

Los oviraptores, dinosaurios terópodos que vivieron hace entre 125 y 66 millones de años, no incubaban sus huevos exclusivamente mediante contacto corporal como las aves modernas, sino que dependían parcialmente de fuentes de calor ambiental como el sol, según revela un estudio publicado este martes en la revista Frontiers in Ecology and Evolution por investigadores asiáticos que recrearon físicamente el proceso de anidación de estos animales.
Un equipo de científicos asiáticos desafió la teoría dominante sobre cómo los oviraptores incubaban sus huevos al demostrar mediante simulación física que estos dinosaurios no empleaban únicamente la empolladura por contacto termorregulador, el método que utilizan la mayoría de las aves actuales, según el estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution.
Los oviraptores eran terópodos no aviares con plumas pero sin capacidad de vuelo, con pico muy corto y alto, sin dientes y ocasionalmente con cresta, según las fuentes. Medían aproximadamente un metro y medio de alto y pesaban entre 20 y 40 kilos, similar a un pavo macho. Los primeros fósiles de estos dinosaurios omnívoros fueron descubiertos en 1923 en Mongolia y posteriormente en China. Anidaban en grupo con nidos circulares poco profundos, en los que apilaban los huevos superponiéndolos en anillos concéntricos.
Para poner a prueba la teoría de la incubación exclusiva por contacto, los investigadores atacaron los tres requisitos fundamentales de este método: que todos los huevos estuvieran en contacto directo con el cuerpo del adulto, que esa fuera su principal fuente de energía y que todos recibieran el mismo calor por igual para un desarrollo parejo.
El equipo aplicó un método poco habitual en paleontología: la simulación física. Recrearon el cuerpo de un oviraptor en tamaño real, aunque sin cabeza ni cola, usando madera y espuma de poliestireno, y los huevos con resina y agua para simular la cáscara y la clara, sin recrear la yema. Colocaron sensores de calor en todos los huevos, construyeron los nidos y crearon un ambiente realista basándose en investigaciones previas sobre el clima y el ambiente del Cretácico Superior asiático.
A diferencia de estudios previos realizados en laboratorios, los científicos condujeron el experimento directamente al aire libre, en la naturaleza, donde el sol y el clima también pudieran medirse como variables.
Las conclusiones desbarataron cada uno de los tres requisitos de incubación por contacto. La forma de anidación en anillos concéntricos impide que el cuerpo del adulto toque por igual todos los huevos. Los huevos del interior no alcanzan a tener contacto, quedando sumidos en una cueva oscura y sin el calor suficiente para madurar.
"El segundo requisito previo, que el adulto sea la principal fuente de calor, se cumple, pero con una eficiencia de incubación muy inferior a la de las aves modernas", señala el artículo. Los investigadores concluyeron que probablemente debieron valerse de otras fuentes de calor. "La baja eficiencia indica que un oviraptórido pudo haber dependido parcialmente de fuentes de calor ambientales para incubar los huevos en una nidada", según la publicación.
La diferencia en la transferencia de temperatura habría llevado a una eclosión asincrónica de los huevos. Si recibían calor de forma desigual, la maduración también era desigual. Esto implica que algunos animales nacieran con una diferencia de un día o más en un período total entre puesta y eclosión de entre dos y tres meses, según las estimaciones de los científicos. Por lo tanto, el tercer requisito del desarrollo parejo también queda descartado.
Estar expuestos al sol sin la protección directa de un adulto era muy peligroso para un huevo. Para eso, la biología les dotó del camuflaje. "Un estudio anterior en el que participé trataba sobre el descubrimiento de pigmentos azul verdosos en las cáscaras de los huevos de los oviraptores. Con cáscaras coloreadas como las de los huevos de Emú modernos, podían ocultarse en el entorno y protegerse de los depredadores", explicó Tzu-Ruei Yang, uno de los autores del estudio, de nacionalidad taiwanesa.
La eclosión asincrónica tiene ventajas y desventajas según el contexto ambiental. "Imaginemos los pros y contras de tener 10 bebés en un año o un bebé por año durante 10 años. Para la primera opción se necesitaría una enorme cantidad de recursos a la vez, así que si el entorno es fértil habrá más posibilidades a favor de esa situación. Sin embargo, si el entorno es estéril, aquellos que utilicen la eclosión asincrónica tendrían más posibilidades de sobrevivir ya que pueden optar por dedicar la mayoría de los recursos a los primogénitos", explicó Yang.
Esta dualidad representa dos estrategias reproductivas: si la mortalidad es alta, algunos apostaban a la cantidad para que sobreviviera un buen número; otros optaban por una estrategia más conservadora, teniendo poca descendencia y concentrando los esfuerzos en su cuidado para que lleguen a la adultez. No era una elección consciente sino que la presión del ambiente y el estrés los forzaban hacia uno u otro camino.
"Los oviraptores sabían construir nidos de modo delicado y colocar sus huevos de forma muy prolija y ordenada", valoró Yang. Esta conducta contrasta con su nombre, que significa "ladrón de huevos", una denominación errónea asignada cuando se descubrieron los primeros fósiles en 1923. En realidad, estos dinosaurios no raptaban huevos sino que los cuidaban, dando abrigo a los suyos y a los de otros con igual esmero.
Otros dinosaurios con denominaciones más halagadoras eran padres más desentendidos. "Existía un grupo de titanosaurios conocido por utilizar aguas hidrotermales para calentar sus huevos sin contribuir al cuidado parental", según Yang. Corregir la designación científica de una especie un siglo después es prácticamente imposible.
El método de incubación mixto de los oviraptores, alternando entre el contacto corporal y el sol, resultó menos eficiente que el método tradicional de la mayoría de las aves actuales. Esta menor eficiencia podría explicar, en parte, por qué estos dinosaurios no llegaron al presente como sus colegas aviares, que sí evolucionaron hasta las aves modernas.