Sebastopol sufre racionamiento de combustible y cortes eléctricos por ofensiva ucraniana contra infraestructuras en Crimea
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Sebastopol sufre racionamiento de combustible y cortes eléctricos por ofensiva ucraniana contra infraestructuras en Crimea

La ciudad rusa de Sebastopol, en la península de Crimea ocupada desde 2014, enfrenta un estado de emergencia con racionamiento de combustible limitado a 20 litros por vehículo y cortes eléctricos recurrentes, según informó el gobernador Mijaíl Razvozhayev. La situación responde a una ofensiva ucraniana con misiles y drones que busca estrangular la logística rusa en la península, dejando sin suministro eléctrico a los 350.000 habitantes durante tres días la semana pasada y provocando nuevas restricciones este martes.

INTERNACIONAL1 JUL 2026

La gran base naval rusa del mar Negro vive por primera vez en su historia un cerco a distancia, desde el aire, con explosiones que rasgan el cielo en intervalos de horas. Las autoridades han implementado medidas de emergencia que incluyen un sistema de códigos QR para controlar la adquisición de combustible, mientras los bombardeos ucranios se suceden día y noche contra infraestructuras militares y energéticas, según reportó El País desde la ciudad.

El ejército ucraniano ha emprendido una campaña sistemática contra puentes, carreteras, vías férreas e instalaciones eléctricas que busca cortar el suministro a las fuerzas rusas en Crimea, territorio ucraniano que Moscú ocupa desde 2014. La pasada semana logró dejar sin electricidad a toda la ciudad de Sebastopol durante tres días, según confirmó el gobernador Razvozhayev.

"Esta medida es obligatoria y es necesaria para solucionar la inestabilidad de las redes eléctricas fuera de nuestra zona. Si es posible, no usen ascensores, y si tienen electricidad, carguen sus teléfonos y cargadores", dijo Razvozhayev este martes al anunciar el regreso de las restricciones eléctricas, apenas dos días después de que se restaurara el suministro.

**Vida bajo bombardeos constantes**

Los habitantes de Sebastopol intentan mantener la normalidad pese a las alarmas antiaéreas que suenan varias veces al día. "Hemos estado tres días sin luz ni agua. Se estropeó la comida de la nevera y tuvimos que comprar todo, hasta agua, en las tiendas. Es terrible, atacan constantemente las instalaciones militares, los barcos y las infraestructuras energéticas", dijo Tatiana, madre de una niña de diez años, según recogió El País.

El gobernador Razvozhayev informó en su canal de Telegram que las defensas antiaéreas rechazaron dos ataques ucranios en una sola madrugada, derribando 29 drones. Las explosiones se sucedieron seis veces esa noche, aunque más lejanas que en ocasiones anteriores. Pasado el mediodía, volvieron a sonar las sirenas.

El paisaje urbano se ha adaptado a la guerra. Enormes bloques de hormigón llamados "ukrytiye" sirven como refugios rápidos, aunque los autobuses y trolebuses ya no son desalojados cuando suenan las alarmas. El transporte público funciona con normalidad después de los sobresaltos de las últimas semanas, según constató el enviado especial.

**Escasez de combustible y bloqueo logístico**

El racionamiento de combustible anunciado el lunes limita la compra a un máximo de 20 litros por vehículo mediante un código QR que las autoridades concederán caso a caso, según informó Razvozhayev. Esta medida, junto con la popularización de vehículos híbridos y eléctricos, mantiene a duras penas la logística en la ciudad.

La escasez responde a dos factores: la campaña de bombardeos que Ucrania ha emprendido este año contra las refinerías rusas, que ha provocado desabastecimiento de combustible en medio país, y el bloqueo que Kiev intenta lograr con drones en los dos accesos a la península: el puente de Kerch y la carretera R-280 desde Donbás, según explicó el reportaje.

En Crimea no se había escuchado un disparo desde que Rusia se la anexionó en 2014 hasta que Moscú lanzó su ofensiva total sobre Ucrania en febrero de 2022. Y tampoco nunca había estado tan desabastecida, según el análisis.

**Historia militar y posición estratégica**

A diferencia del conjunto de Crimea, Sebastopol siguió siendo una base naval rusa tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, mientras el resto de la península pasó a Ucrania. Kiev y Moscú pactaron inicialmente que ese estatus se mantendría hasta 2017, aunque en 2010 fue prorrogado hasta 2042. Fue desde este exclave desde el que las tropas rusas tomaron el Parlamento de Crimea en 2014, cuando Ucrania estaba paralizada con un gobierno provisional tras las protestas de Maidán de ese año, según el contexto proporcionado.

Un mural a la entrada de Sebastopol recuerda la cita final del discurso que pronunció Vladímir Putin ante su Asamblea Federal en diciembre de 2014: "Estamos preparados para afrontar cualquier desafío y salir victoriosos". El líder ruso pronunció estas palabras al concluir el año en el que el Kremlin se anexionó Crimea violando todas las leyes internacionales y desató la guerra en el este de Ucrania sin admitirlo, asegurando que sus soldados habían ido allí voluntariamente, "de vacaciones".

Doce años después, con la ofensiva rusa extendida a todo el territorio de Ucrania, Crimea sufre intensos bombardeos y Putin ni siquiera controla Sloviansk, la ciudad de la región de Donetsk donde germinó la guerra en curso, el mayor conflicto bélico que ha sufrido Europa en 80 años, según señaló el reportaje.

**Opiniones divididas entre los habitantes**

En Sebastopol solo hay espacio para los grafitis nacionalistas prorrusos. "Donde están los rusos está la victoria", dice un mural pintado sobre la bandera imperial zarista en uno de los desfiladeros de la bahía. "Un equipo unido, un país fuerte. Juntos somos Rusia", rezan los carteles con los que está empapelada la ciudad en homenaje a la anexión de Crimea.

Las autoridades toleran —o han promovido— que tres hombres recojan firmas para pedir la declaración del estado de excepción y hacer escalar el conflicto contra Ucrania. "Se lleva a cabo una guerra contra nuestro país", claman junto a una bandera con el rostro de Putin y un coche sobre el que han fijado la maqueta de un misil nuclear con la frase "A Washington", según observó el periodista.

Pero no todo el mundo comparte esta fe ciega. "De la forma en la que Putin está llevando la guerra, esta será interminable", dijo Vladímir Ivanov, pensionista y antiguo jefe de un pelotón de reconocimiento de la infantería de marina, mientras columpiaba a su nieto en el parque Komsomol. "Toca entretenerle porque su papá está en el frente", apuntó.

"Soy fatalista. Como dicen algunos, quien está destinado a ser ahorcado no se ahogará. Todo esto es triste. Tenemos muchos problemas aquí, y además tenemos que tolerar a los fascistas", afirmó Ivanov, culpando por el conflicto actual a Ucrania —cuyo Gobierno es tachado de fascista por la propaganda rusa— y a las autoridades soviéticas "que dejaron que los Banderovtsi [los ultranacionalistas ucranios seguidores de Stepan Bandera] mantuvieran una posición fuerte en el oeste del país".

Ivanov mencionó que el nombre de su tatarabuelo figuraba en el museo sobre la defensa de Sebastopol en la guerra de Crimea (1854-1855). El pasado 10 de junio un ataque ucranio dañó el edificio y su enorme mural de Franz Roubaud, y ahora el recinto permanece cerrado hasta su reapertura el próximo año, según informó.

**Impacto en la flota del mar Negro**

La amenaza de las armas de largo alcance ucranias ha anulado la participación de la armada rusa en el frente y ha obligado a Moscú a alejar algunos navíos al puerto de Novorosíisk, cuyas infraestructuras palidecen todavía frente al estratégico enclave de Crimea como puerto de aguas calientes, según el análisis.

El peligro que representan los nuevos misiles y drones para las flotas más poderosas quedó de manifiesto cuando dos proyectiles ucranios hundieron en abril de 2022 el buque insignia de la flota del mar Negro, el crucero ruso Moskvá. De aquel navío lanzamisiles queda hoy el recuerdo en unos imanes que venden las tiendas de souvenirs de Sebastopol, según constató el reportero.

"La situación va a ir a peor", dijo la vendedora de uno de estos puestos en el malecón, con las alarmas antiaéreas de fondo. "Nuestras fuerzas están a punto de liberar Donbás, la operación especial militar va a concluir y ellos [Ucrania] intentan [con estos bombardeos] desviar las fuerzas rusas del frente", opinó.

Un cartel colgado en un mirador advierte de que está terminantemente prohibido fotografiar los muelles y navíos de la flota del mar Negro rusa que allí permanecen resguardados. "Hay que tener cuidado para no dar pistas al enemigo. Los cretinos de los ucranios atacan constantemente, pero las defensas antiaéreas funcionan", aseveró Alexéi, militar en activo, mientras paseaba junto a la bahía de Pivdenna.

**Cambios en el simbolismo político**

Curiosamente, los omnipresentes souvenirs con el rostro de Putin que había siempre en las tiendas han desaparecido de los mostradores. Hoy, en Sebastopol, solo hay tres tipos de recuerdos a la venta: de monumentos de la ciudad, de la flota del mar Negro y de una única figura histórica rusa: el dictador Iósif Stalin, cada vez mejor visto en Rusia, según observó el enviado especial.

"Escuchamos ataques en todas partes estas últimas dos semanas, era esperable que la situación empeorase", afirmó Liubov, vecina del museo, que juega con su perro Tioma. "Esperamos y esperamos. Uno nunca sabe qué pasará, no depende de ti. La situación con el combustible está mal. Sin duda habrá restricciones, es inevitable en un escenario bélico", opinó esta jubilada, que se mudó a Sebastopol hace 30 años con su primer marido.

Muchas de las mujeres que viven en la ciudad son o han sido pareja de miembros de las fuerzas armadas rusas. "Esta es una ciudad militar", enfatizó Liubov, matizando que la de Ucrania es una "operación militar especial" y riendo al recordar que las autoridades rusas "nunca han declarado que esto sea una guerra".

**Perspectivas de futuro**

El apoyo mayoritario de los rusos a la guerra contra Ucrania que muestran las encuestas se exacerba en una base militar como Sebastopol, donde es difícil encontrar a alguien que cuestione la opción bélica, según constató el periodista. "Con este conflicto pasará como con la guerra de Chechenia. Se firmará una tregua y los combates se reanudarán en un par de años, aunque quizás sean menos intensos", auguró Alexéi, el militar en activo.

La situación en Sebastopol ilustra la nueva cara de la guerra moderna: la de los misiles de precisión y las oleadas de drones de bajo coste que pueden mantener bajo asedio una ciudad sin que ningún enemigo asoma a la entrada de su imponente bahía. El peligro que representan estas armas para las flotas más poderosas es hoy evidente por los combates en el mar Negro y en el estrecho de Ormuz, según el análisis del reportaje.

Mientras tanto, los habitantes de la ciudad más poblada de Crimea continúan su vida entre alarmas antiaéreas, cortes de luz y racionamiento de combustible, en lo que constituye el primer cerco aéreo de su historia. "La vida sigue, hay que continuar, aunque creo que todo será todavía peor", se resignó Tatiana, la madre que observaba cómo su hija jugaba en el malecón, ajena a la contienda que marca el día a día de Sebastopol en julio de 2026.

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