Trump impulsa omnipresencia de su imagen en EE.UU. con billetes, edificios y monumentos
El presidente estadounidense Donald Trump está implementando una estrategia sin precedentes para colocar su nombre e imagen en espacios públicos federales, incluyendo la creación de un billete de 250 dólares con su rostro, la firma en billetes de 100 dólares y la instalación de enormes pancartas en departamentos gubernamentales, según reporta The Guardian. La iniciativa, que recuerda a tácticas de regímenes autoritarios, enfrenta resistencia legal y rechazo del 50% de los estadounidenses, según encuestas recientes.
La administración de Donald Trump está promoviendo activamente la colocación del nombre y la imagen del presidente en múltiples espacios públicos federales, una práctica que analistas comparan con estrategias de líderes autoritarios, según un editorial de The Guardian.
La propuesta más destacada es la creación de un billete de 250 dólares que representaría el rostro de Trump para conmemorar el 250 aniversario de la independencia estadounidense, según The Guardian. Sin embargo, la ley federal actualmente no permite que billetes representen a personas vivas. Adicionalmente, la firma de Trump aparecerá pronto en billetes de 100 dólares, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en lograr esta distinción, según la misma fuente.
Durante el año pasado, enormes pancartas con el rostro de Trump fueron instaladas en los departamentos de Justicia, Trabajo y Agricultura en Washington, según The Guardian. El presidente también habría ofrecido liberar fondos federales para infraestructura a cambio de que el aeropuerto Dulles y la estación Penn fueran renombrados en su honor, según reportes citados por el medio británico.
La administración está además en una ola de construcción de monumentos, incluyendo un proyecto de salón de baile en la Casa Blanca valorado en 1.400 millones de dólares, según The Guardian. No todos los esfuerzos han tenido éxito: la semana pasada, un juez ordenó la remoción del nombre de Trump del Centro Kennedy, argumentando que el recinto artístico no puede ser renombrado sin aprobación del Congreso, según la misma fuente.
El primer presidente estadounidense, George Washington, rechazó aparecer en moneda por considerar que eso era reminiscente de los monarcas europeos, según The Guardian. El contraste con el actual mandatario es marcado.
En estados autoritarios, el nombre e imagen del líder se utilizan para reforzar legitimidad, asociándolo con la identidad nacional, o para coaccionar mediante la afirmación de omnipotencia a través de la omnipresencia, según The Guardian. Para Trump, ex estrella de reality televisivo que ha lanzado productos incluyendo filetes Trump y la Universidad Trump, la vanidad simple y la construcción rentable de marca pueden ser factores clave, según el análisis del medio.
The Guardian describe la administración Trump como "una corte feudal del siglo XXI donde los ambiciosos compiten por aprobación, los poderosos intercambian favores, y las líneas entre autoridad política e interés y ganancia personal se difuminan hasta el punto de la invisibilidad".
La efectividad de estas tácticas es cuestionable. Un estudio que intentó medir el impacto en los Emiratos Árabes Unidos, realizado por Sarah Sunn Bush, Aaron Erlich y otros investigadores, no encontró evidencia de que las imágenes de líderes aumentaran el cumplimiento o el apoyo, según The Guardian. Investigación sobre propaganda "dura" en China, realizada por Haifeng Huang, sugirió que puede resultar contraproducente incluso si inicialmente disuade la disidencia: "Al erosionar la legitimidad del estado y la satisfacción pública, puede agravar las perspectivas a largo plazo del régimen", según cita The Guardian.
Los estadounidenses ya han expresado claramente sus opiniones. En una investigación del Centro Pew realizada el mes pasado, solo el 9% dijo que era aceptable nombrar edificios gubernamentales en honor a Trump mientras está en el cargo, mientras que el 50% se opuso, según The Guardian. Mientras tanto, una encuesta de Quinnipiac sugirió que el 68% de los votantes sentía que Trump no se estaba enfocando lo suficiente en los problemas que enfrentan, según la misma fuente.
Un presidente que declaró despreocupadamente "no pienso en la situación financiera de los estadounidenses" al considerar su guerra con Irán podría lamentar poner su nombre en billetes y comisionar proyectos de construcción lujosos mientras sus votantes luchan por pagar las cuentas, según concluye The Guardian.
El medio británico compara la situación con regímenes donde la omnipresencia del líder es norma: el rostro de Mussolini estaba pegado por toda la Italia fascista; en Corea del Norte, imágenes de Kim Jong-un aparecen junto a las de su padre y abuelo, presentes en cada hogar y edificio público; y la estatua dorada del líder de Turkmenistán, Gurbanguly Berdymukhamedov, posada sobre un acantilado de mármol en la capital es una de múltiples representaciones, según The Guardian.
Las democracias prósperas rechazan tales exhibiciones, juzgando más seguro alabar a los líderes una vez que están fuera del poder, según el análisis del medio. The Guardian califica estas acciones como "narcisismo toponímico" que, aunque pueda parecer meramente absurdo frente a las crueldades y destrucción de esta administración o el fondo de 1.800 millones de dólares del cual Trump se está retirando, importa como una declaración de ambición: las acciones de un rey.
En el mejor de los casos, las proyecciones grandiosas de líderes son "ozymandianas" en su futilidad, poco probables de sobrevivir a sus sujetos, según concluye The Guardian.




