La multa se divide en dos sanciones separadas por infracciones distintas de la DMA. La Comisión Europea impuso una penalización de 460 millones de euros tras determinar que Google favoreció sus propios servicios para ayudar a las personas a reservar vuelos y hoteles sobre competidores en los resultados de búsqueda. Además, la autoridad regulatoria aplicó una multa adicional de 430 millones de euros debido a las reglas de la Play Store, al encontrar que Google no permitía que los desarrolladores de aplicaciones mostraran ofertas más baratas disponibles fuera del mercado de aplicaciones de la empresa.
Según la Comisión Europea, Google causó daño a empresas que ofrecen servicios similares, como compras o deportes, al no otorgarles el mismo nivel de prominencia en Google Search. La autoridad también encontró que Google restringió a los desarrolladores de aplicaciones para ofrecer ofertas más baratas a los clientes en la tienda de aplicaciones Google Play.
Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea y comisaria de Competencia, justificó la decisión señalando que "los mejores productos deberían triunfar porque son mejores, no porque pertenezcan a la empresa que gestiona el motor de búsqueda". Ribera añadió que "los consumidores europeos tienen derecho a que los desarrolladores de aplicaciones les indiquen dónde pueden acceder a las mejores ofertas, incluso cuando el propietario de la tienda de aplicaciones no se lleva una comisión".
Henna Virkkunen, comisaria digital de la Unión Europea, enfatizó que tras esta decisión "queremos asegurar que hay más competencia y que otras empresas también pueden innovar". La Comisión Europea subrayó que Google podría enfrentar multas adicionales si no toma medidas para cumplir con las regulaciones.
Google rechazó la decisión de manera contundente. Kent Walker, presidente de Asuntos Globales de Google, calificó la multa como "degradación del producto impulsada por un pequeño grupo de denunciantes interesados" que tendrá un impacto negativo en las empresas y consumidores europeos. Walker argumentó que la DMA obliga a Google "a eliminar funciones de búsqueda en tiempo real que a los europeos les encantan, como los precios instantáneos y la disponibilidad directa de hoteles, vuelos y restaurantes, y a desmantelar las protecciones de seguridad en Google Play". Según Google, estas medidas no representan competencia justa.
La Comisión Europea rechazó los argumentos de Google, insistiendo en que las medidas son necesarias para evitar que las plataformas dominantes perjudiquen a los rivales. Thomas Regnier, portavoz de la Comisión Europea, declaró que "en la UE, las empresas tienen derecho a competir de manera justa. Los guardianes tienen la obligación de garantizar unas condiciones equitativas y los consumidores el derecho a elegir ofertas alternativas más baratas".
Google tiene 60 días para cumplir con las regulaciones o puede desafiar la decisión llevando el caso ante la Corte de Justicia de la Unión Europea.
Esta multa se produce en el contexto de una larga historia de disputas entre Google y los reguladores europeos. En 2018, la Comisión Europea ya había impuesto una multa de 4.300 millones de euros a Google por abusar del dominio de mercado de su sistema operativo móvil Android, obligando a los fabricantes de teléfonos a preinstalar Google Search y el navegador web Google Chrome. Google perdió su apelación contra esa multa en febrero de 2026.
La Unión Europea ha clasificado a Google y su empresa matriz Alphabet como "guardianes" junto con otras grandes empresas estadounidenses —Amazon, Apple, Meta y Microsoft— y la empresa china ByteDance, argumentando que estas compañías controlan el acceso de los consumidores. Alphabet reportó ingresos de 403.000 millones de dólares en 2025.
Esta acción representa la última gran ofensiva de Bruselas contra las grandes tecnológicas, en una estrategia con la que la Unión Europea ha liderado a nivel global para poner límites a algunas de las mayores empresas del planeta, desde Silicon Valley hasta Beijing. La acción ocurre a pesar del riesgo de incurrir en la ira del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha arremetido contra las regulaciones digitales del bloque de 27 países como parte de una campaña más amplia contra Europa, que incluye la imposición de altos aranceles, amenazas de arrebatar Groenlandia a Dinamarca por la fuerza e intentos de socavar la confianza dentro de la alianza militar de la OTAN. En el pasado, Trump ha amenazado con represalias si se penaliza a las empresas tecnológicas estadounidenses.
Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, respondió a la multa diciendo que "la UE a menudo afirma que busca estabilidad y previsibilidad en nuestra relación comercial, pero estas acciones están generando una incertidumbre masiva para las exportaciones estadounidenses de bienes y servicios a Europa".
La Unión Europea también ha tomado medidas contra otras grandes tecnológicas bajo regulaciones de seguridad. El minorista chino AliExpress fue multado con 550 millones de euros a principios de julio tras encontrar deficiencias en los esfuerzos de la empresa para frenar bienes ilegales, inseguros y falsificados. Además, el 10 de julio, la UE amenazó al gigante de las redes sociales Meta con una multa importante a menos que cambie el "diseño adictivo" utilizado en las plataformas Facebook e Instagram.
Esta multa a Google marca un hito importante en la aplicación de la Ley de Mercados Digitales, demostrando que la Unión Europea está dispuesta a imponer sanciones significativas contra las prácticas anticompetitivas de las grandes plataformas tecnológicas, incluso frente a la presión política internacional.