

Un estudio del Instituto de Salud Carlos III de Madrid ha identificado que las personas de menores ingresos son las más vulnerables a las olas de calor extremo en Europa, causando decenas de miles de muertes en los últimos años.
Un estudio realizado por el Instituto de Salud Carlos III de Madrid ha revelado que las personas de bajos ingresos en Europa son las más afectadas por las olas de calor extremo, resultando en la muerte de decenas de miles de personas en los últimos años. Julio Díaz Jiménez, uno de los investigadores principales, subrayó que la experiencia de una ola de calor varía significativamente entre quienes viven en condiciones de hacinamiento sin aire acondicionado y aquellos que tienen acceso a viviendas adecuadas.
La investigación inicial, publicada en 2020, analizó 17 distritos de Madrid y descubrió que las olas de calor afectaron la mortalidad en únicamente tres distritos donde los ingresos familiares eran inferiores a la media. Un análisis a nivel nacional corroboró estos hallazgos, indicando que el nivel de ingresos es un factor determinante en la vulnerabilidad al calor extremo en España.
Las personas de bajos ingresos frecuentemente residen en viviendas de mala calidad, caracterizadas por el hacinamiento y la falta de ventilación, lo que intensifica los efectos del calor. Adicionalmente, cuentan con menos acceso a atención médica adecuada, lo que incrementa su riesgo de sufrir condiciones de salud agravadas por el calor extremo. Save the Children reportó que uno de cada tres niños en España no podía mantenerse fresco en su hogar en 2023, afectando a más de 2 millones de menores.
Investigaciones recientes destacan que Europa se está calentando a un ritmo más rápido que otras regiones del mundo. En 2023, se registró como el año más caluroso, y se estima que el calor, exacerbado por la contaminación por carbono, provocó casi 50,000 muertes en Europa. La mortalidad anual por calor extremo en Europa podría alcanzar hasta 407,538 muertes, de las cuales 363,809 serían atribuibles a temperaturas cálidas.
El estudio también aborda el fenómeno de la "gentrificación verde", donde las zonas con mayor vegetación son más demandadas, desplazando a los residentes de bajos ingresos a áreas menos frescas. Los investigadores proponen que el acceso a la refrigeración sea considerado un derecho, análogo a otros servicios públicos, para hacer frente a las desigualdades en salud y bienestar.
En conclusión, el estudio destaca la necesidad urgente de políticas que reconozcan el acceso a la refrigeración como un servicio esencial e implementen medidas para reducir las desigualdades que enfrentan las comunidades de bajos ingresos en Europa ante las olas de calor extremo.