Trump reposiciona a Rusia como perdedor en la cumbre de la OTAN mientras respalda a Ucrania
En la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, el presidente estadounidense Donald Trump realizó un giro estratégico significativo al desplazar a Rusia como el principal perdedor geopolítico, mientras otorgaba a Ucrania un reconocimiento sin precedentes como aliado atlántico. Trump autorizó la fabricación de misiles Patriots en territorio ucranio y respaldó los ataques de largo alcance contra objetivos rusos, marcando una ruptura con su anterior acercamiento a Moscú hace apenas un año.
La cumbre de la OTAN en Ankara concluyó sin las rupturas atlánticas que muchos temían. Los 32 socios de la Alianza mantuvieron la unidad multilateralista, según reportes de El País, evitando las confrontaciones que las declaraciones previas de Trump habían anunciado. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, logró conducir la reunión hacia un comunicado final que condensó las conclusiones necesarias sin incluir los temas más conflictivos, ni siquiera la cifra polémica del 5% de gasto en defensa.
El comunicado final incluyó solemnes palabras sobre "el compromiso inquebrantable" en la defensa colectiva conforme al artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, aunque estas declaraciones apenas disipan las dudas sobre la solidaridad atlántica de Trump, cuya impredecibilidad ha generado incertidumbre permanente. Un detalle significativo: por primera vez en una cumbre anual de la OTAN, no se convocó ni nominó el país anfitrión de la próxima reunión, un hecho que refuerza la incertidumbre sobre la intención de Trump de asistir a futuras encuentros.
El cambio más notable en la posición de Trump concierne a Rusia y Ucrania. Hace apenas un año, Trump había mantenido un "idilio con Putin" que culminó en Anchorage. En Ankara, sin embargo, Trump ha señalado a Rusia como el perdedor del momento, no a Ucrania. Según el análisis de El País, Trump "estigmatiza a los desafortunados y se aleja de ellos como del diablo", reconociendo a los perdedores "a primera vista" y temiendo "infectarse" de sus derrotas. Este cambio refleja su cálculo de que Rusia, no Ucrania, es ahora el bando en declive.
Los hechos militares respaldan este análisis. Rusia ha perdido sucesivamente: la guerra relámpago en los primeros días de la invasión, el control naval del Mar Negro, la guerra terrestre de desgaste con avances insignificantes a cambio de bajas cuantiosas, y ahora enfrenta pérdidas en la guerra aérea. El territorio ruso se ha convertido en "blanco fácil e indefendible para los drones y misiles de largo alcance ucranios", según la fuente. El 35% de la población rusa está afectado por el insuficiente suministro de petróleo provocado por los ataques ucranianos a las refinerías rusas.
Trump ha bendecido explícitamente los ataques de largo alcance ucranianos como "medio de presión para conseguir por las malas lo que él mismo no ha conseguido por las buenas", es decir, que Putin acepte un alto el fuego sobre la actual línea del frente. Esta autorización representa un cambio táctico fundamental: Trump utiliza ahora la capacidad militar ucraniana como palanca para forzar negociaciones con Rusia desde una posición de fortaleza.
En reconocimiento a esta nueva posición, Trump ha otorgado a Ucrania la licencia de fabricación de misiles Patriots, una capacidad de producción que amplía significativamente su poder de fuego independiente. Zelenski, quien había sido humillado por Trump hace más de un año en la Casa Blanca, fue tratado en Ankara "con deferencias de aliado atlántico por todos y especialmente por el presidente" que lo había despreciado anteriormente. La cumbre reconoció explícitamente la "contribución de Ucrania a la seguridad de Europa".
Putin, en su posición de debilidad, ha reaccionado con ataques aéreos masivos contra objetivos civiles ucranianos, intentando "reivindicar la iniciativa que ya no está en sus manos". Sin embargo, estos ataques no alteran la realidad fundamental: la iniciativa estratégica está "entera en las manos de Zelenski", según el análisis de la fuente.
La cumbre de Ankara marca el inicio de una transición hacia una OTAN "más europea y canadiense", según El País. Esta transición no implica una ruptura atlántica, sino un reposicionamiento de responsabilidades. Europa y Canadá asumen ahora la responsabilidad política entera de la asistencia a Ucrania en su defensa ante Rusia, la obtención de un alto el fuego en buenas condiciones y las futuras garantías de seguridad. Estados Unidos seguirá siendo necesario en inteligencia, logística, disuasión y munición, "naturalmente previo pago de las facturas por los europeos".
Esta transición ocurre en un contexto de riesgos significativos. Durante el intervalo de cambio, "Putin será más peligroso que nunca", según la fuente. Como está perdiendo militarmente, "sus instintos provocadores le instigarán a poner a prueba la solidaridad atlántica con un ataque directo a alguno de sus vecinos". Europa dispone de apenas dos años y medio de margen, el mismo tiempo que Trump permanecerá en la Casa Blanca y que las fábricas ucranias de Patriots necesitarán para estar a pleno rendimiento.
Después de este período, "Europa deberá tomar por entero su destino en sus manos", como clamaba sin éxito la excancliller alemana Angela Merkel hace una década cuando Trump llegó por primera vez a la Casa Blanca. La exministra de Exteriores española Arancha González Laya ha señalado que "invertir en defensa es invertir en nuestra forma de vida" y ha recordado que "no podemos depender a largo plazo del humor del elector americano".
El éxito de Ankara ha dejado a Europa sin más remedio que "empezar a actuar como si ya estuviera sola, abandonada a su suerte", según el análisis de la fuente. Esta realidad geopolítica marca un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad europea, donde la dependencia de Estados Unidos, aunque persista en el corto plazo, debe ser progresivamente reemplazada por capacidades europeas autónomas.




