El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha escalado su injerencia directa en procesos electorales latinoamericanos al respaldar públicamente a candidatos de ultraderecha en Colombia, México y Brasil, rompiendo con décadas de diplomacia estadounidense que evitaba tomar partido de forma tan explícita. La estrategia, orquestada junto al secretario de Estado Marco Rubio y el asesor Stephen Miller, busca derribar gobiernos de izquierda en la región mediante presión política, judicial y militar bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.