Sheikh Hamad bin Khalifa Al Thani nació en 1952 en el seno de la familia Al Thani, que ha gobernado Qatar desde mediados del siglo XIX. Recibió formación militar en la Academia Sandhurst del Reino Unido y se desempeñó como comandante de las fuerzas armadas de Qatar y ministro de Defensa. A finales de los años setenta fue nombrado príncipe heredero y llegó al poder en 1995 mediante un golpe de Estado incruento, deponiéndose a su padre mientras este se encontraba en el extranjero.
Durante su reinado de 18 años, Sheikh Hamad ejecutó una transformación radical de Qatar. Convirtió el emirato en una de las naciones más ricas del planeta en términos de producto interno bruto per cápita, aprovechando sus abundantes reservas de gas natural para posicionarse como uno de los principales productores y exportadores de gas natural licuado (GNL). Esta riqueza generada por los hidrocarburos se convirtió en el motor de su estrategia de expansión global.
Bajo su liderazgo, Qatar lanzó la red de noticias Al Jazeera, que se convirtió en un medio de comunicación de alcance internacional y amplificó la influencia del país en la escena mundial. Simultáneamente, Qatar Airways creció hasta convertirse en una de las principales aerolíneas internacionales, mientras que Doha, la capital qatarí, se consolidó como un importante centro de transporte regional. Sheikh Hamad también impulsó inversiones estratégicas en diversos sectores que expandieron la presencia qatarí en economías clave.
La filantropía también marcó su gestión. Un hospital en Gaza City lleva su nombre, y durante su reinado Qatar comenzó a destinar cientos de millones de dólares para financiar proyectos en la Franja de Gaza, consolidando su rol como actor político en el conflicto palestino-israelí.
En 2010, Qatar ganó la candidatura para albergar la Copa Mundial de la FIFA 2022, un hito que reflejaba la creciente influencia del país en la política internacional. Sin embargo, la licitación estuvo marcada por acusaciones de corrupción, y los preparativos del torneo generaron críticas internacionales por el trato a los trabajadores migrantes que construyeron los estadios e infraestructuras para la competencia.
Durante el reinado de Sheikh Hamad, Qatar enfrentó un aislamiento diplomático significativo de sus vecinos regionales. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto boicotearon a Qatar, cerrando canales diplomáticos y bloqueando las rutas terrestres, marítimas y aéreas qataríes a través de la región del Golfo. El grupo acusaba a Doha de financiar el terrorismo a través de su apoyo al movimiento islamista político de la Hermandad Musulmana.
En 2013, Sheikh Hamad se convirtió en uno de los primeros líderes árabes modernos en abdicar voluntariamente del poder, cediendo la autoridad a su hijo, el actual emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani. Esta transición pacífica del poder fue inusual en la región y marcó un precedente en la gobernanza del Golfo Pérsico.
Su legado permanece en las instituciones que construyó, las inversiones que realizó y la posición geopolítica que consolidó para Qatar en el escenario internacional. Su muerte cierra un capítulo fundamental en la historia moderna de Oriente Medio.

