La transición energética global enfrenta una paradoja fundamental. Los gobiernos y empresas reconocen la necesidad de abandonar los combustibles fósiles para evitar los peores efectos del calentamiento global, pero las economías mundiales permanecen fuertemente dependientes del petróleo y el gas natural. Según la fuente, durante la próxima década, el gas natural será crucial para cubrir la demanda energética creciente, llenar los vacíos cuando las fuentes renovables son intermitentes y alimentar sistemas de inteligencia artificial. Esta realidad ha impulsado a la industria a buscar nuevas fronteras de extracción.
**El desplazamiento hacia el océano profundo**
A medida que los recursos de combustibles fósiles en tierra y en aguas someras envejecen y se vuelven menos productivos, la industria ha abierto una nueva frontera: el océano profundo. Los avances tecnológicos han hecho factible la exploración de petróleo y gas a cientos de metros bajo el lecho marino en aguas que alcanzan miles de metros de profundidad, incluso en la zona abisal —la capa más oscura y fría del océano, entre 4.000 y 6.000 metros bajo la superficie—, según reportes de Nature.
Las inversiones en desarrollos de petróleo y gas en aguas profundas crecen aceleradamente. En 2026, estas inversiones superaron los 200.000 millones de dólares, el doble del promedio de la década anterior. Se proyecta que entre 2026 y 2035 se gastarán aproximadamente 2,5 billones de dólares en perforación en aguas profundas.
**Descubrimientos sin precedentes**
Durante la última década, las aguas clasificadas como profundas —alrededor de 400 metros— han generado más del 70% de las reservas "probadas y probables" descubiertas por las siete mayores compañías petroleras internacionales de capital privado, según datos de Nature. Los descubrimientos en depósitos de aguas profundas son, en promedio, 16 veces más grandes que los realizados en tierra.
El trabajo en aguas profundas es extremadamente desafiante. El agua cerca del lecho marino puede ser extremadamente fría —apenas unos grados por encima del punto de congelación— y estar sometida a presiones enormes, cientos de veces la presión atmosférica. Solo entre 15 y 20 compañías petroleras poseen la experiencia técnica y la capacidad financiera para operar bajo estas condiciones.
Los pagos iniciales de licencias y las campañas de perforación pueden ascender a cientos de millones o incluso miles de millones de dólares. Sin embargo, utilizando los últimos sistemas submarinos, instalaciones de producción flotantes y operaciones digitales, los proyectos en aguas profundas pueden ser rentables. El petróleo de estos sitios actualmente promedia alrededor de 43 dólares por barril, comparable o más barato que muchos proyectos de fracturación de esquisto en Estados Unidos.
**Geografía de la extracción profunda**
La extracción en aguas profundas se concentra en el "triángulo dorado" del Golfo de México estadounidense y en cuencas frente a las costas de Brasil y África Occidental. En Brasil, los prolíficos descubrimientos han reducido los precios del petróleo a entre 30 y 40 dólares por barril. El Golfo de México de Estados Unidos tuvo un año destacado en 2025, cuando unidades de producción flotantes como Whale, operada por Shell, y Shenandoah, de Beacon Offshore, añadieron casi 350.000 barriles de equivalente de petróleo por día —la mayor adición en una década—.
Zonas emergentes como el Bloque Stabroek en Guyana y la Cuenca Orange en Namibia también atraen inversiones récord de miles de millones de dólares. Los activos en aguas profundas son cada vez más centrales para la seguridad energética nacional, especialmente para los países que albergan las reservas y las economías que dependen de importaciones de combustibles fósiles.
**China y la estrategia de seguridad energética**
China, que importa el 70% de su petróleo y el 41% de su gas, ha convertido la extracción en aguas profundas en un pilar de su estrategia energética. Desde 2022, la Corporación Nacional de Petróleo Marino de China ha desplegado proyectos de perforación en el Mar de China Meridional y el Mar de Bohai. Un proyecto insignia, Deep Sea No. 1, suministró suficiente gas natural —4.500 millones de metros cúbicos— en 2025 para cubrir una cuarta parte de la demanda en el Área de la Gran Bahía Guangdong-Hong Kong-Macao, según la fuente.
El Plan Quinquenal 15 de China, anunciado en marzo, posiciona la economía marina como un polo crucial de crecimiento económico. El sector ya ha superado los 11 billones de yuanes (1,6 billones de dólares estadounidenses) y representa el 8% del producto interno bruto.
**Avances tecnológicos revolucionarios**
Desbloquear los recursos en aguas profundas requiere saltos tecnológicos significativos. Por ejemplo, los depósitos de metano ubicados 300 a 500 metros bajo el lecho marino —conocidos como gas ultra-superficial— han sido convencionalmente un peligro para la perforación en océanos profundos y representan más del 20% de los reventones submarinos que resultan en la liberación incontrolada de petróleo o gas, según Nature.
Sin embargo, este gas ultra-superficial puede ser recuperado. En condiciones frías y de alta presión, el metano que burbujea a través de los sedimentos puede cristalizarse y formar una capa mineral. Utilizando imágenes sísmicas, teledetección y modelado digital, los ingenieros pueden identificar y preservar esta capa mientras perforan cuidadosamente a través de ella.
La demostración de esta técnica en el campo Lingshui 36-1 en la Cuenca Qiongdongnan del Mar de China Meridional —el primer campo de gas ultra-profundo (por debajo de 1.500 metros) y ultra-superficial a gran escala del mundo— ofrece un modelo para reevaluar recursos energéticos previamente descartados.
**Modelo integrado de desarrollo marino**
La industria está adoptando un "modelo de desarrollo de todo el mar": una arquitectura marina integrada que vincula exploración, pozos submarinos, tuberías, instalaciones de producción flotantes y operaciones digitales.
Para la exploración, técnicas avanzadas de sísmica, imágenes e interpretación asistida por inteligencia artificial ayudan a los geocientíficos a mapear depósitos, fallas y peligros de perforación rápidamente. Para la producción, sensores en los pozos rastrean presión, temperatura, flujo, vibración, tensión y composición de fluidos, permitiendo a los operadores ajustar los controles de perforación y producción en tiempo real.
Los gemelos digitales —modelos informáticos en vivo de todo el sistema— combinan simulaciones basadas en física con datos de sensores e inspecciones para detectar corrosión, fatiga, fugas y cargas anormales antes de que causen fallas. Los vehículos operados remotamente (ROV) y los vehículos submarinos autónomos (AUV) pueden inspeccionar estructuras submarinas, tuberías de flujo y amarres que los buques tripulados no pueden alcanzar fácilmente.
En la superficie, las operaciones marinas deben contender con tifones, largas líneas de suministro, cambios de personal, descarga de buques cisterna y emergencias. Los sistemas de monitoreo guiados por inteligencia artificial e inspecciones asistidas por drones pueden ayudar a mantener la producción bajo condiciones severas.
Los buques de almacenamiento y descarga de producción flotante se utilizan ampliamente en campos de aguas profundas. Anclados sobre los pozos, reciben fluidos a través de tuberías ascendentes, separan petróleo, gas y agua a bordo, almacenan el crudo en tanques en el casco y lo descargan en buques cisterna. El gas se exporta, se reinyecta en pozos o se utiliza para alimentar operaciones. Por ejemplo, en el Mar de China Meridional, el buque Haikui No. 1 puede procesar aproximadamente 5.600 toneladas de petróleo por día, almacenar 60.000 toneladas de petróleo y operar en el mar hasta 15 años sin atracar.
El uso de componentes estandarizados y diseños estructurales reduce costos. La construcción modular traslada más de la fabricación y pruebas a tierra, de modo que los módulos prefabricados llegan al mar listos para ser levantados, conectados y puestos en servicio en ventanas de clima más cortas. También significa que los cimientos para cabezales de pozo ahora pueden instalarse en cinco días en lugar de diez.
**Aplicaciones tecnológicas más amplias**
Más allá del suministro de energía, las inversiones de billones de dólares en petróleo y gas en aguas profundas están creando plataformas industriales del futuro. Los materiales diseñados para soportar presión, corrosión, fatiga y bajas temperaturas —incluyendo espumas diseñadas, aleaciones resistentes a la corrosión, materiales flexibles y sistemas de aislamiento— se están adaptando para la industria aeroespacial y la energía geotérmica.
Las tecnologías de detección —incluyendo espectrógrafos de metano basados en láser, sistemas acústicos tolerantes a la presión y detectores térmicos precisos— pueden apoyar inspecciones autónomas de fugas de hidrógeno y peligros en minas de carbón, por ejemplo.
Las tuberías, conectores de energía y comunicación, instalaciones modulares y bases marinas pueden reutilizarse para transporte y almacenamiento de dióxido de carbono, desmantelamiento nuclear, logística polar e infraestructura urbana.
**La batalla ambiental y legal**
Sin embargo, el océano profundo es también el sitio de una batalla ambiental y legal en curso sobre cómo reconciliar la seguridad energética, la responsabilidad climática, la protección de la biodiversidad y el control de los recursos del lecho marino.
El impacto de los combustibles fósiles en el cambio climático es una dimensión crítica. El metano, el componente principal del gas natural, es un gas de efecto invernadero potente. Las observaciones de satélites como MethaneSAT y Sentinel-5 Precursor sugieren que la ventilación y quema de gas de los pozos en el mar están subreportadas, siendo las emisiones reales, en promedio, un 50% más altas que los inventarios oficiales, según Nature.
Para la responsabilidad, es crucial vincular el monitoreo basado en satélites con verificación independiente. Cuando los satélites detectan anomalías, drones aéreos, ROV y AUV pueden proporcionar seguimiento local, inspeccionando plataformas y tuberías para localizar fugas temprano. Las plumas de metano, la quema de gas y las fugas deben verificarse contra las divulgaciones de las empresas e inventarios nacionales. Los proyectos que no puedan demostrar emisiones bajas y verificables deben enfrentar sanciones, como estándares de importación más estrictos, reglas de metano más rigurosas, costos de seguros más altos y financiamiento retrasado.
**El riesgo de derrames catastróficos**
El riesgo de derrames de petróleo catastróficos es otro problema grave. El desastre de Deepwater Horizon en 2010 ofrece una advertencia: un pozo en aguas profundas que falló liberó más de 3 millones de barriles de petróleo durante 87 días, contaminando más de 1.600 kilómetros de costa antes de ser sellado. Además de planes de respuesta, la perforación más segura requiere barreras contra reventones que puedan desplegarse de forma remota y rápida bajo alta presión, corrientes fuertes y visibilidad deficiente.
**Fragmentación del control internacional**
De manera preocupante, el creciente interés en la extracción en aguas profundas llega en un momento en que el control internacional sobre el lecho marino se está fragmentando. La mayoría de los proyectos de petróleo y gas en el mar están regulados por estados costeros en sus zonas económicas exclusivas o plataformas continentales. Pero más lejos, hay poco control.
Esta brecha regulatoria plantea desafíos significativos para garantizar que la explotación de recursos en aguas profundas se realice de manera ambientalmente responsable y que los beneficios se distribuyan equitativamente entre las naciones. La falta de supervisión internacional en aguas internacionales crea un vacío donde los operadores pueden enfrentar menos restricciones y donde los daños ambientales pueden propagarse sin consecuencias claras.
**Perspectivas futuras**
El equilibrio entre la seguridad energética y la protección ambiental seguirá siendo un desafío central en los próximos años. Los proyectos de extracción en aguas profundas deben justificarse caso por caso, y solo cuando los operadores puedan demostrar que se puede evitar el daño ecológico, que las emisiones pueden verificarse de forma independiente, que los fallos pueden contenerse y que la responsabilidad perdurará más allá de la producción, según la perspectiva presentada en Nature.
La industria petrolera y gasífera continuará siendo fundamental para la economía global durante la transición hacia energías limpias, pero esta transición debe realizarse con estándares ambientales rigurosos, verificación independiente y gobernanza internacional robusta que proteja los ecosistemas marinos frágiles mientras se satisfacen las necesidades energéticas actuales.

