La economía mundial desafía el colapso: crecimiento del 3% pese a guerras, aranceles y crisis energética
Contra todos los pronósticos, la economía global mantiene una resiliencia sin precedentes en 2026. Pese a la invasión rusa de Ucrania, los aranceles masivos de Donald Trump, la guerra entre Estados Unidos e Irán y el cierre del estrecho de Ormuz —que bloquea una quinta parte del petróleo y gas licuado mundial—, el crecimiento mundial rondará el 3% este año, superando las previsiones más pesimistas. Los analistas atribuyen esta capacidad de adaptación a factores estructurales de largo plazo, la inversión tecnológica acelerada y decisiones de política fiscal más prudentes que en crisis anteriores, aunque advierten que la suerte no puede tentarse indefinidamente.
La economía mundial ha demostrado una capacidad de resistencia que desafía las teorías económicas más ancestrales sobre ciclos y recesiones. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, que disparó los precios del gas, petróleo y electricidad cuando el mundo apenas se recuperaba de la pandemia, hasta la imposición de aranceles sin precedentes por parte de la administración Trump y la posterior guerra contra Irán que cerró el estrecho de Ormuz, los choques se han sucedido sin que la economía global colapse.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento mundial para 2026 se situará en el 3%, una décima menos de lo previsto en abril pero aún por encima de la media de la última década. El organismo elevó además su previsión para 2027 hasta el 3,4%, dos décimas más que hace tres meses. Esta trayectoria contrasta radicalmente con los escenarios apocalípticos que muchos analistas dibujaban hace apenas meses.
La palabra que mejor define esta situación es "resiliencia", según reconocen desde el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Mundial y la OCDE. Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha destacado esta capacidad de adaptación en sus últimos discursos. La economía global no está boyante ni para grandes celebraciones, pero tampoco cae. El ciclo continúa con bastante más vigor del previsto por la legión pesimista que llevaba tiempo prediciendo una desaceleración inevitable.
**Factores estructurales de largo plazo**
Alejandro Werner, director del Georgetown Americas Institute, reconoce que "con este nivel de incertidumbre y estos shocks, tanto comerciales como energéticos, lo lógico habría sido una desaceleración mucho mayor, si no una recesión". Sin embargo, señala dos hechos claros: "Hemos infraestimado la capacidad de resiliencia de la economía y el sector privado se ha adaptado mucho mejor de lo esperado". Aunque los aranceles finales fueron menores que los anunciados inicialmente, representan el aumento de tarifas más grande de la historia moderna.
Xosé Carlos Arias, autor de "El tiempo es oro. Economía política del nanosegundo", apunta que el momento de transformación hacia un capitalismo hipertecnológico influye decisivamente. "El crecimiento de Asia en general y del sudeste asiático en particular es otro ingrediente clave en esta ecuación, completamente nueva", explica. Arias sugiere que hay varios factores estructurales de largo plazo pesando en la economía de manera inusual: la inversión masiva en tecnología, el cambio en los sistemas productivos y la reconfiguración del centro de gravedad de la actividad productiva global.
"Mi intuición es que los ciclos pueden ser más largos", apunta Arias. "Todavía no es algo claro, pero sí creo que puede haber algo de esto". Este ciclo actual, iniciado tras el confinamiento de 2020, aún no está entre los más largos de las últimas décadas, pero promete. Viene precedido de otro período de crecimiento inusualmente largo: en Estados Unidos de 2009 a 2020, y en Europa de 2013 a 2020, aunque acortado por las políticas de austeridad de principios de la década pasada.
**La ausencia de errores no forzados**
Un factor crucial ha sido la ausencia de errores autoinfligidos por gobiernos y bancos centrales. "A diferencia de lo que ocurrió en la crisis financiera y en la Gran Recesión, los gobiernos y los bancos centrales, sobre todo en Europa, llevan una racha sin cometer grandes fallos, al margen de la errática política de Trump", explica Arias. "Incluso los más apegados a la ortodoxia estricta, como Alemania, han sabido leer la situación: que la inflación no es lo más importante ahora y que tampoco era el momento de una reacción proteccionista tras los aranceles de Estados Unidos".
María Romero, economista jefa de Analistas Financieros Internacionales (AFI), identifica varios factores detrás de esta resistencia sin precedentes recientes. Primero, la política fiscal: "Desde la covid, sobre todo, hemos reaprendido que es una herramienta útil". Segundo, la canalización del ahorro acumulado en Europa hacia el consumo, especialmente en España, donde se está utilizando más que en Francia, Alemania e Italia. Tercero, la inversión, "en especial en inteligencia artificial y, sobre todo, en Estados Unidos: en Europa no estamos haciendo los deberes", alerta.
Gian Maria Milesi-Ferretti, investigador de la Brookings Institution y durante muchos años cabeza pensante detrás de las previsiones del FMI, estaba convencido el 2 de abril del año pasado, cuando Trump desveló sus gravámenes, de que vendría una recesión severa. No estaba solo: ese era el consenso. "Han sido muchas cosas las que han evitado que así fuera, pero me quedo sobre todo con una: el optimismo de los mercados financieros y la inversión de los hiperescaladores", apunta. Los gigantes tecnológicos han generado un efecto riqueza que ha ayudado a sostener la demanda.
**El papel de la productividad y la inteligencia artificial**
Un aspecto crucial es que la productividad ha estado creciendo desde la pandemia, antes incluso de que pudiera notarse el efecto positivo de la inteligencia artificial. "Si las promesas se cumplen, ese empujón vendrá más adelante", señala Milesi-Ferretti. Este crecimiento de productividad es la clave de bóveda del crecimiento sano de cualquier economía que se precie.
Los analistas de Amundi, la mayor gestora europea de fondos, escribieron hace poco en un informe titulado "Poniendo a prueba los límites de la resiliencia económica" que "los reiterados shocks de los últimos años, en particular los geopolíticos, han obligado a empresas y gobernantes a ser más ágiles. Su capacidad de adaptación puede mitigar el riesgo de recesión en los próximos trimestres, pero mucho dependerá del tiempo que lleve reparar las interrupciones en el suministro de petróleo y de las vulnerabilidades que estas ponen de manifiesto".
**Diferencias regionales significativas**
Sin embargo, la foto fija difiere mucho entre geografías y grupos de países. Les va mejor a los exportadores de energía y a las economías más integradas en las cadenas globales de valor de la tecnología, y peor a los importadores de materias primas peor posicionados para beneficiarse de la actividad relacionada con la inteligencia artificial.
Europa sigue renqueante, aunque con honrosas excepciones: España, Portugal, Grecia y buena parte del Este aceleran su convergencia respecto al corazón del continente. Estados Unidos sigue sorprendiendo al alza, en parte gracias a su elevada producción energética, especialmente de gas natural, que le ha protegido frente a la crisis de Ormuz. Jared Bernstein, presidente del Consejo de Asesores Económicos con Joe Biden, subraya que esta producción energética "le ha permitido sostener sus exportaciones". Sin embargo, advierte que "tanto los aranceles como la guerra han tenido un efecto claramente inflacionista, y esa es una de las principales razones de la impopularidad de Trump".
América Latina parece recuperar parte del brío perdido, aunque Juan Carlos Moreno Brid, profesor de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México y ex director adjunto de la Cepal, advierte que "aunque crezca un poco más, lo sigue haciendo muy por debajo de lo que realmente necesitamos". Señala además que "hay resiliencia si miramos a los promedios mundiales, pero también diferencias regionales muy grandes y al interior de los países".
**Vulnerabilidades en el mundo en desarrollo**
Bernstein advierte que "ni Europa es tan resistente a los choques, por su todavía enorme dependencia de los flujos energéticos procedentes del exterior, ni buena parte del mundo en desarrollo está en una posición precisamente cómoda". Muchos países, especialmente en África, sufrirán efectos negativos indirectos, como la escasez de alimentos por la falta de fertilizantes durante la temporada de siembra. Aunque el estrecho de Ormuz empieza a recuperarse —el flujo de petróleo y gas ya se sitúa prácticamente a mitad de camino de donde estaba antes de la guerra—, la falta de urea y otros componentes básicos para alimentar las plantas hará mella durante meses.
**Riesgos futuros y límites de la resiliencia**
A pesar de esta resistencia, los expertos advierten contra tentar más a la suerte. "Su arbitrariedad ha sido y sigue siendo tan grande que lo chocante es que no esté haciendo apenas mella. Pero, si se empeña en seguir en esa línea, es imposible que en algún momento el cántaro no se rompa", advierte Arias sobre los aranceles de Trump. "Crucemos los dedos, porque, si algo está claro, es que los desafíos de largo plazo son hoy mayores que ayer. El panorama sigue siendo muy complejo", remata Milesi-Ferretti.
Otro posible error no forzado obliga a mirar a los bancos centrales. Tras casi tres años en piloto automático, tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Japón subieron los tipos en junio, pocos días antes de que Estados Unidos e Irán alcanzasen un principio de acuerdo para poner fin a la guerra y el precio del petróleo se desplomase. Arias valora la "moderación" del BCE, que parece haber aprendido de los traspiés de la década pasada. "Lo importante es que no ha entrado en una espiral de histeria inflacionista. Eso sí que habría complicado las cosas".
**Conclusión: Un equilibrio frágil**
La economía mundial ha demostrado una capacidad de adaptación sorprendente frente a choques sin precedentes. Sin embargo, esta resiliencia no es infinita. Los factores estructurales de largo plazo —la inversión tecnológica, la reconfiguración de cadenas de valor globales, el crecimiento asiático— han proporcionado un colchón que ha absorbido los golpes de guerras, aranceles y crisis energéticas. Pero la arbitrariedad de las políticas comerciales, las vulnerabilidades energéticas de muchas regiones y las diferencias crecientes entre países desarrollados y en desarrollo sugieren que los límites de esta resiliencia pueden alcanzarse si los shocks continúan o se intensifican. Por ahora, la economía global sigue en movimiento, pero el equilibrio es frágil.

