La Unión Europea enfrenta una crisis demográfica sin precedentes con una tasa de natalidad que ha descendido a 1,34 hijos por mujer, según datos estadísticos recientes, comparado con 2,62 en 1964. Esta tendencia a la baja amenaza la sostenibilidad de los sistemas fiscales, pensiones y atención sanitaria en todo el continente, mientras los gobiernos buscan soluciones para revertir el declive poblacional que ya afecta especialmente a regiones del norte de Europa.