

Lo que comenzó como una demarcación temporal del alto el fuego en Gaza está tomando una forma cada vez más permanente, dividiendo el territorio palestino en dos y generando temores de una anexión de facto por parte de Israel, mientras el precario acuerdo de paz muestra signos de estancamiento.
La llamada 'línea amarilla' que divide Gaza como parte del acuerdo de alto el fuego firmado el 10 de octubre está adquiriendo características de una frontera permanente, con graves consecuencias para el futuro de Palestina.
Según informa The Guardian, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han comenzado a instalar marcadores de concreto amarillos cada 200 metros para delimitar el área que permanecerá bajo control israelí durante la primera fase del alto el fuego.
Esta línea divide Gaza aproximadamente a la mitad. En la parte occidental, Hamas busca reafirmar su control en el vacío dejado por la retirada parcial israelí, mientras que en la mitad oriental, que cubre la franja este y las fronteras norte y sur, las FDI han reforzado decenas de puestos militares y disparan contra cualquier persona que se acerque a la línea.
"En nuestra área, las líneas amarillas no son claramente visibles. No sabemos dónde comienzan o terminan. Creo que son más claras en otros lugares, pero aquí nada está definido", declaró Mohammad Khaled Abu al-Hussain, un padre de cinco hijos de 31 años, según The Guardian. Su casa familiar está en al-Qarara, al norte de Khan Younis y justo al este de la línea amarilla, en la zona controlada por las FDI.
"Tan pronto como nos acercamos a nuestros hogares, las balas comienzan a volar desde todas las direcciones, y a veces pequeños drones, los cuadricópteros, se ciernen sobre nosotros, vigilando cada movimiento", añadió.
El plan de paz para Gaza, también conocido como el "plan de 20 puntos", fue anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump el 29 de septiembre de 2025 y entró en vigor el 10 de octubre. Según Wikipedia, el plan exige un alto el fuego inmediato, la devolución de rehenes, intercambios de prisioneros, la desmilitarización de la Franja de Gaza, el despliegue de una fuerza internacional de estabilización y un gobierno de transición por tecnócratas palestinos bajo supervisión internacional.
Sin embargo, dos semanas después del alto el fuego, más de 20 palestinos siguen muriendo en promedio cada día, muchos de ellos cerca de la línea amarilla, según The Guardian. En consecuencia, muy pocos de los desplazados están regresando al área bajo control israelí.
Los obstáculos políticos para avanzar a una segunda fase del alto el fuego siguen siendo enormes. Esta fase implicaría el desarme de Hamas y su reemplazo por una fuerza multinacional de estabilización, así como la retirada de las FDI de la línea amarilla a posiciones más cercanas a la frontera de Gaza. El ala derecha de la coalición gobernante del primer ministro Benjamin Netanyahu se opone firmemente a una mayor retirada y a la internacionalización del control sobre Gaza.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, expresó su esperanza de formar pronto una fuerza internacional para vigilar el alto el fuego en Gaza, según informa The New Arab. "Es fundamental para el acuerdo crear las condiciones para que la fuerza de estabilización entre tan pronto como sea posible", declaró Rubio durante una visita a Israel.
Las principales facciones palestinas, incluido Hamas, acordaron el viernes que un comité temporal palestino de tecnócratas independientes se haría cargo de la administración de Gaza. El comité "gestionaría los asuntos de la vida y los servicios básicos en cooperación con hermanos árabes e instituciones internacionales", según un comunicado conjunto publicado en el sitio web de Hamas.
Sin embargo, en el impasse actual, la línea amarilla continúa tomando una forma más permanente y se la menciona cada vez más en los medios israelíes como una "nueva frontera".
Escribiendo en el periódico Yedioth Ahronoth, el corresponsal militar Yoav Zitun predijo que la línea amarilla podría evolucionar hacia "una barrera alta y sofisticada que reducirá la Franja de Gaza, ampliará el Néguev occidental y permitirá la construcción de asentamientos israelíes allí".
"Parece una anexión gradual de facto de Gaza", dijo Jeremy Konyndyk, presidente del grupo de defensa Refugees International y ex funcionario de ayuda estadounidense, citado por The Guardian.
Según los términos del alto el fuego negociado por Estados Unidos, la retirada de las FDI a la línea amarilla dejaría a Israel ocupando el 53% de la Franja de Gaza. Sin embargo, un análisis satelital de la BBC de los nuevos marcadores amarillos sugirió que habían sido colocados varios cientos de metros más allá de la línea propuesta, lo que representa una apropiación adicional sustancial de tierras.
Un portavoz de las FDI dijo que no había comentarios oficiales sobre el informe de la BBC. Una declaración anterior de las FDI solo indicaba que había comenzado el trabajo de marcar la línea amarilla con una "barrera de concreto con un poste pintado de amarillo, de 3,5 metros de altura", destinada a "establecer claridad táctica en el terreno".
Lo que está quedando claro es una partición cada vez más marcada de Gaza, con la mayoría de los 2,1 millones de habitantes sobrevivientes hacinados en la mitad del territorio, entre las ruinas dejadas por dos años de bombardeos israelíes.
Según International Rescue Committee (IRC), más de 68.000 palestinos han muerto en Gaza y más de 170.000 han resultado heridos desde el 7 de octubre de 2023. Más de dos años de conflicto han dejado a más de dos millones de palestinos, la mitad de los cuales son niños, sin acceso suficiente a agua, alimentos o atención médica. El hambre se ha convertido en una realidad mortal, con hambruna catastrófica afectando a toda la población.
La adopción de la primera fase del plan de paz para Gaza, que incluye un mayor acceso humanitario y la liberación de rehenes, presenta una oportunidad para abordar el sufrimiento humanitario. Sin embargo, sin un fin duradero de las hostilidades y un acceso humanitario garantizado en toda Gaza, millones de civiles seguirán en riesgo.
"Después de dos años de conflicto, todos deberían recibir con agrado la noticia de un alto el fuego. Los civiles lo necesitan desesperadamente, junto con un aumento masivo de la ayuda humanitaria y el acceso", explica David Miliband, CEO y presidente de IRC.
La primera fase del plan ofrece la perspectiva de una seguridad muy necesaria, pero el éxito debería medirse por la duración y permanencia del cese de la destrucción de Gaza, y si va acompañado de un aumento de la ayuda para salvar vidas.
Para las familias palestinas, la realidad es devastadora. "Algunos jóvenes de nuestra familia arriesgaron sus vidas, fueron a inspeccionar la destrucción en nuestra área y nos dijeron que mi casa fue destruida", dijo Hani Abu Omar, un palestino desplazado de 42 años, a AFP en un campamento de tiendas de campaña en Al-Zawayda, según The New Arab. "Toda mi vida he estado trabajando, ganando y haciendo todo lo que puedo para construir una casa".
La infraestructura de Gaza está destrozada. El acuerdo de alto el fuego marca el comienzo de una oportunidad para reconstruir, pero tomará décadas de apoyo sostenido y reconstrucción para que las comunidades encuentren algún sentido de normalidad nuevamente.
Mientras tanto, para muchos palestinos como Mohammad Abu al-Hussain, citado por The Guardian, el temor persiste: "Lo que más me preocupa es la idea de que esta línea podría quedarse, que ninguna decisión nos permitirá regresar jamás".