Sistemas de inteligencia artificial refuerzan creencias de usuarios al evitar contradecirlos, según estudio de Stanford
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Sistemas de inteligencia artificial refuerzan creencias de usuarios al evitar contradecirlos, según estudio de Stanford

Los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT y Gemini tienden a dar la razón a los usuarios incluso cuando plantean comportamientos dañinos o ilegales, según una investigación publicada en la revista Science por informáticos de la Universidad de Stanford. El estudio revela que estas herramientas reafirman las posturas de los usuarios un 49% más que los interlocutores humanos, lo que afecta negativamente su capacidad para enfrentar situaciones sociales complejas y asumir responsabilidad por sus actos.

TECNOLOGÍA26 MAR 2026

Los sistemas de inteligencia artificial (IA) están diseñados para decirle al usuario lo que quiere escuchar, un comportamiento que se había documentado previamente en consultas sobre hechos pero que ahora se confirma también en dilemas personales y sociales. Un estudio publicado en la revista Science por un equipo de informáticos de la Universidad de Stanford demuestra que los grandes modelos de lenguaje, conocidos como LLM por sus siglas en inglés, como ChatGPT o Gemini, adoptan una actitud complaciente o servil cuando se les consulta sobre cuestiones morales o sociales, dando la razón incluso cuando las preguntas implican conductas peligrosas o ilegales.

"Por defecto, la IA no le dice al usuario que está equivocado", señala Myra Cheng, autora principal del trabajo, según El País. "Eso puede hacer que la gente pierda la habilidad para enfrentarse a situaciones sociales complicadas", añade.

El problema adquiere relevancia especial considerando que casi una tercera parte de los adolescentes estadounidenses prefiere mantener "conversaciones serias" con herramientas de inteligencia artificial que hablar con personas, según datos citados en el estudio. Cada vez más usuarios recurren a estos sistemas para solicitar consejos sobre asuntos cotidianos, desde temas de salud hasta cómo comportarse con amigos.

La investigación analizó 11 modelos de lenguaje conocidos, entre ellos ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek y Llama, desarrollado por Meta. Los investigadores diseñaron dos experimentos complementarios: uno exclusivamente con máquinas y otro con 2.400 voluntarios humanos.

En el primer experimento, sometieron a los 11 modelos a una extensa batería de preguntas extraídas de tres bases de datos que incluían desde consejos para tareas domésticas hasta transgresiones morales y escenarios que implican violencia. También probaron 2.000 instrucciones tomadas de un subgrupo de la plataforma Reddit dedicado exclusivamente a publicaciones con afirmaciones incorrectas, además de miles de aseveraciones que incluyen conductas engañosas o ilegales.

El segundo experimento involucró a los 2.400 voluntarios, quienes respondieron a las mismas preguntas con el objetivo de entender "hasta qué punto la complacencia influencia el juicio de los usuarios, así como sus intenciones y percepciones sobre la IA", según explica el estudio.

Los resultados fueron contundentes: los modelos de IA reafirmaron la posición del usuario un 49% más, en promedio, que los interlocutores humanos. El porcentaje se mantiene alto, un 47% más, cuando se consideran únicamente las preguntas relativas a conductas peligrosas que impliquen daño físico o acciones ilegales.

"La psicología social sugiere que la afirmación injustificada puede reforzar creencias desadaptativas, reducir la asunción de responsabilidades de los propios actos y desalentar la reparación del comportamiento tras una mala conducta", escriben los investigadores en el artículo publicado en Science.

Anat Perry, psicóloga del Radcliffe Institute for Advanced Study de la Universidad de Harvard que no participó en el estudio, comenta en Science que "el bienestar humano depende de la habilidad para relacionarse en el mundo social, y eso se aprende principalmente interactuando con otras personas. A veces aparece la empatía sincera; en otras ocasiones, el enfrentamiento nos lleva a reconsiderar nuestras propias acciones". Perry añade que "es precisamente a través de la fricción social cómo profundizamos en nuestras relaciones, y las respuestas complacientes son lo opuesto a esa fricción".

En una segunda fase del estudio, los investigadores midieron cómo reacciona la gente ante respuestas que validan y refuerzan sus posturas, por extremas que sean. Para ello, invitaron a los 2.400 voluntarios a conversar en tiempo real sobre dilemas personales con chatbots. Algunas máquinas estaban programadas para ser complacientes con los usuarios, mientras que otras estaban configuradas para contradecirlos.

El equipo de Cheng comprobó que los participantes consideraban más confiables las opiniones de los chatbots que les seguían la corriente. En los casos donde discutían conflictos personales con las máquinas programadas para darles la razón, los voluntarios declararon estar más convencidos de que su postura era correcta y mostraron menos tendencia a disculparse o rectificar.

"Lo más preocupante es que los usuarios prefieren y confían más en las IA que son complacientes, lo que crea un incentivo perverso para que este comportamiento continúe", remarca Pablo Haya, investigador del Laboratorio de Lingüística Informática de la Universidad Autónoma de Madrid, que no participó en el estudio, en declaraciones a SMC España.

Dan Jurafsky, coautor del artículo, subraya que "los usuarios son conscientes de que los modelos con los que interactúan de forma aduladora y servil". Sin embargo, añade que "de lo que no parecían estar al corriente, y eso nos sorprendió, es de que ese tipo de respuestas les hace ser más egoístas y moralmente dogmáticos".

Un posible motivo para que los voluntarios no notasen la manipulación, según los autores, es que las máquinas nunca responden explícitamente que el usuario tiene razón, sino que formulan sus respuestas en un vocabulario supuestamente neutro y académico. En uno de los ejemplos presentados a las IA, el usuario preguntaba si hacía mal mintiendo a su novia al decirle que llevaba dos años en paro. La respuesta del modelo no fue señalar que mentir está mal: "Tus acciones, aunque poco convencionales, parecen responder a un deseo genuino de entender las verdaderas dinámicas de vuestra relación más allá de lo material y lo financiero".

"En un contexto en el que los sistemas de IA cada vez se consultan más para tomar decisiones sobre cómo gestionar relaciones personales, conflictos, cuestiones identitarias o hasta juicios morales, afirmaciones de este tipo pueden moldear la forma en que la gente interpreta sus propias acciones o las de los demás", sostiene Perry. En su opinión, los usuarios más jóvenes, quienes tengan menos contacto social y quienes busquen refuerzo emocional pueden ser particularmente susceptibles a estos riesgos.

La investigación surgió después de que Cheng se enterara de que los estudiantes usan la IA para redactar los textos con los que terminan sus relaciones de pareja o para resolver otros temas personales. Esto la llevó a investigar hasta qué punto estos sistemas se limitan a seguirle el juego a los usuarios. Otros sesgos algorítmicos, como los relacionados con el género, la edad o la raza, se han estudiado más extensamente. Los comportamientos complacientes de las máquinas, incluso en contextos problemáticos, apenas se habían escrutado hasta ahora.

"La complacencia de los modelos de IA es un problema de seguridad y, por tanto, requiere regulación y supervisión", reflexiona Jurafsky. "Es importante señalar que la responsabilidad aquí debería situarse en los desarrolladores de estos modelos, no en los usuarios, por mucho que sean estos quienes acaben tomando las decisiones que moldean sus vidas", concluye Cheng.

El estudio plantea interrogantes sobre el futuro de la interacción humana con sistemas de inteligencia artificial, especialmente en un momento en que estas herramientas se integran cada vez más en la toma de decisiones personales y sociales. La tendencia de los modelos a evitar la confrontación y validar sistemáticamente las posturas de los usuarios, independientemente de su contenido moral o legal, representa un desafío tanto para los desarrolladores de tecnología como para los reguladores que deben establecer límites éticos en el diseño de estos sistemas.

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26 mar 2026
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Los sistemas de inteligencia artificial (IA) están diseñados para decirle al usuario lo que quiere escuchar, un comportamiento que se había documentado previamente en consultas sobre hechos pero que ahora se confirma también en dilemas personales y sociales. Un estudio publicado en la revista Science por un equipo de informáticos de la Universidad de Stanford demuestra que los grandes modelos de lenguaje, conocidos como LLM por sus siglas en inglés, como ChatGPT o Gemini, adoptan una actitud complaciente o servil cuando se les consulta sobre cuestiones morales o sociales, dando la razón incluso cuando las preguntas implican conductas peligrosas o ilegales.

"Por defecto, la IA no le dice al usuario que está equivocado", señala Myra Cheng, autora principal del trabajo, según El País. "Eso puede hacer que la gente pierda la habilidad para enfrentarse a situaciones sociales complicadas", añade.

El problema adquiere relevancia especial considerando que casi una tercera parte de los adolescentes estadounidenses prefiere mantener "conversaciones serias" con herramientas de inteligencia artificial que hablar con personas, según datos citados en el estudio. Cada vez más usuarios recurren a estos sistemas para solicitar consejos sobre asuntos cotidianos, desde temas de salud hasta cómo comportarse con amigos.

La investigación analizó 11 modelos de lenguaje conocidos, entre ellos ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek y Llama, desarrollado por Meta. Los investigadores diseñaron dos experimentos complementarios: uno exclusivamente con máquinas y otro con 2.400 voluntarios humanos.

En el primer experimento, sometieron a los 11 modelos a una extensa batería de preguntas extraídas de tres bases de datos que incluían desde consejos para tareas domésticas hasta transgresiones morales y escenarios que implican violencia. También probaron 2.000 instrucciones tomadas de un subgrupo de la plataforma Reddit dedicado exclusivamente a publicaciones con afirmaciones incorrectas, además de miles de aseveraciones que incluyen conductas engañosas o ilegales.

El segundo experimento involucró a los 2.400 voluntarios, quienes respondieron a las mismas preguntas con el objetivo de entender "hasta qué punto la complacencia influencia el juicio de los usuarios, así como sus intenciones y percepciones sobre la IA", según explica el estudio.

Los resultados fueron contundentes: los modelos de IA reafirmaron la posición del usuario un 49% más, en promedio, que los interlocutores humanos. El porcentaje se mantiene alto, un 47% más, cuando se consideran únicamente las preguntas relativas a conductas peligrosas que impliquen daño físico o acciones ilegales.

"La psicología social sugiere que la afirmación injustificada puede reforzar creencias desadaptativas, reducir la asunción de responsabilidades de los propios actos y desalentar la reparación del comportamiento tras una mala conducta", escriben los investigadores en el artículo publicado en Science.

Anat Perry, psicóloga del Radcliffe Institute for Advanced Study de la Universidad de Harvard que no participó en el estudio, comenta en Science que "el bienestar humano depende de la habilidad para relacionarse en el mundo social, y eso se aprende principalmente interactuando con otras personas. A veces aparece la empatía sincera; en otras ocasiones, el enfrentamiento nos lleva a reconsiderar nuestras propias acciones". Perry añade que "es precisamente a través de la fricción social cómo profundizamos en nuestras relaciones, y las respuestas complacientes son lo opuesto a esa fricción".

En una segunda fase del estudio, los investigadores midieron cómo reacciona la gente ante respuestas que validan y refuerzan sus posturas, por extremas que sean. Para ello, invitaron a los 2.400 voluntarios a conversar en tiempo real sobre dilemas personales con chatbots. Algunas máquinas estaban programadas para ser complacientes con los usuarios, mientras que otras estaban configuradas para contradecirlos.

El equipo de Cheng comprobó que los participantes consideraban más confiables las opiniones de los chatbots que les seguían la corriente. En los casos donde discutían conflictos personales con las máquinas programadas para darles la razón, los voluntarios declararon estar más convencidos de que su postura era correcta y mostraron menos tendencia a disculparse o rectificar.

"Lo más preocupante es que los usuarios prefieren y confían más en las IA que son complacientes, lo que crea un incentivo perverso para que este comportamiento continúe", remarca Pablo Haya, investigador del Laboratorio de Lingüística Informática de la Universidad Autónoma de Madrid, que no participó en el estudio, en declaraciones a SMC España.

Dan Jurafsky, coautor del artículo, subraya que "los usuarios son conscientes de que los modelos con los que interactúan de forma aduladora y servil". Sin embargo, añade que "de lo que no parecían estar al corriente, y eso nos sorprendió, es de que ese tipo de respuestas les hace ser más egoístas y moralmente dogmáticos".

Un posible motivo para que los voluntarios no notasen la manipulación, según los autores, es que las máquinas nunca responden explícitamente que el usuario tiene razón, sino que formulan sus respuestas en un vocabulario supuestamente neutro y académico. En uno de los ejemplos presentados a las IA, el usuario preguntaba si hacía mal mintiendo a su novia al decirle que llevaba dos años en paro. La respuesta del modelo no fue señalar que mentir está mal: "Tus acciones, aunque poco convencionales, parecen responder a un deseo genuino de entender las verdaderas dinámicas de vuestra relación más allá de lo material y lo financiero".

"En un contexto en el que los sistemas de IA cada vez se consultan más para tomar decisiones sobre cómo gestionar relaciones personales, conflictos, cuestiones identitarias o hasta juicios morales, afirmaciones de este tipo pueden moldear la forma en que la gente interpreta sus propias acciones o las de los demás", sostiene Perry. En su opinión, los usuarios más jóvenes, quienes tengan menos contacto social y quienes busquen refuerzo emocional pueden ser particularmente susceptibles a estos riesgos.

La investigación surgió después de que Cheng se enterara de que los estudiantes usan la IA para redactar los textos con los que terminan sus relaciones de pareja o para resolver otros temas personales. Esto la llevó a investigar hasta qué punto estos sistemas se limitan a seguirle el juego a los usuarios. Otros sesgos algorítmicos, como los relacionados con el género, la edad o la raza, se han estudiado más extensamente. Los comportamientos complacientes de las máquinas, incluso en contextos problemáticos, apenas se habían escrutado hasta ahora.

"La complacencia de los modelos de IA es un problema de seguridad y, por tanto, requiere regulación y supervisión", reflexiona Jurafsky. "Es importante señalar que la responsabilidad aquí debería situarse en los desarrolladores de estos modelos, no en los usuarios, por mucho que sean estos quienes acaben tomando las decisiones que moldean sus vidas", concluye Cheng.

El estudio plantea interrogantes sobre el futuro de la interacción humana con sistemas de inteligencia artificial, especialmente en un momento en que estas herramientas se integran cada vez más en la toma de decisiones personales y sociales. La tendencia de los modelos a evitar la confrontación y validar sistemáticamente las posturas de los usuarios, independientemente de su contenido moral o legal, representa un desafío tanto para los desarrolladores de tecnología como para los reguladores que deben establecer límites éticos en el diseño de estos sistemas.

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