Internacional

Óscar Pérez-Oliva Fraga: el sobrino-nieto de los Castro que podría ser el próximo presidente de Cuba

El ingeniero electrónico de 54 años, sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, se perfila como posible sucesor en la presidencia de Cuba en medio de tensiones con Estados Unidos y presiones para una transformación económica en la isla, según diversos analistas.

INTERNACIONAL7 FEB 2026

Óscar Pérez-Oliva Fraga, un ingeniero electrónico de 54 años que ha escalado rápidamente en la cúpula de poder cubana, está siendo señalado por expertos como el posible próximo presidente de Cuba, especialmente ante un escenario de negociaciones con Washington. Su perfil discreto y tecnocrático lo posiciona como una figura de transición en momentos de incertidumbre política para el régimen cubano.

A pesar de su creciente importancia en las estructuras de poder, Pérez-Oliva Fraga es prácticamente desconocido para la población cubana. "Nunca he oído hablar de él", afirma una trabajadora de una panadería en Bauta, municipio al oeste de La Habana, según reporta El País. "Ni idea de quién es", responde una ama de casa de Pinar del Río cuando le preguntan por él.

Su vínculo familiar con la dinastía Castro es directo: es hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, la hermana mayor de Fidel y Raúl. Físicamente, comparte rasgos con sus familiares: "facciones bien definidas, medio severas, ojos pequeños, y un destello casi marcial en el rostro", según describe El País. Sin embargo, Sergio López Rivero, profesor de Historia de Cuba, señala que el personaje "carece de la relación con la masa que necesitan los líderes populistas, y de toda la objetivación mítica que en los orígenes rodeó a sus antepasados".

Entre sus principales ventajas está su relativa juventud comparado con la envejecida dirigencia cubana, y su trayectoria en el sector económico más que en la política de línea dura. Actualmente ocupa los cargos de viceprimer ministro de la República de Cuba y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, lo que lo conecta directamente con GAESA, la poderosa estructura económica y militar del país. Su experiencia incluye haber dirigido la empresa comercializadora de tecnologías Maquimport y haber trabajado en proyectos en la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

El primer ministro cubano Manuel Marrero Cruz lo ha descrito como "un cuadro preparado que tiene todas las cualidades para asumir las nuevas tareas asignadas", evidenciando el respaldo que tiene desde las altas esferas del poder.

Un paso crucial en su ascenso ocurrió a finales del año pasado, cuando fue designado como diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Según Rivero, "es el paso necesario para que, de acuerdo a la legislación vigente, pueda ocupar la presidencia en la isla".

La Constitución cubana de 2019 establece que el presidente debe tener nacionalidad cubana, una edad mínima de 35 años, ser diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular y recibir los votos de más del 50% de los miembros de dicha Asamblea. También debe ser miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único legal en el país.

El doctor en Ciencias Políticas Carlos M. Rodríguez Arechavaleta, especializado en historia institucional republicana en Cuba, explica que históricamente "estas tres figuras [Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel] han ejercido el poder sin contar con un voto directo de la sociedad, sino un voto de ratificación a sus candidaturas por parte de las respectivas Asambleas Nacionales". Arechavaleta insiste en que "la elección del presidente poco depende de la información y las preferencias del ciudadano de a pie; más bien, es una 'elección' cupular, según criterios de lealtad ideológica y persistencia del régimen".

La posible ascensión de Pérez-Oliva Fraga cobra relevancia en el contexto actual, donde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha derivado en amenazas de asfixia económica a La Habana por parte de Washington. Aunque se cree que Alejandro Castro Espín, coronel del Ministerio del Interior, exjefe de la Contrainteligencia cubana e hijo de Raúl Castro, está al frente de presuntas negociaciones con los estadounidenses en México —negadas oficialmente por Cuba—, serían otros los candidatos más adecuados para la presidencia.

Otros nombres que suenan para una posible sucesión, según expertos consultados por El País, son el actual primer ministro Manuel Marrero y Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del PCC. Sin embargo, Sergio Ángel Baquero, profesor e investigador del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, considera que estas figuras "son personas que han estado muy cercanas al modelo actual de gobierno de Díaz-Canel y difícilmente podrían representar algún tipo de cambio, sino que se mantendrían en la lógica de continuidad" del castrismo.

En contraste, Baquero cree que Pérez-Oliva Fraga "podría representar una transformación" debido a "su perfil más comercial", en un contexto donde se hace necesaria una "transformación económica profunda". Esta posibilidad cobra más fuerza considerando que el Gobierno estaba posicionando para el cargo al general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl Castro y quien dirigía GAESA, pero falleció repentinamente a los 62 años en 2022.

Arechavaleta considera que "su perfil tecnocrático y su trabajo en la diplomacia comercial le permitirá a Pérez-Oliva Fraga conocer de cerca las nuevas dinámicas geopolíticas y las reglas del comercio exterior y la inversión extranjera, lo cual puede acercarlo a una posición reformista ante la rigidez estructural de la cúpula del régimen cubano". Sin embargo, reconoce que los cubanos "poco conocemos de su perfil político, el cual creo que apenas comienza a desarrollar".

El escenario se complica con las declaraciones del presidente Donald Trump, quien ha asegurado que este es "el último año de la dictadura cubana en el hemisferio occidental". A pesar de estas afirmaciones, hasta ahora se desconocen los planes concretos de Washington hacia La Habana más allá del cerco económico y el corte del suministro de combustible que llegaba desde Venezuela.

Los analistas consideran que "la manera de gobernar de Trump conduce, irremediablemente, a forzar negociaciones". En este contexto, Baquero plantea que "quizás la pregunta no sería si hay otras figuras en Cuba, sino qué formas de transformación pueden venir o qué suerte de aperturas se pueden dar en este nuevo escenario".

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7 feb 2026
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Óscar Pérez-Oliva Fraga, un ingeniero electrónico de 54 años que ha escalado rápidamente en la cúpula de poder cubana, está siendo señalado por expertos como el posible próximo presidente de Cuba, especialmente ante un escenario de negociaciones con Washington. Su perfil discreto y tecnocrático lo posiciona como una figura de transición en momentos de incertidumbre política para el régimen cubano.

A pesar de su creciente importancia en las estructuras de poder, Pérez-Oliva Fraga es prácticamente desconocido para la población cubana. "Nunca he oído hablar de él", afirma una trabajadora de una panadería en Bauta, municipio al oeste de La Habana, según reporta El País. "Ni idea de quién es", responde una ama de casa de Pinar del Río cuando le preguntan por él.

Su vínculo familiar con la dinastía Castro es directo: es hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, la hermana mayor de Fidel y Raúl. Físicamente, comparte rasgos con sus familiares: "facciones bien definidas, medio severas, ojos pequeños, y un destello casi marcial en el rostro", según describe El País. Sin embargo, Sergio López Rivero, profesor de Historia de Cuba, señala que el personaje "carece de la relación con la masa que necesitan los líderes populistas, y de toda la objetivación mítica que en los orígenes rodeó a sus antepasados".

Entre sus principales ventajas está su relativa juventud comparado con la envejecida dirigencia cubana, y su trayectoria en el sector económico más que en la política de línea dura. Actualmente ocupa los cargos de viceprimer ministro de la República de Cuba y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, lo que lo conecta directamente con GAESA, la poderosa estructura económica y militar del país. Su experiencia incluye haber dirigido la empresa comercializadora de tecnologías Maquimport y haber trabajado en proyectos en la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

El primer ministro cubano Manuel Marrero Cruz lo ha descrito como "un cuadro preparado que tiene todas las cualidades para asumir las nuevas tareas asignadas", evidenciando el respaldo que tiene desde las altas esferas del poder.

Un paso crucial en su ascenso ocurrió a finales del año pasado, cuando fue designado como diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Según Rivero, "es el paso necesario para que, de acuerdo a la legislación vigente, pueda ocupar la presidencia en la isla".

La Constitución cubana de 2019 establece que el presidente debe tener nacionalidad cubana, una edad mínima de 35 años, ser diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular y recibir los votos de más del 50% de los miembros de dicha Asamblea. También debe ser miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único legal en el país.

El doctor en Ciencias Políticas Carlos M. Rodríguez Arechavaleta, especializado en historia institucional republicana en Cuba, explica que históricamente "estas tres figuras [Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel] han ejercido el poder sin contar con un voto directo de la sociedad, sino un voto de ratificación a sus candidaturas por parte de las respectivas Asambleas Nacionales". Arechavaleta insiste en que "la elección del presidente poco depende de la información y las preferencias del ciudadano de a pie; más bien, es una 'elección' cupular, según criterios de lealtad ideológica y persistencia del régimen".

La posible ascensión de Pérez-Oliva Fraga cobra relevancia en el contexto actual, donde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha derivado en amenazas de asfixia económica a La Habana por parte de Washington. Aunque se cree que Alejandro Castro Espín, coronel del Ministerio del Interior, exjefe de la Contrainteligencia cubana e hijo de Raúl Castro, está al frente de presuntas negociaciones con los estadounidenses en México —negadas oficialmente por Cuba—, serían otros los candidatos más adecuados para la presidencia.

Otros nombres que suenan para una posible sucesión, según expertos consultados por El País, son el actual primer ministro Manuel Marrero y Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del PCC. Sin embargo, Sergio Ángel Baquero, profesor e investigador del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, considera que estas figuras "son personas que han estado muy cercanas al modelo actual de gobierno de Díaz-Canel y difícilmente podrían representar algún tipo de cambio, sino que se mantendrían en la lógica de continuidad" del castrismo.

En contraste, Baquero cree que Pérez-Oliva Fraga "podría representar una transformación" debido a "su perfil más comercial", en un contexto donde se hace necesaria una "transformación económica profunda". Esta posibilidad cobra más fuerza considerando que el Gobierno estaba posicionando para el cargo al general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl Castro y quien dirigía GAESA, pero falleció repentinamente a los 62 años en 2022.

Arechavaleta considera que "su perfil tecnocrático y su trabajo en la diplomacia comercial le permitirá a Pérez-Oliva Fraga conocer de cerca las nuevas dinámicas geopolíticas y las reglas del comercio exterior y la inversión extranjera, lo cual puede acercarlo a una posición reformista ante la rigidez estructural de la cúpula del régimen cubano". Sin embargo, reconoce que los cubanos "poco conocemos de su perfil político, el cual creo que apenas comienza a desarrollar".

El escenario se complica con las declaraciones del presidente Donald Trump, quien ha asegurado que este es "el último año de la dictadura cubana en el hemisferio occidental". A pesar de estas afirmaciones, hasta ahora se desconocen los planes concretos de Washington hacia La Habana más allá del cerco económico y el corte del suministro de combustible que llegaba desde Venezuela.

Los analistas consideran que "la manera de gobernar de Trump conduce, irremediablemente, a forzar negociaciones". En este contexto, Baquero plantea que "quizás la pregunta no sería si hay otras figuras en Cuba, sino qué formas de transformación pueden venir o qué suerte de aperturas se pueden dar en este nuevo escenario".

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