

El sector textil argentino atraviesa una crisis sin precedentes con fábricas operando al 30% de su capacidad, miles de empleos perdidos y un récord de importaciones que sustituyen la producción local. Empresarios del rubro califican la situación como más grave que la crisis de 2001, mientras el gobierno de Javier Milei mantiene su política de apertura comercial.
La industria textil argentina se encuentra en una situación crítica que amenaza su supervivencia. Según el último registro oficial de la actividad económica, mientras sectores como intermediación financiera (14%), agricultura (10,5%) y minería (7%) muestran crecimiento, la industria manufacturera se desploma (-8,2%), con el rubro textil como el más afectado.
David Kim, gerente de la tejeduría Amesud, describe la gravedad de la situación: "Todo el mundo cree que en 2001 fue la peor crisis, pero para nosotros esta es la peor crisis que hemos vivido", según declaró a El País. Su empresa, fundada por su padre Hong Yeal Kim tras emigrar de Corea del Sur a Buenos Aires en 1976, opera actualmente al 20% de su capacidad, produciendo apenas 150 toneladas de tela mensuales de las 700 que podría fabricar.
En los últimos dos años, coincidiendo con la presidencia de Javier Milei y su cambio de política económica, Amesud redujo su plantilla un 40%, pasando de 430 empleados a 250. "Y teóricamente tendríamos que seguir bajando plantel, porque no vemos cuándo se termina esto. La semana que viene vamos a empezar con suspensiones, a trabajar solo de lunes a jueves", añade Kim.
La Fundación Pro Tejer, en su Boletín Económico Sectorial de febrero de 2026, revela que la industria textil registró una caída interanual del 36,7% en noviembre de 2025, y si se compara contra noviembre de 2023, la contracción alcanza el 47,6%, el peor registro entre todos los sectores industriales.
La capacidad instalada del sector textil operó en noviembre con apenas 29,2% de utilización, lo que significa que siete de cada diez máquinas están detenidas, un récord de capacidad ociosa desde que existen estadísticas comparables. Mientras el promedio industrial trabaja al 57,7%, el textil se ubica casi 30 puntos por debajo.
Priscila Makari, economista y directora de la Fundación ProTejer, explica las causas de esta crisis: "Tenemos un tipo de cambio artificialmente alto, que nos hace ser caros para competir, y una apertura comercial abrupta que derivó en un aumento del 71% de las importaciones en 2025 respecto del año anterior. Esto se suma a una caída de la demanda: la gente tiene poca plata para consumir y, sobre ese mercado interno más chico, ganan peso las importaciones".
Si históricamente la proporción era 50% ropa nacional y 50% importada, ahora es 30% nacional y 70% importada, sin tener en cuenta las compras por internet en plataformas como Shein o Temu, que también se dispararon en el último tiempo, según detalla Makari.
El impacto en el empleo ha sido devastador. El sector perdió 18.180 puestos de trabajo formales desde diciembre de 2023, lo que representa una caída del 15%, la mayor entre todos los sectores productivos. En octubre de 2025, el sector registraba apenas 102.700 empleos formales.
La crisis también ha provocado el cierre de empresas. El país perdió 558 establecimientos textiles en menos de dos años, una contracción del 9% del entramado productivo. El segmento más afectado es cuero y calzado, con una caída del 15% en la cantidad de firmas.
Un caso emblemático es el de Emilio Alal, una pyme con más de 100 años de trayectoria, que decidió cerrar sus plantas productivas de hilados y telas en Goya, Corrientes, y su unidad de hilados en Villa Ángela, Chaco. La medida implicó el despido de 250 trabajadores, según confirmó a El Cronista Eduardo Alal, directivo de la compañía.
En un comunicado, la empresa explicó que la decisión fue tomada luego de "haber agotado todas las instancias posibles". Entre los factores que precipitaron el cierre mencionó la apertura "indiscriminada" de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir -incluida ropa usada-, mayormente provenientes de Asia; la caída del poder adquisitivo, que impactó de lleno en la demanda; los elevados costos financieros, laborales y energéticos; la presión impositiva y el atraso cambiario.
Otro caso es el de Grupo Dass, que ensambla zapatillas en Argentina para marcas como Nike y Adidas, que volvió a reducir su plantel con el despido de 43 trabajadores en su planta de Eldorado, Misiones, donde hoy concentra toda su operación local. Con ese recorte, la dotación quedó en torno a los 220 empleados.
Un fenómeno llamativo es que mientras la producción local se desploma, el consumo de textiles y prendas no ha caído en la misma proporción. Las ventas reales de prendas, calzado y textiles de hogar en supermercados crecieron 23,7% en 2025. Sin embargo, gran parte de ese consumo se abastece con productos importados, según advierte la Fundación Pro Tejer.
Dante Sica, director de la consultora Abeceb y exministro de Producción durante la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), ofrece una perspectiva diferente: "No hay sectores ganadores y perdedores, sino una reestructuración frente a un cambio de régimen económico que busca su nuevo equilibrio". El economista considera que se asiste al paso de una economía "totalmente desequilibrada, con déficit fiscal, alta inflación y fuerte administración del comercio" a una "más estable, desregulada e integrada internacionalmente, que genera más competencia".
"Cuando vos abrís la competencia, te das cuenta de que el volumen de mercado no da para tener 10 fábricas de heladeras u 11 terminales de autos en Argentina. Entonces estamos en ese proceso de readecuación. Yo no creo que vaya a haber desaparición de sectores, aunque obviamente habrá empresas que se van a caer y otras que van a bajar su nivel de producción", apunta Sica, y grafica: "Un cambio de régimen es como una inundación: cuando baja el agua, ves que hay casas que sobrevivieron y otras que se desarmaron".
El gobierno de Javier Milei ha dejado claro que no tiene intención de proteger al sector. "Cuando se abre la economía, hay productos que van a estar más baratos y se van a perder puestos de trabajo, pero eso les permite a los individuos gastar menos dinero", señaló Milei desde Davos, en una entrevista con Bloomberg. "En Argentina, una remera se pagaba 40 dólares; sale cinco. Esos 35 que se ahorra una persona los va a gastar en otro sector", dijo.
La apuesta de los empresarios textiles argentinos, entonces, es a resistir. Achicarse, quemar reservas y sostenerse en medio de la tormenta. Esperar a que llegue el momento en que baje el agua y encontrar un lugar para ellos en ese nuevo paisaje.