Mahmoud Khalil, el palestino que Trump quiere deportar tras encarcelarlo por protestar en Gaza
Internacional

Mahmoud Khalil, el palestino que Trump quiere deportar tras encarcelarlo por protestar en Gaza

Mahmoud Khalil, un estudiante palestino de 31 años que se convirtió en rostro visible de las protestas contra la guerra en Gaza en universidades estadounidenses durante la primavera de 2024, enfrenta una orden de deportación de la Administración Trump tras pasar 104 días encarcelado sin cargos en un centro de detención para migrantes. El caso del hombre, que posee permiso de residencia permanente y está casado con una ciudadana estadounidense, ha trascendido como símbolo de la represión a la disidencia política en Estados Unidos, según reportó El País en una entrevista realizada el 26 de junio de 2026.

INTERNACIONAL12 JUL 2026

Khalil, nacido en un campo de refugiados palestinos en Siria y con nacionalidad argelina, estudia en la School of International and Public Affairs de la Universidad de Columbia. Su participación como negociador de los manifestantes propalestinos durante las protestas de 2024 lo convirtió en una figura pública, pero también en blanco de las autoridades federales.

El 8 de marzo de 2025, agentes federales irrumpieron en su residencia universitaria sin orden judicial, según informó El País. Su esposa estaba embarazada de ocho meses. Dos días después, el 10 de marzo, agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) lo trasladaron a un centro de detención en Luisiana, a más de 2.000 kilómetros de su hogar en Nueva York. Permaneció allí 104 días bajo custodia federal.

Durante su encarcelamiento, Khalil fue privado de asistir al nacimiento de su hijo. "Jamás perdonaré a quienes me privaron de algo tan divino, un momento que todo ser humano en esta tierra desea compartir con su pareja", declaró en la entrevista. El 20 de junio de 2025, un juez federal de Nueva Jersey ordenó su liberación al no encontrar base legal para su detención.

Sin embargo, la amenaza de expulsión persiste. Un tribunal migratorio dependiente del Departamento de Justicia ha emitido una orden de extradición cuya ejecución permanece en suspenso. Khalil afirma que la Administración Trump intenta acelerar la deportación antes de que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre su caso. "No hay precedentes de algo así. Son unas prisas descabelladas", declaró a The New York Times Homero López, exmiembro del organismo responsable de tomar la decisión, según reportó El País.

El Gobierno de Trump ha presentado múltiples argumentos para justificar la deportación: desde acusaciones de antisemitismo hasta errores en la información suministrada al solicitar un visado en 2024. Khalil rechaza ambas acusaciones. Reconoce que el antisemitismo es un problema real y creciente en Estados Unidos y el mundo, pero lo atribuye a "las acciones de Israel, un país que utiliza el judaísmo como escudo frente a cualquier crítica", y a la alineación de la Administración Trump con "políticos de ultraderecha, dentro y fuera del país".

El caso de Khalil ha adquirido dimensiones políticas significativas. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha respaldado públicamente su causa e incluso habló del caso con Trump durante una visita a la Casa Blanca, según Khalil. En las primarias demócratas de Nueva York celebradas poco antes de la entrevista, los candidatos respaldados por Mamdani, todos con apoyo inequívoco a la causa palestina, arrasaron en los comicios. Las encuestas muestran por primera vez un apoyo superior a la causa palestina que a la israelí en Estados Unidos, cambio que Khalil atribuye parcialmente a las protestas estudiantiles en las que participó.

Khalil insiste en que su caso representa solo el comienzo de una deriva autoritaria más amplia. "Mi caso fue solo el comienzo de todo. Después llegaron las deportaciones masivas, los ataques a periodistas, a universidades... La Casa Blanca lo dejó claro al afirmar que mi detención serviría de modelo", afirmó en la entrevista. Sostiene que la represión contra los palestinos funciona como "canario en la mina": un aviso de represión más generalizada contra la disidencia política.

"Vinieron a por mí e irán contra cualquiera que disienta", declaró rotundamente. Argumenta que las leyes sobre apoyo al terrorismo en Estados Unidos fueron diseñadas originalmente con los palestinos como objetivo, pero posteriormente se ampliaron a otros grupos. "Si Trump puede hacer esto, cualquier otro presidente, republicano o demócrata, también podrá. Son herramientas que futuros gobiernos tendrían a su disposición contra todos los que no sean de su agrado", advirtió.

A pesar de la amenaza de expulsión, Khalil ha decidido permanecer en Estados Unidos y luchar contra la orden de deportación. "Quiero hacerlo, primero, para estar con mi familia. Pero también para demostrar que no nos vamos a dejar intimidar. Y que es ilegal atentar contra la libertad de expresión", explicó. Publicará sus memorias en septiembre bajo el título "No Land To Stand On" (Sin tierra donde sostenerse).

Su decisión de quedarse responde también a razones personales y políticas. "Si me marcho, ¿qué mensaje enviaría a los millones de personas que apoyan a Palestina? Que no luché", señaló. Además, su esposa y su hijo son ciudadanos estadounidenses. "Adoro Nueva York y creo en esa idea de que Estados Unidos es la tierra de la libertad", afirmó, aunque reconoce que esa creencia está siendo puesta a prueba.

La biografía de Khalil explica en parte su compromiso político. Nació en un campo de refugiados para palestinos en Siria, donde participó en protestas contra el régimen de Bachar el Asad. La desposesión de la tierra y la injusticia han marcado profundamente su vida. "Nunca pensé que el mundo fuera un lugar justo. Crecí con la sensación de que todos nos habían dado la espalda. Mis abuelos siempre confiaron en volver a Palestina. Verlos morir en Siria, tras pasar la segunda mitad de sus vidas en un campo de refugiados con tiendas de campaña y casas de barro, hizo crecer en mí la sensación de injusticia", relató.

Cuando se le preguntó si temía represalias al participar en las protestas de 2024 en Estados Unidos, Khalil admitió haber calculado mal los riesgos. "Oh, no, no. Claramente, lo calculé muy mal. Porque no estaba haciendo nada malo. Y además pensé que mi papel como negociador supondría un riesgo muy inferior al de los organizadores de las protestas. Nunca quise ser la cara del movimiento por Palestina", explicó.

Sobre por qué fue elegido como objetivo, Khalil cree que fue "pura coincidencia". "Buscaban alguien con quien dar un ejemplo. Alguien que no tuviera las protecciones de otros manifestantes. Pensaban que al ser palestino no lucharía. Y esa persona fui yo", afirmó.

El caso de Khalil ocurre en un contexto de tensión política en Estados Unidos. Trump se presentó a la campaña de 2024 como defensor de la libertad de expresión frente a lo que denominó "dictadura woke", pero casos como el de Khalil cuestionan esa narrativa. Khalil señala que precisamente por eso su caso ha tenido tanto impacto entre estadounidenses. "Fue la advertencia de cómo se iba a usar a Palestina como un caballo de Troya para atacar a otros", indicó.

Khalil también vincula el resultado electoral de 2024 a la política de Gaza. "Gran parte de la derrota de Kamala Harris se debió a la política de Biden en Gaza. Y este va a ser un tema clave para cualquier candidato presidencial en 2028", predijo.

Respecto a las protestas en Columbia, Khalil describe la represión como "enorme". "Hubo cientos de estudiantes expulsados o suspendidos. El FBI realizó redadas en domicilios. Columbia colaboró con el Gobierno para coartar la libertad. No creo que, en su historia reciente, Estados Unidos haya infligido tal grado de violencia contra su propia gente", opinó.

El caso permanece en suspenso legal. Khalil vive bajo la amenaza constante de deportación, sin poder hacer planes a largo plazo. "Tengo sobre mí todo el peso de la Administración de Donald Trump, intentando deportarme como sea", afirmó. Su lucha legal continúa mientras el Tribunal Supremo aún no se ha pronunciado sobre su caso, y la Administración Trump presiona por una deportación acelerada.

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12 jul 2026
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Khalil, nacido en un campo de refugiados palestinos en Siria y con nacionalidad argelina, estudia en la School of International and Public Affairs de la Universidad de Columbia. Su participación como negociador de los manifestantes propalestinos durante las protestas de 2024 lo convirtió en una figura pública, pero también en blanco de las autoridades federales.

El 8 de marzo de 2025, agentes federales irrumpieron en su residencia universitaria sin orden judicial, según informó El País. Su esposa estaba embarazada de ocho meses. Dos días después, el 10 de marzo, agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) lo trasladaron a un centro de detención en Luisiana, a más de 2.000 kilómetros de su hogar en Nueva York. Permaneció allí 104 días bajo custodia federal.

Durante su encarcelamiento, Khalil fue privado de asistir al nacimiento de su hijo. "Jamás perdonaré a quienes me privaron de algo tan divino, un momento que todo ser humano en esta tierra desea compartir con su pareja", declaró en la entrevista. El 20 de junio de 2025, un juez federal de Nueva Jersey ordenó su liberación al no encontrar base legal para su detención.

Sin embargo, la amenaza de expulsión persiste. Un tribunal migratorio dependiente del Departamento de Justicia ha emitido una orden de extradición cuya ejecución permanece en suspenso. Khalil afirma que la Administración Trump intenta acelerar la deportación antes de que el Tribunal Supremo se pronuncie sobre su caso. "No hay precedentes de algo así. Son unas prisas descabelladas", declaró a The New York Times Homero López, exmiembro del organismo responsable de tomar la decisión, según reportó El País.

El Gobierno de Trump ha presentado múltiples argumentos para justificar la deportación: desde acusaciones de antisemitismo hasta errores en la información suministrada al solicitar un visado en 2024. Khalil rechaza ambas acusaciones. Reconoce que el antisemitismo es un problema real y creciente en Estados Unidos y el mundo, pero lo atribuye a "las acciones de Israel, un país que utiliza el judaísmo como escudo frente a cualquier crítica", y a la alineación de la Administración Trump con "políticos de ultraderecha, dentro y fuera del país".

El caso de Khalil ha adquirido dimensiones políticas significativas. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha respaldado públicamente su causa e incluso habló del caso con Trump durante una visita a la Casa Blanca, según Khalil. En las primarias demócratas de Nueva York celebradas poco antes de la entrevista, los candidatos respaldados por Mamdani, todos con apoyo inequívoco a la causa palestina, arrasaron en los comicios. Las encuestas muestran por primera vez un apoyo superior a la causa palestina que a la israelí en Estados Unidos, cambio que Khalil atribuye parcialmente a las protestas estudiantiles en las que participó.

Khalil insiste en que su caso representa solo el comienzo de una deriva autoritaria más amplia. "Mi caso fue solo el comienzo de todo. Después llegaron las deportaciones masivas, los ataques a periodistas, a universidades... La Casa Blanca lo dejó claro al afirmar que mi detención serviría de modelo", afirmó en la entrevista. Sostiene que la represión contra los palestinos funciona como "canario en la mina": un aviso de represión más generalizada contra la disidencia política.

"Vinieron a por mí e irán contra cualquiera que disienta", declaró rotundamente. Argumenta que las leyes sobre apoyo al terrorismo en Estados Unidos fueron diseñadas originalmente con los palestinos como objetivo, pero posteriormente se ampliaron a otros grupos. "Si Trump puede hacer esto, cualquier otro presidente, republicano o demócrata, también podrá. Son herramientas que futuros gobiernos tendrían a su disposición contra todos los que no sean de su agrado", advirtió.

A pesar de la amenaza de expulsión, Khalil ha decidido permanecer en Estados Unidos y luchar contra la orden de deportación. "Quiero hacerlo, primero, para estar con mi familia. Pero también para demostrar que no nos vamos a dejar intimidar. Y que es ilegal atentar contra la libertad de expresión", explicó. Publicará sus memorias en septiembre bajo el título "No Land To Stand On" (Sin tierra donde sostenerse).

Su decisión de quedarse responde también a razones personales y políticas. "Si me marcho, ¿qué mensaje enviaría a los millones de personas que apoyan a Palestina? Que no luché", señaló. Además, su esposa y su hijo son ciudadanos estadounidenses. "Adoro Nueva York y creo en esa idea de que Estados Unidos es la tierra de la libertad", afirmó, aunque reconoce que esa creencia está siendo puesta a prueba.

La biografía de Khalil explica en parte su compromiso político. Nació en un campo de refugiados para palestinos en Siria, donde participó en protestas contra el régimen de Bachar el Asad. La desposesión de la tierra y la injusticia han marcado profundamente su vida. "Nunca pensé que el mundo fuera un lugar justo. Crecí con la sensación de que todos nos habían dado la espalda. Mis abuelos siempre confiaron en volver a Palestina. Verlos morir en Siria, tras pasar la segunda mitad de sus vidas en un campo de refugiados con tiendas de campaña y casas de barro, hizo crecer en mí la sensación de injusticia", relató.

Cuando se le preguntó si temía represalias al participar en las protestas de 2024 en Estados Unidos, Khalil admitió haber calculado mal los riesgos. "Oh, no, no. Claramente, lo calculé muy mal. Porque no estaba haciendo nada malo. Y además pensé que mi papel como negociador supondría un riesgo muy inferior al de los organizadores de las protestas. Nunca quise ser la cara del movimiento por Palestina", explicó.

Sobre por qué fue elegido como objetivo, Khalil cree que fue "pura coincidencia". "Buscaban alguien con quien dar un ejemplo. Alguien que no tuviera las protecciones de otros manifestantes. Pensaban que al ser palestino no lucharía. Y esa persona fui yo", afirmó.

El caso de Khalil ocurre en un contexto de tensión política en Estados Unidos. Trump se presentó a la campaña de 2024 como defensor de la libertad de expresión frente a lo que denominó "dictadura woke", pero casos como el de Khalil cuestionan esa narrativa. Khalil señala que precisamente por eso su caso ha tenido tanto impacto entre estadounidenses. "Fue la advertencia de cómo se iba a usar a Palestina como un caballo de Troya para atacar a otros", indicó.

Khalil también vincula el resultado electoral de 2024 a la política de Gaza. "Gran parte de la derrota de Kamala Harris se debió a la política de Biden en Gaza. Y este va a ser un tema clave para cualquier candidato presidencial en 2028", predijo.

Respecto a las protestas en Columbia, Khalil describe la represión como "enorme". "Hubo cientos de estudiantes expulsados o suspendidos. El FBI realizó redadas en domicilios. Columbia colaboró con el Gobierno para coartar la libertad. No creo que, en su historia reciente, Estados Unidos haya infligido tal grado de violencia contra su propia gente", opinó.

El caso permanece en suspenso legal. Khalil vive bajo la amenaza constante de deportación, sin poder hacer planes a largo plazo. "Tengo sobre mí todo el peso de la Administración de Donald Trump, intentando deportarme como sea", afirmó. Su lucha legal continúa mientras el Tribunal Supremo aún no se ha pronunciado sobre su caso, y la Administración Trump presiona por una deportación acelerada.

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