

Cerca de 50 miembros del pueblo Munduruku bloquearon la entrada principal de la Conferencia del Clima en Brasil, exigiendo ser escuchados por el presidente Lula da Silva y denunciando su histórica exclusión de las decisiones que afectan sus territorios.
La Conferencia del Clima Cop30, celebrada en Belém, Brasil, se vio interrumpida este viernes por una protesta de aproximadamente 50 miembros de la comunidad indígena Munduruku, quienes bloquearon la entrada principal del evento para exigir ser escuchados por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Los manifestantes, provenientes de la cuenca amazónica, expresaron su frustración histórica por la falta de representación. "Siempre nos han impedido hablar, nunca nos han escuchado", declaró uno de los líderes del grupo. Finalmente, fueron atendidos por André Corrêa do Lago, presidente de la Cop30, quien dedicó más de una hora a escuchar sus demandas.
Esta protesta se produce en un contexto de creciente tensión en la conferencia. Según datos revelados, uno de cada 25 delegados es un lobista de combustibles fósiles, lo que contrasta dramáticamente con la presencia limitada de comunidades indígenas. Tom BK Goldtooth, director ejecutivo de la Red Ambiental Indígena, calificó la situación como "inmoral" y criticó duramente la presencia de representantes de industrias contaminantes.
Raoni Metuktire, líder histórico del pueblo Kayapó, aprovechó la cumbre para advertir sobre las consecuencias de la destrucción ambiental. "Si seguimos destruyendo todo en esta tierra, habrá caos", manifestó, criticando además los planes gubernamentales de exploración petrolera en la costa amazónica.
La seguridad en el evento ha sido otro punto de conflicto. Fuerzas militares y policiales han incrementado significativamente su presencia, generando un ambiente que algunos activistas describen como "un estado policial". Simon Stiell, jefe de la ONU para el Clima, solicitó refuerzos de seguridad tras un incidente previo donde manifestantes intentaron acceder a zonas restringidas.
A pesar de estas tensiones, la Cop30 busca ser recordada como la "Conferencia de la Verdad", según palabras del presidente brasileño. Doce países ya han firmado una Declaración sobre Integridad de la Información Climática, marcando un precedente en la lucha contra la desinformación ambiental.
Los activistas continúan exigiendo la creación de un Mecanismo de Acción de Belém (BAM) que acelere una transición justa hacia una economía baja en carbono, poniendo énfasis en que las comunidades locales deben ser protagonistas de las decisiones que les afectan.
Mientras tanto, la ausencia de Estados Unidos, cuya delegación no asiste tras la retirada del Acuerdo de París durante la administración Trump, añade complejidad a las negociaciones. El senador Sheldon Whitehouse sugirió que esta ausencia podría incluso beneficiar las conversaciones.
La Cop30 continúa siendo un escenario de tensiones, esperanzas y demandas urgentes de justicia climática, con la mirada puesta en la preservación de la Amazonía y los derechos de sus pueblos originarios.