos votantes podían explicar cuál era el plan de Starmer para el Reino Unido, y la verdad es que pocos diputados laboristas podían hacerlo tampoco.

"La queja más frecuente era que Starmer carecía de un sentido de propósito lo suficientemente fuerte, que no sabía lo que quería lograr con el poder", señaló The Guardian. Esto ocurrió a pesar de una serie de relanzamientos y el establecimiento de "misiones" y "objetivos" para que su gobierno lograra un Reino Unido más justo y próspero.

Su biógrafo Tom Baldwin lo describió como un "no-político", un término que Baldwin utilizó en gran medida como un cumplido, pero que también reconocía que Starmer carecía de varias habilidades del político de primer nivel, según The Guardian. La BBC destacó que su debilidad como comunicador iba más allá de una mera ausencia de carisma: era la incapacidad de presentar un argumento claro y convincente.

"Starmer no podía parecer capaz de presentar un caso, y mucho menos contar una historia", señaló The Guardian. "Necesitaba construir una narrativa para su gobierno y nunca lo hizo. Incluso su discurso de dimisión en los escalones de Downing Street se sintió más como una recitación, una lista, que un argumento".

Jonathan Hinder, diputado laborista por Pendle y Clitheroe, dijo al Times: "La sensación que se recoge de las conversaciones con los votantes es que Keir simultáneamente no representa nada y sin embargo es increíblemente santurrón, su estilo encarna el proceduralismo de recursos humanos que la gente no puede soportar de su lugar de trabajo", según informó la BBC.

El escándalo Mandelson y la crisis de liderazgo

El gobierno fue sacudido en otoño de 2025 por el despido de Lord Mandelson como embajador en Estados Unidos debido a sus vínculos con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, así como por la dimisión de la viceprimera ministra Angela Rayner por no pagar suficientes impuestos al comprar un piso, según la BBC.

El País describió el nombramiento de Mandelson como uno de los "errores garrafales" de Starmer, señalando que ocurrió "cuando ya eran públicas y notorias sus turbias relaciones con el multimillonario pederasta estadounidense Jeffrey Epstein".

La controversia sobre el nombramiento de Lord Mandelson se reavivó después de que la última tanda de documentos publicados por Estados Unidos como parte de los Archivos Epstein revelara nuevas pruebas de la profundidad de la relación entre ambos, según la BBC. El escándalo llevó a la dimisión del jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, quien había estado presionando para que Lord Mandelson obtuviera el puesto de embajador en Estados Unidos a pesar de que su amistad continuada con Epstein era de conocimiento público en ese momento.

Surgió además que Lord Mandelson recibió autorización de seguridad para el cargo a pesar de que los funcionarios de verificación plantearon preocupaciones. Aunque Starmer no fue informado de esto hasta abril, llevó a acusaciones de que había engañado al Parlamento cuando afirmó que se siguió "el debido proceso completo" durante el nombramiento, según la BBC.

Estrategia errónea y pérdida de apoyo

Según The Guardian, Starmer se equivocó tanto en la estrategia como en las tácticas. Se aferró a un asesor principal, Morgan McSweeney, que había sido un brillante luchador callejero faccional, arrebatando el control del Partido Laborista a los corbynistas. Pero McSweeney estaba tan obsesionado con cortejar a los "votantes héroe" curiosos de Farage en los antiguos bastiones del partido, que Starmer pronto enfureció y alienó a los liberales urbanos y profesionales y a los progresistas de clase media que a mediados de la década de 2020 constituyen gran parte del voto central del Partido Laborista.

"Solo un no-político sin sentido de su propio partido podría haber dado un discurso que canalizaba el espíritu de Enoch Powell al advertir que el Reino Unido se estaba convirtiendo en una 'isla de extraños'", señaló The Guardian. Starmer retiró esa frase, diciendo que no conocía sus orígenes powellistas.

El País destacó que "su excesiva prudencia, sus continuos giros de estrategia y rectificaciones" provocaron "el hartazgo y la desesperación de diputados, afiliados y votantes laboristas". El diario español señaló que Starmer "llevó a cabo una política de mano dura contra la inmigración irregular que, según muchas organizaciones humanitarias y el ala izquierda del partido, emulaba en la práctica las políticas de la ultraderecha que pretendía combatir electoralmente".

Desastre electoral y presión final

Los resultados electorales de mayo de 2026 fueron la gota que colmó el vaso. Según la BBC, las elecciones vieron al Partido Laborista expulsado del poder en Gales, sufrir su peor resultado en el Parlamento escocés y perder casi 1.500 concejales en Inglaterra.

Más de 100 diputados hicieron públicos sus llamamientos para que dimitiera, y Wes Streeting renunció como secretario de Salud, criticando la "deriva" del gobierno y la falta de "visión", según la BBC. Un golpe adicional llegó cuando su respetado secretario de Defensa, John Healey, dimitió en protesta por los planes de gasto en defensa.

Sin embargo, fue el regreso a Westminster de Andy Burnham lo que resultó ser el clavo final en el ataúd de la presidencia de Starmer. Burnham, quien había codiciado durante mucho tiempo el puesto principal, luchó en las elecciones parciales de Makerfield con el objetivo de convertirse nuevamente en diputado para poder desafiar el liderazgo laborista, según la BBC. Su rotunda derrota de Reform UK en un área que acababa de votar por el partido de Farage en las elecciones locales fue vista por muchos diputados laboristas como prueba de que él era el hombre para liderar su partido hacia las próximas elecciones generales.

Logros y legado

A pesar de las críticas, Starmer destacó en su discurso de dimisión su transformación del Partido Laborista, la caída en las listas de espera del NHS y el levantamiento de medio millón de niños de la pobreza, junto con una serie de derechos de trabajadores e inquilinos, según la BBC. Sus defensores también le atribuyen el mérito de impulsar la posición del Reino Unido en el escenario mundial, la astuta habilidad diplomática que mantuvo a Estados Unidos de Donald Trump comprometido en Ucrania y que mantuvo al Reino Unido fuera de la guerra condenada de Trump con Irán.

The Guardian señaló que los historiadores podrían quedar impresionados con lo que Starmer logró, dado todo lo que enfrentó. Sus amigos dicen que "en todo esto, fue brillantemente hábil. Pero, suspira uno, 'Esta no es una era de sustancia, es una era de brillo, y simplemente no era muy bueno en eso'".

Desafíos estructurales

Según The Guardian, Starmer llegó en julio de 2024 con una herencia desesperada: servicios públicos privados de efectivo y una economía anémica que ya no generaba los recursos necesarios para pagar todo lo que los británicos querían y necesitaban. La vida siguió siendo obstinadamente difícil para millones, lo que explica gran parte de la ira que ha impregnado la política británica durante más de una década.

Un ministro del gabinete describió al primer ministro como víctima del destino del "tercer fontanero", según The Guardian. El propietario siente su mayor furia no por el primer fontanero que no logra reparar una fuga, ni siquiera por el segundo fontanero que estropea el trabajo y empeora el problema, sino por el que viene después. Es ese tercer fontanero quien recibe toda la rabia que se ha ido acumulando. Después de la austeridad, el Brexit y el fiasco de Truss, la ira recayó sobre Starmer.

Quizás hubo un tiempo en que los votantes habrían dado a un primer ministro recién elegido algunos años para cambiar las cosas, pero esos días han quedado atrás. El electorado es impaciente ahora, exigiendo resultados casi instantáneos. Ese proceso se ha intensificado y acelerado por las redes sociales, que no solo ponen el peor brillo posible en las acciones y motivos de aquellos en su punto de mira, sino que distorsionan a las figuras públicas más allá de todo reconocimiento, según The Guardian.

Los canvaseadores laboristas para las elecciones de mayo se sorprendieron al encontrar votantes que no solo estaban decepcionados con Starmer sino que albergaban un odio visceral hacia él, que lo veían en términos casi demoníacos. Estaban reaccionando a una invención desvinculada de la realidad, pero impulsada y promovida especialmente por Elon Musk y su plataforma X, según The Guardian.

Trayectoria personal

Nacido en Oxted, Surrey, sus padres simpatizantes del Partido Laborista lo nombraron en honor al primer líder del partido, Keir Hardie, según la BBC. En septiembre de 2022, cuando aún estaba en la oposición, dijo a la BBC: "Mi padre trabajaba en una fábrica y mi madre trabajaba como enfermera, y de hecho sé lo que es sentarse alrededor de la mesa de la cocina sin poder pagar las facturas. Recuerdo que nuestros servicios públicos, nuestro teléfono fueron cortados porque no podíamos pagar la factura, así que sé lo que pasa por la mente de la gente".

El País destacó que su madre sufrió a lo largo de la mayor parte de su vida la enfermedad de Still, un tipo de artritis inflamatoria rara y dolorosa que la obligó a pasar largas temporadas internada en hospitales. "Los esteroides y la enfermedad provocaron conjuntamente que durante sus últimos años no pudiera caminar, mover sus brazos o incluso hablar", contó Starmer en alguna de las raras ocasiones en las que muestra a los medios su intimidad, según El País. "Nunca llegó a intercambiar una palabra con mis hijos [los nietos de ella], y al final vio cómo le amputaban una de las piernas".

Sobresalió en la escuela y se convirtió en el primero de su familia en ir a la universidad, estudiando derecho en la Universidad de Leeds y más tarde en Oxford, según la BBC. Siguió una carrera de alto vuelo como abogado de derechos humanos. Fue nombrado Director de la Fiscalía Pública en 2008, responsable de llevar a miles de criminales a los tribunales cada semana en Inglaterra y Gales. Posteriormente fue condecorado con el título de caballero por su tiempo en el cargo.

Entró en la política a los 52 años, cuando en 2015 fue elegido para el escaño laborista seguro de Holborn y St Pancras en el norte de Londres, según la BBC. Su primer papel en el banco delantero fue como ministro de inmigración en la sombra bajo Jeremy Corbyn.

Vida familiar y privacidad

Starmer está casado con Victoria, abogada como él, simpatizante del Partido Laborista desde sus tiempos universitarios, y de familia judía de origen polaco, según El País. Esta circunstancia ha sido fundamental para imprimir en el primer ministro su obsesión contra el antisemitismo, pero a la vez su ambigua reacción ante la masacre desatada en Gaza por el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu.

Tienen dos hijos, de 15 y 17 años. La familia Starmer, antes de mudarse a Downing Street, vivía en Kentish Town, al norte de Londres. El primer ministro protegió desde el principio rabiosamente su privacidad, según El País. Durante los años de oposición, a las seis de la tarde de cada viernes, salvo urgencias inevitables, aparcaba el liderazgo laborista y ejercía de padre y marido.

En su discurso de dimisión, fue solo al llegar al final cuando la emoción tan raramente vista durante su tiempo en el cargo salió a la superficie, según la BBC. "Cuando deje el trabajo más grande del país, pasaré más tiempo en el trabajo más importante, siendo el mejor esposo que pueda ser para mi fantástica esposa, Vic, que ha sido una roca a mi lado en los buenos y malos momentos, y siendo el mejor padre que pueda ser para mis hermosos hijos, que son mi orgullo y mi alegría".

Advertencia para el futuro

The Guardian señaló que todo esto constituye una historia de advertencia para Andy Burnham, o quien sea que entre a continuación en el número 10. Será el quinto primer ministro en cuatro años y, como tal, se convertirá de la noche a la mañana en el objeto de todas las frustraciones que solo crecen con cada fracaso sucesivo. Burnham tiene muchas de las habilidades que Starmer carecía —es un político hasta la punta de los dedos— pero enfrentará el mismo país. Uno cuya economía ha estado luchando y las instituciones están crujiendo, uno que se ha vuelto volátil e inestable en la década desde el voto del Brexit que marca su décimo aniversario el martes, uno cuya impaciencia está creciendo. Keir Starmer es la última víctima de esa impaciencia. Pocos apostarían por que sea el último.

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