

Más de diez años después del referéndum que sacó al Reino Unido de la Unión Europea, el balance económico y social del Brexit muestra un panorama desolador: el PIB está entre seis y ocho puntos por debajo de donde estaría de haber permanecido en el bloque, el comercio exterior cayó un 15%, la productividad se redujo un 4% y las promesas de prosperidad se han convertido en restricciones de movilidad, fuga de estudiantes y un sistema de salud en crisis, según análisis de instituciones independientes británicas y estadounidenses.
El origen de la ruptura se remonta al otoño de 2014, cuando el entonces primer ministro británico David Cameron golpeó la mesa en Bruselas tras una cumbre europea en la que sus homólogos le exigieron actualizar la contribución del Reino Unido, elevándola en algo más de 2.000 millones de euros, según El País. "Es inaceptable, no voy a pagar esa cuenta", declaró airado el político conservador. La promesa de referéndum ya estaba sobre la mesa, pero aún parecía lejana. Año y medio después, las urnas dirían no al proyecto común europeo.
Hoy, en junio de 2026, el desempeño de la antaño todopoderosa Gran Bretaña decepciona incluso a quienes votaron por la salida. Las promesas se han difuminado y el país está, casi en todos los frentes, peor de lo que proyectaron quienes hicieron campaña por abandonar la Unión Europea, según el análisis de la fuente.
**Una economía estancada**
Las cuentas parecían claras para quienes querían creer: sin el corsé de las regulaciones comunitarias, el crecimiento despuntaría y la libra esterlina se fortalecería. Ha ocurrido exactamente lo contrario. El PIB está hoy entre seis y ocho puntos por debajo de donde estaría de haber continuado en el bloque, según un análisis publicado a finales de 2025 por el National Bureau for Economic Research estadounidense y la Universidad de Stanford.
Desde el Brexit, la economía británica ha promediado un crecimiento anual del 1,4%, cuatro décimas menos que en los 15 años inmediatamente anteriores, según el mismo estudio. La Oficina para la Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido (OBR, equivalente a la Airef española) calcula que la productividad es hoy un 4% menor de lo que sería de haber votado por quedarse.
**El fracaso del milagro exportador**
El comercio exterior es hoy un 15% más bajo, según la OBR. Los anhelados acuerdos comerciales con terceros países al margen de las supuestas imposiciones de Bruselas no han tenido "ningún impacto material y que, de tener alguno, será gradual", según se lee en el análisis de la OBR publicado el verano pasado.
Frente al brutal crecimiento del turismo en otros países del entorno europeo, como España, Francia o Italia, en las islas ha sido mucho más atenuado, según la fuente. Y, pese a que la City (la potente industria financiera londinense) no ha sufrido el hundimiento que también se previó, lejos de ganar, la libra ha perdido cancha frente al euro.
**Restricciones de movilidad y el encarecimiento de viajar**
Uno de los grandes golpes del Brexit ha sido el de las restricciones a la hora de moverse entre el Reino Unido y la UE. Quienes quieran viajar de un territorio hacia otro solo pueden hacerlo libremente durante un máximo de 90 días, aunque desde el 2 de abril de 2025 los ciudadanos comunitarios han de solicitar previamente una Autorización Electrónica de Viaje para poder cruzar la frontera.
En sus primeros días, este permiso, de dos años de validez, costaba 10 libras (unos 12 euros). Una semana después subió hasta 16 libras. Y desde el pasado 8 de abril ya son 20 libras, según la fuente. Si se superan los 90 días, debe solicitarse un visado adaptado al motivo de la estancia (estudios, trabajo, residencia no lucrativa). Su tasa, recíproca, va de 298 a 1.884 libras (entre 340 y 2.180 euros).
Las restricciones pos-Brexit también han debilitado el pasaporte británico: en 2016 se posicionaba en tercer lugar mundial en cuanto a opciones de viaje para sus ciudadanos; hoy es sexto, y bajando, según el análisis. Pese a ello, los destinos libre de visado para los titulares de un pasaporte británico han aumentado: de 175 hace una década a 185 hoy. También lo han hecho, sin embargo, los de sus antiguos socios.
**Fuga de estudiantes europeos**
Las restricciones de viaje entre el Reino Unido y el bloque comunitario han provocado un desencanto hacia el país británico entre los estudiantes europeos, tanto por los elevados costes como por la complejidad de los trámites burocráticos.
Las cifras del Observatorio Migratorio de la Universidad de Oxford muestran que el número de alumnos comunitarios matriculados en un centro de estudios superiores en el Reino Unido ha pasado de 138.040 en el curso 2016-2017 a 75.490 para el de 2023-2024, hasta donde llega la estadística. El pico se registró en el curso 2020-2021, meses antes de que entrara en vigor la salida del Reino Unido de la Unión.
**Un sistema de salud en crisis**
La última Encuesta de Actitudes Sociales Británicas (BSA, por sus siglas en inglés), de marzo de 2025, revela que solo uno de cada cuatro británicos se muestra "muy" o "bastante satisfecho" con el funcionamiento del NHS, el sistema de salud público del Reino Unido, otrora bandera de su estado de bienestar. Uno de cada dos afirmó estar "muy" o "bastante insatisfecho". En 2016, estas cifras eran del 63% y 22%, respectivamente, según la encuesta.
**La inmigración, otra promesa rota**
Muchos de quienes defendían la salida de la UE lo hacían guiados por una pulsión identitaria, nativista, nacionalista. Querían más Reino Unido, menos Europa y, también, menos inmigración. No ha sido así: aunque muchos comunitarios han puesto pies en polvorosa (solo entre 2021 y 2025, en términos netos, 162.000 ciudadanos comunitarios hicieron las maletas), las llegadas procedentes de países extracomunitarios se han disparado, según los datos oficiales citados por la fuente.
**La ultraderecha, en ascenso**
Lejos de penalizar a quienes más empujaron para que el Reino Unido saliese de la UE, estos sectores han salido incluso beneficiados. Las últimas encuestas sitúan a Reform UK —el partido ultraderechista construido a la imagen y semejanza de su líder, Nigel Farage, la cara más reconocible del movimiento pro-Brexit— como favorito, según la fuente.
Pendiente de la esperanza que pueda suscitar el futurible próximo primer ministro británico, Andy Burnham, en las hoy alicaídas filas laboristas, el mismo populismo que envolvió la salida de la Unión de promesas imposibles nunca ha estado tan cerca del 10 de Downing Street.
**Los pocos beneficiados**
Mientras una mayoría sigue lidiando con la amargura del Brexit, unos pocos sí se han beneficiado de la salida del Reino Unido de la UE. Al margen de Farage y los suyos, un artículo reciente del Financial Times daba cuenta de cómo Irlanda del Norte goza ahora de un estatuto económico único que le permite acceder tanto al mercado de bienes de la UE como al del Reino Unido, sin restricciones. Nadie más lo tiene.
Asimismo, el sector aduanero ha visto un crecimiento notable de su plantilla, con la contratación de unos 10.000 nuevos agentes aduaneros para hacer frente al nuevo papeleo, según el Instituto Colegiado de Exportación y Comercio Internacional.
Un puñado de empresas de nuevo cuño en los sectores alimentario y tecnológico (con la inteligencia artificial al frente) también han sacado provecho del cambio en las normativas regulatorias, al no tener que cumplir ya con las regulaciones europeas, menos flexibles que las nacionales, según la fuente.
**Implicaciones futuras**
El balance de más de una década desde el referéndum del Brexit muestra que las promesas de prosperidad económica, fortalecimiento de la libra y control de la inmigración no se han cumplido. Por el contrario, el Reino Unido enfrenta un estancamiento económico, pérdida de competitividad, restricciones de movilidad y un deterioro del sistema de salud que ha erosionado la confianza ciudadana.
El ascenso de la ultraderecha en las encuestas sugiere que, paradójicamente, el descontento generado por las consecuencias del Brexit podría beneficiar a los mismos sectores que promovieron la salida. Con Reform UK como favorito en las encuestas y la posibilidad de que Nigel Farage llegue al poder, el Reino Unido podría profundizar su giro hacia el populismo nacionalista.
La situación plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea, especialmente en materia comercial y de movilidad. Mientras tanto, los datos económicos y sociales continúan mostrando un país que, lejos de prosperar en solitario, enfrenta desafíos estructurales que no existían antes de la ruptura con Bruselas.