La Haya reactiva la búsqueda de Joseph Kony, el sanguinario líder ugandés que sigue prófugo tras 20 años
El Tribunal Penal Internacional ha confirmado los cargos contra Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor, por 39 crímenes de guerra y contra la humanidad, en un procedimiento histórico realizado en ausencia del acusado. Kony, quien secuestró entre 40.000 y 80.000 personas en Uganda y es responsable de la muerte de al menos 100.000, sigue siendo el prófugo más antiguo reclamado por el tribunal.
El Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya ha reactivado la búsqueda de Joseph Kony, el autoproclamado profeta ugandés que desde 1987 lideró el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), un grupo armado con características sectarias cuya firma era "utilizar a niñas como esclavas sexuales", según consta en un auto del tribunal.
El pasado 5 de noviembre, el TPI confirmó los 39 cargos por crímenes de guerra y contra la humanidad contra Kony, tras celebrar una audiencia histórica los días 9 y 10 de septiembre. Por primera vez, el tribunal realizó este procedimiento "en ausencia de un acusado", como destaca Ana Manero, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid.
Kony, nacido en Odek (Uganda) alrededor de 1961, es el prófugo más antiguo reclamado por el tribunal, que emitió una orden de detención contra él en 2005. Durante dos décadas, nadie ha logrado capturarlo, convirtiéndose en una especie de "fantasma" para la justicia internacional.
Según datos de Naciones Unidas, el LRA secuestró entre 40.000 y 80.000 personas en Uganda hasta mediados de la década de 2000. Al menos 100.000 personas murieron y más de dos millones quedaron desplazadas por la violencia de este grupo y del ejército ugandés. Las atrocidades cometidas por Kony incluían mutilaciones sistemáticas: a sus víctimas les cortaba las manos, las orejas, los labios y la nariz, que luego les obligaba a comerse.
La confirmación de cargos en ausencia del acusado generó expectativas sobre la posibilidad de que este caso sentara "un precedente" para juzgar a otros presuntos criminales buscados por el TPI, como el presidente ruso Vladímir Putin o el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Sin embargo, estas esperanzas se vieron frustradas cuando el tribunal advirtió que no será posible juzgar a Kony sin que esté presente, ya que el Estatuto de Roma, documento fundacional del TPI, lo prohíbe.
"El tribunal tiene las manos atadas", lamenta la catedrática Manero. No obstante, considera que la reclamación de la Fiscalía de juzgar en ausencia a un acusado ha abierto un camino. "Es un avance muy tímido, pero que sienta un pequeño precedente", resalta. Aunque no permitirá que acusados poderosos como Putin y Netanyahu sean juzgados en ausencia, al menos podría servir para que "sus tropelías sean oídas por los jueces, sus víctimas indemnizadas, y ellos marcados con el oprobio".
LOS ORÍGENES DEL LRA
El movimiento liderado por Kony tiene sus raíces en otro grupo mesiánico anterior. En 1985, una mujer ugandesa llamada Alice Auma, quien afirmaba estar poseída por un espíritu al que llamaba Lakwena (mensajero), fundó el Movimiento del Espíritu Santo tras una supuesta epifanía en la que conversó con una cascada de un afluente del Nilo Blanco.
Esta milicia, que llegó a tener 10.000 miembros, fue derrotada en 1987 por las tropas del presidente Yoweri Museveni, quien había derrocado un año antes al presidente ugandés Tito Okello, de etnia acholi, mayoritaria en el norte de Uganda. Tras la derrota, Auma huyó a Kenia, y los milicianos supervivientes regresaron al norte de Uganda.
Fue entonces cuando Joseph Kony, quien decía ser primo de Auma, asumió el mando de la milicia, a la que renombró como Ejército de Resistencia del Señor. Su ideario combinaba elementos cristianos, nacionalismo acholi, animismo y lo que algunos expertos describen como "ecologismo chiflado".
Kony aspiraba a derrocar a Museveni e imponer una teocracia basada en los Diez Mandamientos. Sin embargo, el antiguo monaguillo no tuvo reparos en cometer atrocidades en nombre de Dios, sometiendo a tormentos inimaginables a adultos y niños, entre 20.000 y 40.000 según diferentes fuentes, a quienes secuestraba y convertía en verdugos de otras víctimas.
EL CASO DE DOMINIC ONGWEN
Un ejemplo de las prácticas de Kony es el caso de Dominic Ongwen, un excomandante del LRA que fue detenido y entregado a La Haya en 2015, donde cumple una condena de 25 años por crímenes contra la humanidad.
Ongwen había sido un "kadogo" (pequeño, en suajili), un niño soldado secuestrado por el LRA. Durante su juicio en La Haya salieron a la luz las torturas que sufrió: fue obligado, por ejemplo, a desollar a otro niño vivo para castigar un intento de fuga. Entre las tareas que los niños secuestrados debían realizar estaba transportar las pertenencias del líder por las selvas africanas, incluido un objeto insólito: su bañera personal.
LA HUIDA Y LA BÚSQUEDA INTERNACIONAL
En 2006, meses después de que La Haya emitiera la orden de detención, Kony huyó de Uganda. Se cree que se escondió en el triángulo fronterizo entre la República Centroafricana, Sudán y Sudán del Sur, o posiblemente en la República Democrática del Congo. Según Iván Navarro, investigador de la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), los "últimos rumores" lo situaban en la región sudanesa de Kafia Kingi.
Uganda, con apoyo de Washington, llegó a destinar un pequeño ejército —1.500 hombres y un centenar de asesores estadounidenses— para capturar al señor de la guerra. Su base estaba en Obo, en el este de República Centroafricana. En marzo de 2017, estos militares estuvieron cerca de atrapar a Kony, pero cuando llegaron al campamento del que acababa de huir, solo encontraron la bañera que solía transportar, según informó The New York Times.
La operación militar lanzada por la administración Obama en 2011 contra Kony terminó con el cierre de la misión en abril de 2017 y un gasto de 800 millones de dólares sin lograr su objetivo. Para entonces, según testimonios recogidos en la zona, el LRA se había convertido en una "guerrilla del hambre" con apenas unas decenas de miembros famélicos que saqueaban para sobrevivir, aunque seguían secuestrando niños.
Navarro considera que el caso de Kony ha proporcionado al régimen ugandés "carta blanca y el apoyo de un montón de donantes internacionales, sobre todo Estados Unidos", sin que el TPI haya incluido en su causa los "crímenes de guerra que también ha cometido" el gobierno de Museveni.
EL FENÓMENO MEDIÁTICO "KONY 2012"
En 2012, Kony se convirtió en un fenómeno viral gracias a un documental titulado "Kony 2012", producido por la ONG estadounidense Invisible Children (Niños Invisibles), fundada en 2004 por jóvenes evangelistas impactados por los horrores del LRA durante una visita a Uganda.
El vídeo, que mostraba a niños secuestrados por la milicia, situaba erróneamente a Kony en Uganda, a pesar de que llevaba seis años fuera del país. El 6 de marzo de 2012, la presentadora Oprah Winfrey difundió el documental en sus redes sociales, alcanzando 120 millones de visitas en cinco días. Celebridades como Rihanna y Justin Bieber también compartieron el contenido. Invisible Children recaudó 12 millones de dólares con esta campaña.
Actualmente, Estados Unidos sigue ofreciendo cinco millones de dólares por información que conduzca a la captura de Joseph Kony, mientras el TPI continúa esperando poder juzgarlo algún día.



