La Unión Europea registra cifras demográficas alarmantes con una tasa de natalidad que ha caído a un promedio estadístico de 1,34 hijos por mujer, según datos publicados por Eurotopics. Esta cifra representa una caída dramática desde los 2,62 hijos por mujer registrados en 1964, marcando un descenso sostenido que complica cada vez más la capacidad de los gobiernos para mantener ingresos fiscales estables y sostener los sistemas de pensiones y atención sanitaria.
La política liberal lituana Ona Aleksiūnaitė señaló en Delfi que los países europeos más exitosos en materia demográfica no dependen de beneficios individuales sino de sistemas integrales que reducen la carga financiera de criar hijos. Según Aleksiūnaitė, Francia utiliza un sistema fiscal favorable a las familias como uno de sus instrumentos clave, donde a mayor número de hijos, menor es la carga tributaria de la familia.
Los países escandinavos, según la misma fuente, invierten fuertemente en cuidado infantil asequible, horarios laborales más flexibles, ingresos estables durante la licencia parental y un mejor equilibrio entre vida laboral y personal. Aleksiūnaitė enfatizó que esto es importante porque la decisión de tener hijos se está convirtiendo cada vez más en una cuestión de viabilidad financiera y calidad de vida, y menos en una decisión puramente emocional.
El periódico polaco Rzeczpospolita denunció la discriminación continua contra las madres en el lugar de trabajo. Según el medio, el mercado laboral se queja de la falta de personal calificado, de la falta de compromiso y lealtad entre los empleados, pero algunas empresas todavía tratan a las madres jóvenes como un riesgo en lugar de como individuos con enorme potencial. El diario señaló que revertir esta situación requerirá más que publicaciones ocasionales en redes sociales el Día de la Madre, e incluso más que un cambio en la ley, dado que las regulaciones que implementan la Directiva de Equilibrio entre Vida Laboral y Personal de la Unión Europea no han producido resultados espectaculares. Lo que se necesita, según Rzeczpospolita, es un cambio de mentalidad.
El medio húngaro hvg advirtió contra expectativas poco realistas sobre el declive poblacional. Según hvg, no solo el gobierno saliente de Orbán no logró mejoras significativas en la tendencia demográfica, sino que el Partido Tisza también incluyó en su manifiesto el objetivo completamente poco realista de detener el declive poblacional para 2035 y regresar a diez millones de habitantes para 2050, comparado con poco menos de 9,5 millones en la actualidad.
Una población en contracción causaría problemas graves, según hvg. Para 2030, el número de personas en edad laboral habrá caído en varios cientos de miles comparado con mediados de la década. Para 2030, las clases escolares tendrán que comenzar con muchos menos niños que hoy, y también será necesario tomar medidas sobre las pensiones, según el medio húngaro.
En Noruega, específicamente en las regiones del norte, el problema demográfico presenta características particulares. Troy Saghaug Broderstad, profesor asociado del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Ártico de Noruega, ha generado debate en la escena política al señalar que, en la medida en que existe ambición política de salvar cada pueblo, el problema se resolverá por sí mismo, según High North News.
Cada pueblo en Noruega sin negocios y cultura ha estado dirigiéndose hacia el precipicio durante décadas, cerrándose sin asistencia política, según el comentarista Arne O. Holm en High North News. Algunos quieren quedarse, y ese es su derecho soberano, pero el problema subyacente en el desarrollo poblacional es la composición por edades.
Los jóvenes se mudan, según Holm. Pero incluso después de mudarse a áreas centrales en el norte, no están teniendo suficientes hijos para crear un superávit de nacimientos. Las personas mayores se reubican en menor medida y no están teniendo hijos, por razones naturales. Este es un desarrollo acelerado que dejará marcas profundas en las estadísticas durante años. Es matemática pura, según el comentarista.
El problema va más profundo, según High North News. En la medida en que se pueden detectar destellos de esperanza en las tendencias poblacionales, incluido el crecimiento, se debe a la inmigración, particularmente de Ucrania. Son personas prestadas, y según otro conjunto de estadísticas, personas a quienes como sociedad estamos llegando a disgustar cada vez más.
Según el Barómetro de Integración de Noruega, más de la mitad de los noruegos creen que la inmigración amenaza la cohesión social y la identidad nacional. La proporción que cree esto ha aumentado durante el último año, según High North News. Los inmigrantes mantienen vivas tanto ciudades como pueblos en el norte, pero sin embargo son percibidos como una amenaza en lugar de una solución. De esta manera, la población refleja una retórica cada vez más agresiva de los líderes políticos. Los inmigrantes como amenaza se han convertido, en gran medida, en propiedad política común, según Holm.
Una afirmación que repetidamente aparece en el debate es que los incentivos económicos introducidos en el norte para frenar el declive poblacional no han funcionado. En realidad se sabe muy poco sobre eso, dado que no se sabe cuál habría sido la situación sin ellos, según High North News.
Existe acuerdo transpartidario en que el flujo de personas que se mudan del norte al sur debe detenerse o revertirse. Rusia, a través de la guerra en Ucrania, se ha asegurado de eso, según Holm. El desacuerdo, o la impotencia, comienza cuando se les pregunta para qué se va a usar este acuerdo.
Holm ha argumentado durante muchos años a favor de la reducción del impuesto sobre la renta, siempre que se aplique a toda Noruega del Norte, no solo dentro de lo que solía llamarse la zona de acción, pero que ahora ha sido renombrada más asertivamente como zona de iniciativa. Las ciudades y pueblos del norte son y deben ser las locomotoras, también cuando se utilizan argumentos de política de seguridad, según el comentarista.
Quizás ahora sea el momento de abordar la forma más sensible y controvertida de impuestos, el impuesto al patrimonio, según Holm. Un compromiso entre opositores y partidarios podría ser estimar el costo de eliminar esto en los tres condados más septentrionales de Noruega. Dado que el argumento es puramente una cuestión de política de seguridad, ambos lados pueden aceptarlo sin comprometer su propia ideología, según High North News.
La decisión apresurada de reducir los impuestos a los combustibles muestra que el dinero existe, sin mencionar los miles de millones que actualmente fluyen como ríos furiosos hacia túneles y vías de ferrocarril en el sur del país, según Holm. La diferencia entre tal medida y muchas de las probadas a lo largo de los años es considerable. La mayor diferencia podría muy fácilmente ser que funcione, concluyó el comentarista.
La crisis demográfica europea presenta desafíos multifacéticos que van desde la sostenibilidad fiscal hasta la cohesión social, pasando por tensiones sobre inmigración y desarrollo regional desigual. Los gobiernos enfrentan la difícil tarea de implementar políticas que no solo incentiven la natalidad sino que también aborden las causas estructurales del declive, incluyendo la discriminación laboral contra madres, la inseguridad económica de las familias jóvenes y el equilibrio entre desarrollo urbano y rural. Sin soluciones efectivas, Europa enfrenta transformaciones profundas en su estructura social y económica en las próximas décadas.

