La economía digital alcanza el 27% del PIB en España pero frena su ritmo de crecimiento
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La economía digital alcanza el 27% del PIB en España pero frena su ritmo de crecimiento

La economía digital representó el 27% del Producto Interior Bruto español en 2025, con un impacto total de 455.300 millones de euros, según el informe de Adigital. Aunque la cifra confirma el avance de la digitalización en la estructura productiva del país, el crecimiento se desaceleró al 10% anual frente al 17% registrado en 2024, alejando el objetivo gubernamental de alcanzar el 40% del PIB para 2030.

NEGOCIOS31 MAY 2026

La economía digital española continúa expandiéndose pero a un ritmo más lento que en ejercicios anteriores, según revela la sexta edición del informe 'Economía Digital en España' elaborado por Adigital. El impacto total de la digitalización alcanzó los 455.300 millones de euros en 2025, equivalente al 27% del PIB, con un crecimiento del 10% respecto a los 414.000 millones registrados en 2024. Sin embargo, este avance representa una desaceleración significativa comparado con el incremento del 17% del año anterior.

La evolución histórica muestra una tendencia positiva sostenida. Desde 2019, cuando la economía digital suponía el 18,7% del PIB, su contribución ha aumentado 8,3 puntos porcentuales, según el informe. No obstante, el salto de 2024 a 2025 fue de apenas 1,01 puntos porcentuales, muy por debajo de los 1,8 puntos del ejercicio anterior, lo que plantea interrogantes sobre la velocidad de adopción tecnológica en el tejido empresarial español.

Esta ralentización cobra especial relevancia al contrastarla con los objetivos gubernamentales. En junio de 2021, la entonces secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, situó como gran reto elevar el peso de la economía digital del 19% al 40% del PIB, según recoge el informe. En 2022, Artigas reiteró esa referencia, primero como aspiración para 2025 y posteriormente como previsión para 2030.

Con el dato actual del 27%, alcanzar el 40% en 2030 exigiría sumar aproximadamente 13 puntos porcentuales en cinco años, lo que requeriría una media anual de unos 2,6 puntos, según los cálculos del estudio. El último ejercicio aportó cerca de un punto, e incluso tomando como referencia el avance más intenso del año anterior (1,8 puntos), la trayectoria seguiría por debajo de esa senda necesaria.

El informe desglosa el impacto de la economía digital en tres componentes. El impacto directo, que mide la actividad económica digitalizada dentro de cada sector, alcanzó el 13,42% del PIB en 2025, con un crecimiento del 9,8% en valores absolutos y 0,52 puntos porcentuales más que en 2024. El impacto indirecto, vinculado a la digitalización de las cadenas de suministro, se situó en el 12,49% del PIB, apenas 0,19 puntos más que el año anterior. El impacto inducido, asociado al aumento de actividad generado por las rentas y el consumo de trabajadores de sectores digitalizados, llegó al 1,10% del PIB, con un crecimiento del 45% en valor absoluto.

La moderación del crecimiento del impacto indirecto resulta especialmente significativa, según el análisis del informe, porque este componente reflejaba la capacidad tractora de la digitalización sobre proveedores, logística, servicios empresariales y operaciones internas. Cuando ese impulso se ralentiza, la cuestión ya no se centra solo en cuántas empresas adoptan tecnología, sino en hasta qué punto la integran de forma productiva.

César Tello, director general de Adigital, sostiene que tras seis ediciones del informe, la economía digital crece por encima del PIB y se ha convertido en un "motor estructural" de un modelo productivo más competitivo e innovador. Sin embargo, el nuevo dato obliga a introducir matices sobre la velocidad del cambio en un momento en que la inteligencia artificial, la automatización y las infraestructuras de datos deberían elevar la intensidad de la transformación.

El informe identifica telecomunicaciones, tecnologías de la información y medios de comunicación como los sectores más digitalizados, seguidos por los servicios financieros. El sector fintech e insurtech destaca con un Valor Añadido Bruto digital del 90%, más de 6.700 empresas y unos 72.000 empleos directos, según el estudio. Entre 2020 y 2025, el número de entidades fintech creció un 47%.

En contraste, otros sectores muestran niveles de digitalización más modestos. El comercio minorista presenta un peso del 31% sobre el Valor Añadido Bruto sectorial, con uno de cada tres euros vendidos procedente de un proceso digital, según el informe. La venta y reparación de vehículos, tanto al por mayor como al por menor, presenta un nivel de digitalización cercano al 4% del VAB sectorial, pese a haber destinado más de 1.300 millones de euros entre 2023 y 2025 a modernización, electrificación y renovación de instalaciones.

El sector audiovisual y de radiodifusión alcanzó una facturación de 34.000 millones de euros en 2025 y generó alrededor de 72.000 empleos directos, según el estudio. La digitalización ha reordenado su cadena de valor desde la producción y distribución hasta la monetización de contenidos, alterando no solo procesos internos sino también el producto, los canales, la relación con el usuario y la competencia global.

La distancia entre el 27% actual y el 40% proyectado para 2030 apunta a un problema de escala, según el análisis del informe. No basta con que los sectores más digitalizados sigan creciendo; la aceleración tendría que venir de actividades tradicionales, pequeñas y medianas empresas y cadenas de valor con menor intensidad tecnológica.

El informe sitúa tres palancas para sostener el crecimiento: simplificación regulatoria, gobernanza de la inteligencia artificial agéntica y desarrollo de entornos de prueba regulatorios (sandboxes). La primera apunta a reducir fricciones administrativas y liberar recursos empresariales. La segunda introduce la cuestión de cómo desplegar sistemas autónomos de inteligencia artificial con garantías de control, confianza y responsabilidad. La tercera conecta innovación y regulación mediante entornos que permitan experimentar antes de escalar.

A medida que los sistemas digitales pasan de asistir tareas a ejecutar procesos con mayor autonomía, las empresas necesitarán adaptar gobierno del dato, supervisión humana, ciberseguridad, cumplimiento normativo y gestión del riesgo operacional, según advierte el estudio. La adopción tecnológica dejará de depender solo de inversión en software o infraestructuras, exigiendo también capacidades internas, cambios organizativos y marcos de responsabilidad claros.

España parte de una posición favorable en infraestructuras digitales y en sectores con elevada madurez tecnológica, aunque el nuevo informe dibuja un avance menos acelerado que el del ejercicio anterior. La economía digital ya tiene un peso estructural en el PIB, pero la distancia respecto al 40% previsto para 2030 obliga a revisar si aquel objetivo respondía a una senda realista o si la transformación digital de las empresas necesita un impulso más intenso. Para el tejido productivo, la diferencia no será solo estadística: digitalizar procesos tendrá un impacto limitado si la tecnología no se traduce en mayor productividad, menores costes, nuevos canales de venta y más capacidad para competir en mercados cada vez más automatizados.

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La economía digital alcanza el 27% del PIB en España pero frena su ritmo de crecimiento

La economía digital representó el 27% del Producto Interior Bruto español en 2025, con un impacto total de 455.300 millones de euros, según el informe de Adigital. Aunque la cifra confirma el avance de la digitalización en la estructura productiva del país, el crecimiento se desaceleró al 10% anual frente al 17% registrado en 2024, alejando el objetivo gubernamental de alcanzar el 40% del PIB para 2030.

31 may 2026
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La economía digital española continúa expandiéndose pero a un ritmo más lento que en ejercicios anteriores, según revela la sexta edición del informe 'Economía Digital en España' elaborado por Adigital. El impacto total de la digitalización alcanzó los 455.300 millones de euros en 2025, equivalente al 27% del PIB, con un crecimiento del 10% respecto a los 414.000 millones registrados en 2024. Sin embargo, este avance representa una desaceleración significativa comparado con el incremento del 17% del año anterior.

La evolución histórica muestra una tendencia positiva sostenida. Desde 2019, cuando la economía digital suponía el 18,7% del PIB, su contribución ha aumentado 8,3 puntos porcentuales, según el informe. No obstante, el salto de 2024 a 2025 fue de apenas 1,01 puntos porcentuales, muy por debajo de los 1,8 puntos del ejercicio anterior, lo que plantea interrogantes sobre la velocidad de adopción tecnológica en el tejido empresarial español.

Esta ralentización cobra especial relevancia al contrastarla con los objetivos gubernamentales. En junio de 2021, la entonces secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, situó como gran reto elevar el peso de la economía digital del 19% al 40% del PIB, según recoge el informe. En 2022, Artigas reiteró esa referencia, primero como aspiración para 2025 y posteriormente como previsión para 2030.

Con el dato actual del 27%, alcanzar el 40% en 2030 exigiría sumar aproximadamente 13 puntos porcentuales en cinco años, lo que requeriría una media anual de unos 2,6 puntos, según los cálculos del estudio. El último ejercicio aportó cerca de un punto, e incluso tomando como referencia el avance más intenso del año anterior (1,8 puntos), la trayectoria seguiría por debajo de esa senda necesaria.

El informe desglosa el impacto de la economía digital en tres componentes. El impacto directo, que mide la actividad económica digitalizada dentro de cada sector, alcanzó el 13,42% del PIB en 2025, con un crecimiento del 9,8% en valores absolutos y 0,52 puntos porcentuales más que en 2024. El impacto indirecto, vinculado a la digitalización de las cadenas de suministro, se situó en el 12,49% del PIB, apenas 0,19 puntos más que el año anterior. El impacto inducido, asociado al aumento de actividad generado por las rentas y el consumo de trabajadores de sectores digitalizados, llegó al 1,10% del PIB, con un crecimiento del 45% en valor absoluto.

La moderación del crecimiento del impacto indirecto resulta especialmente significativa, según el análisis del informe, porque este componente reflejaba la capacidad tractora de la digitalización sobre proveedores, logística, servicios empresariales y operaciones internas. Cuando ese impulso se ralentiza, la cuestión ya no se centra solo en cuántas empresas adoptan tecnología, sino en hasta qué punto la integran de forma productiva.

César Tello, director general de Adigital, sostiene que tras seis ediciones del informe, la economía digital crece por encima del PIB y se ha convertido en un "motor estructural" de un modelo productivo más competitivo e innovador. Sin embargo, el nuevo dato obliga a introducir matices sobre la velocidad del cambio en un momento en que la inteligencia artificial, la automatización y las infraestructuras de datos deberían elevar la intensidad de la transformación.

El informe identifica telecomunicaciones, tecnologías de la información y medios de comunicación como los sectores más digitalizados, seguidos por los servicios financieros. El sector fintech e insurtech destaca con un Valor Añadido Bruto digital del 90%, más de 6.700 empresas y unos 72.000 empleos directos, según el estudio. Entre 2020 y 2025, el número de entidades fintech creció un 47%.

En contraste, otros sectores muestran niveles de digitalización más modestos. El comercio minorista presenta un peso del 31% sobre el Valor Añadido Bruto sectorial, con uno de cada tres euros vendidos procedente de un proceso digital, según el informe. La venta y reparación de vehículos, tanto al por mayor como al por menor, presenta un nivel de digitalización cercano al 4% del VAB sectorial, pese a haber destinado más de 1.300 millones de euros entre 2023 y 2025 a modernización, electrificación y renovación de instalaciones.

El sector audiovisual y de radiodifusión alcanzó una facturación de 34.000 millones de euros en 2025 y generó alrededor de 72.000 empleos directos, según el estudio. La digitalización ha reordenado su cadena de valor desde la producción y distribución hasta la monetización de contenidos, alterando no solo procesos internos sino también el producto, los canales, la relación con el usuario y la competencia global.

La distancia entre el 27% actual y el 40% proyectado para 2030 apunta a un problema de escala, según el análisis del informe. No basta con que los sectores más digitalizados sigan creciendo; la aceleración tendría que venir de actividades tradicionales, pequeñas y medianas empresas y cadenas de valor con menor intensidad tecnológica.

El informe sitúa tres palancas para sostener el crecimiento: simplificación regulatoria, gobernanza de la inteligencia artificial agéntica y desarrollo de entornos de prueba regulatorios (sandboxes). La primera apunta a reducir fricciones administrativas y liberar recursos empresariales. La segunda introduce la cuestión de cómo desplegar sistemas autónomos de inteligencia artificial con garantías de control, confianza y responsabilidad. La tercera conecta innovación y regulación mediante entornos que permitan experimentar antes de escalar.

A medida que los sistemas digitales pasan de asistir tareas a ejecutar procesos con mayor autonomía, las empresas necesitarán adaptar gobierno del dato, supervisión humana, ciberseguridad, cumplimiento normativo y gestión del riesgo operacional, según advierte el estudio. La adopción tecnológica dejará de depender solo de inversión en software o infraestructuras, exigiendo también capacidades internas, cambios organizativos y marcos de responsabilidad claros.

España parte de una posición favorable en infraestructuras digitales y en sectores con elevada madurez tecnológica, aunque el nuevo informe dibuja un avance menos acelerado que el del ejercicio anterior. La economía digital ya tiene un peso estructural en el PIB, pero la distancia respecto al 40% previsto para 2030 obliga a revisar si aquel objetivo respondía a una senda realista o si la transformación digital de las empresas necesita un impulso más intenso. Para el tejido productivo, la diferencia no será solo estadística: digitalizar procesos tendrá un impacto limitado si la tecnología no se traduce en mayor productividad, menores costes, nuevos canales de venta y más capacidad para competir en mercados cada vez más automatizados.

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