

El presidente chino Xi Jinping reiteró este miércoles que resolver la cuestión de Taiwán y lograr la reunificación completa constituye una "misión histórica" del Partido Comunista Chino, durante un discurso por el 105º aniversario de la fundación de la organización que gobierna el país asiático desde 1949. En el acto celebrado en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, Xi reclamó combatir a las fuerzas separatistas y oponerse a la injerencia de potencias externas, en referencia implícita al apoyo militar que Estados Unidos presta a la isla autogobernada.
El presidente chino Xi Jinping pronunció este miércoles un discurso en el Gran Salón del Pueblo de Pekín con motivo del 105º aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, en el que abordó los principales asuntos que marcan la agenda del gigante asiático: Taiwán, la corrupción, el Ejército y el desarrollo tecnológico, según informó El País.
"Resolver la cuestión de Taiwán y lograr la reunificación completa de la patria constituye una misión histórica con la que nuestro partido permanece inquebrantablemente comprometido", señaló Xi durante el acto conmemorativo celebrado en el enorme edificio ubicado en un lateral de la plaza de Tiananmen, habitualmente reservado para los grandes acontecimientos políticos, según la fuente.
Las declaraciones sobre la isla autogobernada, que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio y a la que Estados Unidos presta apoyo militar, no representan una novedad en el discurso oficial chino. Sin embargo, adquieren relevancia en el actual panorama geopolítico, especialmente tras la visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín en mayo, cuando Xi le recordó que Taiwán es una línea roja intocable. Trump regresó a Washington asegurando que no tenía pensado dar alas a una eventual independencia de la isla, según el medio español.
Xi reclamó este miércoles "combatir resueltamente a las fuerzas separatistas partidarias de la independencia de Taiwán" y "oponerse a la injerencia de fuerzas externas", según El País. También hizo un llamamiento a unir a la amplia mayoría de los compatriotas de Taiwán y a profundizar la cooperación entre ambas orillas del estrecho.
El discurso incluyó, como es habitual en el líder chino, mensajes sobre la dureza del camino y la necesidad de seguir plantando cara a la corrupción. Xi pidió "promover el espíritu de lucha", ejercer el liderazgo de las masas, perseverar en una "gobernanza integral y rigurosa" del partido y "librar con determinación la batalla ardua, prolongada y general contra la corrupción", según la fuente.
La lucha anticorrupción constituye uno de los sellos distintivos del mandato de Xi. Desde su nombramiento en 2012, más de siete millones de cargos públicos han sido hallados culpables de corrupción y sancionados por los órganos de inspección disciplinaria y supervisión, según El País. El golpe va de la base a lo más alto, alcanzando a ministros y a buena parte de la cúpula militar, en un movimiento que algunos analistas interpretan también como una forma de arrinconar a posibles rivales políticos y de garantizar su legado.
"Es imprescindible mantener la dirección absoluta del partido sobre el Ejército Popular", enfatizó Xi, según la fuente.
El Partido Comunista Chino cumple 105 años al frente de un país de más de 1.400 millones de habitantes, la segunda potencia del planeta, cuya renta per cápita ronda los 13.500 dólares anuales, unos 11.800 euros, según el Banco Mundial citado por El País. Se trata de una máquina exportadora con un superávit comercial que ha rebasado por primera vez el billón de euros, lo cual se está convirtiendo en un problema para los importadores por los desequilibrios que acarrea, y un crecimiento económico en fase de desaceleración, pero aún bastante por encima del de otros grandes países, según la fuente.
China está en proceso de búsqueda de un nuevo motor de crecimiento vinculado a los avances tecnológicos, tras el pinchazo de una gigantesca burbuja inmobiliaria. Xi pidió en su discurso "acelerar la configuración del nuevo patrón de desarrollo y promover sólidamente un desarrollo de alta calidad", según El País.
El partido fue fundado en 1921 por un joven Mao Zedong y otros 12 delegados, con respaldo soviético, en una residencia de ladrillo gris en la concesión francesa de Shanghái, según la fuente. El edificio sigue en pie y se puede visitar como una atracción turística, aunque de forma notoria se salta los años más cruentos del liderazgo de Mao, desde las hambrunas provocadas por el Gran Salto Adelante hasta la Revolución Cultural.
Hoy, la organización, que sigue siendo de corte marxista-leninista según su constitución, también cuenta con la guía de lo que denomina "el Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era", igualmente inscrito en sus estatutos a la altura de las ideas de Mao, según El País. Tiene más de 101 millones de miembros y permea todas las capas de la sociedad, desde la cúpula política de la pirámide, comandada por el secretario general Xi Jinping al frente del todopoderoso Politburó, hasta los 4,7 millones de células del partido repartidas por toda la geografía china. El 31,5% de los miembros, según las estadísticas oficiales, son mujeres.
El discurso de Xi refleja la continuidad de las prioridades del régimen chino: mantener el control absoluto del partido sobre todas las instituciones del Estado, consolidar el liderazgo personal de Xi, avanzar hacia la reunificación con Taiwán y transformar el modelo económico del país hacia sectores de alta tecnología. Las declaraciones sobre Taiwán mantienen la presión sobre la isla en un momento de tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos, mientras que el énfasis en la lucha anticorrupción y el control del Ejército subrayan la determinación de Xi de mantener su dominio sobre el aparato del partido y las fuerzas armadas.