La ola de calor que azota Europa occidental, incluida la península Ibérica y Baleares, habría sido "prácticamente imposible" hace medio siglo sin el calentamiento global causado por el ser humano, según un estudio del World Weather Attribution. Los científicos concluyen que las temperaturas diurnas habrían sido 3,5 grados Celsius más frías en 1976 y las nocturnas 2,4 grados menores, mientras que el fenómeno ha dejado un reguero de récords de temperaturas por el continente.
Un grupo de científicos del World Weather Attribution (WWA), especializado en elaborar informes de atribución al cambio climático de eventos meteorológicos extremos, ha cuantificado el efecto del calentamiento global en la extraordinaria ola de calor que afecta a buena parte de Europa occidental. El estudio, encabezado por Theodore Keeping del Centro de Política Medioambiental del Imperial College de Londres, concluye que este episodio habría sido "prácticamente imposible de alcanzar en junio, y también muy improbable en cualquier época del año" hace solo 50 años, según el informe.
Los investigadores determinaron que una ola de calor similar en junio habría sido aproximadamente 3,5 grados Celsius más fresca durante el día en 1976, según el estudio. Las temperaturas nocturnas habrían sido aproximadamente 2,4 grados más frías, añaden los científicos.
El análisis también comparó el evento actual con el año 2003, cuando Europa vivió la primera gran ola de calor de este siglo. Los autores concluyen que, de haberse producido hace 23 años, las temperaturas diurnas habrían sido 2 grados menores y las nocturnas 1,3 grados más bajas, según el informe del WWA.
"Este evento no hubiera sido posible en junio sin el cambio climático", afirmó Keeping. El estudio descarta que el fenómeno de El Niño, que acaba de comenzar, haya influido en este episodio, según los investigadores.
Keeping explicó que junio en muchas zonas de Europa occidental es el mes que se "está calentando más rápido". Esto se traduce en un adelanto de las olas de calor, como demuestran los datos de España, según el científico.
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología de España (Aemet) muestran que entre 1975 y 2000 solo hubo dos olas de calor en junio en la España peninsular, mientras que entre 2000 y 2025 hubo 10, cinco veces más, según las estadísticas oficiales.
"La salvaje ola de calor de Europa tiene las huellas de la crisis climática por todas partes", señaló Simon Stiell, responsable del área de cambio climático de la ONU, a través de un comunicado. Stiell recordó la necesidad de que la economía mundial se aleje de los combustibles fósiles para no seguir agravando el problema.
"El cambio climático se está descontrolando debido a la adicción mundial a la quema de carbón, petróleo y gas", añadió el funcionario de la ONU. Stiell remarcó que se necesita "un cambio más rápido hacia las renovables —que ahora son mucho más baratas que los combustibles fósiles— así como la protección de los bosques", según su declaración. De lo contrario, aumentarán los impactos de este tipo de eventos extremos, advirtió.
Las olas de calor tienen un impacto directo sobre la salud, especialmente entre los sectores de población más vulnerables, como las personas mayores, según los expertos. Hans Henri P. Kluge, director regional en Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recordó hace una semana que "las olas de calor" se han convertido "en una crisis recurrente que causa sufrimiento, se cobra vidas y colapsa nuestros sistemas e infraestructuras sanitarias".
Solo en los últimos cuatro años el calor se ha cobrado más de 200.000 vidas en Europa, según Kluge. Sin embargo, estos fallecimientos son solo "la punta del iceberg, ya que millones de personas más se ven afectadas física y mentalmente", advirtió el directivo de la OMS.
La relación entre el aumento de este tipo de eventos de calor extremo en el mundo, tanto en frecuencia como en intensidad, y el cambio climático causado por el ser humano está bien documentada en decenas de estudios científicos, según la comunidad científica. La ola actual se espera que siga disparando los termómetros durante varios días más en parte del continente europeo, según las previsiones meteorológicas.