Misiones de paz de la ONU enfrentan crisis financiera con recortes del 40% en presupuesto y personal
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Misiones de paz de la ONU enfrentan crisis financiera con recortes del 40% en presupuesto y personal

Las operaciones de mantenimiento de paz de Naciones Unidas atraviesan su peor crisis financiera en una década, con un déficit de 1.878 millones de euros y una reducción del 49% en personal desplegado desde 2016, según datos del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo. El presupuesto actual de 4.718 millones de euros es el más bajo en 10 años, mientras misiones críticas como la de Sudán del Sur han perdido más de 4.300 militares en meses recientes, comprometiendo la protección de civiles en zonas de conflicto activo.

INTERNACIONAL4 JUL 2026

El deterioro de las misiones de paz multilaterales alcanza niveles críticos. Según el informe publicado en mayo por el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (Sipri), actualmente hay 78.633 militares, policías y civiles desplegados en operaciones de paz en 58 misiones distribuidas en 34 países o territorios, una cifra 17% inferior a la del año anterior.

La caída se acelera al ampliar la perspectiva temporal: el número de trabajadores en estas misiones es hoy 49% inferior al de hace una década, según el Sipri. El último presupuesto de Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz fue de 4.718 millones de euros, el más bajo en 10 años. En 2016, esa partida rondaba los 7.000 millones de euros.

El departamento de operaciones de paz de Naciones Unidas arrastra un agujero de aproximadamente 1.878 millones de euros en deudas pendientes de pago por parte de los Estados contribuyentes, según confirmó la organización a El País tras la publicación del informe del Sipri. Esta cifra representa casi el 40% del presupuesto en curso. Entre los morosos se encuentra Estados Unidos, el mayor contribuyente de la organización.

**Crisis en Sudán del Sur**

La misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (Unmiss) ejemplifica la gravedad de la situación. Priyanka Chowdhury, portavoz de la misión, lleva siete años trabajando en el país africano más joven del mundo y describe el desafío como "extremo" ante el recorte de fondos para los algo más de 12.000 trabajadores de la ONU desplegados allí.

Esta cifra resulta de la repatriación en los últimos meses de más de 4.300 militares, según Chowdhury. La situación de seguridad en Sudán del Sur es difícil: la violencia entre los partidarios del presidente Salva Kiir y Riek Machar, antiguo vicepresidente actualmente en prisión acusado de asesinato, traición y crímenes contra la humanidad, amenaza con recobrar el conflicto civil que arrasó la década pasada una de las tierras más pobres del planeta.

"Tuvimos que cerrar nuestras oficinas en terreno en Aweil y Torit, mientras que en Rumbek y Kuajok la presencia es exclusivamente militar", explicó Chowdhury. La protección de civiles, pilar fundamental de las misiones de paz, sufre las consecuencias. Las primeras elecciones desde la independencia en 2011 se celebrarán en diciembre, mientras la violencia política continúa en auge.

**Plan de ajuste del 25% en personal**

Debido al creciente déficit en las arcas de la ONU, en octubre la organización puso en marcha un plan de recorte equivalente al 15% de sus gastos totales, según la fuente. El número de trabajadores tenía que reducirse un 25%, lo que llevó al cierre de oficinas regionales y bases, y al envío a casa de soldados y civiles.

Un funcionario de operaciones de paz de la ONU admitió que hay elementos que no volverán, aunque otros se han reorganizado para mantener su función por si el financiamiento se restablece. Sin embargo, esta hipótesis es compleja considerando que las cuentas para el periodo 2026-2027, actualmente en negociación, sufrirán previsiblemente otro recorte.

**Impacto operativo en múltiples misiones**

Jean-Pierre Lacroix, secretario general adjunto de Naciones Unidas para Operaciones de Paz, citó en un texto enviado a la prensa a principios de junio varios ejemplos de las consecuencias de la pérdida de capacidad por el recorte en los fondos.

En la República Democrática del Congo, donde la misión cierra a finales de año, las actividades de patrullaje han disminuido un 30%, condicionando el acceso a zonas remotas y de alto riesgo, según Lacroix. En el Sáhara Occidental, los recortes han limitado la capacidad de la misión para observar simultáneamente múltiples áreas, con lo que crece el riesgo de que algunas violaciones pasen inadvertidas.

En República Centroafricana, la Minusca, la misión con sello de la ONU con más personal (17.885 entre militares, civiles y voluntarios), la reducción de vuelos ha constreñido la vigilancia en zonas apartadas, según Lacroix.

**Crisis del multilateralismo en paz y seguridad**

La falta de liquidez no afecta únicamente a Naciones Unidas, que mantiene 18 misiones activas. Según el Sipri, también se han ajustado el cinturón misiones de la Unión Africana ante la caída de fondos europeos, y de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que aprobó recientemente un recorte en el presupuesto de alrededor del 10%.

La omisión del deber ante la paz por parte de los contribuyentes no es equitativa. Cada misión tiene su presupuesto, que los Estados deben nutrir. Hay operaciones más mediáticas o relevantes para las grandes potencias, como la de Líbano (Unifil), que concluye a final de año pese al conflicto entre Hezbolá e Israel, y otras, como las desarrolladas en África, con menos tirón en las finanzas y en la opinión pública.

El modelo de misiones de paz multilaterales está cuestionado desde hace décadas y sujeto ahora a un nuevo repunte de la polarización internacional. Muestra de ello fue el cierre hace dos años de la misión en Malí, gobernado por una junta militar con el apoyo de Rusia, o la cercana clausura de Unifil, pese a que su mandato aún sea válido.

**Nuevos modelos bilaterales de intervención**

En este contexto surgen nuevos modelos bilaterales de intervención en conflictos, como el despliegue de fuerzas de Ruanda en República Centroafricana o Mozambique, de Emiratos Árabes Unidos en Somalia o de Uganda en Congo, así como alianzas ad hoc originales al estilo de la Fuerza para la Eliminación de Pandillas en Haití (GSF), autorizada por Naciones Unidas y apoyada por un grupo de países encabezados por Estados Unidos, incluyendo Canadá, Jamaica, Bahamas, El Salvador, Kenia y Sri Lanka.

"Si las cosas continúan así, podríamos presenciar un debilitamiento drástico de la gestión multilateral de conflictos y la marginación casi total de instituciones como Naciones Unidas", afirmó Jair van der Lijn, del Sipri. Cuesta pensar que la ONU tenga papel alguno en la gestión de posguerra de contiendas tan difíciles como la de Gaza o Ucrania, según el análisis.

"Es probable que esto derive en un aumento de los conflictos, y que estos tengan consecuencias aún más graves para la población civil, dado que los Estados abandonan normas arraigadas", continuó Van der Lijn. Sudán del Sur, Haití o Líbano serán, desafortunadamente, los próximos bancos de prueba de esta crisis del multilateralismo en materia de paz y seguridad.

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4 jul 2026
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El deterioro de las misiones de paz multilaterales alcanza niveles críticos. Según el informe publicado en mayo por el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (Sipri), actualmente hay 78.633 militares, policías y civiles desplegados en operaciones de paz en 58 misiones distribuidas en 34 países o territorios, una cifra 17% inferior a la del año anterior.

La caída se acelera al ampliar la perspectiva temporal: el número de trabajadores en estas misiones es hoy 49% inferior al de hace una década, según el Sipri. El último presupuesto de Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz fue de 4.718 millones de euros, el más bajo en 10 años. En 2016, esa partida rondaba los 7.000 millones de euros.

El departamento de operaciones de paz de Naciones Unidas arrastra un agujero de aproximadamente 1.878 millones de euros en deudas pendientes de pago por parte de los Estados contribuyentes, según confirmó la organización a El País tras la publicación del informe del Sipri. Esta cifra representa casi el 40% del presupuesto en curso. Entre los morosos se encuentra Estados Unidos, el mayor contribuyente de la organización.

**Crisis en Sudán del Sur**

La misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (Unmiss) ejemplifica la gravedad de la situación. Priyanka Chowdhury, portavoz de la misión, lleva siete años trabajando en el país africano más joven del mundo y describe el desafío como "extremo" ante el recorte de fondos para los algo más de 12.000 trabajadores de la ONU desplegados allí.

Esta cifra resulta de la repatriación en los últimos meses de más de 4.300 militares, según Chowdhury. La situación de seguridad en Sudán del Sur es difícil: la violencia entre los partidarios del presidente Salva Kiir y Riek Machar, antiguo vicepresidente actualmente en prisión acusado de asesinato, traición y crímenes contra la humanidad, amenaza con recobrar el conflicto civil que arrasó la década pasada una de las tierras más pobres del planeta.

"Tuvimos que cerrar nuestras oficinas en terreno en Aweil y Torit, mientras que en Rumbek y Kuajok la presencia es exclusivamente militar", explicó Chowdhury. La protección de civiles, pilar fundamental de las misiones de paz, sufre las consecuencias. Las primeras elecciones desde la independencia en 2011 se celebrarán en diciembre, mientras la violencia política continúa en auge.

**Plan de ajuste del 25% en personal**

Debido al creciente déficit en las arcas de la ONU, en octubre la organización puso en marcha un plan de recorte equivalente al 15% de sus gastos totales, según la fuente. El número de trabajadores tenía que reducirse un 25%, lo que llevó al cierre de oficinas regionales y bases, y al envío a casa de soldados y civiles.

Un funcionario de operaciones de paz de la ONU admitió que hay elementos que no volverán, aunque otros se han reorganizado para mantener su función por si el financiamiento se restablece. Sin embargo, esta hipótesis es compleja considerando que las cuentas para el periodo 2026-2027, actualmente en negociación, sufrirán previsiblemente otro recorte.

**Impacto operativo en múltiples misiones**

Jean-Pierre Lacroix, secretario general adjunto de Naciones Unidas para Operaciones de Paz, citó en un texto enviado a la prensa a principios de junio varios ejemplos de las consecuencias de la pérdida de capacidad por el recorte en los fondos.

En la República Democrática del Congo, donde la misión cierra a finales de año, las actividades de patrullaje han disminuido un 30%, condicionando el acceso a zonas remotas y de alto riesgo, según Lacroix. En el Sáhara Occidental, los recortes han limitado la capacidad de la misión para observar simultáneamente múltiples áreas, con lo que crece el riesgo de que algunas violaciones pasen inadvertidas.

En República Centroafricana, la Minusca, la misión con sello de la ONU con más personal (17.885 entre militares, civiles y voluntarios), la reducción de vuelos ha constreñido la vigilancia en zonas apartadas, según Lacroix.

**Crisis del multilateralismo en paz y seguridad**

La falta de liquidez no afecta únicamente a Naciones Unidas, que mantiene 18 misiones activas. Según el Sipri, también se han ajustado el cinturón misiones de la Unión Africana ante la caída de fondos europeos, y de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que aprobó recientemente un recorte en el presupuesto de alrededor del 10%.

La omisión del deber ante la paz por parte de los contribuyentes no es equitativa. Cada misión tiene su presupuesto, que los Estados deben nutrir. Hay operaciones más mediáticas o relevantes para las grandes potencias, como la de Líbano (Unifil), que concluye a final de año pese al conflicto entre Hezbolá e Israel, y otras, como las desarrolladas en África, con menos tirón en las finanzas y en la opinión pública.

El modelo de misiones de paz multilaterales está cuestionado desde hace décadas y sujeto ahora a un nuevo repunte de la polarización internacional. Muestra de ello fue el cierre hace dos años de la misión en Malí, gobernado por una junta militar con el apoyo de Rusia, o la cercana clausura de Unifil, pese a que su mandato aún sea válido.

**Nuevos modelos bilaterales de intervención**

En este contexto surgen nuevos modelos bilaterales de intervención en conflictos, como el despliegue de fuerzas de Ruanda en República Centroafricana o Mozambique, de Emiratos Árabes Unidos en Somalia o de Uganda en Congo, así como alianzas ad hoc originales al estilo de la Fuerza para la Eliminación de Pandillas en Haití (GSF), autorizada por Naciones Unidas y apoyada por un grupo de países encabezados por Estados Unidos, incluyendo Canadá, Jamaica, Bahamas, El Salvador, Kenia y Sri Lanka.

"Si las cosas continúan así, podríamos presenciar un debilitamiento drástico de la gestión multilateral de conflictos y la marginación casi total de instituciones como Naciones Unidas", afirmó Jair van der Lijn, del Sipri. Cuesta pensar que la ONU tenga papel alguno en la gestión de posguerra de contiendas tan difíciles como la de Gaza o Ucrania, según el análisis.

"Es probable que esto derive en un aumento de los conflictos, y que estos tengan consecuencias aún más graves para la población civil, dado que los Estados abandonan normas arraigadas", continuó Van der Lijn. Sudán del Sur, Haití o Líbano serán, desafortunadamente, los próximos bancos de prueba de esta crisis del multilateralismo en materia de paz y seguridad.

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