Nuevos hallazgos arqueológicos revelan que la civilización maya fue mucho más grande y avanzada de lo que se creía
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Nuevos hallazgos arqueológicos revelan que la civilización maya fue mucho más grande y avanzada de lo que se creía

Investigaciones recientes utilizando tecnología Lidar han descubierto que la población maya en su apogeo pudo alcanzar los 16 millones de habitantes, cinco veces más que las estimaciones anteriores y superando la densidad poblacional del Imperio Romano, según revela un estudio publicado por arqueólogos de la Universidad de Tulane.

CIENCIA12 FEB 2026

Lo que durante décadas se consideró como una verdad científica sobre la civilización maya está siendo completamente reescrito gracias a avances tecnológicos que permiten ver literalmente bajo la densa vegetación de Centroamérica.

Francisco Estrada-Belli, arqueólogo que quedó fascinado por las ruinas de Tikal cuando tenía apenas siete años, lidera ahora junto a su colega Marcello A. Canuto un equipo que ha revolucionado nuestra comprensión de esta antigua civilización. Según su investigación publicada el año pasado, la población maya en las tierras bajas durante la era clásica (600-900 d.C.) pudo alcanzar los 16 millones de personas, una cifra que quintuplica las estimaciones previas de apenas 2 millones.

"Cuando vi los primeros escaneos Lidar de Holmul en el noreste de Guatemala en 2016, me di cuenta de que la arqueología había cambiado para siempre", explicó Estrada-Belli según The Guardian. Esta tecnología, que utiliza láseres montados en aviones para mapear el terreno bajo el dosel forestal, reveló en solo tres días más de 7.000 estructuras en un área donde su equipo había documentado apenas 1.000 tras 16 años de trabajo tradicional.

Los hallazgos desafían la antigua "ley de limitación ambiental", una teoría que sostenía que las selvas tropicales de tierras bajas, con sus suelos delgados, no podían sostener sociedades avanzadas y numerosas. Por el contrario, la evidencia muestra que las tierras bajas mayas albergaban una población más densa que la península italiana durante el apogeo del Imperio Romano, en un área tres veces menor.

Estrada-Belli describe las tierras bajas mayas del siglo VIII como "una expansión urbano-rural interconectada continuamente". No era un territorio salvaje, sino una red de asentamientos, negocios, campos agrícolas y humedales gestionados, todo interconectado por calzadas y caminos. "Cuando miramos los bosques centroamericanos hoy, debemos reconocer que los antiguos humanos afectaron todo", señaló el arqueólogo. "Las especies de árboles están ahí porque los mayas las eligieron, los tipos de flores existen porque las utilizaban, los humedales servían una función humana".

La sofisticación agrícola maya resulta particularmente impresionante. Desarrollaron métodos de cultivo extremadamente diversos, avanzados y flexibles, rotando y combinando cientos de especies. Construyeron canales, terrazas y campos elevados en el agua, creando sistemas sostenibles que funcionaron durante miles de años, todo sin animales de carga ni ruedas.

Kenneth E. Seligson, profesor asociado de arqueología en la Universidad Estatal de California, destaca que los mayas deberían ser reconocidos "como un pueblo de inmensa resiliencia" que desarrolló soluciones flexibles a largo plazo trabajando con los recursos disponibles. Cultivaron chocolate, vainilla, aguacates, tomates, yuca, batatas y cientos de otros cultivos en un terreno calcáreo que presenta desafíos significativos para la agricultura.

La narrativa sobre el "colapso" maya también está siendo reconsiderada. "Ya no hablamos realmente de colapso, sino de declive, transformación y reorganización de la sociedad y continuación de la cultura", explicó Seligson. Similar a lo ocurrido con Roma, los mayas experimentaron transformaciones y continuaron en diversas formas.

Liwy Grazioso, arqueóloga experta en historia maya y actual ministra de Cultura y Deportes de Guatemala, sugiere que uno de los factores clave en el declive de ciudades como Tikal fue la disminución de la confianza en el liderazgo. "Es lo mismo que sucede ahora, si no tenemos cuidado. Los gobiernos necesitan ganarse la confianza de sus contribuyentes", advirtió desde su despacho en el Palacio Nacional.

La relevancia política de estos hallazgos arqueológicos es significativa para los aproximadamente 11 millones de descendientes mayas que viven actualmente en México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y Estados Unidos. En Guatemala, donde constituyen oficialmente el 44% de la población, los mayas tienen dos demandas centrales: un reconocimiento completo del genocidio ocurrido durante la guerra civil (1960-1996) que costó unas 200.000 vidas, la mayoría mayas, y el reconocimiento como habitantes originales y legítimos propietarios de la tierra.

Sonia Gutiérrez, abogada del pueblo maya Poqomam y única mujer indígena entre los 160 escaños del parlamento guatemalteco, aboga por un cambio en la narrativa histórica y social. "Nuestra visión se remonta al tiempo anterior al colonialismo. Debemos ser vistos no como personas ajenas, sino como habitantes de nuestro país donde vivían nuestros antepasados", afirmó.

Los avances en la arqueología maya no solo están reescribiendo la historia antigua, sino que también proporcionan contexto para las luchas contemporáneas por la justicia y el reconocimiento. La imagen emergente de una civilización maya altamente poblada, tecnológicamente avanzada y ambientalmente sostenible desafía siglos de narrativas coloniales y ofrece lecciones potencialmente valiosas para los desafíos actuales.

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