Más del 92% de los misiles balísticos rusos impactan en Ucrania por falta de sistemas Patriot
Las defensas aéreas de Ucrania enfrentan una grave vulnerabilidad ante los misiles balísticos rusos, con una tasa de impacto superior al 92% en los últimos ataques contra Kiev, según datos de las autoridades ucranianas. De 53 proyectiles balísticos lanzados en los dos últimos grandes bombardeos del jueves pasado y este lunes, 49 alcanzaron sus objetivos, evidenciando la escasez crítica de sistemas antimisiles Patriot estadounidenses que el país necesita para defenderse.
La industria de defensa ucraniana ha experimentado una transformación notable desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, logrando fabricar en serie armas modernas, efectivas y económicas, especialmente drones de diversos tipos. Sin embargo, esta revolución armamentística no logra compensar una carencia crítica: la capacidad para interceptar misiles balísticos rusos.
Las cifras son contundentes. En el ataque del pasado jueves, 20 de los 24 misiles balísticos lanzados por Rusia impactaron sus objetivos, según las autoridades de Kiev. Este lunes, la situación fue aún más grave: de 29 misiles balísticos recibidos, las defensas ucranianas no lograron interceptar ninguno. El bombardeo dejó una veintena de muertos en la capital ucraniana, según la fuente.
"La tasa de éxito es baja, por no decir otra cosa. Para derribar misiles balísticos, se necesitan los medios adecuados", declaró el portavoz de las Fuerzas Aéreas ucranianas, Yurii Ihnat, en la televisión local el lunes por la mañana, mientras los equipos de emergencia continuaban buscando cadáveres entre los escombros.
En la última semana, Ucrania ha enfrentado aproximadamente 2.200 drones de ataque, más de 1.730 bombas aéreas y 106 misiles, según datos de las autoridades. Los sistemas defensivos ucranianos han demostrado efectividad interceptando alrededor del 90% de los drones, así como una gran proporción de misiles de crucero y drones Shahed de origen iraní. Pero esta capacidad no se extiende a los misiles balísticos.
**La escasez global de sistemas Patriot**
El sistema de defensa estadounidense Patriot, especialmente los modelos PAC 2 y PAC 3, representa la principal herramienta para hacer frente a misiles balísticos. Sin embargo, su adquisición enfrenta obstáculos que van más allá del precio: cada unidad PAC 3 cuesta aproximadamente cuatro millones de dólares (unos 3,5 millones de euros), mientras que cada batería de lanzamiento asciende a unos 1.000 millones de dólares (unos 875 millones de euros), según la fuente.
"El mayor problema en la actualidad es la guerra contra Irán, para la que se están empleando gran cantidad de estos misiles Patriots", alertó Oleksiy Melnyk, exmilitar ucraniano y director del Centro Razumkov. Según Melnyk, el mundo entero y los aliados de Kiev enfrentan una escasez de Patriots, especialmente del tipo PAC 3, considerados los mejores para interceptar misiles balísticos.
"La industria estadounidense no es capaz de producir lo suficiente para reponer dichas existencias y, además, Ucrania no figura entre sus prioridades", reconoció Melnyk en conversación telefónica. Incluso en el mejor escenario, Ucrania podría desarrollar un arma similar dentro de seis meses, pero solo si se le transfiriera la tecnología necesaria.
Christian D. Villanueva, director de la revista Ejércitos, confirmó que el misil Patriot se produce en menor cantidad de la que los actuales conflictos demandan. "Por mucho que Europa quiera meter dinero a través del PURL (Lista de Requerimientos Prioritarios de Ucrania, en sus siglas en inglés), Patriot se hacen los que se hacen", explicó Villanueva, destacando que no se trata solo del misil, sino de todo el sistema: radares, vehículos, baterías, licencias y cadena de montaje.
**El factor Trump y las restricciones estadounidenses**
El regreso de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en enero de 2025 vino acompañado de nuevas restricciones en la cesión de armamento a Kiev, según la fuente. Simultáneamente, el conflicto en Oriente Próximo ha intensificado, llevando a Washington a reclamar para su propio ejército las cantidades necesarias para hacer frente a las amenazas derivadas de su implicación, especialmente en los ataques contra Irán.
Todo el proceso de adquisición depende de la normativa de exportaciones y licencias de Estados Unidos, e incluso de la presencia de expertos ucranianos en territorio estadounidense, lo que llevaría "bastantes meses", según Villanueva. El director de Ejércitos concluyó que, pese a las presiones de Bruselas o de la OTAN, todo depende esencialmente del visto bueno de Trump, por lo que "Europa tiene poco que hacer".
Como ejemplo de los retrasos en la producción, España tiene cinco baterías Patriot encargadas cuya entrega se ha ido demorando y, por el momento, no las tendrá antes de 2031, según la fuente. No obstante, consciente de las necesidades de Kiev, Madrid anunció a Zelenski en marzo, durante su última visita a España, la entrega de cinco misiles Patriot modelo PAC 2.
**Los reclamos de Zelenski**
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha convertido la petición de sistemas antimisiles en un reclamo casi diario dirigido a sus aliados y a Estados Unidos. Este lunes, víspera de la cumbre de la OTAN y coincidiendo con el último bombardeo ruso sobre Kiev, el mandatario volvió a lamentar la situación.
"Nuestros combatientes han obtenido hoy buenos resultados al derribar drones y misiles de crucero, pero, lamentablemente, no contra los misiles balísticos rusos. La razón es, precisamente, el suministro insuficiente de misiles interceptores", escribió en sus redes sociales. "Es muy importante que el mundo —en primer lugar, Estados Unidos y nuestros socios europeos— salga de la cumbre de la OTAN en Ankara con decisiones firmes para apoyar nuestra defensa aérea y, por lo tanto, la defensa de las vidas de la gente corriente", añadió.
Zelenski concluyó su mensaje con una advertencia: "Mientras los misiles Patriot permanezcan en los almacenes de los aliados, esto no hace más que animar a Rusia a seguir atacando edificios residenciales".
El portavoz Ihnat coincidió con el análisis del presidente: "Rusia está aprovechando el hecho de que Ucrania —y, de hecho, el mundo entero— se enfrenta a una grave escasez de misiles interceptores. Por eso, está centrando cada vez más sus ataques en el uso de misiles balísticos".
**La búsqueda de soluciones alternativas**
Melnyk considera que la "verdadera solución" no pasa únicamente por los interceptores antimisiles, sino también por facilitar a Ucrania misiles de largo alcance tipo Tomahawk, con alcance de hasta 2.500 kilómetros, o similares, capaces de eliminar la capacidad de Rusia de efectuar ataques como los de los últimos días.
Esta propuesta apunta a una estrategia ofensiva que complementaría las capacidades defensivas, permitiendo a Ucrania atacar las plataformas de lanzamiento rusas antes de que puedan disparar sus misiles balísticos. Sin embargo, la transferencia de este tipo de armamento enfrenta obstáculos políticos y estratégicos similares a los de los sistemas Patriot.
El Gobierno y el ejército de Ucrania, que han sorprendido a los rusos con la evolución de una parte importante de su arsenal, reconocen que no son capaces con las armas de las que disponen de hacer frente a los misiles de ataque que está empleando Moscú. Esta admisión pública subraya la urgencia de la situación y la presión que Kiev ejerce sobre sus aliados occidentales.
**Implicaciones y perspectivas**
La vulnerabilidad de Ucrania ante los misiles balísticos rusos representa un punto de inflexión en el conflicto. Mientras las defensas aéreas ucranianas han demostrado notable efectividad contra drones y misiles de crucero, la incapacidad para interceptar misiles balísticos deja a la población civil expuesta a bombardeos devastadores.
La escasez global de sistemas Patriot, agravada por la demanda simultánea en múltiples teatros de operaciones —especialmente Oriente Próximo— y las limitaciones de producción de la industria estadounidense, sugiere que esta vulnerabilidad persistirá en el corto y mediano plazo. La cumbre de la OTAN en Ankara representa una oportunidad para que los aliados de Ucrania aborden esta carencia crítica, aunque las restricciones impuestas por la administración Trump y las prioridades estratégicas de Estados Unidos complican cualquier solución rápida.
La situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la defensa ucraniana ante una estrategia rusa que, según los expertos consultados, está adaptándose para explotar precisamente esta debilidad. Con Rusia centrando cada vez más sus ataques en misiles balísticos, la presión sobre los aliados occidentales para proporcionar sistemas antimisiles o alternativas estratégicas continuará intensificándose.




