Internacional

Más de 10 millones de menores en África y Asia sufrieron abuso sexual digital en un año

Entre 2020 y 2021, más de 10 millones de menores de edad en África y Asia fueron víctimas de algún tipo de abuso sexual digital, según revela un estudio publicado en la revista Nature. Uno de cada seis jóvenes de entre 12 y 17 años sufrió extorsión, chantaje o recibió imágenes sexuales no deseadas, según la investigación basada en encuestas a 11.912 menores en 12 países de ambos continentes.

INTERNACIONAL27 MAY 2026

Un estudio publicado este miércoles en la revista Nature revela que más de 10 millones de menores en África y Asia sufrieron abuso sexual digital en un solo año, entre 2020 y 2021. La investigación, liderada por Sakshi Ghai de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, advierte que las cifras podrían representar apenas una aproximación al problema real, que podría haberse agravado tras cinco años, especialmente con la expansión de tecnologías como la inteligencia artificial generativa, según la autora principal del estudio.

La investigación se basa en encuestas representativas a nivel nacional realizadas en 12 países: Etiopía, Kenia, Mozambique, Namibia, Tanzania, Uganda, Camboya, Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. En total participaron 11.912 personas de entre 12 y 17 años, según datos recopilados por el proyecto Disrupting Harm, realizado por Unicef Innocenti, la organización ECPAT y la Interpol.

Los investigadores encontraron que cerca del 10 por ciento de los menores recibió imágenes sexuales no deseadas y un 8 por ciento comentarios sexuales, según el estudio. Un 5 por ciento fue presionado para mantener conversaciones de este tipo y alrededor del 3 por ciento sufrió chantaje o difusión no consentida de imágenes íntimas. La prevalencia fue casi idéntica para chicas y chicos, con un 16,9 por ciento de niños y un 17 por ciento de niñas afectados, según datos de la investigación.

Las entrevistas a los menores se realizaron cara a cara para generar confianza, mientras que las preguntas más sensibles sobre sexo y violencia sexual fueron completadas por los menores a través de tabletas o teléfonos, según explicó Ghai.

Entre las formas más comunes de abuso sexual digital están la recepción de imágenes de contenido sexual no deseado, que afectó al 10 por ciento de los encuestados; los comentarios incómodos sobre sexo, recibidos por un 8 por ciento; conversaciones sexuales forzadas, que sufrió un 5 por ciento; peticiones de actos sexuales de forma explícita, reportadas por un 4 por ciento; y solicitud de material visual íntimo, también en un 4 por ciento de los casos, según el estudio.

Además, el 3 por ciento de los niños preguntados confesó haber recibido peticiones para tener encuentros sexuales físicos a cambio de dinero o regalos; otro 3 por ciento para enviar imágenes sexuales a cambio de recompensas; un 3 por ciento indicó que se compartieron imágenes sexuales suyas sin su permiso, y la misma cifra dijo haber sido víctima de extorsión o chantaje sexual en línea, según los datos recopilados.

Las cifras varían significativamente entre países. En Vietnam, el porcentaje de menores afectados fue del 5,5 por ciento, mientras que en Filipinas alcanzó el 29 por ciento, según la investigación. Los autores señalan que, aunque los números varían, cualquiera de estos escenarios provoca graves daños psicológicos, emocionales e incluso físicos en los menores de edad.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que los menores no revelaron el 51 por ciento de los incidentes, según el estudio. La barrera más frecuente fue que "no sabían adónde ir", según señaló Ghai. Cuando los menores sí revelaban los abusos, tendían a contárselo a amigos en lugar de recurrir a canales formales como la policía, debido a la falta de conocimiento sobre dónde buscar ayuda. Los niños más mayores fueron los menos propensos a revelar los casos de abuso, según los datos.

Los investigadores encontraron que los niños con mayor acompañamiento parental y con conocimientos sobre dónde buscar ayuda tenían más probabilidades de contar lo ocurrido. "Los entornos familiares seguros y las conversaciones abiertas sobre seguridad en línea fomentan la confianza para que los jóvenes den un paso adelante", explicó Ghai.

Este patrón de reporte del abuso es optimista respecto a estudios previos, que estiman que entre el 50 y el 80 por ciento de los menores víctimas de abuso sexual infantil no reportan dichas experiencias durante la infancia, según la investigación.

El estudio destaca una desigualdad estructural en la investigación sobre seguridad digital infantil. La mayoría de los estudios se han concentrado históricamente en países ricos, mientras que África y gran parte de Asia permanecían prácticamente fuera del radar académico, aunque son precisamente estas regiones las que concentran algunas de las poblaciones infantiles más numerosas, según señala la investigación. En África, más del 60 por ciento de sus habitantes tienen menos de 25 años y se proyecta que la población se duplicará para 2050, según Naciones Unidas.

"La conversación sobre daños digitales ha estado dominada por unos pocos países occidentales. Tener un conjunto de datos como este, que representa otras partes del mundo, es importante para mostrar qué tan global y frecuente es el problema", afirmó Ghai.

Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos Digitales de Unicef España, señaló que el hecho de que los menores estén conectados a plataformas globales provoca que se enfrenten a problemas similares, pero con el agravante de que debe añadirse el resto de vulnerabilidades a los que están expuestos. "En entornos de pobreza, de falta de estructuración familiar o falta de sistemas de protección más desarrollados, los efectos son aún más perniciosos", subrayó.

Ghai advirtió que la responsabilidad no puede recaer únicamente en las familias o en los propios menores. "Los jóvenes y las familias no pueden soportar solos esta carga", afirmó. Por eso reclama una respuesta coordinada entre gobiernos, empresas tecnológicas, fuerzas de seguridad y sistemas educativos.

"Gran parte de esto ocurre en plataformas específicas y todavía no analizamos suficientemente cómo responden las empresas tecnológicas o qué hacen para crear entornos seguros", sostuvo la investigadora. Para Guadix, los intentos reguladores siguen siendo insuficientes. "Aún no es sencillo verificar la edad de acceso a sus servicios y, desde luego, no están adaptados a los desarrollos madurativos que les permitan hacer un uso adecuado", sostuvo.

Jorge Flores, director y fundador de Pantallas Amigas, una iniciativa por el uso seguro de la web, afirmó que "internet es una herramienta con la que es muy fácil hacer mucho daño". Advirtió que uno de los errores más frecuentes por parte de las familias es entregar dispositivos móviles demasiado pronto y sin preparación previa. "El smartphone hoy supone un grado de autonomía mayor. Se entrega muy temprano y sin un plan", comentó.

Flores señaló que la prevención temprana en el hogar y en la escuela es un factor de protección importante, "pero no siempre se hace con la dedicación adecuada". "Hay familias que no se preocupan lo suficiente; hay familias que se preocupan, y son menos las que realmente se ocupan", apuntó.

Ghai insistió en que las próximas investigaciones deben incorporar con más profundidad las desigualdades que atraviesan a la infancia en distintas regiones del mundo. "Tenemos que entender cómo influyen factores como la pobreza, la migración, la etnicidad o la orientación sexual y cómo los agresores explotan esas vulnerabilidades", señaló.

Pablo Romero, investigador en Derecho y Criminología, señaló en una reacción recogida por Science Media Centre que "estamos ante un estudio robusto que ofrece una fotografía importante para entender el estado del abuso sexual digital a los niños en una región donde no existe tanta evidencia disponible como en otras zonas del mundo".

"Uno de los principales hallazgos de este estudio es la confirmación de que el abuso sexual infantil, ya sea físico o digital, no es una problemática que afecte de forma específica o única a niñas, sino que se trata de un problema transversal que impacta a niños y niñas casi por igual", añadió Romero.

Marta Ferragut, investigadora en psicología de la Universidad de Málaga, señaló que "el entorno mediado por la tecnología ha demostrado ser de gran vulnerabilidad debido a la posibilidad de anonimato para los agresores y de acceso a cualquier víctima potencial desde kilómetros de distancia y en la intimidad de los hogares, lo que proporciona una falsa sensación de seguridad".

Flores alertó de que los desafíos digitales evolucionan cada vez más rápido. "Ahora hablamos de inteligencia artificial, deepfakes y nuevas formas de manipulación. Los riesgos crecen en diversidad y velocidad", alertó.

Ghai concluyó que "el desafío se está intensificando. La IA generativa y los deepfakes se usan para producir material de abuso sexual infantil más rápido de lo que los sistemas de protección pueden responder. Urge una acción coordinada entre gobiernos y empresas tecnológicas para fortalecer la seguridad digital".

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27 may 2026
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Un estudio publicado este miércoles en la revista Nature revela que más de 10 millones de menores en África y Asia sufrieron abuso sexual digital en un solo año, entre 2020 y 2021. La investigación, liderada por Sakshi Ghai de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, advierte que las cifras podrían representar apenas una aproximación al problema real, que podría haberse agravado tras cinco años, especialmente con la expansión de tecnologías como la inteligencia artificial generativa, según la autora principal del estudio.

La investigación se basa en encuestas representativas a nivel nacional realizadas en 12 países: Etiopía, Kenia, Mozambique, Namibia, Tanzania, Uganda, Camboya, Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. En total participaron 11.912 personas de entre 12 y 17 años, según datos recopilados por el proyecto Disrupting Harm, realizado por Unicef Innocenti, la organización ECPAT y la Interpol.

Los investigadores encontraron que cerca del 10 por ciento de los menores recibió imágenes sexuales no deseadas y un 8 por ciento comentarios sexuales, según el estudio. Un 5 por ciento fue presionado para mantener conversaciones de este tipo y alrededor del 3 por ciento sufrió chantaje o difusión no consentida de imágenes íntimas. La prevalencia fue casi idéntica para chicas y chicos, con un 16,9 por ciento de niños y un 17 por ciento de niñas afectados, según datos de la investigación.

Las entrevistas a los menores se realizaron cara a cara para generar confianza, mientras que las preguntas más sensibles sobre sexo y violencia sexual fueron completadas por los menores a través de tabletas o teléfonos, según explicó Ghai.

Entre las formas más comunes de abuso sexual digital están la recepción de imágenes de contenido sexual no deseado, que afectó al 10 por ciento de los encuestados; los comentarios incómodos sobre sexo, recibidos por un 8 por ciento; conversaciones sexuales forzadas, que sufrió un 5 por ciento; peticiones de actos sexuales de forma explícita, reportadas por un 4 por ciento; y solicitud de material visual íntimo, también en un 4 por ciento de los casos, según el estudio.

Además, el 3 por ciento de los niños preguntados confesó haber recibido peticiones para tener encuentros sexuales físicos a cambio de dinero o regalos; otro 3 por ciento para enviar imágenes sexuales a cambio de recompensas; un 3 por ciento indicó que se compartieron imágenes sexuales suyas sin su permiso, y la misma cifra dijo haber sido víctima de extorsión o chantaje sexual en línea, según los datos recopilados.

Las cifras varían significativamente entre países. En Vietnam, el porcentaje de menores afectados fue del 5,5 por ciento, mientras que en Filipinas alcanzó el 29 por ciento, según la investigación. Los autores señalan que, aunque los números varían, cualquiera de estos escenarios provoca graves daños psicológicos, emocionales e incluso físicos en los menores de edad.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que los menores no revelaron el 51 por ciento de los incidentes, según el estudio. La barrera más frecuente fue que "no sabían adónde ir", según señaló Ghai. Cuando los menores sí revelaban los abusos, tendían a contárselo a amigos en lugar de recurrir a canales formales como la policía, debido a la falta de conocimiento sobre dónde buscar ayuda. Los niños más mayores fueron los menos propensos a revelar los casos de abuso, según los datos.

Los investigadores encontraron que los niños con mayor acompañamiento parental y con conocimientos sobre dónde buscar ayuda tenían más probabilidades de contar lo ocurrido. "Los entornos familiares seguros y las conversaciones abiertas sobre seguridad en línea fomentan la confianza para que los jóvenes den un paso adelante", explicó Ghai.

Este patrón de reporte del abuso es optimista respecto a estudios previos, que estiman que entre el 50 y el 80 por ciento de los menores víctimas de abuso sexual infantil no reportan dichas experiencias durante la infancia, según la investigación.

El estudio destaca una desigualdad estructural en la investigación sobre seguridad digital infantil. La mayoría de los estudios se han concentrado históricamente en países ricos, mientras que África y gran parte de Asia permanecían prácticamente fuera del radar académico, aunque son precisamente estas regiones las que concentran algunas de las poblaciones infantiles más numerosas, según señala la investigación. En África, más del 60 por ciento de sus habitantes tienen menos de 25 años y se proyecta que la población se duplicará para 2050, según Naciones Unidas.

"La conversación sobre daños digitales ha estado dominada por unos pocos países occidentales. Tener un conjunto de datos como este, que representa otras partes del mundo, es importante para mostrar qué tan global y frecuente es el problema", afirmó Ghai.

Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos Digitales de Unicef España, señaló que el hecho de que los menores estén conectados a plataformas globales provoca que se enfrenten a problemas similares, pero con el agravante de que debe añadirse el resto de vulnerabilidades a los que están expuestos. "En entornos de pobreza, de falta de estructuración familiar o falta de sistemas de protección más desarrollados, los efectos son aún más perniciosos", subrayó.

Ghai advirtió que la responsabilidad no puede recaer únicamente en las familias o en los propios menores. "Los jóvenes y las familias no pueden soportar solos esta carga", afirmó. Por eso reclama una respuesta coordinada entre gobiernos, empresas tecnológicas, fuerzas de seguridad y sistemas educativos.

"Gran parte de esto ocurre en plataformas específicas y todavía no analizamos suficientemente cómo responden las empresas tecnológicas o qué hacen para crear entornos seguros", sostuvo la investigadora. Para Guadix, los intentos reguladores siguen siendo insuficientes. "Aún no es sencillo verificar la edad de acceso a sus servicios y, desde luego, no están adaptados a los desarrollos madurativos que les permitan hacer un uso adecuado", sostuvo.

Jorge Flores, director y fundador de Pantallas Amigas, una iniciativa por el uso seguro de la web, afirmó que "internet es una herramienta con la que es muy fácil hacer mucho daño". Advirtió que uno de los errores más frecuentes por parte de las familias es entregar dispositivos móviles demasiado pronto y sin preparación previa. "El smartphone hoy supone un grado de autonomía mayor. Se entrega muy temprano y sin un plan", comentó.

Flores señaló que la prevención temprana en el hogar y en la escuela es un factor de protección importante, "pero no siempre se hace con la dedicación adecuada". "Hay familias que no se preocupan lo suficiente; hay familias que se preocupan, y son menos las que realmente se ocupan", apuntó.

Ghai insistió en que las próximas investigaciones deben incorporar con más profundidad las desigualdades que atraviesan a la infancia en distintas regiones del mundo. "Tenemos que entender cómo influyen factores como la pobreza, la migración, la etnicidad o la orientación sexual y cómo los agresores explotan esas vulnerabilidades", señaló.

Pablo Romero, investigador en Derecho y Criminología, señaló en una reacción recogida por Science Media Centre que "estamos ante un estudio robusto que ofrece una fotografía importante para entender el estado del abuso sexual digital a los niños en una región donde no existe tanta evidencia disponible como en otras zonas del mundo".

"Uno de los principales hallazgos de este estudio es la confirmación de que el abuso sexual infantil, ya sea físico o digital, no es una problemática que afecte de forma específica o única a niñas, sino que se trata de un problema transversal que impacta a niños y niñas casi por igual", añadió Romero.

Marta Ferragut, investigadora en psicología de la Universidad de Málaga, señaló que "el entorno mediado por la tecnología ha demostrado ser de gran vulnerabilidad debido a la posibilidad de anonimato para los agresores y de acceso a cualquier víctima potencial desde kilómetros de distancia y en la intimidad de los hogares, lo que proporciona una falsa sensación de seguridad".

Flores alertó de que los desafíos digitales evolucionan cada vez más rápido. "Ahora hablamos de inteligencia artificial, deepfakes y nuevas formas de manipulación. Los riesgos crecen en diversidad y velocidad", alertó.

Ghai concluyó que "el desafío se está intensificando. La IA generativa y los deepfakes se usan para producir material de abuso sexual infantil más rápido de lo que los sistemas de protección pueden responder. Urge una acción coordinada entre gobiernos y empresas tecnológicas para fortalecer la seguridad digital".

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