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Guerra entre EE.UU., Israel e Irán fractura alianza histórica con países del Golfo Pérsico

La alianza estratégica de ocho décadas entre Estados Unidos y las monarquías del Golfo Pérsico se ha agrietado tras la guerra contra Irán, según analistas. Los ataques iraníes a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin en febrero de 2026 expusieron que las bases militares estadounidenses, consideradas garantía de seguridad, se convirtieron en blanco enemigo mientras Washington priorizó la defensa de Israel, dejando a estos países "abandonados a su suerte".

INTERNACIONAL20 JUN 2026

El pacto tácito forjado en 1945 entre el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y el rey saudí Abdul Aziz Ibn Saúd —seguridad a cambio de petróleo— ha demostrado tener cimientos más débiles de lo esperado tras el terremoto regional provocado por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, según el diario El País.

Pocas horas después de los primeros bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Teherán el 28 de febrero de 2026, la República Islámica atacó no solo Israel sino también Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin, según la fuente. En pocos días, los misiles y drones iraníes habían impactado en 11 países de la región.

Las bases militares estadounidenses en estos países —de Emiratos a Baréin, de Kuwait a Qatar— pasaron de ser la principal garantía de seguridad a convertirse en "una rémora, un lastre", según el análisis. Lejos de ser una defensa, las convirtieron en blanco iraní.

**Prioridades divergentes**

Washington priorizó "la defensa y la seguridad de Israel", mientras que estos Estados consideran que fueron relegados y, en parte, "abandonados a su suerte" frente a las represalias militares de Teherán, según Leyla Hamad Zahonero, investigadora asociada al Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (Cearc), citada por El País.

El resultado, afirma Hamad Zahonero, es que la guerra de Irán no solo "ha alterado el equilibrio militar de la región" sino que también ha llevado a esos Estados a "recalibrar su relación con Washington".

La fragilidad del pacto no escrito ha quedado patente en ambos lados. Pese a la enemistad de muchos países del Golfo con Irán, lejos de presionar a Washington para continuar la contienda —como Israel suponía que harían— han seguido el camino contrario: han tratado, sin mucho éxito, de convencerlo para que frenara, según la fuente.

La razón no es solo económica, con el estrecho de Ormuz cerrado causando asfixia económica. También porque, como resalta Hamad Zahonero, Irán puede ser "un vecino incómodo" pero esa vecindad no va a desaparecer. Entre una alianza con Washington que los ha decepcionado y el imperativo de la geografía, los países del Golfo se están inclinando ahora por tratar de restañar la herida abierta con Irán.

**Autosuficiencia energética estadounidense**

Del lado estadounidense, la guerra ha puesto de manifiesto que la alianza con sus aliados en el Golfo era menos vital de lo que parecía, según el análisis. La revolución del fracking ha disparado la producción de crudo y gas en Estados Unidos, que acaricia una autosuficiencia energética con la que nunca pudo siquiera soñar: cualquier subida de precios del petróleo le afecta, como se ha demostrado estos meses, pero el suministro está a resguardo.

Lejos quedan aquellos tiempos en los que Roosevelt ansiaba controlar el petróleo saudí: ahora, simplemente, no lo necesitan tanto como antaño, según la fuente.

Convertidos, junto con Israel, en objetivo prioritario de la represalia iraní, la guerra ha "expuesto los límites del modelo de externalización de la seguridad de los Estados del Golfo y la fragilidad de un desarrollo económico estrechamente vinculado a la estabilidad", resalta Hamad Zahonero.

**Acuerdo de paz insuficiente**

La autopista marítima del estrecho de Ormuz empezó a revivir el jueves pasado, poco después de que Donald Trump firmase en Versalles los 14 puntos que prometen la difícil empresa de la paz, según El País. Sin embargo, Irán anunció el sábado un nuevo cierre en respuesta a bombardeos israelíes sobre Líbano.

La decepción de los países del Golfo con el memorando no es menor: el documento no dice ni palabra sobre los misiles y los drones iraníes con los que Teherán ha golpeado incluso infraestructuras civiles vitales como las plantas desalinizadoras de agua, según la fuente.

En cuanto al estrecho, el propio texto del acuerdo deja margen a muchas lecturas. Dice que las autoridades iraníes y omaníes "mantendrán un diálogo para definir la futura administración y los servicios en Ormuz", una fórmula que deja la puerta abierta al cobro de algún tipo de tasa a los barcos. A renglón seguido, sin embargo, apostilla que el arreglo tendrá que ser "de conformidad con el derecho internacional aplicable", que no permite el cobro de peaje alguno por navegar por un estrecho marítimo.

**Búsqueda de alternativas**

La guerra deja un aprendizaje por encima del resto: Irán ha demostrado al mundo —y a sí mismo— que puede cerrar Ormuz casi a su antojo, según el análisis. Tiene, en fin, al resto del mundo a su merced, empezando por los países del Golfo, que exportan por ese estrecho el grueso de sus hidrocarburos.

Con acuerdo o sin él, estos países siguen pensando en alternativas para no sufrir la tortura de un nuevo cerrojazo. Con más motivos que nunca: ahora saben a ciencia cierta que el poderío militar estadounidense no es suficiente para reabrir esa vía marítima crucial, según la fuente.

Emiratos Árabes Unidos anunció a mediados de mayo un acelerón en su plan para duplicar la capacidad del único tubo que le permite sortear el estrecho y embarcar los barriles ya en Fujairah, en las costas del mar Arábigo, según El País.

Arabia Saudí —el país de la región que mayor proporción de su petróleo ha conseguido salvar— está en conversaciones con Kuwait —uno de los más afectados— para que el petróleo de esa nación esquive Ormuz cruzando su vasto territorio, según la fuente.

**Diversificación militar**

Tras comprobar que la prioridad de la Casa Blanca es Israel y no ellos, los países del Golfo también persiguen aumentar su autonomía estratégica y reducir su dependencia del armamento procedente de Estados Unidos, según el análisis.

En marzo, cuando empezaron a temer que las constantes arremetidas iraníes agotaran sus reservas de interceptores para frenar los misiles y drones de Teherán, la respuesta de la Administración de Trump fue un portazo, según el medio especializado Middle East Eye citado por El País. Al menos uno de esos países preguntó a funcionarios estadounidenses sobre la posibilidad de reponer esos interceptores y vio su petición desestimada.

En mayo, el ministro de Defensa kuwaití, Abdullah Ali Abdullah Al Salem Al-Sabah, firmó un documento de intenciones con Haluk Gorgun, presidente de la Agencia de la Industria de Defensa de Turquía, con el fin de fortalecer la cooperación en ese ámbito, según la fuente. Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar también están buscando cerrar acuerdos de armamento con Ankara, sobre todo en materia de drones y de sistemas de defensa aérea de corto alcance.

En paralelo, estos petroestados exploran también el desarrollo conjunto con Turquía de interceptores de misiles balísticos, una tecnología que ese último país aún no ha desarrollado, pero que —como recuerda Hamad Zahonero— sí "están explorando para poder desarrollar conjuntamente esa industria" sin tener que depender del suministro de armas de Washington.

**Irritación diplomática**

La habitual locuacidad de Trump y sus colaboradores en esta guerra ha terminado de irritar a los países del Golfo, según el análisis. Por ejemplo al citar a Estados como Emiratos Árabes al mencionar la promesa de un fondo de inversión en Irán de 300.000 millones de dólares (más de 260.000 millones de euros), en el que el republicano ha dicho que no podrán participar "ni con 10 centavos de dólar".

También al condicionar la firma de la paz con Irán a que los países del Golfo, sobre todo Arabia Saudí, se sumaran a los Acuerdos de Abraham, por los que cuatro Estados árabes establecieron en 2020 relaciones diplomáticas con Israel, según la fuente.

"Los líderes del Golfo entienden que el régimen iraní no va a ninguna parte, y no ven beneficios estratégicos en intentar aislar a Teherán o acorralarlo. Esto no significa que se hayan vuelto ingenuos respecto a Irán: siguen siendo profundamente conscientes de los desafíos y amenazas que representa Teherán", escribía recientemente Danny Citrinowicz, exanalista del ejército israelí, en X (antes Twitter), según El País.

"Sin embargo, su estrategia preferida es la desescalada y la coexistencia en lugar de la confrontación. Desde su perspectiva, mantener canales de comunicación con Irán es una necesidad, no una opción", añadió Citrinowicz.

La guerra ha demostrado que el pacto histórico entre Estados Unidos y los países del Golfo Pérsico, forjado hace más de ocho décadas, enfrenta su mayor crisis. La combinación de autosuficiencia energética estadounidense, priorización de Israel sobre sus aliados tradicionales y la capacidad iraní de cerrar el estrecho de Ormuz ha llevado a estas monarquías a buscar alternativas estratégicas, económicas y militares que reduzcan su dependencia de Washington.

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