Ocho jóvenes ecuatorianos asesinados en masacre vinculada al narcotráfico en Milagro
Ocho jóvenes de Daule, Ecuador, fueron hallados muertos con disparos en la cabeza dentro de sacos de yute en una zona rural a 150 kilómetros de sus hogares, según confirmaron las autoridades forenses el jueves. Los jóvenes, de entre 15 y 31 años, habían desaparecido el domingo 31 de mayo tras salir en cuatro motocicletas hacia Milagro para retirar documentos de una motocicleta. Los investigadores creen que fueron capturados y ejecutados por una banda criminal que los confundió con miembros de un grupo rival en una ciudad disputada por organizaciones ligadas al narcotráfico.
Durante cinco días, los familiares de ocho jóvenes desaparecidos en Daule, una ciudad agrícola vecina de Guayaquil, se aferraron a la posibilidad de que siguieran vivos, según reportó El País. La noche del jueves, en las instalaciones de Medicina Legal de Guayaquil, esa esperanza se derrumbó cuando las autoridades confirmaron que los ocho cuerpos hallados dentro de sacos de yute en una zona rural correspondían a sus hijos, hermanos, esposos y amigos.
Los jóvenes habían salido el domingo 31 de mayo a las once de la mañana desde la llamada T de Daule, un cruce polvoriento que conecta al cantón agrícola con las carreteras que conducen a Guayaquil, con destino a Milagro, una ciudad situada a menos de una hora de camino, según las fuentes. El objetivo del viaje era retirar los documentos de una motocicleta que uno de ellos había comprado. Nunca regresaron.
Las cámaras de seguridad registraron algunos de sus movimientos, según El País. En una de las grabaciones aparecen dentro de un local de motos del centro de Milagro alrededor de la una de la tarde del domingo. Después de eso, desaparecieron. Con el paso de las horas, sus familiares perdieron contacto con ellos y comenzaron a escuchar versiones contradictorias. "Que estaban en Durán, que habían aparecido en Yaguachi, que se los habían llevado militares", recuerda uno de sus familiares citado por la fuente.
Tres días después del inicio de la búsqueda, mientras organizaban una nueva jornada para encontrarlos, los familiares vieron en los noticieros una noticia que los paralizó: ocho cuerpos habían sido hallados dentro de sacos de yute junto a la vía que une Jujan con Babahoyo, en la provincia de Los Ríos, a orillas del río. "Espero que no sean ellos", repetía Aura Sánchez, madre de dos de los desaparecidos, sin imaginar el tortuoso recorrido que aún le esperaba para identificar los cadáveres, según El País.
**Detalles forenses y traslado de los cuerpos**
Según los informes forenses citados por las fuentes, los jóvenes murieron por disparos en la cabeza. Los investigadores determinaron además que el lugar donde fueron hallados los cadáveres no corresponde a la escena original del crimen, lo que apunta a que los cuerpos fueron trasladados después de los asesinatos.
Los cadáveres fueron recogidos por equipos de Criminalística que iniciaron un recorrido insólito entre las morgues de Babahoyo y Milagro, según El País. En ninguna pudieron realizar los procedimientos forenses porque no había médicos legistas disponibles. "¿Cómo se supone que es una morgue si no hay médicos?, no entiendo", reclama Brigitte Martínez, familiar de los jóvenes, citada por la fuente.
Los cuerpos fueron trasladados finalmente hasta la morgue de Guayaquil, donde el caos institucional continuó, según las fuentes. Las familias hacían vigilia afuera de Medicina Legal mientras las autoridades mantenían un hermetismo absoluto. Las horas transcurrían sin respuestas hasta que un funcionario salió del edificio con dos cédulas de identidad en la mano. Pertenecían a dos de los jóvenes desaparecidos de Daule.
Veintiséis horas después de su llegada a la morgue, las autopsias seguían sin comenzar, según El País. "Dicen que no tienen suficiente personal para hacerlo más rápido, y que recién en cuatro días nos pueden entregar la identidad de un cuerpo", señala uno de los familiares afuera de la morgue citado por la fuente.
**Las víctimas**
Las víctimas identificadas son Anthony Martínez Sánchez, de 23 años; Juan Carlos Martínez Sánchez, de 24; Roy Miller Martínez Bajaña, de 15; Jackson Geral Castro Oramas, de 17; Ariel Stalin Ponce Vera, de 20; Ricardo Arturo Castro Bajaña, de 28; Yeremi Arístides Castro López, de 23; y Andy Santiago Sáenz Figueroa, de 31, según El País.
Algunos eran hermanos. Otros, primos. Todos se conocían desde niños y compartían apellidos, trabajos y una rutina marcada por las labores agrícolas, según las fuentes. "Trabajaban en lo que saliera", repiten los vecinos citados por El País. En la cosecha de arroz, en la limpieza de terrenos, en el transporte de productos o en cualquier actividad que permitiera llevar dinero a casa, particularmente para dos de ellos que eran padres. En una zona donde las oportunidades escasean, el trabajo informal es muchas veces la única alternativa.
Los ocho jóvenes eran estudiantes y jornaleros agrícolas que trabajaban preparando la tierra para la siembra, sobre todo de arroz, según El País. Ninguno registraba antecedentes penales ni procesos judiciales abiertos. "Son buenos chicos", repetían sus familiares en cada plantón, mientras esperaban noticias que nunca llegaron, según la fuente. Las víctimas no tenían antecedentes penales ni procesos judiciales abiertos en su contra, confirmaron los investigadores.
**Hipótesis del crimen organizado**
Milagro, uno de los principales centros comerciales de la provincia del Guayas, se ha convertido en un territorio disputado por bandas ligadas al narcotráfico, según El País. Los investigadores creen que los jóvenes fueron capturados por integrantes de una estructura criminal que controla parte de la ciudad y que los confundió con miembros de un grupo rival que intenta expandirse hacia la zona.
Una fuente de inteligencia consultada por El País sostiene que Milagro es uno de los territorios donde el crimen organizado ha consolidado una estructura de gobernanza paralela al Estado. Según esa versión, la ciudad opera bajo la influencia de alias Alan, vinculado a la organización criminal Los Águilas. Todo funciona bajo sus órdenes.
La lógica de ese poder consiste en ejercer control sobre delitos como las extorsiones y los secuestros para ganar legitimidad entre parte de la población, según la fuente de inteligencia. Decenas de hombres vigilan el territorio y reportan cualquier movimiento extraño. Como otras ciudades de la costa ecuatoriana, Milagro se ha convertido en un escenario de disputa entre grupos armados que intentan expandir su poder mediante la violencia, por lo que se presume que los ocho jóvenes fueron confundidos como miembros de la banda contraria que intenta introducirse en esa ciudad ya tomada, según El País.
El lugar donde fueron hallados los cuerpos, el sector Cañitas en la provincia de Los Ríos, se ha convertido en uno de los principales epicentros de la violencia criminal en Ecuador, según las fuentes. Allí, las disputas entre bandas han disparado los homicidios hasta alcanzar una tasa de 106 asesinatos por cada 100.000 habitantes, la más alta del país, según El País.
**Duelo colectivo en Daule**
La noticia dejó a Daule en un duelo colectivo, según El País. Un cantón vecino de Guayaquil donde la vida transcurre en las actividades típicas del campo y el comercio. A pocos kilómetros de las urbanizaciones que crecen al ritmo de la expansión de la ciudad, se extienden sembríos de arroz, caminos de tierra y canales de riego. Allí crecieron los ocho jóvenes asesinados.
La madrugada del viernes, cientos de personas llegaron hasta una explanada de tierra y piedras para acompañar el velorio colectivo, según las fuentes. Los ocho féretros embalados con plástico para impedir que fueran abiertos fueron colocados uno junto al otro, identificados con una fotografía, rostros jóvenes y sonrientes. Las coronas de flores rodeaban los ataúdes como una expresión de acompañamiento de cada persona que entregó una, según El País.
Familiares, amigos y vecinos desfilaron durante horas frente a los ataúdes. Algunos rezaban. Otros permanecían en silencio. Había madres abrazadas entre sí, jóvenes que no podían contener el llanto y niños que observaban sin comprender del todo la dimensión de la tragedia, según las fuentes.
Durante días, las familias habían protestado para exigir respuestas, según El País. Incluso bloquearon una de las principales vías de acceso al cantón. Este viernes comenzaron a enterrar a sus muertos. Ocho jóvenes que salieron en motocicleta para recorrer menos de una hora de camino y regresaron convertidos en una de las peores masacres registradas este año en la costa ecuatoriana, según las fuentes.
**Contexto de violencia y respuesta gubernamental**
La escena resumía una de las heridas más profundas que atraviesa hoy Ecuador, según El País. En amplias zonas de la costa, la violencia de las organizaciones criminales ha transformado la vida cotidiana. Lo que antes eran disputas entre grupos armados confinadas a determinados barrios se ha extendido a carreteras, zonas rurales y pequeñas ciudades donde la población queda atrapada entre fronteras invisibles impuestas por las bandas. Incluso en sus propios barrios tienen que convivir bajo las reglas de dos bandas delictivas, que siembran el terror y el silencio, según la fuente.
La masacre de los ocho jóvenes de Daule ocurre en un contexto en el que el Gobierno insiste en que la violencia ha disminuido, según El País. Según el presidente Daniel Noboa, la restricción de movilidad que impuso a través de dos toques de queda nocturnos redujo en un 17% los homicidios.
Toda esa zona de la costa ecuatoriana estuvo quince días bajo un toque de queda ordenado por el gobierno de Daniel Noboa para intentar contener una violencia que, pese a las constantes medidas excepcionales y la militarización, continúa dejando muertos y desaparecidos, según El País.
Mientras la investigación avanza, la Policía ha ofrecido una recompensa para quien proporcione información que permita identificar y capturar a los responsables, según las fuentes. Para las familias, sin embargo, la prioridad inmediata es otra: enterrar a sus muertos y buscar justicia en un país donde la violencia del narcotráfico ha convertido trayectos cotidianos en rutas mortales.




