Proyecto científico en Trinidad revela por qué las hembras de guppy prefieren machos inusuales
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Proyecto científico en Trinidad revela por qué las hembras de guppy prefieren machos inusuales

Un estudio de 16 años sobre peces guppy en Trinidad descubrió que las hembras prefieren aparearse con machos de características inusuales, no porque mejore la supervivencia de sus crías, sino porque sus hijos heredan esos rasgos y logran más apareamientos. La investigación, publicada en la revista Science en 2023, confirma la hipótesis del "hijo sexy" y explica la diversidad de colores en la naturaleza, según la Universidad de California en Riverside.

CIENCIA20 JUN 2026

El Proyecto Guppy, lanzado en 2007 por el biólogo David Reznick de la Universidad de California en Riverside, ha transformado la isla de Trinidad en un laboratorio natural para estudiar la evolución en tiempo real. Tras monitorear 10 generaciones de estos pequeños peces de ríos sudamericanos, los investigadores descubrieron un patrón sorprendente: las hembras de guppy prefieren aparearse con los machos más inusuales del grupo, no con los más comunes, según los resultados publicados en Science en 2023.

La investigación reveló que esta preferencia no mejora la tasa de supervivencia de las crías. Sin embargo, ofrece una ventaja indirecta: los hijos machos heredan esas características inusuales y se vuelven más atractivos, logrando más apareamientos, según los investigadores. Este fenómeno se conoce como la hipótesis del "hijo sexy" y explica en parte la diversidad de colores y características sexuales que se observan en la naturaleza.

Trinidad, en el sur del Caribe, proporciona condiciones únicas para este estudio. Las poblaciones de guppies están separadas por cascadas y ríos, lo que permite a los científicos observar procesos evolutivos de manera casi inmediata, según Reznick. Los machos de guppy despliegan una amplia gama de colores para atraer a las hembras, ya que su fertilización es interna.

El trabajo de campo detrás de estos descubrimientos involucra a equipos de jóvenes investigadores que se levantan a las 5 de la mañana para recorrer la selva en busca de peces. Ignacio Paulin, biólogo recién graduado de la Universidad de Oviedo en España, fue contratado como asistente de campo para el proyecto. "Estaba acostumbrado a las montañas de Asturias, donde puedes ver kilómetros a la redonda. Pero entendí que la selva era un lugar para enfocarse en los pequeños detalles, porque tu mundo se reduce a una burbuja diminuta", dijo Paulin.

A las 6 de la mañana, Paulin y su equipo ya estaban en el auto. Tras una hora de conducción, comenzaban la caminata hacia la selva. "Caminábamos por el medio de la nada. Es sin duda el lugar más remoto en el que he estado", recordó el biólogo. Cada miembro del equipo llevaba una mochila llena de botellas vacías. Al llegar al río, intentaban capturar tantos guppies adultos como fuera posible, colocándolos en las botellas y anotando el tramo exacto del río donde los encontraban. De vuelta en el campamento, los peces eran transferidos a pequeños acuarios para ser estudiados.

Al día siguiente, en el laboratorio, los peces eran anestesiados uno por uno y examinados bajo un microscopio para leer el código de color tatuado en su piel, que servía como identificación. Si no tenían código, significaba que era su primera captura: se les tatuaba un nuevo código y se tomaba una muestra de ADN. Si ya estaban marcados, se consultaba la base de datos para registrar su peso y tamaño, tomando una nueva fotografía antes de liberarlos de vuelta al río.

Esta rutina ha permitido a los investigadores rastrear la evolución de las poblaciones de guppies en Trinidad durante años. Conocen cuánto vive cada pez, cómo cambia su apariencia, dónde se mueve y su linaje. "Alrededor de 4.000 peces pasan por el laboratorio cada mes. Desde que comenzó el proyecto, se han registrado 115.000 individuos. Y, como muchos son capturados múltiples veces, ahora tenemos más de medio millón de registros", explicó Paulin.

Aunque el trabajo de campo era fascinante, Paulin sintió que no era suficiente. Le atraía estudiar el comportamiento animal y quería formular sus propias hipótesis. Después de conocer Trinidad y sus guppies de primera mano, decidió combinar esa experiencia con las matemáticas para analizar el comportamiento de los peces. Se inscribió en un programa de maestría en ecología, evolución y comportamiento animal en la Universidad de Konstanz en Alemania, donde conoció a Alex Jordan, investigador del Laboratorio de Comportamiento Evolutivo.

"Un día nos presentaron. Y me preguntó: '¿Por qué estás aquí?' Le dije que acababa de llegar de Trinidad y que quería regresar para aplicar la computación al estudio del comportamiento animal. Que necesitaba un lugar para aprender a analizar todos los datos", relató Paulin. "Fue increíble: conectamos desde el principio. Le encantó mi propuesta".

Durante su programa de posgrado, regresó a Trinidad, esta vez decidido a estudiar el cortejo de los guppies. Para atraer a las hembras, los machos realizan un ritual conocido como la exhibición sigmoidea: se posicionan frente a las hembras y realizan una "danza" arqueando sus cuerpos en forma de S. Durante esta exhibición, algunos de sus colores, regulados por hormonas, se intensifican. Es su manera de suplicar una oportunidad.

Sin embargo, los machos de guppy no siempre son tan caballerosos. Estos peces tienen otra táctica reproductiva: sorprender a las hembras, pasando junto a ellas como estrellas fugaces y fertilizándolas inesperadamente. Esta táctica evita depender de su consentimiento, aunque la probabilidad de fertilización exitosa es menor, según los investigadores.

Por eso los guppies terminan recurriendo a las danzas de cortejo, aunque puedan ser rechazados. Pero la danza también conlleva un riesgo, porque se vuelven más visibles para los depredadores. Aquí es donde entra la investigación de Paulin: "He grabado las danzas de cortejo de los peces en diferentes ríos de la isla. Algunos tienen depredadores, mientras que otros no. Ahora mismo, estamos entrenando un modelo de aprendizaje automático para detectar la postura y los movimientos de los peces", dijo el biólogo. "Queremos estudiar cómo ha evolucionado la danza y ver si su intensidad cambia entre poblaciones que viven con depredadores y las que no".

Actualmente, Paulin está en el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal en Alemania, analizando sus datos. Le preocupa no poder regresar a Trinidad. Por primera vez desde 2007, el Proyecto Guppy ha cerrado sus puertas. "La administración Trump decidió recortar la financiación. Es incomprensible dejar morir un proyecto de esta magnitud en el que se ha invertido tanto", lamentó. "Ahora mismo, no queda nadie en la estación en Trinidad".

"Más allá de la ciencia", detalló, "está el aspecto humano: vivíamos al borde de la selva tropical, cerca de una pequeña comunidad que nos acogió durante 16 años. Nos sentíamos parte de ellos. Tenía una relación cercana con los niños; jugábamos juntos y me mostraban la selva tropical. La idea de que todo eso pueda desaparecer para siempre me pone muy triste", lamentó.

Los proyectos científicos son mucho más que los artículos publicados en una revista. Gracias al Proyecto Guppy, Paulin y cientos de otros jóvenes encontraron inspiración en Trinidad para lanzar sus carreras de investigación. Hoy, a los 26 años, Paulin tiene una amplia experiencia estudiando peces y muchas preguntas por responder.

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