Las calles de Herat permanecieron bajo estricta vigilancia este miércoles tras la inusual movilización del día anterior, que reunió a hombres y mujeres en una protesta pacífica contra el régimen talibán, algo prácticamente inexistente desde que el movimiento islamista llegó al poder en 2021.
"Hasta el momento no ha habido nuevas protestas y el personal del Gobierno talibán está visible por toda la zona", afirmó Sharifullah, residente del área de Anjeel que participó en la manifestación del martes, según reportó el diario español El País.
La represión de las protestas incluyó el uso de armas de fuego contra civiles desarmados. "Ayer, las fuerzas de seguridad talibanes dispararon directamente contra los manifestantes, y muchos de ellos resultaron heridos", denunció Sharifullah. Medios locales y organizaciones civiles afganas sitúan en al menos varios heridos el balance provisional de la represión, aunque las cifras exactas permanecen inciertas debido a las restricciones informativas del régimen.
El control talibán se extendió también al sector sanitario de la ciudad. Un manifestante herido, que habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, denunció que los hospitales privados recibieron órdenes de no atender a los afectados en la protesta.
"Me hirieron durante la protesta y acudí a hospitales privados, pero no me admitieron. Según me informaron, los talibanes les habían advertido de que no trataran a los manifestantes heridos y que nos remitieran a los hospitales del Gobierno", relató la fuente. "Recibí un disparo en el pie, pero los hospitales privados no me permitieron recibir tratamiento y me remitieron a los hospitales gubernamentales", añadió el afectado, que finalmente tuvo que acudir a un médico conocido de forma clandestina para que le extrajera la bala.
La Jefatura de Policía de Herat defendió la actuación de sus patrullas como una obligación legal frente a lo que definieron como un grupo de "alborotadores" que protestaban contra un precepto islámico protegido bajo "obligación divina", según declaraciones oficiales. Las autoridades talibanes no hicieron referencia al presunto uso de armas de fuego contra los civiles.
Las protestas del martes surgieron como respuesta a los arrestos arbitrarios de decenas de mujeres acusadas de infringir el código de vestimenta impuesto por el régimen talibán. Desde su regreso al poder en agosto de 2021, los talibanes han implementado restricciones cada vez más severas sobre las mujeres afganas, vetándolas completamente de la vida pública.
Masooda, una de las mujeres que participó en la protesta, afirmó el martes que el movimiento "no ha terminado" y que quizás podría continuar, según reportes. Esta movilización rompe un largo periodo de silencio impuesto en las calles afganas, donde las protestas públicas se han vuelto casi inexistentes debido a las violentas represalias del régimen.
La manifestación conjunta de hombres y mujeres representa un desafío inusual al Gobierno de facto talibán, que ha consolidado su control sobre el país mediante la represión sistemática de cualquier forma de disidencia. El régimen ha convertido Afganistán en uno de los lugares más restrictivos del mundo para las mujeres, eliminando progresivamente sus derechos fundamentales en educación, trabajo y participación social.
La respuesta del régimen con disparos contra manifestantes pacíficos y la prohibición de atención médica a los heridos evidencia la estrategia de intimidación empleada para sofocar cualquier expresión de descontento popular. El despliegue masivo de fuerzas de seguridad este miércoles busca prevenir la reanudación de las protestas y enviar un mensaje disuasorio a la población.


