Negociaciones del tratado pandémico de la OMS se estancan por desacuerdos sobre equidad en vacunas
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Negociaciones del tratado pandémico de la OMS se estancan por desacuerdos sobre equidad en vacunas

Las negociaciones para el tratado de preparación pandémica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) continúan estancadas tras cinco años de discusiones, según reportó The Guardian la semana pasada. Los países del sur global bloquearon el avance del acuerdo al exigir acceso garantizado a vacunas y tratamientos, mientras las naciones occidentales prefieren mantener ese compromiso como voluntario, evidenciando una brecha que pone en riesgo la respuesta global ante futuras pandemias.

INTERNACIONAL10 MAY 2026

Las negociaciones para establecer un tratado internacional de preparación pandémica bajo la Organización Mundial de la Salud (OMS) se encuentran en un punto muerto después de cinco años de discusiones, según informó The Guardian. La semana pasada, una coalición de países del sur global continuó bloqueando el progreso del acuerdo, enviando un mensaje claro de que no aceptarán el mismo status quo que caracterizó la respuesta desigual durante la pandemia de COVID-19.

Según The Guardian, la pandemia de COVID-19 causó daños profundos y duraderos al sistema político internacional. Los países del sur global recibieron vacunas más tarde, en menor cantidad y frecuentemente a precios más altos que las naciones ricas, lo que resultó en muertes y sufrimiento evitables, además de un malestar económico prolongado.

El núcleo del conflicto radica en un desacuerdo fundamental sobre el intercambio de información y recursos. Según The Guardian, los países del norte global quieren que los estados del sur global compartan información sobre cualquier nuevo patógeno que sus científicos encuentren, dado que investigaciones muestran que la próxima pandemia probablemente emergerá de esa región. A cambio, los países del sur global han organizado una demanda para que los estados del norte global y las compañías farmacéuticas estén obligados a compartir tratamientos, incluyendo vacunas, desarrollados a partir de esa información.

Esta reciprocidad, que las naciones occidentales preferirían mantener como voluntaria, constituye una línea roja de larga data para los grupos del sur global, según The Guardian. La posición actual de negociación del sur global solicita que solo el 20 por ciento de los medicamentos se destine a ellos, además de compartir tecnología para organizar su propia producción, reportó el medio británico.

Europa ha sido el mayor defensor de este proceso, según The Guardian. Sin embargo, poco después de que las negociaciones comenzaran en 2021, académicos de salud global advirtieron que ningún acuerdo sería posible sin abordar las preocupaciones del sur global. El medio señala que si los gobiernos no tenían planes para hacer que las empresas farmacéuticas abordaran al menos parcialmente esas demandas mediante coerción o persuasión a través de ganancias garantizadas u otros subsidios, han estado participando en negociaciones fantasiosas durante media década.

Las conversaciones están programadas para continuar el próximo año, según The Guardian. Si se estancan nuevamente o colapsan por completo, tendrá consecuencias más allá de la salud global, advierte el medio. Estados Unidos ahora está negociando su propio sistema de vigilancia de salud global a través de acuerdos bilaterales fuera de la OMS, según el reporte.

Las enmiendas de 2025 al marco de gobernanza pandémica de la OMS introdujeron cuatro nuevos componentes, según el Yale Journal of International Affairs: el Artículo 12 sobre el Sistema de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios; el Artículo 13 sobre la Red Global de Cadena de Suministro y Logística; el Artículo 11 sobre transferencia de tecnología; y el Artículo 18 sobre financiamiento sostenible.

Sin embargo, estas enmiendas enfrentan limitaciones sustanciales en su implementación, según el análisis del Yale Journal. El impedimento principal radica en su flexibilidad lingüística y falta de mecanismos de aplicación compatibles con el mercado. A lo largo del Artículo 11, la instrucción para la transferencia de tecnología está equipada con la frase "según acuerdo mutuo", lo que otorga a los titulares de propiedad intelectual poder de veto sobre el proceso, señala la publicación académica.

Además, la arquitectura financiera bajo el Artículo 18 permanece poco confiable, según el Yale Journal. Aunque sugiere "financiamiento sostenible y predecible", la implementación todavía depende de contribuciones voluntarias según la disponibilidad de los estados miembros. El Banco Mundial estimó una brecha de financiamiento internacional de al menos 10.5 mil millones de dólares anuales para la preparación pandémica, que la naturaleza voluntaria del acuerdo probablemente no resolverá, según cita el Yale Journal.

Durante la pandemia de COVID-19, la OMS no logró alcanzar los tres puntos de referencia clave de su estrategia para lograr la vacunación global contra COVID-19 para mediados de 2022: 10 por ciento de la población global para septiembre de 2021, 40 por ciento para diciembre de 2021, y 70 por ciento para mediados de junio de 2022, según el Yale Journal.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por el Yale Journal, solo el 12 por ciento de la población en países de bajos ingresos había sido vacunada para mediados de 2022, en comparación con el 73 por ciento en países de altos ingresos. El costo humano de esta disparidad fue devastador: modelos matemáticos estiman que si la distribución equitativa hubiera cumplido el objetivo de cobertura del 40 por ciento de la OMS para fines de 2021, casi 600,000 vidas adicionales podrían haberse salvado en todo el mundo, según el Yale Journal.

Para abordar estas deficiencias, investigadores del Yale Journal proponen el Fondo Global de Patentes Pandémicas (GPPF, por sus siglas en inglés), un mecanismo diseñado para ofrecer acceso equitativo a vacunas para todos los estados miembros de la OMS durante pandemias globales mediante la compra de patentes de vacunas a través de un fondo mancomunado globalmente.

Bajo este modelo, los estados miembros de la OMS contribuirían colectivamente para establecer un fondo conjunto pandémico exclusivo por adelantado. Cuando una compañía farmacéutica desarrollara exitosamente una nueva vacuna durante una pandemia, la OMS usaría el fondo conjunto para comprar los derechos de patente de la vacuna. La patente adquirida se compartiría y designaría como un bien público internacional, permitiendo a todos los estados miembros acceder y utilizar la vacuna simultáneamente, según la propuesta del Yale Journal.

El fondo adoptaría un sistema de contribución progresivo y escalonado, imponiendo diferentes niveles de carga financiera a estados desarrollados y en desarrollo, según el Yale Journal. La clasificación de los niveles se basaría en el ingreso nacional bruto (INB) per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA) calculado por el Grupo del Banco Mundial. Bajo este marco, los países se dividirían en tres niveles: el Nivel 1 asumiría la mayor parte de la responsabilidad financiera, contribuyendo aproximadamente el 70-80 por ciento del fondo total; el Nivel 2 contribuiría una parte moderada proporcional a su capacidad económica; y el Nivel 3 estaría exento o requeriría solo una contribución simbólica.

Para justificar esta estructura, el Yale Journal señala que Noruega, que registró el tercer INB per cápita (PPA) más alto en 2023 entre los estados miembros de la OMS, posee un nivel de ingresos más de cien veces mayor que el de Burundi, el país con el INB per cápita (PPA) más bajo entre los estados miembros de la OMS.

La propuesta se basa en dos precedentes probados en el sector de salud global, según el Yale Journal. El Compromiso Anticipado de Mercado (AMC) de Gavi demostró la efectividad del prefinanciamiento cuando, a principios de los años 2000, estableció un fondo de aproximadamente 1.5 mil millones de dólares para subsidiar compras de vacunas contra enfermedades neumocócicas para naciones en desarrollo. Como resultado, más de 60 países obtuvieron acceso a vacunas neumocócicas y se estima que se previnieron más de 700,000 muertes infantiles, según el Yale Journal.

El segundo precedente es el Fondo de Patentes de Medicamentos (MPP), una organización de salud pública respaldada por las Naciones Unidas que permitió un modelo alternativo de distribución mediante intercambio de patentes durante la crisis del VIH/SIDA, según el Yale Journal. Bajo este acuerdo, los titulares de patentes transfirieron voluntariamente sus patentes al MPP, que posteriormente emitió sublicencias a múltiples empresas farmacéuticas a precios más bajos. El aumento resultante en la competencia del mercado redujo significativamente los costos de tratamiento: el costo anual del tratamiento del VIH/SIDA cayó de aproximadamente 13,000 dólares a aproximadamente 100 dólares, y más del 90 por ciento de los pacientes en países de ingresos bajos y medios obtuvieron acceso al tratamiento, según el Yale Journal.

Para garantizar la capacidad de producción, el GPPF propuesto emplearía un modelo de centro y radios que empoderaría a países tecnológicamente avanzados como Sudáfrica, Indonesia, Arabia Saudita y Egipto para servir como centros regionales de vacunas, según el Yale Journal. Estos países candidatos poseen autoridades reguladoras nacionales (NRA) designadas como Nivel de Madurez 3 (ML3) o 4 (ML4) de la OMS, asegurando que sus productos médicos se adhieran a estándares internacionales de seguridad, eficacia y calidad.

Según The Guardian, la pandemia de COVID-19 prefiguró y contribuyó a las crisis actuales: "la razón del más fuerte" y el interés nacional estrecho desplazaron la cooperación internacional. Evitar un ajuste de cuentas con esa historia sugiere que el norte global aprendió poco de los años de COVID y no tiene un plan serio para el futuro, concluye el medio británico.

El mundo necesita un acuerdo para prepararse y responder a la próxima pandemia, según The Guardian. Y los custodios del orden global necesitan producir pruebas de que el sistema todavía puede funcionar. Estos tipos de acuerdos son los lazos sueltos que unen a los países en el sistema internacional, señala el medio. Europa esperaba tomar la iniciativa y demostrar que todavía se podía negociar un consenso internacional básico en un mundo pospandémico, que los lazos desgastados podían volver a tejerse. Cada año que pasa ha tensado aún más el sistema.

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