Ofensiva israelí en el sur de Líbano deja 2.900 muertos y 1,4 millones de desplazados en tres meses
Internacional

Ofensiva israelí en el sur de Líbano deja 2.900 muertos y 1,4 millones de desplazados en tres meses

La campaña militar israelí en el sur de Líbano ha causado 2.914 muertos, destruido 36.000 viviendas y desplazado a 1,4 millones de personas desde el 28 de febrero, cuando Israel recrudeciera su ofensiva tras la declaración de guerra a Irán, según datos del Ministerio de Sanidad libanés. La operación, que incluye la ocupación de 600 kilómetros cuadrados de territorio libanés, continúa pese a una tregua declarada en abril que Israel no ha respetado, según el Gobierno de Líbano.

INTERNACIONAL6 JUN 2026

El sur de Líbano, convertido en campo de batalla entre Israel y la milicia proiraní Hezbolá desde 2023, enfrenta una nueva oleada de devastación desde el 28 de febrero de 2026, cuando el Gobierno israelí y el de Estados Unidos declararon la guerra a Irán y Hezbolá retomó las armas en solidaridad con su aliado, según reporta El País. Israel respondió recrudeciendo la ofensiva militar y la ocupación del país vecino.

En estos tres meses, incluso con una supuesta tregua en vigor —prorrogada esta misma semana—, la campaña israelí ha matado en la zona sur a 2.914 personas, un 83% de las 3.516 víctimas mortales en todo Líbano, según el Ministerio de Sanidad de Líbano. La ofensiva ha destruido 36.000 viviendas, un 72% del total nacional, y ha exigido el desalojo de 300 municipios, provocando el pánico y el aislamiento de la población.

La imprevisibilidad de los ataques, que Israel lanza contra bloques residenciales y carreteras sin justificarlos ante sus aliados internacionales, alcanza equipos médicos a diario y anula casi toda la actividad comercial en el sur del país, según la fuente.

Todo ello ha supuesto el desplazamiento forzoso de 1,4 millones de libaneses, según datos aportados el pasado miércoles por el Ministerio de Sanidad de Líbano. El dato representa una cuarta parte de la población nacional, que es de unos 5,5 millones de personas, e iguala la cifra de desplazados que se registró durante el otoño de 2024, la peor hasta ahora.

**Ocupación de 600 kilómetros cuadrados**

La campaña que Israel inició contra Hezbolá en marzo, y que el Gobierno de Benjamín Netanyahu planteó como la definitiva, ha implicado la ocupación por la fuerza de una franja fronteriza en suelo libanés que el ejército israelí describe como "zona de seguridad", según El País. Esta zona engloba unos 600 kilómetros cuadrados, casi el doble que toda la franja de Gaza.

Esa invasión, que se expande por el 6% del territorio de Líbano, tiene bajo ocupación 68 aldeas, según el recuento del primer ministro libanés, Nawaf Salam, que el domingo acusó a Israel de aplicar una política de "devastación total".

Antes de la tregua declarada en abril —y nunca respetada por Israel, según la fuente—, el Gobierno de Netanyahu ya impuso una orden de desalojo de todo el territorio hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros al norte de la frontera. La anunció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, adelantando que la medida afectaría a unas 600.000 personas y precisando que los musulmanes chiíes —mayoritarios en la zona y que profesan la misma confesión que Hezbolá— no podrían regresar hasta que Israel viera garantizada su seguridad.

Eso llevó a muchas familias de las aldeas fronterizas a refugiarse justo al norte de esa vía de agua. Aunque el alto el fuego anuló la orden y permitió el retorno, la mayoría de esas familias se abstuvo de regresar porque Israel seguía en la práctica bombardeando, según El País.

**Expansión de la zona de exclusión**

El pasado miércoles, pese a la existencia de un proceso de diálogo con el Gobierno libanés para intentar apuntalar la tregua, el ejército israelí impuso de nuevo la orden de expulsión sobre el sur de Líbano. En este caso la extendió hasta el río Zahrani, 10 kilómetros por encima del Litani, advirtiendo de que emplearía "fuerza extrema" en la zona.

"Ese territorio entre el Litani y el Zahrani acogía a mucha gente desplazada anteriormente desde más al sur", dijo una trabajadora humanitaria que se expresó bajo condición de anonimato, puesto que no tiene permiso para hablar con la prensa. "La situación allí era insegura, pero también había miles de residentes que permanecían en sus casas", agregó.

Ahora, los desplazados se ven obligados a moverse aún más al norte, donde los refugios públicos están saturados, según la trabajadora. Muchos permanecen en sus vehículos o al raso; otros se quedan en zonas frecuentemente bombardeadas por Israel, ya que "no pueden permitirse pagar alquileres".

La zona al sur del río Zahrani que Israel presenta en este momento como territorio prohibido para la población, casi 2.000 kilómetros cuadrados de superficie, supone el 14% de Líbano, y acoge grandes ciudades como Tiro —la cuarta urbe libanesa, con 200.000 residentes— y Nabatie —unos 50.000 habitantes, pero hoy prácticamente desierta—, según El País. En proporción, sería similar a exigir el vaciamiento de toda Castilla-La Mancha en España.

**Bombardeos constantes y víctimas civiles**

Las bolas de fuego que los bombardeos israelíes provocan estos días entre los edificios de Tiro y las continuas muertes de inocentes —como las de los dos estudiantes que un misil mató junto a su padre el pasado lunes, cuando regresaban en coche de sus exámenes finales— vacían la región meridional de un país donde el 80% vivía ya bajo el umbral de la pobreza al inicio del conflicto, en 2023, según Oxfam.

Solo entre la medianoche del lunes y las 16.00 del martes, los cascos azules de Naciones Unidas registraron 478 disparos entre Israel y Hezbolá. De estos, 468 fueron perpetrados por Israel, el 97%. La gran mayoría, al sur del río Zahrani, un territorio que equivale a tres veces el de la ciudad de Madrid.

Aunque Israel presente esos bombardeos como ataques estrictamente dirigidos contra Hezbolá, el lanzamiento diario de misiles causa una destrucción generalizada, que se suma a la que ya provocó entre octubre de 2023 y noviembre de 2024, cuya reparación el Banco Mundial cifró en 3.000 millones de euros.

**Colapso de la infraestructura comercial y sanitaria**

Hoy, el 80% de los mercados y comercios en ese territorio meridional de Líbano está fuera de servicio, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, ya sea porque las carreteras pasan por zonas en conflicto o porque los transportistas están desplazados.

El Ministerio de Sanidad, que acusa a Israel de aplicar "la ley de la selva" en sus ataques contra la red sanitaria, denuncia los "graves daños" causados en al menos cinco hospitales del sur. "Son ataques directos", aseguró a El País el doctor Joseph el Helou, asesor del ministro Rakkan Nassereddine. Un hospital en Mais el Jabal y dos más en Bint Jbeil —ambas, zonas fronterizas— tuvieron que echar el cierre antes de caer bajo ocupación israelí.

Trabajar en el sistema de salud es una actividad de riesgo en el territorio, donde Israel dispara contra ambulancias acusándolas sin pruebas de transportar a milicianos, según la fuente. El miércoles, sendos ataques contra vehículos médicos mataron a dos paramédicos en Chehour y a otro en Zabdine, además de acabar con la vida de los dos heridos a los que transportaban, según los equipos de rescatistas.

La Organización Mundial de la Salud, que ha denunciado los ataques que Israel disparó esta semana contra las inmediaciones de los dos mayores hospitales en Tiro, registra 191 hostilidades contra infraestructura sanitaria desde marzo.

**Crisis de agua y agricultura**

La escalada israelí somete las redes de agua a una presión creciente. La planta de tratamiento de Taybeh ha vuelto a echar el cierre, tras ser ya atacada en 2024, cuando otro ataque llegó a cortar el flujo de agua a 72.000 residentes de Tiro, según El País. Seis meses después de la tregua de 2024, 150.000 personas en el sur seguían sin agua corriente, según una investigación de Oxfam y Acción contra el Hambre.

Todo ello dificulta el tratamiento de tierras agrícolas. Los ataques israelíes han quemado, por otro lado, más de 1.900 hectáreas de territorio desde marzo, según el Consejo Nacional de Investigación Científica de Líbano, vinculado al Gobierno.

**Destrucción masiva de viviendas**

Según esa institución, muchos libaneses no tendrían un lugar al que volver en el sur del país aunque la guerra terminara mañana. Unas 36.000 viviendas, el grueso de las 50.424 casas que el Gobierno calcula que Israel ha destruido total o parcialmente en el país desde marzo —más de 240.000 desde 2023— se encuentra en el sur, allí donde el ministro israelí Katz advirtió de que los chiíes no regresarán hasta que Israel lo considere oportuno.

Las zonas que registran una devastación "máxima", según los registros del Consejo Nacional de Investigación Científica de Líbano, son Naqoura, un territorio fronterizo donde los cascos azules tienen su sede; Marjayún, al este de la frontera; Nabatie, donde las tropas israelíes se encuentran ya a pocos kilómetros; y Bint Jbeil. "Mi pueblo es ahora como Hiroshima", dijo a El País un residente de Bint Jbeil desplazado en Beirut, mientras mostraba imágenes de su aldea previas a la guerra.

**Implicaciones y contexto**

La ofensiva israelí en el sur de Líbano se produce en el marco de la guerra declarada por Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero de 2026, un conflicto que ha reactivado las hostilidades entre Israel y Hezbolá, aliado de Teherán. La milicia proiraní retomó las armas en solidaridad con Irán, lo que llevó a Israel a intensificar su campaña militar en territorio libanés.

La situación humanitaria en el sur de Líbano se deteriora día a día, con 1,4 millones de desplazados —una cuarta parte de la población nacional— que enfrentan condiciones precarias en refugios saturados o a la intemperie. La destrucción de infraestructura crítica, incluyendo hospitales, plantas de tratamiento de agua y viviendas, plantea interrogantes sobre la capacidad de reconstrucción del país una vez finalice el conflicto.

La tregua declarada en abril, que Israel no ha respetado según el Gobierno libanés, no ha logrado detener los bombardeos ni la expansión de la zona de ocupación israelí. La orden de expulsión hasta el río Zahrani, que afecta al 14% del territorio libanés, y la advertencia del ministro de Defensa israelí de que los musulmanes chiíes no podrán regresar hasta que Israel lo considere oportuno, sugieren que la ocupación podría prolongarse indefinidamente.

El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha acusado a Israel de aplicar una política de "devastación total", mientras que el Ministerio de Sanidad denuncia que Israel aplica "la ley de la selva" en sus ataques. La comunidad internacional, representada por los cascos azules de la ONU y organismos como la Organización Mundial de la Salud, ha documentado las hostilidades, pero no ha logrado detener la ofensiva.

La destrucción de más de 240.000 viviendas desde 2023 y la quema de 1.900 hectáreas de tierras agrícolas desde marzo plantean desafíos enormes para la recuperación económica de un país donde el 80% de la población ya vivía bajo el umbral de la pobreza antes de la escalada de febrero de 2026. El colapso del 80% de los mercados y comercios en el sur agrava aún más la crisis humanitaria.

La situación en el sur de Líbano representa una de las crisis humanitarias más graves en Oriente Medio en 2026, con cifras de desplazados que igualan las peores registradas en 2024 y una destrucción que el Banco Mundial estima en miles de millones de euros. La continuación de los bombardeos pese a la tregua declarada y la expansión de la zona de ocupación israelí sugieren que el conflicto está lejos de resolverse, con consecuencias devastadoras para la población civil libanesa.

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La campaña militar israelí en el sur de Líbano ha causado 2.914 muertos, destruido 36.000 viviendas y desplazado a 1,4 millones de personas desde el 28 de febrero, cuando Israel recrudeciera su ofensiva tras la declaración de guerra a Irán, según datos del Ministerio de Sanidad libanés. La operación, que incluye la ocupación de 600 kilómetros cuadrados de territorio libanés, continúa pese a una tregua declarada en abril que Israel no ha respetado, según el Gobierno de Líbano.

6 jun 2026
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El sur de Líbano, convertido en campo de batalla entre Israel y la milicia proiraní Hezbolá desde 2023, enfrenta una nueva oleada de devastación desde el 28 de febrero de 2026, cuando el Gobierno israelí y el de Estados Unidos declararon la guerra a Irán y Hezbolá retomó las armas en solidaridad con su aliado, según reporta El País. Israel respondió recrudeciendo la ofensiva militar y la ocupación del país vecino.

En estos tres meses, incluso con una supuesta tregua en vigor —prorrogada esta misma semana—, la campaña israelí ha matado en la zona sur a 2.914 personas, un 83% de las 3.516 víctimas mortales en todo Líbano, según el Ministerio de Sanidad de Líbano. La ofensiva ha destruido 36.000 viviendas, un 72% del total nacional, y ha exigido el desalojo de 300 municipios, provocando el pánico y el aislamiento de la población.

La imprevisibilidad de los ataques, que Israel lanza contra bloques residenciales y carreteras sin justificarlos ante sus aliados internacionales, alcanza equipos médicos a diario y anula casi toda la actividad comercial en el sur del país, según la fuente.

Todo ello ha supuesto el desplazamiento forzoso de 1,4 millones de libaneses, según datos aportados el pasado miércoles por el Ministerio de Sanidad de Líbano. El dato representa una cuarta parte de la población nacional, que es de unos 5,5 millones de personas, e iguala la cifra de desplazados que se registró durante el otoño de 2024, la peor hasta ahora.

**Ocupación de 600 kilómetros cuadrados**

La campaña que Israel inició contra Hezbolá en marzo, y que el Gobierno de Benjamín Netanyahu planteó como la definitiva, ha implicado la ocupación por la fuerza de una franja fronteriza en suelo libanés que el ejército israelí describe como "zona de seguridad", según El País. Esta zona engloba unos 600 kilómetros cuadrados, casi el doble que toda la franja de Gaza.

Esa invasión, que se expande por el 6% del territorio de Líbano, tiene bajo ocupación 68 aldeas, según el recuento del primer ministro libanés, Nawaf Salam, que el domingo acusó a Israel de aplicar una política de "devastación total".

Antes de la tregua declarada en abril —y nunca respetada por Israel, según la fuente—, el Gobierno de Netanyahu ya impuso una orden de desalojo de todo el territorio hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros al norte de la frontera. La anunció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, adelantando que la medida afectaría a unas 600.000 personas y precisando que los musulmanes chiíes —mayoritarios en la zona y que profesan la misma confesión que Hezbolá— no podrían regresar hasta que Israel viera garantizada su seguridad.

Eso llevó a muchas familias de las aldeas fronterizas a refugiarse justo al norte de esa vía de agua. Aunque el alto el fuego anuló la orden y permitió el retorno, la mayoría de esas familias se abstuvo de regresar porque Israel seguía en la práctica bombardeando, según El País.

**Expansión de la zona de exclusión**

El pasado miércoles, pese a la existencia de un proceso de diálogo con el Gobierno libanés para intentar apuntalar la tregua, el ejército israelí impuso de nuevo la orden de expulsión sobre el sur de Líbano. En este caso la extendió hasta el río Zahrani, 10 kilómetros por encima del Litani, advirtiendo de que emplearía "fuerza extrema" en la zona.

"Ese territorio entre el Litani y el Zahrani acogía a mucha gente desplazada anteriormente desde más al sur", dijo una trabajadora humanitaria que se expresó bajo condición de anonimato, puesto que no tiene permiso para hablar con la prensa. "La situación allí era insegura, pero también había miles de residentes que permanecían en sus casas", agregó.

Ahora, los desplazados se ven obligados a moverse aún más al norte, donde los refugios públicos están saturados, según la trabajadora. Muchos permanecen en sus vehículos o al raso; otros se quedan en zonas frecuentemente bombardeadas por Israel, ya que "no pueden permitirse pagar alquileres".

La zona al sur del río Zahrani que Israel presenta en este momento como territorio prohibido para la población, casi 2.000 kilómetros cuadrados de superficie, supone el 14% de Líbano, y acoge grandes ciudades como Tiro —la cuarta urbe libanesa, con 200.000 residentes— y Nabatie —unos 50.000 habitantes, pero hoy prácticamente desierta—, según El País. En proporción, sería similar a exigir el vaciamiento de toda Castilla-La Mancha en España.

**Bombardeos constantes y víctimas civiles**

Las bolas de fuego que los bombardeos israelíes provocan estos días entre los edificios de Tiro y las continuas muertes de inocentes —como las de los dos estudiantes que un misil mató junto a su padre el pasado lunes, cuando regresaban en coche de sus exámenes finales— vacían la región meridional de un país donde el 80% vivía ya bajo el umbral de la pobreza al inicio del conflicto, en 2023, según Oxfam.

Solo entre la medianoche del lunes y las 16.00 del martes, los cascos azules de Naciones Unidas registraron 478 disparos entre Israel y Hezbolá. De estos, 468 fueron perpetrados por Israel, el 97%. La gran mayoría, al sur del río Zahrani, un territorio que equivale a tres veces el de la ciudad de Madrid.

Aunque Israel presente esos bombardeos como ataques estrictamente dirigidos contra Hezbolá, el lanzamiento diario de misiles causa una destrucción generalizada, que se suma a la que ya provocó entre octubre de 2023 y noviembre de 2024, cuya reparación el Banco Mundial cifró en 3.000 millones de euros.

**Colapso de la infraestructura comercial y sanitaria**

Hoy, el 80% de los mercados y comercios en ese territorio meridional de Líbano está fuera de servicio, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, ya sea porque las carreteras pasan por zonas en conflicto o porque los transportistas están desplazados.

El Ministerio de Sanidad, que acusa a Israel de aplicar "la ley de la selva" en sus ataques contra la red sanitaria, denuncia los "graves daños" causados en al menos cinco hospitales del sur. "Son ataques directos", aseguró a El País el doctor Joseph el Helou, asesor del ministro Rakkan Nassereddine. Un hospital en Mais el Jabal y dos más en Bint Jbeil —ambas, zonas fronterizas— tuvieron que echar el cierre antes de caer bajo ocupación israelí.

Trabajar en el sistema de salud es una actividad de riesgo en el territorio, donde Israel dispara contra ambulancias acusándolas sin pruebas de transportar a milicianos, según la fuente. El miércoles, sendos ataques contra vehículos médicos mataron a dos paramédicos en Chehour y a otro en Zabdine, además de acabar con la vida de los dos heridos a los que transportaban, según los equipos de rescatistas.

La Organización Mundial de la Salud, que ha denunciado los ataques que Israel disparó esta semana contra las inmediaciones de los dos mayores hospitales en Tiro, registra 191 hostilidades contra infraestructura sanitaria desde marzo.

**Crisis de agua y agricultura**

La escalada israelí somete las redes de agua a una presión creciente. La planta de tratamiento de Taybeh ha vuelto a echar el cierre, tras ser ya atacada en 2024, cuando otro ataque llegó a cortar el flujo de agua a 72.000 residentes de Tiro, según El País. Seis meses después de la tregua de 2024, 150.000 personas en el sur seguían sin agua corriente, según una investigación de Oxfam y Acción contra el Hambre.

Todo ello dificulta el tratamiento de tierras agrícolas. Los ataques israelíes han quemado, por otro lado, más de 1.900 hectáreas de territorio desde marzo, según el Consejo Nacional de Investigación Científica de Líbano, vinculado al Gobierno.

**Destrucción masiva de viviendas**

Según esa institución, muchos libaneses no tendrían un lugar al que volver en el sur del país aunque la guerra terminara mañana. Unas 36.000 viviendas, el grueso de las 50.424 casas que el Gobierno calcula que Israel ha destruido total o parcialmente en el país desde marzo —más de 240.000 desde 2023— se encuentra en el sur, allí donde el ministro israelí Katz advirtió de que los chiíes no regresarán hasta que Israel lo considere oportuno.

Las zonas que registran una devastación "máxima", según los registros del Consejo Nacional de Investigación Científica de Líbano, son Naqoura, un territorio fronterizo donde los cascos azules tienen su sede; Marjayún, al este de la frontera; Nabatie, donde las tropas israelíes se encuentran ya a pocos kilómetros; y Bint Jbeil. "Mi pueblo es ahora como Hiroshima", dijo a El País un residente de Bint Jbeil desplazado en Beirut, mientras mostraba imágenes de su aldea previas a la guerra.

**Implicaciones y contexto**

La ofensiva israelí en el sur de Líbano se produce en el marco de la guerra declarada por Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero de 2026, un conflicto que ha reactivado las hostilidades entre Israel y Hezbolá, aliado de Teherán. La milicia proiraní retomó las armas en solidaridad con Irán, lo que llevó a Israel a intensificar su campaña militar en territorio libanés.

La situación humanitaria en el sur de Líbano se deteriora día a día, con 1,4 millones de desplazados —una cuarta parte de la población nacional— que enfrentan condiciones precarias en refugios saturados o a la intemperie. La destrucción de infraestructura crítica, incluyendo hospitales, plantas de tratamiento de agua y viviendas, plantea interrogantes sobre la capacidad de reconstrucción del país una vez finalice el conflicto.

La tregua declarada en abril, que Israel no ha respetado según el Gobierno libanés, no ha logrado detener los bombardeos ni la expansión de la zona de ocupación israelí. La orden de expulsión hasta el río Zahrani, que afecta al 14% del territorio libanés, y la advertencia del ministro de Defensa israelí de que los musulmanes chiíes no podrán regresar hasta que Israel lo considere oportuno, sugieren que la ocupación podría prolongarse indefinidamente.

El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha acusado a Israel de aplicar una política de "devastación total", mientras que el Ministerio de Sanidad denuncia que Israel aplica "la ley de la selva" en sus ataques. La comunidad internacional, representada por los cascos azules de la ONU y organismos como la Organización Mundial de la Salud, ha documentado las hostilidades, pero no ha logrado detener la ofensiva.

La destrucción de más de 240.000 viviendas desde 2023 y la quema de 1.900 hectáreas de tierras agrícolas desde marzo plantean desafíos enormes para la recuperación económica de un país donde el 80% de la población ya vivía bajo el umbral de la pobreza antes de la escalada de febrero de 2026. El colapso del 80% de los mercados y comercios en el sur agrava aún más la crisis humanitaria.

La situación en el sur de Líbano representa una de las crisis humanitarias más graves en Oriente Medio en 2026, con cifras de desplazados que igualan las peores registradas en 2024 y una destrucción que el Banco Mundial estima en miles de millones de euros. La continuación de los bombardeos pese a la tregua declarada y la expansión de la zona de ocupación israelí sugieren que el conflicto está lejos de resolverse, con consecuencias devastadoras para la población civil libanesa.

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