Cuatro proyectiles de mortero impactaron contra el acuartelamiento de Naciones Unidas próximo a la localidad libanesa de Marjayún, según la Finul. Aunque inicialmente se informó de que el ataque se había producido cerca de la base, posteriormente se confirmó que su objetivo fue el propio acuartelamiento que sirve de cuartel general a la brigada multinacional este, bajo mando del general español Antonio Ortiz, según el Ministerio español de Defensa.
El militar serbio falleció de las heridas causadas por la explosión de una de las granadas tras ser trasladado a un centro hospitalario en Beirut, la capital del país, según el Estado Mayor de la Defensa. Los tres soldados heridos fueron atendidos de contusiones en el hospital de campaña de la base Miguel de Cervantes y ya se les ha dado el alta, según la misma fuente.
Israel se apresuró a responsabilizar a Hezbolá del ataque. El Ejército israelí aseguró en un comunicado que el análisis de la trayectoria de lanzamiento de los proyectiles de mortero "indica claramente" que fueron efectuados por la milicia libanesa, según informó Antonio Pita desde Jerusalén. Fuentes militares españolas coinciden en este primer análisis, según El País.
La misión de Naciones Unidas no ha identificado todavía la autoría del ataque, ya que la zona está sometida al intenso intercambio de fuego entre las tropas israelíes que han invadido el sur del Líbano y Hezbolá, según la Finul. Sin embargo, la ONU denunció un aumento en el número de "impactos" en la región meridional del país. Solo durante el pasado martes se produjeron 847, la gran mayoría por parte israelí, según el último registro disponible de Finul.
"Los ataques deliberados contra pacificadores son violaciones graves de la ley humanitaria internacional y de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad, y podrían equivaler a crímenes de guerra", advirtió la ONU.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó su "condena más absoluta a la violencia" y su apoyo "a quienes se juegan la vida por defender la paz bajo la bandera de las Naciones Unidas", según publicó en redes sociales. "Esperamos que todas las partes cumplan íntegramente el alto al fuego anunciado ayer y que las hostilidades terminen. La paz es el único futuro", concluyó Sánchez.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, condenó lo sucedido desde París, trasladó sus condolencias por la muerte del casco azul serbio y su deseo de un "pronto restablecimiento" de los heridos, según el Ministerio. Albares pidió que este ataque "se investigue hasta las últimas consecuencias" y sus responsables "sean llevados ante la justicia internacional", según la misma fuente.
Este incidente eleva a siete el número de cascos azules muertos desde que Israel invadió Líbano el pasado 2 de marzo en represalia por el lanzamiento de cohetes de Hezbolá, lo que supuso una nueva escalada en el conflicto, según la Finul. Desde entonces, seis cascos azules —cuatro indonesios y dos franceses— habían fallecido en distintos ataques antes del incidente de este miércoles, según la misma fuente.
Los tres primeros cascos azules murieron en dos incidentes separados en marzo, por un proyectil de artillería y el cuarto por la explosión de un artefacto al paso de su vehículo, según la Finul. Los dos franceses fueron atacados en abril cuando procedían a desactivar un explosivo, según la misma fuente. El primer ataque se atribuye a Israel y los otros dos a la milicia proiraní, según la ONU.
La ruptura abierta de las hostilidades en marzo pasado cambió sustancialmente la actividad de la Finul, según la misión. Durante los 15 meses anteriores, en los que rigió una tregua unilateral que el Ejército israelí incumplió a diario, la misión registraba las violaciones del cese por parte de ambos lados, según la Finul. También supervisaba la extensión de la autoridad del Estado libanés en la región fronteriza, en la práctica controlada por Hezbolá, y el desarme de esa organización proiraní en la zona, dos objetivos que la tregua exigía a Beirut, según la misma fuente.
La reanudación de los combates reorientó a la Finul hacia tareas humanitarias y obligó a los soldados a refugiarse con frecuencia en los búnqueres, según la misión. En los últimos días, el avance terrestre del ejército israelí hacia la zona al sur de Nabatie, al oeste de Marjayún, y la toma de aldeas como Dibbine, al norte del municipio, han rodeado en la práctica esa aldea de mayoría cristiana, recrudeciéndose el fuego cruzado en el área, según la Finul.
España está a cargo del sector suroriental de Unifil, donde tiene desplegados 650 soldados, aunque bajo mando español hay también militares indios, nepalíes, serbios y de otras nacionalidades, según el Ministerio de Defensa español. La zona de operaciones de la misión de Naciones Unidas se extiende desde la línea azul que hace de frontera con Israel hasta el río Litani, región donde se han concentrado la mayor parte de unos combates que, a pesar de la teórica tregua, se han cobrado ya la vida de más 3.500 libaneses, según la Finul.
El ataque contra la base Miguel de Cervantes se produce en un momento de máxima tensión en el sur de Líbano, donde el fuego cruzado entre Israel y Hezbolá continúa a pesar del anuncio de un alto al fuego. La situación pone en evidencia la vulnerabilidad de las fuerzas de paz de la ONU en una zona de conflicto activo y plantea interrogantes sobre la efectividad de los mecanismos internacionales para proteger a los cascos azules desplegados en misiones de mantenimiento de la paz. La investigación sobre la autoría del ataque será crucial para determinar responsabilidades y posibles consecuencias legales internacionales.

