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Un año del caso Crematorio Plenitud en México: 131 cuerpos sin identificar y el dueño prófugo

A un año del descubrimiento de 386 cadáveres en estado de descomposición en el Crematorio Plenitud de Ciudad Juárez, México, 131 cuerpos permanecen sin identificar mientras el propietario del establecimiento, Luis Arellano Cuarón, continúa prófugo tras obtener un amparo en febrero de 2026. Las autoridades de Chihuahua gestionan una ficha roja de Interpol para localizarlo, mientras cientos de familias esperan recuperar los restos de sus seres queridos y exigen justicia por un fraude que les entregó arena para gato o cenizas de otras personas en lugar de los restos cremados de sus familiares.

INTERNACIONAL28 JUN 2026

El 26 de junio de 2025, las autoridades de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, México, descubrieron 386 cadáveres en condiciones insalubres y en descomposición dentro del Crematorio Plenitud. Un año después, según informó la Fiscalía General de Chihuahua (FGE) en conferencia de prensa este martes, 131 cuerpos permanecen sin identificar, mientras las familias afectadas continúan sin poder cerrar su duelo y sin ver justicia.

Héctor Jácome, director de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Fiscalía de Distrito Zona Norte, informó que durante este año lograron identificar los restos de 251 personas, de las cuales 247 fueron reconocidas y entregadas a sus familiares. Falta identificar un 35% de los restos, equivalente a 135 cuerpos, según las cifras oficiales.

El horror del descubrimiento

El hallazgo se produjo después de que una persona percibió un fuerte olor a descomposición, se asomó por la barda del predio y alcanzó a ver una carroza fúnebre abierta con el cuerpo abandonado de un hombre en su interior. Días previos había llovido y el olor a putrefacción trascendía en los alrededores del crematorio, ubicado al sur de Ciudad Juárez, casi en las afueras del municipio, en la colonia Granjas Polo Gamboa.

Las autoridades municipales intervinieron el espacio donde se encontraba el crematorio averiado. En un espacio de aproximadamente 15,9 metros de largo por 10 de ancho, comenzó el conteo de cuerpos. La cifra final se detuvo el lunes 30 de junio de 2025: casi 400 cadáveres apilados uno encima de otro como una montaña de restos humanos.

Según el documento de vinculación a proceso, Luis Arellano Cuarón, dueño del Crematorio Plenitud, y Facundo Martínez, empleado a cargo de la incineración, mantuvieron ocultos 386 cadáveres en el periodo comprendido entre el 7 de marzo de 2022 y el 27 de junio de 2025. Los cuerpos estaban en estado de descomposición "apilados sobre el suelo de diferentes habitaciones" sin contar con los requisitos necesarios para su preservación, "manejo digno y respetuoso", como los servicios de energía eléctrica, agua y cámaras de refrigeración en funcionamiento.

Un limbo de impunidad

De las ocho funerarias involucradas en el caso, solo dos propietarios están detenidos vinculados a proceso. A la fecha, se han presentado 157 denuncias por fraude contra las casas mortuorias vinculadas al Crematorio Plenitud, según informó la FGE.

Por el delito de inhumación, exhumación y respeto a los cadáveres o restos humanos, solo dos personas fueron vinculadas a proceso: Arellano Cuarón y Martínez, quien fue capturado in fraganti en el lugar el 26 de junio de 2025. El propietario fue liberado con un amparo el pasado 13 de febrero de 2026 y luego declarado prófugo en mayo. El operador murió en prisión debido a complicaciones de salud a finales de octubre de 2025.

Las autoridades de la FGE informaron que están gestionando la emisión de una ficha roja de Interpol para dar con el paradero de Arellano Cuarón, de quien se cree cruzó la frontera hacia El Paso, Texas, gracias a su doble nacionalidad.

Dora Elena Delgado, vocera del colectivo Justicia para Nuestros Deudos, afirmó que no se ha procesado penalmente ni apartado de sus labores a los funcionarios responsables de vigilar el correcto funcionamiento de ese negocio, principalmente de la Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COESPRIS).

Alma Vázquez, coordinadora general de agentes del Ministerio Público de la FGE, informó que la Fiscalía dio vista a la Secretaría de la Función Pública para que determinara la comisión de posibles faltas administrativas por parte de los titulares y verificadores de COESPRIS y las dependencias municipales, pero la vista fue declinada hacia el Órgano Interno del Sector Salud de Gobierno del Estado respecto a funcionarios estatales, y a la Contraloría Municipal en caso de los servidores públicos municipales.

El fraude masivo

Cientos de familias fueron estafadas y defraudadas creyendo que los restos de sus allegados fueron cremados y que ellos tenían las cenizas, cuando en realidad, según las denuncias, recibieron arena para gato, grava o los residuos de otro fallecido.

Delgado dijo que Arellano Cuarón, según su declaración, admitió que las cenizas de un cuerpo, en algunos casos, se entregaron las mismas hasta a cuatro familias diferentes. El Crematorio Plenitud cobraba entre 1.800 y 2.800 pesos (entre 102 y 160 dólares) por la incineración de un cuerpo, mientras que otras empresas facturan por el mismo servicio no menos de 8.000 pesos (457 dólares, aproximadamente), según informó la vocera del colectivo.

Eleuterio Palacios, de 60 años, reclamó a las autoridades que solo se estén aceptando denuncias por fraude contra las funerarias, mientras siguen operando sin ninguna sanción. Denunció que, al no haber una acción penal, muchas de estas empresas están llegando a acuerdos económicos con algunos afectados por sumas que oscilan entre los 5.000 y los 40.000 pesos (entre 280 y 2.280 dólares). "Si el afectado llega a un acuerdo con la funeraria, nosotros ya no podemos hacer nada y eso, de algún modo, también debilita el caso para todos", afirmó.

Un desafío forense sin precedentes

Jácome, desde su oficina en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) en Ciudad Juárez, afirmó que con el paso de los meses han tenido que enfrentarse a casos más complejos para identificar a los cuerpos hallados. Dijo que es un "caso inédito", ya que habitualmente trabajan con cadáveres en distintos estados de descomposición, pero nunca antes con cuerpos alterados por químicos.

El especialista forense explicó que para el embalsamamiento, una técnica funeraria y sanitaria que consiste en conservar un cadáver, desinfectarlo y retrasar su descomposición natural, el líquido se inyecta a gran presión por las arterias y este satura todo el cuerpo, especialmente el abdomen. Esto hace que los cuerpos estén muy rígidos o "acartonados", dificultando incluso quitarles la ropa o abrirles la boca para análisis dentales sin causar daños. "Las técnicas existentes para rehidratar dedos y obtener huellas digitales están basadas en descomposición normal, no alteradas químicamente. Esto ha sido una tarea de prueba y error. Genéticamente también están alterados a nivel celular, lo que dificulta obtener el perfil genético", explicó.

Desde SEMEFO han trabajado y recibido información de las familias, desde fotos de sus deudos, la ropa que llevaban cuando se les realizó el servicio fúnebre hasta la facilitación de detalles como tatuajes y señas particulares, como cicatrices o características dentales.

Los cuerpos identificados se encuentran dentro de los rangos de fechas entre 2022 y 2025, especialmente los dos últimos años, que son, según la estadística, cuando se produjo el mayor cúmulo de cuerpos, según informó Jácome. "Tampoco me puedo atrever a decir que quedan descartados el 2020 y el 2021, porque no tengo todavía elementos para las dos cosas, pero los números duros ahorita me dicen que estamos en ese rango [de 2022 a 2025]", complementó el experto forense.

Denuncias ignoradas durante años

El predio del Crematorio Plenitud se encuentra entre calles de tierra que dan una sensación de desolación. Colinda con lotes abandonados o que sirven como depósitos, ya sea para llantas ponchadas o para almacenar maquinarias como grúas. Todo el predio mide, aproximadamente, poco más de 1.900 metros cuadrados o su equivalente al diámetro de una piscina olímpica y media.

Una vecina recuerda el constante olor a pelo quemado y el humo negro que salía de su única chimenea que se alcanza a ver desde los negocios de los vecinos que colindan con el lugar. Abel, nombre ficticio para preservar la identidad de la persona, tiene un pequeño establecimiento comercial cerca del crematorio y dijo que el "pestilente olor" era constante: "Era tan fuerte que había días en los que hubiera preferido no ir a trabajar".

"Medios de comunicación, funcionarios municipales, todos venían siempre cuando había denuncias sobre el lugar desde hace mucho. Son años que se reportó a ese lugar. Nadie nunca hizo nada hasta que fue demasiado evidente", afirmó Abel.

Otro vecino, que prefiere mantener su identidad reservada, dijo que "muchas madres" ocultas y oscuras suceden en los alrededores, pero que la colonia Granjas Polo Gamboa, donde operaba el crematorio, "siempre ha sido tierra de nadie".

El documento de vinculación a proceso señala que el crematorio no contaba con el dictamen de impacto ambiental vigente expedido por la Dirección de Ecología del Municipio de Juárez ni con la documentación correspondiente que acreditara su legal permanencia en dicho lugar.

Familias en la incertidumbre

Miriam Flores, de 43 años, contó que tuvo la fortuna de poder recuperar los restos de su madre, María de Jesús Arenas, en octubre pasado. A ella pudieron identificarla por su huella dactilar, ya que había fallecido seis meses antes. Poco más de un mes después, en noviembre, les citaron para hacer la cremación correspondiente. Les permitieron a ella, sus hijos y su padre estar unos minutos con sus restos.

Esos cinco meses de espera los describió como una travesía y una incertidumbre "muy dolorosa". Contó que sentía una aflicción similar a la que acompaña a las madres buscadoras. Esta situación, según contó, ha afectado a su familia de diferente manera en su estado de salud. Dijo que ella está recetada con medicamentos para la ansiedad y la depresión.

"Cuando nos entregaron el cuerpo, nos damos cuenta del maltrato que sufrió, de la falta de respeto hacia su memoria. Eso es un dolor demasiado profundo. Duele el alma. Prefiero que paguen con cárcel. No hay dinero que compense el trato que le dieron a mi mamá", manifestó Flores.

Eleuterio Palacios se enteró sobre el caso a través de las noticias. "Yo pensaba: 'No puede ser. O sea, a mi mamá no le puede haber pasado eso", recordó ese momento, mientras veía la televisión hace un año. Soledad Ojeda, su madre, falleció el 17 de febrero de 2021. A pesar de haberle dado seguimiento a las solicitudes de información que le pidió la Fiscalía en todo este tiempo, aún no ha recibido alguna notificación que le asegure que su familiar está entre los 135 cuerpos que faltan por identificar.

"Mi mamá es del 2021 y, según ellos, la temporalidad de los cuerpos es a partir del segundo semestre de 2022. Entonces, a mí ya me tienen descartado. ¿Qué va a pasar? ¿A mí quién me asegura que las cenizas sí son de mi mamá?", reclamó Palacios.

Omar Pérez, de 46 años, está en una situación similar. Considera que no debería ser difícil identificar los restos de Fernando Pérez, su padre. Mencionó que su familiar era grande, de talla 4XL, tenía dos cicatrices de cirugías previas y le faltaban algunos dientes. Entregaron una fotografía de seis meses antes de su muerte donde se aprecian estas características. Sin embargo, en estos 365 días no han recibido respuesta de la Fiscalía. Su padre falleció en diciembre de 2022.

Pérez dejó las supuestas cenizas de su padre en una iglesia y desde entonces no las ha reclamado. "No confiamos en las autoridades por la forma en que han manejado las cosas. Nos quieren desgastar para que desistamos. Es un pendiente constante que genera intranquilidad [...]. No hemos podido cerrar el duelo porque no tenemos la certeza de si mi papá está entre esos cuerpos o no; incluso sueño con él frecuentemente debido a esta incertidumbre", afirmó Pérez.

La búsqueda continúa

Justicia para Nuestros Deudos ha solicitado que el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, a la cabeza de la activista Ceci Flores, pueda ingresar al predio donde funcionaba el Crematorio Plenitud para rastrear o escarbar el terreno para comprobar si más cadáveres se esconden bajo tierra.

"El uso de georradares, en colaboración con la Comisión Local de Búsqueda, descartó totalmente la existencia de entierros clandestinos en el lugar", aclaró Jácome sobre esta inquietud de algunas de las familias afectadas.

Jácome dijo que uno de los principales problemas para entregar los cuerpos restantes es la falta de información de las familias. Explicó que ha habido casos, especialmente de otros estados, que ni siquiera estaban enterados sobre lo ocurrido en el Crematorio Plenitud. "Puedo tener datos postmortem, perfiles genéticos y huellas, pero si no tengo con qué compararlos, no puedo identificarlos. Actualmente, hay una campaña de la Fiscalía invitando a las familias a realizarse muestreos genéticos y cuestionarios sobre la historia de vida de sus seres queridos para crear hipótesis de identidad. [...] La identificación es dinámica y no manejamos tiempos definitivos. Seguiremos trabajando hasta identificar al último", manifestó.

El predio permanece clausurado

El predio del Crematorio Plenitud permanece clausurado con candados y cadenas oxidadas. Sobre las puertas hay varios letreros colocados por la Fiscalía de esa entidad, desgastados por el tiempo y las condiciones climáticas, en los que se lee: "Bien inmueble asegurado". Una toma aérea del terreno revela un coche funerario negro abandonado al interior junto a una camilla volteada, que preserva, exactamente, la misma posición que hace un año, el 26 de junio de 2025, cuando se reveló el horror que el crematorio escondía en su interior.

Un olor fuerte a putrefacción queda aún permeado en el ambiente y se intensifica a medida que uno se acerca. La misma puerta clausurada por la Fiscalía General de Chihuahua tiene pequeños corazones pintados, con un nombre y una fecha de deceso, para cada una de las 386 personas cuyo cadáver yacía dentro y permaneció por años en condiciones insalubres y en descomposición en Ciudad Juárez.

Al buscar la ubicación del Crematorio Plenitud en Google Maps, esta ya no aparece entre los resultados. Las pocas personas que se dejan ver en los alrededores del predio son parcas al hablar sobre el sitio, como si prefirieran simular que nunca existió.

El candado que resguarda la puerta que da hacia la carretera Panamericana, que conecta a Ciudad Juárez con Chihuahua, capital homónima del estado, se encuentra abierto y los sellos de seguridad rotos, según pudo constatar este diario.

A un año del hallazgo del Crematorio Plenitud, cientos de familias aún sienten la incertidumbre sobre la posibilidad de hallar a sus familiares entre los cadáveres que quedan por reconocer, o si las cenizas que recibieron realmente corresponden a ese ser amado que muchos creyeron que ya despidieron. Las heridas de este caso siguen abiertas en Ciudad Juárez sin una señal clara de justicia en su horizonte.

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